“Ya sufriste cosas mejores que estas”
Si a tus shows se les llama cariñosamente “misas”, podríamos decir que sos un sacerdote de la música. Pero si tus misas las das al aire libre y van 300.000 personas, sería más apropiado decir que sos el papa.
Por lo tanto, señoras y señores, mientras oímos doblar las campanas y se bajan las banderas a media asta, anunciamos que ha muerto Carlos Alberto el Indio Solari, el Sumo Pontífice del rock argentino. Es más: del rock del Cono Sur.
No habrá cónclave en esta oportunidad. Varios de los integrantes más destacados del Colegio Cardenalicio han fallecido prematuramente —los cardenales Cerati, Spinetta, Abuelo, Prodan, Iorio, Napolitano— y otros están débiles, enfermos —el cardenal García—. Quedan Páez, Calamaro, Gieco, Mollo, Rada, Roos y las sacerdotisas Cantilo y Sosa; con un poco menos de estatura están Brancciari, Juanse, Teysera, Ciro, Dárgelos o el Pity, cura villero. Es cierto que hay sacerdotes más jóvenes que defienden y renuevan la Iglesia, como las hermanas Bertoldi o el cura Motorizado o el joven Dillom, pero ¿quién de ellos podría convocar a una misa así de multitudinaria?
¿Por quién partirían caravanas y peregrinajes para verlo pequeño sobre un escenario y oír su voz, mientras se olvida cómo los championes se hunden en el barro?
¿Quién más puede pedir, y conseguir, el pogo más grande del universo?
Para los fieles de esta fe, la segunda más popular de las Iglesias rioplatenses, detrás de la que rinde culto a la pelota, queda una sensación dura. Una bola en el estómago. Que el Ángel de la Soledad se ha ido.
“Por mis penas bailar. Y por tu soledad”
¿Depende la Iglesia de que el papa esté vivo? ¿Muere el rock argentino —el rioplatense, sumémonos— junto con sus referentes? ¿Viven en sus canciones, aunque lo que más se escuche sea otra cosa? ¿Viven en los que los siguen escuchando, los que siguen aprendiendo a tocar sus temas en un instrumento? ¿Los que siguen llorando por y con ellos? Preguntas que no tienen respuesta aún.
El Indio quizás viva en cada show de los Fundamentalistas o de la Kermesse Redonda o cada vez que alguien le dé play a una de sus canciones o cada vez que otro diga que el lujo es vulgaridad. Decirlo es un lugar común que seguramente a él no le hubiera gustado. Pero la música será siempre el ángel que acompaña en la soledad. “Ñam fri fruli fali fru”.