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Contenido creado por Gaston Gonzalez
Música
Por mis penas bailar

Murió el Indio Solari, ícono del rock: ¿hay fe sin misas?

¿Organizarán los ángeles en el cielo el pogo más grande del paraíso?

05.06.2026 13:13

Lectura: 5'

2026-06-05T13:13:00-03:00
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Por Gastón González Napoli
ggnapoli

“Ya sufriste cosas mejores que estas”

Si a tus shows se les llama cariñosamente “misas”, podríamos decir que sos un sacerdote de la música. Pero si tus misas las das al aire libre y van 300.000 personas, sería más apropiado decir que sos el papa.

Por lo tanto, señoras y señores, mientras oímos doblar las campanas y se bajan las banderas a media asta, anunciamos que ha muerto Carlos Alberto el Indio Solari, el Sumo Pontífice del rock argentino. Es más: del rock del Cono Sur.

No habrá cónclave en esta oportunidad. Varios de los integrantes más destacados del Colegio Cardenalicio han fallecido prematuramente —los cardenales Cerati, Spinetta, Abuelo, Prodan, Iorio, Napolitano— y otros están débiles, enfermos —el cardenal García—. Quedan Páez, Calamaro, Gieco, Mollo, Rada, Roos y las sacerdotisas Cantilo y Sosa; con un poco menos de estatura están Brancciari, Juanse, Teysera, Ciro, Dárgelos o el Pity, cura villero. Es cierto que hay sacerdotes más jóvenes que defienden y renuevan la Iglesia, como las hermanas Bertoldi o el cura Motorizado o el joven Dillom, pero ¿quién de ellos podría convocar a una misa así de multitudinaria?

¿Por quién partirían caravanas y peregrinajes para verlo pequeño sobre un escenario y oír su voz, mientras se olvida cómo los championes se hunden en el barro?

¿Quién más puede pedir, y conseguir, el pogo más grande del universo?

Para los fieles de esta fe, la segunda más popular de las Iglesias rioplatenses, detrás de la que rinde culto a la pelota, queda una sensación dura. Una bola en el estómago. Que el Ángel de la Soledad se ha ido.

“Aquí, ¡gracias a Dios!, uno no cree en lo que oye”

Dirán los obituarios que Solari nació en enero de 1949 en Paraná. Que formó, en 1976, en La Plata, provincia de Buenos Aires, la banda Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota junto con el guitarrista Eduardo Skay Beilinson y una troupe entre teatral y circense. Que sacaron su primer disco, Gulp!, en 1985. Que la otra miembro fundamental del grupo no era una música, sino la representante, Carmen la Negra Poli, pero que no puede dejar de mencionarse el uso que le dieron al saxofón de Willy Crook primero y Sergio Dawi después. Que nunca les gustaron los medios y que siempre fueron un poco under.

Que Solari encarnó como nadie en Argentina al arquetipo rockero del vocalista misterioso, versus la facha y el carisma de los Soda, contra los que tanto cantaron sus fanáticos. Que ya desde el principio se mostró como un poeta popular. Que su voz no se parecía a ninguna otra.

Se mencionará a Oktubre (1986) y “Ji ji ji”. Se discutirá cuál es el mejor álbum. O se recordará que su único disco en vivo fue registrado en parte en el Teatro de Verano de Montevideo, que Uruguay fue el único país donde se presentaron fuera del propio. Que forjaron la identidad de Cemento, boliche icónico de la escena independiente porteña. Que experimentaron con sonidos electrónicos en sus últimos discos de estudio.

Que sus recitales masivos comenzaron a verse manchados por violencia, enfrentamientos entre barras bravas, apuñalados. Que se pelearon entre ellos y se separaron en 2001. Que Skay dijo que el Indio se había querido “apropiar” de Patricio Rey.

Que Solari armó otra banda, los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, para su carrera solista, y siguió brindando misas populares en predios gigantes. Que sacó cinco discos; el último, El ruiseñor, el amor y la muerte, en 2018.

Que en 2017 dio su misa final, en Olavarría. Que se habla de entre 350.000 y 500.000 presentes. Que hubo dos muertos y decenas de heridos. Que la ciudad colapsó. Que la organización fue un desastre.

Que, afectado por un párkinson, Solari se mostraba cada vez menos.

Foto: X del Indio Solari / EFE (archivo). 

Foto: X del Indio Solari / EFE (archivo). 

“Alguna vez, quizá, se te va la mano, y las llamas en pena invaden tu cuerpo”.

Su última entrevista la dio en octubre de 2024 con Pedro Rosemblat, en el canal argentino Gelatina, y se filmó a contraluz para no mostrar su deterioro físico. “El Indio Solari es una persona y un personaje”, dice un texto en el arranque del video, y cierra: “La entrevista fue con ambos”.

Su figura de lentes de sol contrastada, oscura, contra un fondo naranja. Como si estuviera frente a un sol al atardecer. Su cabeza se mueve mucho, su voz por momentos una avalancha de palabras, pero no suena viejo ni cansado.

Soy un rocker, un hippie”, dice. “Más de eso no me pidas”.

Preguntado sobre la actualidad de la música argentina, responde: “Creo que a las que hay que mirar es a las muchachas”.

Y sobre el público, su público: “La gente cree que Los Redondos somos la banda. No, la banda no. Los Redondos son ellos”.

“Por mis penas bailar. Y por tu soledad”

¿Depende la Iglesia de que el papa esté vivo? ¿Muere el rock argentino —el rioplatense, sumémonos— junto con sus referentes? ¿Viven en sus canciones, aunque lo que más se escuche sea otra cosa? ¿Viven en los que los siguen escuchando, los que siguen aprendiendo a tocar sus temas en un instrumento? ¿Los que siguen llorando por y con ellos? Preguntas que no tienen respuesta aún.

El Indio quizás viva en cada show de los Fundamentalistas o de la Kermesse Redonda o cada vez que alguien le dé play a una de sus canciones o cada vez que otro diga que el lujo es vulgaridad. Decirlo es un lugar común que seguramente a él no le hubiera gustado. Pero la música será siempre el ángel que acompaña en la soledad. “Ñam fri fruli fali fru”.

Por Gastón González Napoli
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