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El enojo del gusto

Mónica Navarro: “Desensibiliza tener que trabajar tanto para sostener el espacio cultural”

La música y actriz presenta su último disco el 16 de septiembre en el Teatro Solís.

12.08.2026 11:49

Lectura: 8'

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Por Catalina Zabala
catazabalaa

Mónica Navarro tiene un pie en cada terreno. Es actriz, compositora, cantante, vocal coach, y también tiene experiencia en conducción de televisión y radio. En el mundo de la música, ha sido una representante sólida de dos géneros que parecen irreconciliables: el tango y el rock. Sean muy distintos entre sí o no, ambos funcionan como marca de identidad rioplatense, y Mónica se abocó a los dos. 

Cuenta con cinco álbumes de estudio, y su última etapa musical estuvo más centrada en el mundo de la guitarra que en el acordeón. En Maldigo (2019) ya mostraba un interés puntual por un rock con cuerpo, un rock literal. Hoy, siete años después, está presentando El enojo del gusto (2026). Un disco que va por la misma línea de sonido, pero que expresa en sus letras un enojo que dice venir comprimiendo desde hace tiempo, desde Maldigo incluso. 

"Fundamentalmente, soy una mujer enojada", dijo en conversación con LatidoBEAT. Su presencia, en cambio, denota todo lo contrario. Su frescura para hablar parece valorar con ahínco la posibilidad de diálogo en torno a hacer música, lo que como bien contó, le da su sentido vital.

Así, cuando hace música y habla de ella se olvida, por un ratito, de los enojos. Enojos por "el contexto mundial en el que vivimos", enojos por cómo el mercado monetiza a los artistas. Así, parece esbozarse qué es aquello que Mónica más valora: la capacidad de diálogo en torno a la posibilidad de crear. 

Presenta El enojo del gusto el 16 de septiembre en la Sala Zavala Muniz del Teatro Solís, con un show musical que se mezcla con el teatro y otras artes en convivencia. Las entradas se encuentran disponibles y pueden adquirirse aquí

El enojo del gusto tiene mucho sonido rock, que ya lo venías explorando anteriormente, como en Maldigo. Estuviste también muchos años abocada al tango, otro mundo. ¿Qué buscabas en cuanto a sonido en este caso?

En realidad me pasa que no vivo las cosas por separado. Maldigo tiene una mezcla fuerte, de hecho las canciones son del folklore latinoamericano. A mí me gusta la mezcla, la fusión. Hoy por ejemplo me pegué una panzada escuchando a todas las compañeras que están haciendo pop actualmente, y me parece que tienen gran calidad. Mezclas divinas de soul, pop, algo de rock, hiphop, y todo eso aparece en las canciones. Me gusta mucho encontrar que lo que antes eran límites hoy sean unidad y que puedan mezclarse. Me divierten las fusiones y hacer música, me genera sentido. Entonces tanto me da estar de repente en un momento más rockero o más tanguero. Tiene que ver más con momentos y sensibilidades distintas. Hay momentos en los que estoy más enojada, menos enojada, y por eso se dan esos cambios sensibles.

¿Y cuál de los dos géneros responde al enojo? ¿El rock?

Yo vengo enojada hace mucho. El disco anterior se llama Maldigo, este se llama El enojo del gusto. A mí me enoja mucho el contexto mundial en el que vivimos. Me enoja y me genera un poco de tristeza ver que la forma de pensar que teníamos los o las que somos más veteranos sea algo del pasado. Veo un gran cambio de paradigma. Vos, Cata, que sos re joven, ¿tenés esa sensación?

Foto: Natalia Rovira

Foto: Natalia Rovira

Sí, siento que nos llega todo mucho más rápido por el acceso a los medios que tenemos hoy, entonces hay más lugares de discusión sobre los temas que antes no te llegaban. Antes todo respondía más a la única perspectiva que nos llegaba a través de los medios tradicionales. Pero sí, está todo más politizado y más violento.

A mí me pasa un poco eso, pienso que quizás hace 20- 25 años, hablar violentamente o expresarte mal con alguien era una falta de respeto. Ahora hay un valor en esto de bardear, el hate en las redes. Eso me enoja, me da un poco de nostalgia, pero también valoro fuerte todos los acercamientos. Pero fundamentalmente, soy una mujer enojada.

Has hablado varias veces sobre el dilema de dedicarte al arte y tener que configurarlo dentro de las reglas de un trabajo formal, limitar un mundo sensible y subjetivo a las reglas de la monetización. ¿Cómo lo has vivido en Uruguay?

Vivo hablando 24 horas sobre el dinero. No porque monetice cosas, sino porque la vida me monetiza a mí. Llevar adelante un proyecto sola es mucho esfuerzo económico, porque tengo que trabajar mucho para pagarle a otros que seguramente tampoco van a cobrar como merecerían. Reivindico los amores y las cercanías, porque todo es re costoso: comprarte un micro nuevo, todo implica mucho esfuerzo económico. Y en general, las mujeres y disidencias estamos más en los espacios de autogestión. En los espacios donde hay más dineros, cachets grandes, esos en general están más ocupados por compañeros hombres. El dinero no desensibiliza; colabora a tener mejor formación, a poder tener mejores equipos. Lo que desensibiliza es tener que trabajar tanto para sostener este espacio cultural.

Pero no lo digo por mí, lo digo en general por todos los proyectos. No lo digo como queja, sino como una realidad que no podés sortear. Me pasa también en la radio, conversando con compañeros que van y presentan sus discos, entiendo el otro lado. Sé que cuesta una fortuna seguir construyendo sentido para uno, son laburos de mucha inversión y de cierta injusticia que se replica. Porque como vos no podés pagar mejor, el otro tampoco cobra de la forma que debería, y si pide lo que debería cobrar sería inviable poder pagarlo. En Argentina también pasa lo mismo, aunque esta cuestión del mercado yo no entiendo lo que es. Yo no entiendo lo que es la industria, pero no porque me haga la naba, sino que no entiendo porque nunca estuve ahí. Debe ser muy loco, pero acá en Uruguay esas proporciones no las vivimos.

Foto: Natalia Rovira

Foto: Natalia Rovira

El disco tiene una estética visual muy marcada, con videoclips muy parecidos entre sí que comparten un mismo escenario, un taller de artes plásticas. ¿Qué rol tiene lo visual en tu proyecto?

La parte audiovisual la manejó enteramente Andrea Treschan. La conocí haciendo un cortometraje en el que fuimos protagonistas con Gabriela Iribarren; Andrea fue la directora de ese corto y pegamos re buena onda. Ahí le dije que me encantaría poder hacer un video para cada una de las canciones, ahora el 16 se estrena el último. Pero imaginate que era una empresa irrealizable, porque hacer un videoclip con todo lo que implica era una locura, pero bueno. Fuimos reduciendo la idea para hacerla viable, porque si no reducís y no viabilizás, no podés avanzar nunca. Tenés que ir a lo más pequeño y a lo que rápidamente te permite avanzar.

El lugar donde hicimos todos los videoclips fue el taller de Obligado, que es un lugar de sueño donde trabajan muchos artistas plásticos. El taller tenía mucho que ver con la generación de cualquier hecho artístico: lo llevás para adelante, para atrás, lo rompes todo, lo amas, lo odiás. El taller era un lugar muy copado para desarrollar todos los videos, que todos tuvieran una misma estética, que la canción fuera la protagonista. Hay algunos que están hechos en una sola toma, como el de "Cuero" y el de "Pucarara" también. Después todo tiene pequeñas ediciones, pero ninguno tiene locuras. Ahí se cruzan muchas Mónicas que van para un lado y para el otro, que responde a la canción porque habla de la esperanza y de lo perdida que la tengo. El taller oficiaba como lugar de amparo, de protección, de creación como sentido vital. Dejo mi agradecimiento más absoluto a Andrea y a todo el pequeño equipo que hizo grandes trabajos. Daniela Inthamoussu en el vestuario, es una despegada muy zarpada. Todos los que fueron parte del equipo son unos cracks.

La presentación en vivo del disco dialoga mucho con lo teatral, y veníamos hablando del taller de los videos y el metaarte que hay en el proyecto. ¿Cómo lo trabajaste y con qué se va a encontrar el público cuando vaya por primera vez?

Presentamos todo el 16 en la Zavala Muniz. No quiero contar mucho porque me parece que va a estar bueno, aunque decir "sorpresa" es un montón. Van a pasar cosas pequeñas, sencillas, pero distintas en cuanto a cómo habitar la sala. Va a haber ejes un poco más teatrales que también los va a estar coordinando Andrea Treschan. Me gusta que convivan el teatro, la música y la danza. 

Por Catalina Zabala
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