Tentación, Más allá del pecado y La casta Susana son apenas algunas de las obras que integran Miradas de Deseo. La exposición, disponible actualmente en el Palacio Taranco, se basa en la idea de plantear preguntas más que en inferir sentencias. Centrada principalmente en obra propia y obra en préstamo del Museo Blanes y el Museo Nacional de Artes Visuales, observa al cuerpo femenino desde la óptica del varón, una que trazó el camino de las bellas artes por varios siglos desde su aparición. 

Laura Malosetti, directora del Palacio, y Carolina Porley, investigadora principal que trabajó en la curaduría de la exposición, conversaron con LatidoBEAT sobre la propuesta. Explicaron conceptos básicos en torno a la historia del arte y el funcionamiento de la curaduría, pero principalmente expusieron una visión filosófica. La idea de que la mujer deseante era constantemente censurada y que, por esta misma línea, su cuerpo fue objeto de miradas irascibles masculinas a lo largo de toda la historia. Esta exposición busca denunciar sesgos, matices, intencionalidades oscuras que habitaban en la mente de los artistas masculinos de la época, y cómo de manera indirecta eran avaladas por la Academia. 

La exposición tuvo su inauguración este jueves 26 de marzo a las 17:00 horas, y estará disponible para visitas con entrada libre y gratuita.

La exposición trabaja la temática del deseo en torno a la mujer. ¿Cómo se decidieron por esta idea? 

Laura Malosetti (L.M.): Es una propuesta que surgió al analizar la colección de este museo. Había sido poco investigada y había muchas obras sin atribución. La colección del museo está compuesta por pinturas y esculturas del siglo XIX que compró la familia Taranco, pero también incluye algunas del Museo Nacional de Artes Visuales desde que decidió exhibir solo pintura uruguaya. La mirada sobre esta colección es una mirada feminista. Nosotras tomamos el concepto que trabaja Griselda Pollock, que es una de las grandes teóricas de la mirada femenina y de género, que habla de tres etapas de la mirada femenina respecto al canon. La primera es incorporar mujeres al canon, como un cupo. La segunda es prestar atención a los oficios femeninos; incorporar en ese canon el tejido y el bordado, por ejemplo. El canon sigue inamovible, porque es masculino y es de las grandes artes, pero se intenta. La tercera es el movimiento más radical, que es atacar de lleno el canon. Ella escribió un libro que se llama Diferenciando el canon (1999), que habla de leer el canon a contrapelo. Trabaja mirando críticamente las obras de Manet, de Degas, de Van Gogh. Y eso es lo que nosotras hicimos acá, deconstruir esa mirada masculina que generó la colección de ambos museos. Carolina es la que mejor conoce el patrimonio de todos los museos aquí, y así trabajamos.

Carolina Porley (C.P.): Las mismas obras han sido vistas o leídas por el público de diferentes maneras. La idea es recoger la historia de las obras y no solo lo que ves, sino qué pasó con esa obra desde que la hizo el artista hasta que la estamos exhibiendo ahora, cómo fue mirada la obra. Tenemos pinturas que por ejemplo fueron censuradas, consideradas de mal gusto. Tenían un tono demasiado elevado y no tenían que ser vistas porque violentaban la mirada. Hay dos, una es Tentación, que es la de la promoción. Una obra que hizo un pintor español, Ignacio Zuloaga. El museo tiene tres pinturas suyas. Cuando Zuloaga hizo Tentación y la empezó a exhibir por Europa, en algunos lugares se consideró que el tema era muy duro y sórdido, y que era mejor no exponerla. Esto pasó en Alemania, pero en Italia, por ejemplo, celebraron la sinceridad o cómo el pintor se metió con temas duros, como la prostitución. Lo que nosotros queremos aportar es que esa obra, que antes capaz solo se veía como una obra de Zuloaga —a través de lecturas formalistas y de técnica—, también te permite pensar no solo qué te dice de forma literal, sino qué nos hemos permitido ver de ese tema y a qué cosas les hemos bajado el tono al mirarlas.

Lo mismo pasa con Más allá del pecado, obra del Museo Blanes que pedimos prestada de un pintor también español, Romero de Torres. Pintaba bailarinas, cantantes, muchas mujeres andaluzas, gitanas, todo muy sensual. Su obra Más allá del pecado básicamente te presenta dos mujeres desnudas con una escena atrás, que es la expulsión de Adán y de Eva del Paraíso. Se introduce esta cuestión del pecado de la relación amorosa o sexual entre dos mujeres. Eso está planteado. Esa pintura entró al Museo Blanes en 1973, en el año del golpe de Estado. Hubo una evaluación por parte de la junta de vecinos sobre si la Intendencia iba a aceptar esa obra o no. Al final la obra fue aceptada y entró al museo, pero se exhibía con una cortinita. No se quería exponer de manera tan explícita. Nosotros recogemos todo esto; cómo vemos esas obras hoy y cómo vemos también al artista deseando el cuerpo femenino desde diferentes ángulos. No solo el sexual, sino, por ejemplo, en los desnudos académicos. Ahí no había una cuestión de sensualidad, sino de mostrar su virtuosismo como artistas. Su capacidad de plasmar el cuerpo femenino, los tonos, los pliegues, una exhibición del lenguaje académico. Son diferentes miradas, y hay mucha moral metida en las obras en relación al pecado, a la seducción, a la tentación.

La exposición tiene un enfoque feminista. A la hora de diseñarla, ¿eligieron obras que consideraron avanzadas para su época en ese sentido o, por el contrario, buscaron exponer un enfoque machista de los autores en los casos seleccionados?

L.M.: Es exactamente eso, deconstruir ese canon. Los desnudos eran académicos, tenían pretextos mitológicos, lo que fuera, pero vos recorrés el catalogo del salón y los pintores eran prácticamente todos varones, y las modelos representadas todas mujeres. Queremos llamar la atención sobre eso, que con pretextos mitológicos o bíblicos siempre aparecía este acto de los varones de mirar el cuerpo femenino y mostrarlo.

C.P.: No era frecuente para nada ni estaba bien visto que la artista mujer representara cuerpos desnudos. El desnudo como un género que pudieran explorar las mujeres no existió durante el siglo XIX ni parte del XX. Tenemos obviamente excepciones, pero no era lo más común. Siempre se exhibían escenas familiares, de niños, domésticas; escenas más inocentes. Petrona Viera también hizo desnudos, pero no fueron tan vistos como los desnudos hechos por los pintores hombres. No estamos mostrando otro canon, sino que estamos mostrando cuál es la pintura que está instalada y cómo podemos leerla desde otros lugares. Respecto a las miradas de deseo, también está el deseo de ver sufrir. Laura encontró una pintura de una mártir cristiana que muestra su cuerpo vejado y maltratado en la época en la que los cristianos eran perseguidos durante el Imperio romano. Es un cuerpo de una mujer muerta, ahí hay un deseo morboso que se traslada hasta hoy en lo que vemos en el cine.

¿Cómo se lee esta intención que tiene un autor al plasmar algo en una obra? 

L.M.: Hubo muchas mujeres que pintaban, quizás más que los varones; eran las alumnas y las niñas que se entretenían. Nunca fueron consideradas genios ni grandes artistas, pero sí fueron modelos para los artistas consagrados. Había toda una iconografía que, con pretextos mitológicos, ponía en escena esas miradas masculinas. Y como estos son cuadros pequeños que estaban en los rincones del palacio, la gente no les prestaba atención. Esta reubicación, con el titulo que le pusimos, hace que la gente se haga preguntas.

C.P.: Para entender la mirada del artista hay varias cosas. Por un lado, nosotros adherimos a un concepto de obra abierta, tomando el concepto de Eco. Cualquier obra de arte es abierta, el artista la hizo y le pudo haber querido dar un significado; pero cada persona que la lee, cada persona que la ve, cada contexto de exhibición contribuye a nuevos significados sobre esa obra. No es lo mismo ver La casta Susana sola que verla con su boceto, o con diferentes versiones del mismo relato bíblico para comparar. Podemos observar diferentes versiones de autores de un mismo relato y así comparar posibles intenciones frente a un mismo hecho. Algo importante también es que las fichas de las obras incluyen su procedencia, cómo llegaron al museo. Las cuatro obras de Romero de Torres, por ejemplo, ingresaron al Museo Nacional de Artes Visuales y al Blanes donadas por coleccionistas. En el caso de Más allá del pecado, esa obra ingresó como donación testamentaria por una familia de coleccionistas que también había donado Demonio mundo y carne, que es una obra de Blanes. Una obra que también trabaja el tema del pecado. A mí también me parece muy interesante cómo los coleccionistas donaron justo estas obras, de temática parecida y con desnudos femeninos. La mirada del coleccionista también significa la obra.

¿Cómo funciona el proceso de curaduría?

L.M.: Estamos trabajando en la totalidad del museo. Yo soy la directora y tengo dos curadoras generales, que son Mercedes Bustelo y Cecilia Tello. Mercedes se está ocupando de las exposiciones temporales, que son las que van en el subsuelo, y la colección permanente la estamos pensando con Cecilia y con Carolina, que es nuestra investigadora principal. Estamos dándole a cada sala del museo un carácter. Empezamos por la sala donde dormía el matrimonio Taranco, que éran Félix y Elisa García de Zúñiga, ella era muy religiosa, tuvieron nueve hijos. Sabemos cómo era su dormitorio porque ahí durmió el príncipe de Gales, entonces Cecilia lo reconstruyó. Con Carolina pensamos la exposición en el área de los varones solteros: un lugar de picardía y reclusión masculina. Tenían una puerta de acceso privado hacia su cuarto, no tenían que entrar por la puerta principal. Carolina está dirigiendo el catálogo razonado de las obras.

C.P.: En el caso de la curaduría de acervo propio o prestado, vos quizás tenés 200 obras. Pensás una temática, en nuestro caso Miradas de Deseo por el mes de la mujer, y ahí pensás en qué querés hacer énfasis. En qué te querés detener. Porque tampoco es representar cualquier cuerpo femenino, se eligen ciertos ejes conceptuales. A partir de esos ejes vos hacés la selección y también ves cómo las montás, cómo las distribuís y qué obra dialoga con qué otra obra. Acá por ejemplo fue muy importante elegir el espacio, porque hay diferentes lugares para exponer, y el emplazamiento dialoga con la propuesta. En este caso, elegimos la habitación de los hombres solteros. Después definimos exponer la obra de autores españoles, italianos, franceses y uruguayos. Priorizamos autores, criterios, comparaciones. Vamos creando un diálogo entre las obras, como una especie de guion.

L.M.: Además, este es un museo de artes decorativas, entonces también trabajamos con los bocetos. De hecho la primera zona del palacio que fue resignificada fue la cocina, también hay un cuarto de criados. Hicimos un recorrido que va desde el comedor lujoso a la cocina recorriendo un cuarto de criada. Esa es una exposición permanente que se llama El Trabajo en Escena, orientada con base en los años en los que el palacio estuvo habitado por la familia. Integramos avisos de servicio doméstico que encontramos en la Biblioteca Nacional, que muestran una historia que muchas veces olvidamos; cómo era de cruel el trabajo doméstico en esas décadas. Esas son operaciones curatoriales.

C.P.: En Miradas de Deseo también incluimos muebles; los pianos, el tapizado de los sillones y de las sillas tienen motivos. Hay muchos que son escenas galantes, que es el hombre con la mujer riéndose y agasajándola. Es interesante ver cómo las artes mayores también están insertas en una propuesta de diseño que las trasciende, es algo precioso del museo. Este fue un trabajo realizado por Daniela Tomeo.

¿Cómo consideran que es la relación del público uruguayo con su historia y su consciencia del patrimonio?

L.M.: Cuando yo asumí empecé a abrir los sábados y ampliamos el horario, y la verdad es que viene mucha gente. Está en el circuito de la Ciudad Vieja, que es un lugar que tiene 15 museos y muchos turistas. Hay mucha gente que viene porque ve anuncios en Instagram sobre las actividades, también decidimos mezclar todas las artes y hacer recitales, que traen jóvenes, y muchas visitas guiadas. En época escolar vienen colegios, en verano vienen visitantes de los cruceros. No te podría decir que a este museo le falte público, las cifras son importantes. Lo que es muy importante para atraer públicos es mantener el museo en movimiento todo el tiempo. Hacer conferencias, shows, actividades. Este museo tiene un jardín precioso; vienen muchas quinceañeras, novios. Es un espacio muy romántico.

C.P.: Se trata de pensar en los diferentes usos y aprovechar lo que está en el aire, porque todo se retroalimenta. Yo soy docente de Historia del Arte en bachillerato desde hace años y siempre traigo a mis alumnos acá, porque sirve para varias unidades del programa. Se trata de tener un concepto bien abierto de las artes, y la mediación es muy importante.