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Extremar a Zitarrosa

Milongas Extremas: “Esta banda te obliga a cumplir sueños que a veces ni siquiera tenías”

Hacen su primer Antel Arena este jueves 22 con una ampliación de su espectáculo en homenaje a Alfredo Zitarrosa.

17.10.2026 08:00

Lectura: 11'

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Por Gastón González Napoli
ggnapoli

Milongas Extremas, guitarras al hombro, ha tenido un peregrinaje improbable. Arrancó como un juego entre los miembros de dos bandas amigas, se encontró con una audiencia que necesitaba desahogar sus ganas de cantar Extremoduro, saltó a la música original y amplió a su público, se volvió el proyecto principal de sus miembros, llenó la Zitarrosa, llenó el Sodre. Ahora apuntan a llenar la sala cerrada más grande del país.

Las entradas se pueden conseguir en este link.

En la previa, desde LatidoBEAT le propusimos a Camilo Piquela Gramoso, bajista, y Francisco Stareczek, guitarrista, hacer una línea de tiempo y repasar las huellas que desembocan en el cruce de las avenidas Larrañaga y Varela.

Más que un tributo

Las bandas tributo no convocan masivamente. Ni siquiera las que tienen cancha internacional dejan de ser algo así como la Torre Eiffel de Las Vegas: será parecida pero vos querés ver la otra. A lo sumo buscan llenar un vacío que son conscientes de que nunca ocuparán del todo. Y rara vez se transforman en otra cosa. El caso Milongas Extremas, entonces, es atípico.

Pablo Paio Piñeyro y Gastón Puentes, ambos de Cuatro Pesos de Propina, se pusieron a sacar canciones de la banda española Extremoduro en guitarra acústica, y a tocarlos en plan fogón. Era la segunda mitad de la década del 2000. Los Cuatro Pesos solían juntarse con otra banda amiga, Los Roques, donde estaban Piquela, Francisco y el también guitarrista Matías Rodríguez, que se prendían a las guitarreadas. Era “muy pequeñito en inicio, y muy poco pretencioso”, dice Camilo. “Era una linda excusa de mezclarse las dos bandas para tener un proyecto totalmente lateral”. Para él no era un tributo sino un laboratorio. Un ejercicio para aprender la tradición folclórica rioplatense mientras disfrutaban con la poesía de Roberto Robe Iniesta, vocalista y compositor de Extremo. Agrega Francisco: “Y medio que empezó a funcionar solo”.

Francisco: Nos dábamos cuenta de que quedaba muy bien, agarraba un color que estaba bueno. Y nos empezó a pasar que escuchábamos un tema de Extremo y los arreglos de guitarra estaban hechos de una manera muy parecida a cómo se arreglan para el cuarteto de guitarra. La forma de armonizar las melodías y a veces hasta también los ritmos. Escuchabas [tararea] y decías: “Bo, pará, ahí hay una milonga”. Que seguro los tipos no la buscaron, ¿no?

Para Camilo, hay “una cuestión rítmica ancestral” en ese vínculo. Al zitarrosear a Extremoduro conectaron con algo más que con los fanáticos de los españoles o de la milonga al estilo Don Alfredo.

Camilo: La guitarra de nailon tiene eso de que congrega. Es una sonoridad tan típica de acá que te da una sensación de cobijo. Es muy de acá.

Arrancaron a tocar en plazas, en cumpleaños, en fiestas univeristarias, en el finado Farolito. “Le debemos mucho a todo ese ambiente de la educación pública”, dice Camilo, “el público un poco se gestó ahí”. No vino mal, claro, que Extremoduro ni estaba tocando ni había chance de que viniera a tocar a Uruguay. Gastón Puentes se fue de la banda, se sumó Santiago Martínez.

¿En qué momento se dieron cuenta de “esto no es más un laboratorio, esto es una banda posta”?

F: A partir de que empezamos a meternos en los teatros, empezó a tomar otra seriedad. Porque quieras que no, los bares y los boliches y eso tienen algo más distendido...

C: Hay un ruido hermoso del que nos encanta ser parte, del bar, del boliche. Pero el teatro magnifica cualquier cosa que hagas.

F: Te enfrentás a un silencio. Y vos estás parándote frente a alguien que va a ver eso y no va a hacer otra cosa, no va al bar a tomar una mientras te escucha.

Por los primeros años de los 2010 fueron dejando sus otras bandas, priorizando las Milongas Extremas. En 2012 sacaron su primer disco, homónimo, que presentaron en la Sala Zitarrosa.

Para Camilo ese recital es el quiebre más que el disco, pero no tanto porque reventaran un teatro tan querido para Montevideo; más bien lo piensa desde el desafío artístico. Porque se mandaron la patriada (la “quijotada”, dice él) de tocar La ley innata, ópera rock de Extremoduro del 2008. Más que canciones tiene movimientos, y recuerda los nervios que le daba tan solo decidir cuándo meterse con su bajo.

Las Milongas pasaban a ser el proyecto. Ya no era algo paralelo. Ya no era, dicen, la bandita de los jueves.

Camilo Piquela y Francisco Stareczek, de Milongas Extremas. Crédito: Javier Noceti

Camilo Piquela y Francisco Stareczek, de Milongas Extremas. Crédito: Javier Noceti

Estas canciones ya las conozco

Extremoduro se despertó y vino en 2012 a Montevideo.

Para las Milongas “ya era un viaje que vinieran, porque nunca habían salido de España (un poco nos atribuíamos esa estrellita, hicimos fuerza para que vinieran)”, dice Francisco. Más todavía fue un viaje cuando los invitaron a ver el show y pudieron regalarle su disco a la banda que los había juntado. Pero Robe les dijo, según recuerda: “Yo quiero el que tiene los temas de ustedes”.

O, como recuerda Camilo: “Estas canciones ya las conozco”.

No era porque no le gustara. Lo sabrían definitivamente más adelante: en 2015, en una conferencia de prensa en España por su álbum solista Lo que aletea en nuestras cabezas, Iniesta diría que la única banda tributo que le gustaba eran las Milongas Extremas, de Uruguay, porque le aportaban algo distinto a sus canciones.

Pero bastante claro quedaría antes, en 2014, cuando Extremoduro volvió a Montevideo y los seleccionó como teloneros. Era otra rareza, porque la banda no usaba teloneros.

Les pusieron, eso sí, una exigencia: no podían tocar temas de Extremoduro.

¿Ya tenían canciones de ustedes?

F: Sí, teníamos dos, teníamos que hacer cuatro o cinco temas más.

C: A las apuradas [risas].

F: No es que no compusiéramos. Todos componíamos, pero no nos habíamos animado a poner los temas en la banda y a trabajarlos.

O sea, Extremoduro los impulsó a componer.

F: Sí, totalmente.

Como si estuviera signado. Como si fueran, en palabras de Camilo, “escalones que se van hilvanando medio natural”. Pero había, sigue, “un montón de laburo atrás, tratando de siempre estar a la altura de lo que te propone la banda”.

Lo que propone la banda. Ellos ven a las Milongas como un ente que les propone, ante el que tienen que reaccionar para cumplir las metas que les pone adelante.

“Es una mezcla entre anticiparse y correrla atrás”, dice Camilo, “la banda te propone cosas que vos no estás pensando. Muchas las planeamos, pero a veces… Y te hace subir escalones”.

Para eso ha sido fundamental la unión del grupo. Tanto que han hecho terapia todos juntos, mientras sus vidas por fuera de la banda se iban sacudiendo entre nacimientos de hijos, casamientos, mudanzas, separaciones, muertes cercanas.

C: Ahí es cuando tenés que mirar para el costado y saber que estamos yendo todos para el mismo lugar, a meterle. Por suerte, algo muy loco, la gente siempre acompañó. Un bolichito así, hiper mini, eran tres gatos locos y esos tres gatos locos estaban a full. Que después fueron seis, que después fueron... La gente también te va llevando y también te va pidiendo cosas.

Decidí aprender a hacerme yo la maleta

En 2016 Milongas Extremas publicó Temprano, su primer álbum de música original (aunque no enteramente: incluía una versión de “De no olvidar”, de Zitarrosa. Dato de vital importancia para el futuro). Las composiciones propias respiraban el mismo aire que sus versiones, tendían un puente de seis cuerdas entre Vizcaya y la Banda Oriental, que a fin de cuentas a ambas costas las baña el mismo Atlántico.

Con el disco en la maleta salieron de gira por España. Dicen que aquel elogio de Robe en conferencia de prensa les facilitó las cosas. Allá se reencontraron con Iñaki Uoho Antón, miembro clave de Extremo, multiinstrumentista y productor. Habían pegado onda con él en las visitas de la banda a Montevideo: mientras Robe “mantuvo su mística” y no se les acercó, con Antón salieron a tomar cerveza, le hicieron un tour por el Este, trabaron amistad.

Allá los invitó a su casa, los llevó al estudio donde grabaron La ley innata. Les hizo picar el bichito de hacer algo juntos. Otro escalón.

En 2018 se fueron 20 días a grabar a Bilbao, al estudio en el subsuelo de la casa de Antón (“es una locura”). Él los empujó a electrificarse. “Ustedes tienen este disco que con las guitarras está buenísimo. Si vamos a grabar un disco acá yo les propongo hacer algo diferente”, recuerdan que les dijo. Ellos se dejaron llevar.

F: Y la verdad que fue un goce verlo trabajar y hacer el disco junto con él. Grabó varias guitarras en el disco. Creo que le hicimos grabar la primera vez que grabó una guitarra de cuerdas de nailon.

C: Una locura.

F: Sí. Grabó coros. Le hicimos grabar a su compañera también, que es cantante.

En 2020 editaron El mismo cielo, en el que rompen con el formato de cuarteto de guitarra acústica y contrabajo. También rompieron con los límites autoimpuestos. Se dieron cuenta de que si querían podían hacer metamorfosis. Francisco se maneja con la guitarra eléctrica tanto como con la acústica, Matías Rodríguez además de guitarrista toca la batería, Paio Piñeyro también toca el saxofón… La caja de herramientas la tenían.

C: Y eso es un poco culpa de Iñaki, que dijo: “No se tienen por qué atar”.

Extremar Zitarrosa

En 2024, ya dejado atrás el parón pandémico, Milongas Extremas se embarcó en otro proyecto. Si antes habían zitarroseado a Extremoduro, ahora iban a extremar a Zitarrosa.

La sonoridad de la banda “siempre nos remitió a Zitarrosa”, dice Camilo, que es docente de Música en Secundaria, “conscientes de que Zitarrosa la toma de Amalia de la Vega también”. Pero, quizás por la localía, les daba cierto temor meterse con Alfredo.

Cuando les acercaron la propuesta de celebrar esa influencia por los festejos del 90 aniversario del Cantor, se decidieron a subir el escalón a su manera. “No nos íbamos a poner a estudiar exactamente cómo tocaban esa guitarra”, sigue Camilo, “sino inspirarnos en eso, como hicimos siempre”.

Así llegaron al Auditorio del Sodre.

Se dieron cuenta en el proceso de que Zitarrosa también era intérprete, que agarraba las canciones para llevarlas a su mundo de gomina y guitarra negra.

F: Yo creo que si él estuviera hoy estaría contento con que estamos haciendo algo con lo de él, pero no lo estamos siguiendo. Sí la forma de hacer las cosas, que era hacer buscar lo tuyo, buscar lo que a vos te gusta hacer. Cuando lo ponés en esa perspectiva, encontrás similitudes, porque el Robe también hablaba de eso, de atreverte a ir por donde vos quisieras y hacer lo que tengas ganas de hacer. Y Alfredo cuando hablaba de folclore también, lo encontrás hablando de folclore en ese sentido, como que no es una estatua. Es algo que tiene que estar vivo.

C: Hay que tratar de sacarlo del bronce de la estatua. Hemos elegido como medio de vida a dos referentes que son Robe Iniesta y Alfredo Zitarrosa. Eso si no lo leés más allá de la música, estás teniendo un error. Hay un tema filosófico y político y cultural que está atravesado y este homenaje a Zitarrosa del 22 de octubre creo que lo lleva.

Camilo Piquela y Francisco Stareczek, de Milongas Extremas. Crédito: Javier Noceti

Camilo Piquela y Francisco Stareczek, de Milongas Extremas. Crédito: Javier Noceti

Las milongas proponen

Con ese vórtice de Robe y Alfredo las Milongas llegan ahora al show más grande de su carrera.

No es el mismo show del Sodre. Francisco lo llama una ampliación, acorde con pasar de una sala de 800 personas a una para 4.000 personas. Se apoyan para eso en un equipo técnico que resaltan que es ya parte de la banda.

“El Mati dice siempre que esta banda te obliga a cumplir sueños que a veces ni siquiera tenías”, dice Camilo, y vuelve a pensar este recital como aquel de La ley innata: como una prueba. Como “la posibilidad que tiene el grupo de ponerse a prueba en uno de los escenarios más grandes, ahora sí, que tiene el país. Y en llevar un espectáculo que esté acorde a la magnitud del escenario”.

Por Gastón González Napoli
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