La noche del 18 de abril fue una noche calma, nostálgica. El clima templado acompañó a un Antel Arena que para las 20:00 horas aglomeraba un público adulto. Matrimonios que rondaban los 50 años, madres con hijas adolescentes, familias con remeras negras y letras rojas que exhibían un “Roxette” en el pecho. Luego de 15 años de su último concierto en Uruguay, la banda sueca se presentó en el Antel Arena de una manera muy diferente a la anterior.

El dúo salió al escenario a las 21:18 de manera repentina ni bien las luces se apagaron. El banquete comenzó con platos fuertes: “The Big L.” y “Sleeping In My Car” fueron las encargadas de dar comienzo al ritual, que fue profundamente melancólico.

La palabra “ritual” no es azarosa, porque hoy Roxette sigue haciendo giras desde una posición más de conservación que de creación. Tienen el espíritu de banda tributo, y su cometido central hoy es el homenaje a Marie Fredriksson. Bastión central e identidad de la banda.

Con un vestido negro, corto y con brillos, apareció Lena Philipsson, nueva vocalista de la agrupación. Para Per Gessle, por su parte, pantalón rosado metalizado y camisa negra. El show comenzó por todo lo alto y cargado de energía. Las luces intermitentes que proyectaba el escenario alumbraban a padres emocionados e hijos que acompañaban una forma de sentir, una memoria heredada. Un sonido grabado de la infancia. Porque Roxette es una banda que se anidó en muchas familias. Adolescentes que cantaban sus canciones y que luego grabaron las letras a fuego en sus hijos, conservando el legado.

Para este punto, la banda sueca hacía la primera pausa del show para saludar a su público. “Buenas noches Montevideo, es un placer estar acá”, pronunció Per Gessle dirigiéndose a las butacas. “Gracias por venir, ya pasaron 15 años desde la última vez que estuvimos acá. Pero reconozco a la mayoría de ustedes”, lanzó con humor. “Hoy les vamos a tocar muchas de las canciones favoritas de Roxette. Si se saben las letras, por favor canten, y si no, canten de todas formas. Eso es lo que hacemos nosotros”. Continuó presentando a Lena Philipsson, quién agradeció los saludos de la gente y contó que era su primera vez en Montevideo: “Muy hermosa, por cierto”.

Un diagnóstico fatal recibido en 2002: altibajos y pausas musicales para la banda. Mientras tanto, lucha contra el cáncer. No fue hasta 2016 que Marie Fredriksson anunció su retirada de la música, para finalmente fallecer en 2019. La llegada de Lena a la banda el pasado 2025 revolvió cosas en el público de Roxette. Heridas que quizás todavía sangraban. La narrativa del grupo siempre giró en torno a Marie, su vocalista original. Junto a Per Gessle, también cantante y compositor de la banda y que aún pertenece en ella, configuraron un magnetismo escénico que se cortó con el fallecimiento de Marie. Para muchos, Roxette terminó ahí. Era un libro que había que cerrar. El anuncio de una gira mundial para 2025- 2026 con un rostro femenino nuevo resultaba innecesario para gran parte de su público. Con todas estas dudas y exigencias sobre la mesa, Lena Philipsson asumió el rol de la antigua vocalista, y estuvo a la altura.

De repente, otro éxito tocó la puerta: sonó “Dressed For Success”. La canción, una de las más conocidas, hizo que el público volviera a pararse de sus sillas a bailar. Gessle en seguida reabrió el diálogo para compartir una anécdota de composición: “A mitad de los 90 Roxette fue a Italia a hacer un álbum que le llevó toda la vida. Muchas pizzas caras, todavía más vino barato. Pero terminó siendo mi álbum favorito”, confesó. Así, como sin avisar, se asomaron algunos de los temas lentos.

Abrieron una nueva parte del show con “Crash! Boom! Bang!” y “Wish I Could Fly”. Luego subieron el ritmo de nuevo con “Opportunity Nox”. Letras inocentes, de miradas enamoradizas que no terminan de procesar el sentimiento. Que se escapan pero no pueden, que son torpes. La propuesta de Roxette siempre fue esa: un sonido pop- rock que resultaba bailable para cualquiera, y unas letras enérgicas que hacían que quien las escuchara se identificara rápido. Que sintiera la pasión en un sonido. Y hoy, décadas después, muchos adultos recordaron ese aroma juvenil que tuvo a Roxette como banda sonora de sus primeras experiencias vitales. Así llegó “Fading Like A Flower”, el éxito que pone en palabras el miedo a sentir algo. El querer esconderse cuando el otro está en la habitación. Un carácter inmaduro y vulnerable de experimentar el amor que se encierra en versos. A continuación, Gessle agradeció en español y anunció algunas canciones de Joyride (1991), su disco más exitoso.

A la hora de sustituir a una figura tan protagónica dentro de un proyecto como lo fue Marie para Roxette, los riesgos eran muchos. Uno muy amenazante quizás era el peligro de imitar al artista que se estaba sustituyendo. Querer llenar el hueco también desde la individualidad. En este caso eso no sucedió, Lena propuso otra cosa en el escenario. Se declaró fan de la banda varias veces durante el show, y eso es algo que se nota. A sus 60 años, su voz no solo no falló, sino que demostró una virtud y una capacidad envidiables. Pero Marie no estaba, y su esencia tampoco es fácilmente reemplazable. Sus voces son bastante diferentes, y quizás sea por eso que hubo tanto apoyo de los coros. Dentro de la formación presentaron a una corista que estuvo muy presente en varias canciones, y que aportaba un tinte más agudo que contrarrestaba el sonido nuevo y recordaba a las versiones originales.

Luego sonó “Church Of Your Heart”, canción que Gessle acompañó con una armónica. El público ovacionaba y coreaba al unísono, el ambiente era festivo. Para volver a bajar la intensidad tocaron “Almost Unreal”, “Stars” y “She´s Got Nothing On”, canción para la que pedían al público que acompañara con las manos en el aire.

En este punto llegaba el clímax de la melancolía, porque Lena hacía una pausa para anunciar el turno de la que describió como su canción favorita de Roxette, y se la dedicó a Marie. “Sé que la extrañan y yo la extraño también”, pronunció con el rostro de quien saborea lo amargo. “Canten fuerte, y así quizás ella nos escuche”. Interpretaron “It Must Have Been Love”, y el público se entregó. Cerca del escenario, de entre la gente, asomó una hoja impresa con el nombre de Marie que alguien extendió por todo lo alto”.

La banda no permitió que el humor quedara abajo por mucho tiempo, porque en seguida levantaron a todos de sus sillas con “How Do You Do!” y “Dangerous” al hilo. Volvieron a hacer una pausa para agradecer a su público: “¿La están pasando bien?”, preguntó Gessle con genuina curiosidad. El típico “Olé olé Roxette” no tardó en llegar y poseer a los presentes, que se entregaron a la ovación y se unieron en un todo. El músico, atónito, respondió: “No sé qué decir”. Quiso continuar presentando a cada uno de sus músicos, y cuando llegó a la segunda guitarra ocurrió lo impensado: el músico eligió improvisar un característico fragmento de “El viejo”, de La Vela Puerca.

Así, entre risas y algunas distracciones, llegó otro hit histórico: sorprendieron con “Joyride”, agradecieron una vez más y dejaron el escenario.

Como ya es costumbre en las presentaciones, esto era un amague. La dupla volvió a aparecer bajo los focos para cantar no solo una canción más, sino varias. Fue el turno de “Spending My Time”, probablemente el tema más emotivo de la banda. La propuesta de alguien que no solo no olvida al otro, sino que ruega al cielo que en el fondo el otro tampoco la olvide. “Listen To Your Heart” y “The Look” dispararon las endorfinas por última vez, para terminar de cerrar con “Queen Of Rain”.

La propuesta de los suecos llegó a su fin a las 23:00. La banda, que tuvo su auge en plenos años 90, logró mantener un público quizás no tan global pero sí de gran fidelidad durante casi 40 años. Cuatro décadas de pausas prolongadas, de una salud comprometida y de amenazas de terminar con el proyecto. Hija de una época en la que la hegemonía cultural de Estados Unidos era quizás incluso más fuerte que hoy, muchos artistas pop de Latinoamérica y de Europa intentaban americanizarse lo mejor que podían para sonar en la radio y cumplir con el cánon. Roxette, de Suecia y con antecedentes de compatriotas que estallaron globalmente como ABBA, no fallaron en intentarlo.

Sin embargo, su capacidad de seducción hizo que hoy, a 40 años de banda y siete del fallecimiento de Marie, su cara más icónica y visible, sus fans le perdonen un cambio de protagonista, con todo lo que eso implica. Roxette, una banda de pop adolescente y canciones que se cantan en la ruta con las ventanas del auto bajas, sigue ofreciéndose a su público más allá de las tribulaciones, con el corazón en la mano en cada canción y rindiendo homenaje al rostro que defendió el proyecto de forma incansable hasta el final de sus días.