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¡Opa!

Mateo Ottonello celebra 50 años de “Goldenwings”: “Ni ellos sabían lo originales que eran”

El baterista y su banda darán dos shows para conmemorar el primer disco del grupo de los hermanos Fattoruso y Ringo Thielmann.

01.11.2026 15:02

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Por Gastón González Napoli
ggnapoli

Muchos años después, frente a las cámaras del documental Hit, el músico Hugo Fattoruso habría de recordar que con Los Shakers en los años 60 ni él ni su hermano Osvaldo habían visto un peso. Aquella banda que nació imitando a los Beatles, chapuceando el inglés hasta conseguir el éxito popular a ambas márgenes del río de La Plata, se había desarrollado hasta innovar y romper todo, pero para inicios de los 70 estaba tan disuelta como la de los Fab Four y los Fattoruso no podían tirarse a hacer la plancha. Se fueron, entonces, a probar suerte a Nueva York, donde ya estaba su amigo Hugo Ringo Thielmann. Armaron un trío con Osvaldo como siempre en la batería, Ringo en el bajo, Hugo en teclados. Por nombre eligieron una expresión bien uruguaya: Opa. Y la música nacional cambió.

Tocaron en clubes, se aceitaron, fueron amasando seguidores entre los músicos top de la época por cómo incorporaban el candombe al jazz y por el nivel que tenían los tres. Se dice que eran la banda que los artistas de élite iban a ver. En 1976 Opa editó Goldenwings, su disco debut, y al año siguiente publicaron Magic Time, en el que se sumó Ruben Rada en voces. Una carrera corta.

Sin embargo, las entradas se agotaron para la primera de dos fechas que el baterista Mateo Ottonello dará el 14 y 15 de noviembre en la Sala Rondeau para conmemorar el medio siglo de aquel primer álbum del grupo. O sea: Opa en sí duró lo que un lirio, pero su música sobrevive y llega a públicos nuevos. Thielmann sigue viviendo en Estados Unidos, y en sus diálogos con Ottonello mientras él preparaba estos shows homenaje a Goldenwings le preguntó si en el país los recordábamos. “Claro que los recordamos y yo voy a hacer que los recuerden más”, le respondió Mateo.

Sobre el legado de Opa, la importancia de recordarlos y los desafíos de tocar esa música tal cual lo hacían ellos, LatidoBEAT conversó con Ottonello. Las entradas para el show se encuentran en este enlace.

Me imagino que meterse con Opa es todo un desafío.

Sí, es algo que nosotros lo venimos escuchando hace un montón, que son nuestros referentes, son mis referentes máximos de la música, son mi faro. Esta banda es mi faro. Es lo primero que escuché de jazz uruguayo y me enamoró. Tenía 15, 16 años cuando escuché y dije: “Yo quiero tocar esa música”.

Que no se parece a nada además, ¿no?

Bueno, es jazz fusión de los 70, que lo ponés en el contexto de la época. Hablando con ellos, nos contaban que todos los músicos referentes, cuando ellos estaban ya en Nueva York, los iban a ver: Cannonball Adderley, Jaco Pastorius, Herbie Hancock era fan. Me contaba Ringo que una vez estaban pasando, creo que con Osvaldo, por la puerta de lo de Herbie y que escuchaban que estaba el disco de Opa y salieron corriendo. No lo podían creer. Entonces sí, creo que ni ellos sabían lo original que estaban haciendo y la importancia de lo que estaban creando en ese momento. Ringo me decía: “Nosotros fuimos a grabar el disco y fue una toma sola y ya está, el disco ya estaba hecho. Nosotros tocábamos toda la semana en un casino, la música ya estaba”. Y en realidad fueron creadores de parte de la música instrumental uruguaya. Entonces es un desafío, sí, tremendo, pero también es un disfrute y una posibilidad para acercarnos aún más a esa música que tanto escuchamos y decir: “Hagámonos cargo y toquémosla y tratemos de que suene como tiene que sonar”.

¿Cómo llegás vos a Opa?

Mi hermano mayor, Camilo, me llevó al festival Jazz a la Calle. Y creo que o me lo mostró Camilo o me lo mostraron sus amigos, no me acuerdo cómo fue que lo conocí, pero fue en toda esa época en la que empiezo a enterarme que había gente un poco más grande que yo —yo tenía 16—…

¿Y ya tocabas la bata?

Yo ya tocaba la bata, sí. Vi que había gente una generación más grande que yo que estaba tocando una música increíble, que era por fuera del rock, que era por fuera del rap, que era por fuera de la cumbia. Yo de adolescente arranqué pa’l baile y dejé la batería, dejé todo, y de repente dije: “Ah, esto es cool también, esto está bueno también”. De repente se juntaban en el parque Villa Biarritz a cancionar, y el festival Jazz a la Calle, que me partió la cabeza con la edad que tenía. Fue increíble conocer eso, me cambió la vida decir: “Ta, yo quiero hacer esto, quiero tocar con esta gente”. Ahí vi a Hugo, vi a Osvaldo, estaba Francisco, estaban los Ibarburu tocando, que yo por ahí siendo chico no tuve tantas posibilidades de ir a toques así de boliches. Iba a toques más masivos, que me llevaba mi viejo, pero no íbamos a ver a Hugo, no íbamos a ver a los Ibarburu en un bolichito. Y de repente dije: “Estos son los de verdad. Es verdad que estos eran los de verdad”. Ahí arrancó todo.

Uno sabe que Fattoruso es un monstruo, pero escuchás Goldenwings y Fattoruso tocaba unas cosas… Aparte a mediados de los 70, pre pop de sintetizadores, el momento en que se estaba experimentando con los sintes.

Total. Bueno, en la revista Downbeat, que es una revista muy famosa de música, dentro de los mejores 10 sintetizadores del mundo de la época aparecía Hugo. Imagino que estaba Joe Zawinul también, que eran compañeros de escena. Estaba Herbie, y Hugo estaba dentro de esos nombres. Y Zawinul lo veía a Hugo: “¡Hugo!”, se volvía loco. Era uno más. Ringo me decía: “Y cuando iban locos zarpados a verlos, ¿qué hacían?”, “y tocábamos mejor” [se ríe].

Calculo que por vos haber tocado con Hugo tenés el sello de aprobación. Armaste terrible banda, y está Francisco así que la sangre Fattoruso está. Después está Coby Acosta, que es percusionista, Camila Ferrari…

…en voces.

Está Augusto Durañona en los teclados, que es un loco joven, ¿no?

Sí, tiene mi edad Augusto, es un hermanazo, de los primeros que empecé a tocar acá en Montevideo, él con las mismas inquietudes que yo. Lo conocí en una jam. Es de Colonia, justo se había venido a vivir acá, había terminado el liceo, se vino a vivir un par de años acá, me lo presentaron y empezamos a tocar y de ahí nos hicimos amigazos, siempre con la cabeza muy alineada juntos. Ahora mi próximo disco, de hecho está Augusto en la producción, lo producimos juntos. Le confié un montón de cosas a él que sé que puedo soltar y que el loco toma decisiones que estamos de acuerdo.

Y va a tener que tocar esto.

Va a tener que tocar esto, que para mí, yo se lo dije a Hugo, se lo digo a él, para mí él es el descendiente de Hugo. De los tecladistas siento que es el que más entendió a Hugo. Ya en el concepto de cómo improvisar, ya en el concepto de cómo armar los sonidos, la forma, ¿viste? Las tomas de decisiones son muy fattorusescas. Entonces, era lo que tenía más sentido que esté Augusto. En realidad el homenaje es como mi grupo más estos invitados: Francisco, Camila, Coby ahora ya es parte de mi grupo también.

Y Javier Malosetti en el bajo.

Tengo a ese samurái legendario, tengo la Yu-Gi-Oh dorada [se ríe]. Referente en bajo argentino y para mí mundial. O sea, voy a otras ciudades del mundo icónicas y no están esos bajistas que están en Argentina. Hasta creo que él ni se da cuenta de esto, que es de los mejores del mundo. Corta.

Con Francisco, ¿cómo lo manejan? Porque Francisco es bajista también.

Francisco es bajista, pero no va a estar cumpliendo ese rol. Va a estar como multiinstrumentista en el show. Por momentos por ahí agarra el bajo, por momentos agarra guitarra, por momentos agarra teclados. Porque hay un montón de teclados grabados que a Augusto no le dan las manos, porque de repente Hugo estaba con un Rhodes y tenía un lead, pero de repente salían unos brasses y tenía el ARP, que era un quilombo. Queremos hacerlo sonar lo más fiel. No va a ser un show de arreglos, de que vamos a hacer arreglos nuestros, no es la idea. La idea es ir a tocar el disco tal cual. Tratar de emular lo que tocaban ellos, obviamente con nuestra música de hoy.

Cuando hablás de la fidelidad me pregunto por el hecho de que el jazz se caracteriza por la improvisación. Acá no es la idea, entonces…

Sí vamos a improvisar porque están los momentos de solos. Pero después las estructuras, los arreglos que hicieron ellos, los acordes, todo eso lo estamos sacando tal cual. A veces hay por ahí hay versiones que decís: “Che, escuchemos la del vivo, cómo lo tocaban en vivo”. Y entonces agarramos algunas cosas del vivo y las mezclamos con la del estudio. Pasa mucho que, claro, hay tantos teclados, tantas capas, tantas cosas que decís: “Bueno, vamos al vivo a ver cómo sintetizaban ellos esa música al momento de tocarla”. Entre las dos cosas vamos construyendo el show.

Una de las fechas ya la agotaron, el 14, y agregaron el 15. A pesar de que no es la etapa más popular de los Fattoruso, se nota que hay un interés por redescubrir o mantener el fuego de Opa.

Yo como estudiante de la música instrumental y del jazz, de estar sacando mucho repertorio americano de la música tradicional de allá, negra, lo que son estándares de jazz, también con el tiempo te vas dando cuenta que… eso que nos pasa a nosotros con Opa, con tener un grupo de esa música instrumental tan referente, empezás a decir: “Che, nosotros también tenemos que sacar nuestra música y tenemos que desarrollar nuestra música de acá, estudiar la música que se hizo acá”. No hacer música nueva; no es mi mensaje que yo me pongo en la cabeza “che, voy a hacer música nueva”, creo que eso me va a salir ya solo porque yo estoy en el presente; entonces creo que mi deber, o este que tenemos esta barra de músicos, es decir “estudiemos toda la música que hay acá realmente como hacen otros países”.

Los yanquis siguen estudiando jazz, siguen tocando los estándares, es lo que te enseñan las escuelas de música: a tocar la música vieja bien, como la tocaban ellos. Se tocaba de una manera muy clara y había unas reglas muy claras que había que respetarlas para que suene, y era importante saberlas. Ellos tienen unos músicos hoy en día que tocan jazz moderno y una música que si escuchás decís: “Fa, ¿cómo tienen toda esa cabeza?”. Y bueno, porque todos respetaron la tradición década a década, año a año; la estudiaron, la entendieron, la desarrollaron, para después abrir el [programa de computadora] Ableton —los músicos de jazz hoy ya están con computadoras, un montón de deformidades—, y hacen unas cosas que decís: “Pah, esto no es jazz”; no, en realidad sí, pasa que es lo que está pasando hoy en base a todo lo que pasó, a toda la conexión y que los locos también se metieron en la nerdeada, en las computadoras, pero con todo ese backup.

Claro, si mantenés el jazz tocado solo en los estándares como se tocaban antes, lo matás. Lo preservás como un fósil.

Yo creo que es muy importante el estudio de esa música. Después va en cada uno, que hay gente que quiere seguir manteniendo la tradición y también es importante que haya gente que diga: “Che, yo quiero seguir manteniendo la tradición para que las generaciones jóvenes puedan tener a alguien que está cuidando esa información clara de cierta manera sin estar adulterada”. Es importante eso. Y también después lo otro, ¿no? La gente que dice: “Che, yo quiero en realidad con toda la tradición crear algo contemporáneo”. Pero creo que es muy importante eso de la tradición, y no lo digo como “aguante lo viejo” sino en el sentido de las raíces, las tenemos que tener muy claras. Porque si no viene una tormenta y el árbol se vuela. Entonces es muy importante para todo, para estudiar cualquier cosa.

Venimos hablando muy a grandes rasgos de Opa, pero capaz que estaría bueno hacer una mini descripción de lo que era Opa para la gente que no la conoce y que le puede interesar acercarse. Dijimos jazz fusión, que en ese momento lo que estaba pasando era que les estaba interesando a los jazzeros yanquis mucho la música brasilera, ¿no?

Total.

Ahí está Airto Moreira, que también grabó con Hugo y les grabó este disco, que es con el que está peleado por “Samba de Janeiro”.

Estamos todos peleados con él. Tengo un amigo, que no voy a decir el nombre, que cada publicación que sube Airto le pone: “Pagá lo que debés”.

Y aparecen ellos, que venían con otra cosa también latina, pero no brasilera, que es el candombe.

A la vez, ellos también muy conocedores de la música brasilera. Hay un documental, creo que es el documental de Hugo [Fattoruso, 2017], que no sé si es a Milton [Nascimento] que le preguntan y dice: “No es que Hugo tiene mucha música brasilera, es que la música brasilera tiene mucho Hugo” [se ríe]. Ellos estaban re por dentro de toda esa música. Ya la sabían tocar, ya la tenían muy escuchada, tenían compañeros de toda esa camada. Hugo terminó tocando con toda la pesada: Djavan, fue arreglador de Chico [Buarque], es como… top. Y bueno, tiene sentido que se hayan en un momento encontrado con Airto y los haya metido de cierta manera en ese mismo carril, de la música brasilera, porque a la vez el candombe y el samba y todos los ritmos que están en Brasil todos vienen de los negros. Entonces todos comparten las claves, todos comparten el swing, todos comparten esas cosas, y estamos pegados. El candombe, el candomblé, toda esa data se cruza, era uno más uno. Entraron como loco en el momento justo. Ya los jazzeros, en los 60, muchos empezaron a investigar con el latin jazz. Entonces cayeron a candombear.

En Goldenwings hacen algunas versiones de Rada, después Rada canta con ellos, pero en el disco siguiente, en Magic Time. Son dos discos, Opa es una banda de poca duración pero mucha influencia.

Tres discos tienen en realidad. Cuatro si contamos el en vivo. Después tienen uno que se llama Back Home, que son las maquetas que hicieron para grabar Goldenwings, y después lo terminaron sacando. Tiene “Corre niña”, tiene un tema de Ringo que se llama “Brooklyn Bill”. Tiene unos temazos. Entonces, tiene como esos dos de estudio hechos así a conciencia y después el otro de maquetas que es un discazo, y el en vivo que es una fiesta. También tiene otros temas, tocan otros de Rada, tocan temas que no entraron en los discos y son increíbles. Hay uno que se llama “Lada” que me encanta. Pero sí, es una banda cortita.

Lo que no dijimos es que en el show va a estar Andrés Torrón también. Que es periodista musical y músico. Con él el show va a tener una parte didáctica.

Andrés es admiradísimo por mí. Hice un curso que tiene él de música uruguaya que es muy interesante. Tiene un libro, 111 discos. Es muy estudioso de todo lo que pasó acá, desde allá atrás. Entonces lo invité a Andrés, sí, me parecía que era importante, volviendo a la pregunta que habías hecho hoy de que de repente se agotaron las entradas de la primera: hay mucha gente veterana que sí sabe todo lo que pasaba y sí sabe todo lo que pasó con Opa y los conoce bien, pero también creo que va a ir mucho músico joven que por ahí no tiene tan claro; o estudiantes, que por ahí quieren ver a alguno de los músicos que van a tocar pero que no tienen el contexto y todo lo que estaba pasando con esa banda en la época y la importancia de lo que estaban haciendo para el momento. Fueron tres uruguayos que se fueron a buscar suerte a Estados Unidos, a huevo, y de repente… que aparte venían ya de tener una banda impresionante a nivel mundial, que los re garcaron también…

Hugo siempre dice que no hicieron un peso con los Shakers.

Ni con los Shakers ni con Opa. Ni con el tema que le robaron, que terminó siendo una música del Mundial. Ya podrían ser millonarios todos [se ríe]. Entonces necesitamos poner un poco en contexto a la gente y no ir solo a tocar. Porque obviamente queremos tocar la música, pero también queremos transmitir el mensaje de la importancia de esa banda. Ringo me decía el otro día, charlando de todo esto: “¿Nos recuerdan?”. Y yo le digo: “Claro que los recordamos y yo voy a hacer que los recuerden más. Queremos que sea cada vez más que la gente entienda lo que hicieron ustedes, que es muy importante”. Es muy importante, porque después para reconocer a todos los de afuera estamos, pero a estos hay que reconocerlos porque son legends.

Por Gastón González Napoli
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