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Una Travesía

Mariana Ingold: “Entender el candombe desde la vivencia de sus protagonistas fue precioso”

La artista uruguaya conversó con LatidoBEAT sobre una carrera muy potente, su contacto con el candombe y la música infantil.

20.10.2026 12:31

Lectura: 13'

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Por Catalina Zabala
catazabalaa

Mariana Ingold es de esos nombres que escribieron la historia de la música uruguaya. Pertenece a una generación de mezclas prematuras, de los primeros pasos, primeros intentos. Y mucha exploración, muchísima. 

Pianista, compositora y cantante, se formó en un ambiente de intercambio permanente, entre el jazz, la música clásica, el folklore, la canción popular y los ritmos brasileños. En 1983 integró Travesía junto con Estela Magnone y Mayra Hugo, un proyecto que hoy vuelve a despertar interés por su carácter pionero en una escena musical en la que las mujeres la tenían más difícil. 

Trabajó con Leo Maslíah, Fernando Cabrera y Osvaldo Fattoruso, se acercó al candombe desde la escucha y el intercambio con sus protagonistas, y encontró en la música infantil otro territorio para explorar sin subestimar a su público. Esa amplitud responde tanto a una curiosidad musical alimentada desde la infancia como a una concepción del arte en la que los géneros no son fronteras y cada proyecto supone una oportunidad de aprendizaje. Sus años viviendo en Palermo la llevaron a habitar el mundo del candombe: uno que la atraía brutalmente, pero por respeto no se animaba a tocarlo. Hasta que, cuenta, se hizo amiga del Lobo Núñez, y de ahí, con el tiempo, terminó formando parte. Sus trabajos con Sarabanda y Contrafarsa son apenas unos ejemplos.  

Después de un tiempo alejada de los escenarios, Mariana Ingold se prepara para volver a tocar en el Festival Música de la Tierra, donde se presentará en formato de trío. En conversación con LatidoBEAT, repasó los hitos de su carrera, la mezcla cultural que la formó, su curiosidad incontrolable, y la preparación de su show, este 1° de noviembre. Las entradas se encuentran disponibles y pueden adquirirse aquí. 

En los inicios de tu carrera has integrado grupos de mujeres como Travesía, que en ese momento no había tantos. ¿Cómo recordás esos primeros años?

Justamente va a haber un homenaje a Travesía [1983] en diciembre, el único disco que grabamos. Luego grabamos otras cosas y grabamos con mucha gente, pero disco de las tres fue uno solo. Iba a haber más, pero cada una agarró para su lado e hicimos cosas juntas luego, pero ya no como Travesía. Y es interesante que hay otra mirada ahora hacia aquella época. Ahora hay tanta mujer, tanta gurisa joven aprendiendo música y tocando, que es realmente una maravilla. No es que no hubiera en ese momento; había algunas, por supuesto, pero no creo que nosotras nos hayamos dado cuenta en su momento de que era algo raro. Las tres habíamos cantado juntas en un coro y fue algo muy natural. Ahora con el tiempo sí, me doy un poco de cuenta de que estaba raro. Sobre todo que nosotras tocábamos, que lo que aparece en el disco es exactamente lo que tocábamos en vivo. No incluimos a ningún otro músico.

Lo supervaloro, era todo muy artesanal. Por ejemplo, este tipo de comunicación era imposible. Hacíamos los comunicados a mano, los afiches los llevábamos a pie a las radios. Luego los recitales en los que tocamos, salvo la presentación del disco, que fue en el Teatro Circular varios días, eran en cosas más grupales que hubo en esa época, porque todavía estábamos en dictadura, y entonces había muchos recitales de distintos grupos y la amplificación era la que era, había que hacerlo con lo que había. Pero más o menos nos pudimos arreglar, y creo que nos sirvió a las tres de alguna manera como un gran aprendizaje. A mí me sirvió en lo personal también.

Has trabajado con muchos referentes de la música uruguaya, pero sobre todo músicos que hacían composiciones muy distintas entre sí, desde Leo Maslíah hasta Pitufo Lombardo. ¿Hoy en día sabrías decir cómo se tradujo eso en tu música? ¿Si sentís que te dio más variedad compositiva?

Sin duda. Yo soy de Mercedes, hasta los 15 años viví allá y mis padres eran muy melómanos. Corrían a la mesa para bailar tango, swing y chacarera, lo que fuera. Y mi viejo tenía una disquería en Mercedes, entonces yo me crié escuchando muchísima música. No necesariamente escuché música para niños, a pesar de que luego hice música para niños. Pero yo me crié mucho con música clásica y mucho jazz y folklore de Argentina, y música brasilera. De todo un poco. Una mezcla muy importante que a esta altura superagradezco, porque además no había televisión. Entonces era de sentarse a escuchar música con buenos equipos.

Y luego cuando llegué a Montevideo ya me metí en un coro y ahí conocí a Fernando Cabrera, por ejemplo, y a Estela Magnone. Nos juntábamos mucho. Íbamos a festivales de coros en Brasil, entonces traíamos muchos discos de música brasilera que nos encantaba. Nos nutrimos de todo un poco. Entonces creo que todo eso ya me ayudó a mí y a toda mi generación a tener una amplitud de música bien importante. Fuimos muy abiertos. Ahora es mucho más fácil, porque en internet encontrás todo lo que quieras de todas partes del mundo. En ese momento era un poco más difícil, pero éramos todos muy fanáticos de la música y nos pasábamos discos todo el tiempo. Y sí, como vos decís, haber tocado con Leo, con Cabrera, con la murga Contrafarsa, con Sarabanda, una comparsa, con Mateo, con Darnauchans. Un montón de gente muy variada, la verdad que un lujo visto desde el ahora. Estoy muy agradecida.

En mi casa había un piano y yo toqué desde muy chiquita, pero cuando quise entrar al conservatorio en Montevideo era la época de la dictadura, y habían echado a pila de profesores. Entonces no valía la pena ir, porque no ibas a aprender gran cosa. Y ahí fue que muchos amigos me dijeron de ir a estudiar con Coriún Aharonián, que fue lo que hicimos casi todos en ese momento. Era un espectro de música muy amplio, desde música contemporánea más culta, por decirlo de alguna manera, hasta popular de todo tipo. Fue un momento de gran nutrición entre todos también. Todos íbamos a los recitales de todos, había menos público. Ahora hay un público mucho más grande, interesado en la música uruguaya. Y hay mucho recital también, que siempre me sorprende: ¿cómo puede ser que en una semana tengas tanta variedad? En ese momento nosotros calculábamos que no hubiera un recital la misma semana que el nuestro, porque íbamos a llevar el mismo tipo de público. Para poder solventar los gastos, porque además nunca ganamos un peso de nada, siempre fue por amor al arte. Cada uno trabajaba de otra cosa que de músico.

Cortesía de producción

Cortesía de producción

Al ser pocos en Uruguay, los artistas suelen participar de varios proyectos al mismo tiempo, y eso los vuelve versátiles, hace que aprendan a hacer música de muchas maneras, tocar muchos instrumentos. Tiene que ver con esto que vos contás.

Sí, exactamente. Yo viví mucho tiempo afuera, mi compañero no es uruguayo, y me encanta ver la visión que tiene de la música uruguaya. Porque para ser un país tan pequeño comparado con otros, la riqueza musical que hay acá es realmente maravillosa. Y yo veo tanto interés ahora de la gente joven de aprender, que me sorprende. Por ejemplo, en Travesía no había teclado, entonces tanto Estela como yo, que somos más pianistas, tuvimos que apechugar con la guitarra porque no había, o si había un piano estaba siempre desafinado. No había teclados para nada; ahora hay instrumentos y veo que hay gente aprendiendo todo tipo de instrumentos, que hay gurisas tocando el saxo y la trompeta y todo tipo de percusiones. Me resulta muy precioso lo que está pasando.

Incursionaste en la música infantil, un terreno que pocos artistas exploran. ¿Qué curiosidad te despertó?

Yo no escuché música para niños en mi infancia, porque escuchaba cualquier cosa en mi casa. Incluso a veces escuchaba música para niños en la casa de alguna amiga y me resultaba un poco aburrida comparado con lo que yo escuchaba en mi casa. Pero recuerdo que después de un recital vino alguien, una mamá, y me dijo: “A mi hija de nueve años le encantan tus canciones”. Ese momento fue como un llamador para mí. Luego también estuvo la gente de Títeres Gira-Sol, con la cual hice muchos espectáculos para niños. Me pidieron música para obras de teatro, ganamos un montón de premios con eso, y también hice extensión escolar con ellos. Eso de que fueran las escuelas al teatro.

Ahí como que arranqué, llamé a gente que ya había cantado conmigo que podía ensayar con sus hijos o sus hijas. Vinieron a grabar al estudio y así empecé, pero sin mucha pretensión de que resultara bien. Tampoco hice tanto, yo solo hice dos álbumes para niños y mucha música de teatro. Pero sí, El disco Kid (1990), que fue el primero, salió en Argentina, y también lo sacó el sello de Litto Nebbia. Y luego el segundo, El planeta sonoro (2002), que lo hice a beneficio de Aldeas Infantiles. Ese vendió muy bien porque había un video que salía en la tele. Ese yo creo que es tal vez el que más se ha escuchado. Y ahora es interesante porque hay un concierto que va hacer el coro Panambí, que son 40 mujeres, en noviembre. Van a hacer un coro en el Teatro El Galpón con música mía, yo voy a participar también. Y va a haber un coro de niños que lo armó una gurisa que cantó conmigo cuando ella tenía seis años. Ella está armando toda esa parte. Estamos hablando de gente de 40, 40 y pico ya. Pero cantaron conmigo de niños y sus hijos o sobrinos van a participar del coro, entonces es superemotivo y precioso también.

Cortesía de producción

Cortesía de producción

Es que las infancias no están tan contempladas por la música como por otras ramas del arte, como el cine, por ejemplo.

Bueno, durante la dictadura estuvo muy presente Canciones para no Dormir la Siesta, que fue bien, bien importante. Ellos hacían una música que también era para grandes, porque la disfrutábamos todos. Lo que a mí me pasa con lo que hice para niños también es que no hago mucha diferencia, sí tal vez en la parte de las letras, de que no sea muy complicado o de qué tipo de palabras uso, pero a nivel de la música yo pongo el mismo trabajo, la misma cantidad de horas y la misma dedicación en algo para niños que para adultos. No hago diferencia en ese sentido, y creo que eso es lo que los chiquilines se merecen. Un respeto a nivel musical, porque considerar que tiene que ser muy sencillo porque es para niños no es mi estilo. Y me he dado cuenta de eso, de que los gurises aprenden cosas bastante complejas. Yo me sorprendí del tipo de rítmica y de melodías que podían aprender. No necesariamente tres notitas o un ritmo muy cuadrado, incluso chiquilines que no habían estudiado música. Si tienen un papá y una mamá que pusieron música de todo tipo en la casa por supuesto que ayuda también, sin duda.

Uno de los cambios fuertes en tu sonido fue cuando empezaste a hacer candombe, terreno que exploraste mucho.

Claro, en mi primer disco no hay ningún candombe porque por respeto no me animé. Además, como soy de Mercedes, ahora hay candombe por todo el Uruguay, pero en ese momento no. Yo lo conocía porque veníamos a Montevideo e íbamos a Las Llamadas, pero siempre con mucho respeto. Luego me mudé al barrio Palermo, viví 17 años ahí. Mateo vivía a dos cuadras de casa en una pensión, escuchaba los tambores ya desde casa cuando salía la gente de Ansina. Me hice amiga del Lobo Núñez, empecé a contactarme con ese lado y de pronto empezó a salir, y ya no me dio vergüenza porque lo mostré y me dijeron que estaba bien. Siempre es eso de tener miedo hasta que lo mostrás. Siempre me pasó. Hasta que alguien no me dijera “esto sí”, me daba cosa.

Pero después me invitaron, compuse para más de una comparsa y la gente de Sarabanda vino a mi casa. Me preguntaron si yo les podía hacer una música como la de “Llamando”, de un videoclip en el que está Rada y estamos todos. Fue uno de los primeros videos que salieron, que no había muchos en ese momento. Estuvo mucho en la tele, y también nos permitió viajar, ir con toda la comparsa a España por un mes y medio. Lo pasaron en el stand de Uruguay de la Feria de Sevilla. Ese video me abrió mucho la puerta de otros sitios, a casi todos. Entonces la gente de Sarabanda me preguntó si podía hacerles un candombe en esa onda, pero para este otro barrio de candombe. E hice uno que se llama “La historia de siempre”, me invitaron a participar y salí con ellos en el Carnaval. Fue una experiencia de haber estado con distintos grupos de candombe de distintos barrios, y luego también acompañé mucho al que fue mi compañero durante mucho tiempo, Osvaldo Fattoruso, a hacer entrevistas a la gente veterana de candombe, porque él quería hacer una investigación. Y la verdad que fue un tesoro, porque nos abrieron la puerta de una manera entrañable, pude conocer a esta gente un poco más de cerca y yo creo que entender el candombe desde ahí, desde la vivencia de sus protagonistas, fue realmente muy precioso.

Cortesía de producción

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Te presentás en el Festival Música de la Tierra. ¿Cómo estás preparando el show?

Es una buena pregunta, porque hace mucho tiempo que no toco. Estoy un poquito lejos de la noche y de tocar en boliches y eso. Doy mucha clase, vivo cerca de Piriápolis, y ya te digo. Hace mucho que no toco pero voy a ir de trío, con mi compañero y con Nelson Cedrez, que es baterista, que tocó mucho tiempo con Rada y ha tocado conmigo también, que vive acá cerca, en el Cerro de los Burros. Entonces ayer estuvimos ensayando y vamos de trío. Y es un festival dedicado a la amistad, entonces también puede pasar que haya alguien por ahí a quien invite a cantar en algún tema, eso también puede llegar a pasar. Yo toco a las 3 de la tarde el domingo 1° de noviembre, pero después, de noche, que cierra a los dos días el grupo de percusión Mamba, ahí también voy a participar con un par de demás con ellos. Creo que la idea es que muchos de los que actuamos cerremos con ese grupo. No sé si era una sorpresa, pero ya la quemé.

Por Catalina Zabala
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