Por Sofía Durand Fernández
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Joaquín Sabina es un emblema de la música hispana. Su pluma de poeta errante, su honestidad a rajatabla, sus andares, su bombín y chaqué y un repertorio de canciones —varias de ellas añejadas en clásicos— demuestran indudablemente su talento. Sin embargo, el as bajo la manga que siempre ha tenido es saber con quiénes trabajar. Un gran ejemplo es Pancho Varona, pero también formó una banda que mantuvo hasta su gira de despedida Hola y Adiós y que se convirtió en una parte fundamental del espectáculo.
Antonio García de Diego, Jaime Asúa, Laura Gómez Palma, Mara Barros y Paco Beneyto llevan tiempo girando como la Banda Sabinera cuando "el jefe descansa". Así ha sido durante más de una década. Sin embargo, este caso es especial: Sabina no volverá a subir a los escenarios y la misión de sus compañeros es mantener su obra viva. "Es muy de agradecer que sigamos interpretando sus canciones y le encanta; tenemos todo su apoyo", explica Barros en entrevista con LatidoBEAT.
Con el paso de los años, Barros se convirtió en una presencia infaltable junto a Sabina. Sus atuendos, su carisma y su virtuosidad no solo acompañaron al andaluz en sus presentaciones, sino que también forjaron su nombre. "La mayoría del público que llena las salas de mis conciertos como solista es público de Joaquín. Y eso nace desde la generosidad más absoluta de mi jefe", dice la corista. Ella alega que esto es, en gran parte, porque el cantante siempre estuvo dispuesto a escuchar propuestas creativas que le permitieran crecer.
Antes de ser su colega y cómplice, Barros era fanática de Sabina: "Es un tío tan honesto en su obra y en sus entrevistas que uno siente que lo conoce antes de conocerlo. Y yo tuve la suerte de que no se me cayera el mito y de descubrir que era tal cual se mostraba".
La Banda Sabinera se presentará este 24 de marzo en el teatro El Galpón. Las entradas se pueden conseguir aquí.
Cortesía de la producción
Joaquín Sabina se retiró de los escenarios, pero ustedes continúan. ¿Hubo una conversación con él sobre esto?
Esta conversación ya se tuvo hace años, porque llevamos muchos años haciendo esto. Cuando él termina, nosotros seguimos porque tenemos la fea costumbre de comer tres veces al día, de pagar el alquiler y hay que seguir trabajando. Pero, además, me parece importante mantener su obra viva. Y ahora que se retira, más todavía. En los tiempos que corren, con la industria como está, me parece muy importante que las nuevas generaciones conozcan la obra de Joaquín Sabina, ya que se retira de los escenarios.
Rezamos a todos los dioses, en los que no creo, para que no se retire del mundo discográfico y nos sorprenda con canciones nuevas. Pero, al menos, lo que tenemos claro es que se retira de los escenarios. Y como el público de Joaquín es tan fiel y le pasa el amor que le tienen a la obra de Joaquín a sus hijos y a sus nietos, pues queremos eso. Nos parece importante mantener su obra viva. Pero esto ya lo llevamos haciendo muchos años. De hecho, llevaba 16 años con Joaquín y cuando yo entré ya lo hacían. Era una formación anterior que se llamaba Noche Sabinera y ahora se llama La Banda Sabinera. Tardé un par de años en que me llamaran para unirme a esta aventura, o sea que llevaré 14 años con ellos.
Ni siquiera sabría decirte cómo fue, pero sí que sé que Joaquín es consciente de que tenemos que seguir trabajando. Es muy agradecido de que sigamos interpretando sus canciones y le encanta, tenemos todo su apoyo.
Vos has contado que eras fanática de Joaquín antes de comenzar a trabajar con él, ¿cómo cambió tu relacionamiento con su obra al pasar de ser una fanática a ser una fanática que tuvo la oportunidad de subir a los escenarios con él e interpretar sus canciones?
Pues no ha cambiado demasiado. Yo siempre le decía que, como fan, las canciones que más me emocionaban de él eran las que hablaban de su propia experiencia. Por eso me encantó "Lo niego todo", producido por Leiva, porque volvió a hablar de su experiencia, que ahora es diferente a la de hace 30 años.
Hace 30 años no había móviles, él podía salir con naturalidad, componer en un bar, experimentar y hablar de sus experiencias. En una gran parte de su carrera no pudo hacer eso, desafortunadamente. Por otro lado, no experimenta tantos excesos. Es una persona mucho más sana y no sale tanto y tal. Entonces todo su entorno lo empujamos a que compusiera sobre eso también, sobre la vejez y su estado actual. Exceptuando un par de discos, toda su obra es muy honesta, es muy generosa por su parte, porque se abre completamente. Es por eso por lo que creo que cala mucho, al menos a mí. A mí me caló mucho su obra desde mi adolescencia, porque encontré un ser con el que yo me podía identificar. Un ser que me entendía. Una canción que me iba al pelo para cada experiencia vital que tenía. Tanto cuando he sido fiel, cuando he sido infiel, cuando he sido loca, cuando he sido seria, cuando me he enamorado, cuando me he desenamorado, cuando he sufrido una pérdida. En todas las experiencias de mi vida había una canción de Joaquín que encajaba.
En realidad, trabajar con él no me ha hecho ver su obra desde otra perspectiva, sino quizá afianzar lo que ya sospechaba. Cuando a mí me preguntan cómo es Joaquín, siempre digo, “¿cómo sospechas?”. Es un tío tan honesto en su obra y en sus entrevistas que uno siente que lo conoce antes de conocerlo. Y yo tuve la suerte de que no se me cayera el mito y de descubrir que era tal cual se mostraba. Es cierto que hay una parte de personaje de bombín y chaqué que cuando se lo quita tiene sus cosas como cualquier ser humano. Pero a rasgos generales, tanto su obra como su persona son como yo esperaba que iba a ser.
El público de Joaquín también se ha convertido en tu público. ¿Cómo es ese vínculo que has generado?
Sí, es casi exclusivo. Antes de trabajar con Joaquín, yo ya trabajaba y además participé en un talent show, saqué un disco antes como solista, hice musicales. Yo tenía una mini legión de admiradores que se mantienen en la actualidad y que son fieles, pero ahora la realidad absoluta —y yo sería muy injusta, muy osada e ilusa si dijera lo contrario— es que la mayoría del público que llena las salas de mis conciertos como solista es público de Joaquín. Y eso nace desde la generosidad más absoluta de mi jefe. Tengo el jefe más generoso del mundo en todos los niveles: económico, personal, en el escenario y a nivel profesional. Es cierto que nuestras interpretaciones en sus conciertos le sirven a él para darse un pequeño descanso y continuar el show al 100%. Pero no todos los artistas lo hacen, porque él no solo me deja cantar una canción sola, hago dúos con él, hago introducciones de canciones, me dejaba disfrazarme, ponerme pelucas. Toda propuesta que tú le pongas sobre la mesa, la acepta, dice que sí. Le parece que todo suma, entonces se prueba y, si luego no funciona, se descarta, pero en principio dice que sí.
Yo siempre le digo: “es que te estoy robando el público, me lo estoy quedando” y él me dice que no, que no es que yo lo esté robando, sino que él está propiciando que se enamoren de mí, él está enseñándole a su público el talento que le acompaña**, no solo en mi caso, sino también en el del resto de la banda**. Eso habla también de él, no puedo ser más que agradecida. Gracias a su generosidad, la gente me conoce y me pone voz y cara. Cuando ven un cartel en su ciudad de que voy a presentar un disco, dicen, “esta es la chica que canta con Joaquín, canta bonito, vamos a ir a verla”. Me aprovecho, en cierta medida, de esa generosidad.
Además de ser parte de la banda de Sabina, sos solista. Imagino que girar como solista no es lo mismo que con una banda que conocés hace años.
Tanto en una parcela de mi profesión como en la otra, tanto cuando viajo como solista como con ellos, creas un vínculo con tu equipo que roza lo familiar. Yo a Antonio García de Diego le digo Tito desde antes de conocerle, que eso también es otra vaina, porque trabajó con mi padre en un musical hace muchísimos años y me ha visto nacer, crecer y me ha acompañado en todos mis proyectos, en mis estrenos y lanzamientos. Fue él quien me invitó a trabajar con Joaquín cuando hizo falta una corista nueva. Pero con el resto, que los conocí al entrar, o Laura, la bajista, que se sumó más tarde, hemos creado un vínculo familiar porque son muchísimas horas. En el caso de las giras con Joaquín, son familia impuesta. Quiero decir que yo no elegí trabajar con ellos, son los músicos que ha elegido Joaquín, la mayoría ya estaban. No dejan de ser impuestos, pero hay un amor por encima de todo eso, de todo lo humano y lógico, hay un amor inevitable. Siempre decimos que las protagonistas de nuestras vidas son las canciones de Sabina. A todos los niveles, incluso en mi proyecto como solista, aunque yo interprete otras canciones, canciones inéditas o haya hecho un disco de canciones mexicanas, siempre termino cantando dos o tres canciones de Joaquín en mi repertorio, porque también forman parte de mi vida sonora personal. Entonces, cuando una obra tan poderosa sirve como lazo de conexión entre personas que terminan trabajando juntas, tenemos que esforzarnos para que salga bien.
En mi caso, como solista, yo he seleccionado gente a la que quiero con locura, por talentosos, pero también porque tenemos conexión personal. Si no, yo no podría defender un trabajo como solista si tuviera alguien detrás con quien no conectara o con quien me llevara mal, por muy virtuoso que sea. Prefiero a alguien menos virtuoso, pero con quien comparta conexión y con quien comparta filosofía de vida y valores humanos. No podría trabajar con alguien que fuera completamente diferente a mí.
Tu presencia escénica es llamativa ¿Cuál es tu mentalidad a la hora de pisar un escenario?
Bueno, supongo que son muchos factores. Experiencia, yo sé que aparento 23, pero tengo 45. Entonces son muchos años. Llevo cantando desde los 18, pero subiéndome a un escenario desde los 6. Antes era bailarina, que eso también influye muchísimo. Estudié la carrera de danza y creo que eso se nota, aunque no baile excesivamente en mis conciertos ni en los conciertos de Joaquín, sí a la hora de caminar y de expresarte, de mirar, creo que me ha favorecido mucho estudiar la carrera de danza en ese aspecto. Joaquín ha sido un antes y un después en mi vida a nivel personal y profesional, porque antes, cuando me presentaba como solista, era mucho más precavida, porque intentaba satisfacer a todo el mundo, entonces no entraba en discursos sociales demasiado drásticos para no herir sensibilidades, intentaba que el repertorio fuera bien recibido por todo el mundo. De Joaquín he aprendido muchísimo a asumir las consecuencias de ser uno mismo, y de ser uno mismo encima del escenario. A nivel escénico, a nivel discurso, a nivel interpretativo, en todos los niveles.
Yo creo que el que paga dinero por una entrada tiene derecho, además de escucharte cantar, a conocerte un poquito como persona. Creo que si te emocionas, si lloras, si estás enfadado, también hay que mostrarlo. Si hay algo en lo que no crees, tienes el espacio para decirlo. Si eso conlleva que haya gente que te deje de seguir, que a mí me pasa, o gente que deje de comprar tus discos, que también me pasa, o gente que diga “ya no voy a volver a verte”, nunca llueve a gusto de todos. He aprendido mucho eso de Joaquín. Así que creo que trabajar con él me ha fortalecido como ser humano y como artista también. Me hace pisar más fuerte y estar más segura. Y probablemente eso se plasme y lo veáis vosotros, ya que me preguntáis por esa presencia escénica. Creo que da mucha más seguridad haber aprendido del mejor.
¿Qué les gusta de venir a Sudamérica y qué encuentran de especial en nuestro público?
En Argentina y Uruguay yo siempre digo que vosotros no sois público, sois hinchas. Es distinto, os comparo como si al ver a Joaquín vieseis a Maradona o a Messi. Es un fervor tal que se traslada también al resto de componentes de la gira, de la banda. Lo vivimos con Joaquín, pero lo vivimos en nuestras propias carnes también. Yo, como solista, disfruto muchísimo más girando en Argentina que en España, porque cantáis las canciones, porque las coreáis, porque entráis en el chiste. Cuando voy sola, que voy a recintos mucho más pequeños, evidentemente, puedo hablar con el público. Nos encanta volver porque venimos con el ego mucho mejor. Nos venís muy bien para nuestra autoestima y además es que disfrutamos muchísimo de vuestro aplauso, de vuestro calor. Es que no hay color, sois únicos, de verdad.
En la gira Hola y Adiós sabías que era la última vez con Joaquín arriba de un escenario, ¿representó un duelo o lo asumiste desde la alegría?
Fue convivir durante casi un año con dos emociones muy contradictorias que residían en mí. Por un lado, la felicidad absoluta y el agradecimiento más profundo de formar parte de la trayectoria profesional del artista que más he admirado y del mejor artista de mi país. La alegría de haber formado parte de su trayectoria y de estar viviendo la última gira. Soy cómplice de los últimos escenarios de Joaquín Sabina, eso me parece una fortuna increíble. Pero eso convivía directamente con la tristeza más profunda de que se retire porque le admiro, aprendo con él, disfruto porque las giras con él son cómodas, divertidas, gano dinero, viajo mucho.
No es estar, como vamos a estar, un mes entre Argentina y Uruguay, es estar tres meses en Argentina, tres meses en México, pasar por Estados Unidos. Todas esas experiencias, sumadas a acompañarle a él. Durante la gira conviví constantemente con esas dos emociones, de verdad a flor de piel, de compartirlas con mis compañeros y decirles, “chicos, es que en el último concierto de México, en el último de Buenos Aires, en el último de Uruguay, en el último de Madrid”. Yo lloraba porque decía, “chicos, nunca más vamos a estar todos estos con este señor en este escenario”. Podremos estar en este escenario con otros, podremos volver a este país solos, podremos cantar nosotros sin él, pero esta circunstancia no se va a dar nunca más. Lo tenía súper presente, había gente más inteligente que intentaba no pensarlo, pero a mí no se me iba de la cabeza.
Es un duelo a nivel musical porque estamos pasando un momento muy crítico en la industria en el que yo no siento que haya hueco para mí. No me siento representada. Afortunadamente hay artistas que me devuelven la fe, gente muy buena y joven que lleva muchos años o que empieza. Pero, como público, veo que la industria está yendo por un camino en el que empuja a los artistas a hacer determinados estilos que además hacen que el público se vuelva menos exigente, más conformista. Y eso me da mucha pena, me da mucho miedo, me da mucho miedo que para los bisnietos de mis amigos un clásico sea Bad Bunny.
Me parece importantísimo mantener viva la obra de Joaquín precisamente por eso. Porque ya no se tiene tanto valor. Creo que está perdiendo valor el arte de la composición, de la emoción. La música me acompaña, me ayuda, me sostiene, me contagia, me provoca emociones, y hay ciertos géneros y artistas que a mí eso no me lo generan. Y no pasa nada, podríamos convivir todos en armonía. Lo que me preocupa es que se deje de dar espacio en medios, en programas, en listas de reproducción, en redes sociales, a esa otra música que sí cambia vidas. Me da miedo realmente. Entonces, por eso me parece muy importante seguir manteniendo viva la obra de Joaquín y yo, en lo particular, intentar hacer canciones que valgan la pena.
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