Lidia Segni cree en el talento y en las aptitudes, pero sobre todo, en la disciplina. Para ella es estadística: un 30% de talento y un 70% de trabajo y esfuerzo es lo que deriva en un buen bailarín.
Fue directora del Ballet Estable del Teatro Colón durante varios años. Hoy dirige a Las Estrellas del Colón, una agrupación que reúne a las mejores figuras de la histórica institución junto a otras personalidades destacadas de la danza argentina. Segni no solo dirigió a figuras como Julio Bocca o Eleonora Cassano. Dio la vuelta al mundo y pisó las tablas de los recintos más reconocidos como bailarina y como docente: el Ballet de Moscú la Universidad de Michigan son algunos ejemplos. Bailó con figuras del calibre de Rudolf Nureyev e hizo historia para el ballet de su país.
Actualmente presenta Bésame (2026), un espectáculo que preparó junto a Las Estrellas del Colón. La propuesta artística no se casa con un argumento concreto y, por el contrario, mezcla distintas situaciones con un perfil contemporáneo. El espectáculo, con coreografías de Ana María Stekelman, se presentará este domingo 19 de abril en el Auditorio Nelly Goitiño del Sodre, en Montevideo. Las entradas se encuentran disponibles y pueden adquirirse aquí.
¿Qué complejidades tiene Bésame desde el punto de vista de dirección y qué historia cuenta?
Te soy franca, nosotros lo que queríamos era más que nada armar un ballet de conjunto. Porque la vez pasada hicimos nada más que una gala de pas de deux, y ahora llevamos cuatro diferentes. Después cerramos con Bésame, que es una obra donde te encontrás con muchísimas situaciones pero que no tiene un argumento fijo en sí. Es más bien contemporáneo, tiene una escuela clásica pero es contemporánea. Es lo que trabaja siempre Ana María Pekerman, que es la coreógrafa de este ballet. Después Ana María vino a mirar cómo estaba todo, quedó muy contenta y muy conforme, y de ahí nos dio la autorización para poder hacerla en todas partes.
Llevás varios años trabajando con las Estrellas del Colón. ¿Cómo es trabajar con ellos? ¿Cómo adaptaste la obra a este equipo?
El trabajo no es fácil en el sentido de que casualmente, por estar en el Teatro Colón, no son muchos los momentos que tienen libres para poder salir al exterior o dentro incluso dentro de la Argentina. No es un trabajo en el que puedas programar una semana de funciones, que eso no solo beneficia, sino que también baja los costos. Calculá que nosotros estuvimos este fin de semana en Punta del Este, y como no teníamos teatro para hacer la función en Montevideo, volvimos a Buenos Aires y ahora vamos a Montevideo el 19. Trabajar con ellos es muy fácil, porque son profesionales. No es que esté trabajando con gente amateur o con gente que no esté acostumbrada. Pensá que ellos, todos los días, desde las 10 de la mañana hasta las 5 de la tarde están ensayando en el Teatro Colón. Entonces es un grupo que está muy bien formado, es muy joven y tiene muchas ganas.
Sos una de las directoras con más experiencia en el Colón. ¿Cuáles fueron tus mayores aprendizajes a lo largo de tu carrera?
Sí, yo estuve dirigiendo el Teatro Colón y además fui bailarina en el Colón por muchos años, hasta que dejé de hacerlo. Pero apenas dejé de bailar, me llamó Julio para dirigir el ballet argentino. Hicimos la vuelta al mundo, estuve muchísimos años con él, hice todos los Luna Park. Tengo una carrera muy hecha dirigiendo compañías como el Colón, donde hay 130- 140 personas. Me invitan desde Paraguay y distintos lugares a dar cursos, y también a montar ballet. Monté El cascanueces (1892) en algunos ballets de la Argentina. También me han invitado a Estados Unidos a dar cursos en la Universidad de Michigan. Mi vida es eso, soy muy feliz de poder seguir haciéndolo y ojalá continuar hasta que la vida me de tiempo.
¿Cómo es el acercamiento del ballet a las nuevas generaciones? ¿Cómo lo reciben?
Todo depende también del lugar al que llevamos el ballet. Acá en Buenos Aires, por ejemplo, hacíamos una obra durante dos o tres semanas seguidas. Las entradas se agotaban, venía gente a comprar y no quedaban más. En las provincias donde verdaderamente hay un plan cultural —o sea que verdaderamente hay una continuidad de funciones de ballet y ballet para niños—, la gente se habitúa. En Córdoba, por ejemplo, pasa esto. Asunción en Paraguay tiene una compañía muy buena, me han invitado a hacer cosas y la gente está acostumbrada a ir a ver funciones de ballet. Ustedes en Montevideo tienen una compañía fantástica, la verdad que es buenísima, y entonces eso hace que también la gente sea asidua al teatro a ver ballet. Hay lugares donde directamente no hay un plan cultural, entonces la gente ni sabe lo que es el ballet y nadie trata de explicarles que es una cuestión que te llena musical y visualmente.
Dirigiste a figuras de renombre de la danza, desde Eleonora Cassano hasta Julio Bocca. ¿Qué es lo que hace que un bailarín se destaque? ¿Se puede ver en sus primeros pasos desde la dirección, o es algo que se construye con el tiempo?
Las dos cosas. Hay gente que nace con una condición sobrenatural como en el caso de Julio, que vos lo nombraste. Pero a eso tenés que agregarle que él se mató estudiando. Y lo digo con conocimiento, porque estuve al lado suyo siempre. Hay gente que verdaderamente no tiene tantas condiciones, pero que es tan tenaz, tan trabajadora, tan cumplidora y dedicada a lo que le gusta, que llega a ser un muy buen bailarín. Ahora, la persona que es indiferente, que va a clase si quiere, aunque tenga muchas condiciones tampoco va a ser una gran bailarina.
¿Pondrías la disciplina sobre el talento natural?
Sí, siempre la puse por encima. A mí particularmente, como yo trabajo con gente, lo que más me atrae es la manera de trabajar del bailarín. No si hace 20 piruetas o no. Me gusta la disciplina para el trabajo.
¿Se puede ser un buen bailarín solamente con disciplina?
Si no tenés condiciones no. Desgraciadamente la danza es muy ingrata en ese sentido. Se necesitan muchas cosas naturales, y algunas las conseguís trabajando. Pero solo algunas. La persona que tiene un feo pie no no lo va a relevar nunca, y la persona a la que le cuesta girar quizás puede llegar a girar un poquito más. Siempre hay por lo menos un 30- 40% que necesitás de condiciones. Lo demás lo podés lograr vos.
Estuviste muchos años en el Teatro Colón y pasaste por los mejores escenarios del mundo. ¿Qué te dejan los lugares que visitás?
Todo lo que hice me dejó enseñanzas. Porque yo, cuando visitaba un teatro, cuando iba a ver una escuela de ballet —que fui a ver las de Moscú, las de Estados Unidos y todos esos lados—, siempre viajaba pensando qué podía lograr o qué más podía aprender. Porque en la danza, como en todo, se sufren modificaciones cuando hay una evolución. Para llegar a esa evolución tenés que saber cómo llegar. Yo siempre trato de aprender.
¿Cuáles dirías que fueron esos principales aprendizajes a lo largo de tu carrera?
Sí, como te dije yo, más que nada tenés que caer en buenos maestros. Ellos te van a enseñar cómo hacer todo como debe ser, porque cuando agarrás a un niño que está malenseñado desde chico, es muy difícil corregir errores. El aprendizaje es impresionante siempre, pero siempre que sea bien acompañado. Hay maestros que son especialistas para más chiquitos o para nivel intermedio, y hay maestros, como en mi caso en este momento, que no nos dedicamos a nada más que profesionales.
¿Te pasa mucho como directora el encontrarte con bailarines con buenas aptitudes pero con mala formación?
No, la verdad que no. Al contrario. Lo que sí reconozco es que, cuando iba de gira por todo el país, iba mirando las clases de las compañías que había en el país. Cuando veía a alguien muy muy bueno, intentaba que entrara a mi compañía. Es distinto cuando el Colón hace concurso, que llama abiertamente y se presenta todo el mundo. Hay una mesa que la va a supervisar. Pero la gente de mi grupo, a esa la elijo yo.