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Contenido creado por Catalina Zabala
Cine
El cine y las élites invisibles

Las películas que exploraron las estructuras de poder que hoy vuelven a discutirse

En medio del escándalo en torno a la red de Jeffrey Epstein, los creativos que eligieron abordar el tema en la pantalla grande desde 1970.

11.03.2026 15:08

Lectura: 9'

2026-03-11T15:08:00-03:00
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Por Sofía Lust
lust.sofia

En los últimos años, volvió a circular una pregunta antigua: hasta qué punto existen redes de poder que operan fuera de la visibilidad pública. La atención mediática sobre documentos vinculados al caso Jeffrey Epstein reactivó una conversación sobre la relación entre riqueza extrema, celebridades y acceso privilegiado. Más allá de los detalles específicos del caso, el debate reabrió una inquietud cultural persistente: la sospecha de que ciertos círculos de poder funcionan dentro de estructuras sociales cerradas, donde el acceso está cuidadosamente regulado.

El cine ha explorado esa intuición durante décadas, casi siempre a través de atmósferas, símbolos y narrativas donde el poder se percibe en la manera en que se abren o se cierran ciertas puertas. En muchas de estas películas, el protagonista no descubre una conspiración clara, sino algo más inquietante: la existencia de mundos que operan con reglas que él desconocía.

Cuando Stanley Kubrick estrenó Eyes Wide Shut en 1999, el debate público se concentró en su erotismo. Sin embargo, vista con perspectiva, la película funciona como una exploración minuciosa de las jerarquías sociales.

Mulholland Drive (2001), David Lynch 

Mulholland Drive (2001), David Lynch 

Kubrick llevaba décadas interesado en adaptar Relato soñado, la novela que Arthur Schnitzler publicó en Viena en 1926. Schnitzler describía una sociedad burguesa obsesionada con la apariencia moral, mientras mantenía espacios secretos donde esa moral se suspendía. Kubrick trasladó la historia al Nueva York contemporáneo, aunque buena parte de la ciudad fue reconstruida dentro de estudios ingleses a partir de miles de fotografías de Manhattan.

El protagonista, Bill Harford, parece pertenecer al mundo de las élites. Es médico, tiene contactos y circula con naturalidad en la fiesta del millonario Victor Ziegler. Sin embargo, esa primera escena ya revela cómo funcionan los privilegios: una modelo sufre una sobredosis en el baño y Bill es llamado discretamente para atenderla. Ziegler insiste en que el incidente debe mantenerse completamente privado, nadie habla de consecuencias. El problema se resuelve dentro del círculo que lo produjo.

Más tarde, el pianista Nick Nightingale le cuenta a Bill que toca regularmente en reuniones secretas donde hombres poderosos se reúnen enmascarados. Intrigado, Bill decide infiltrarse. Para hacerlo necesita un disfraz que consigue en una tienda llamada Rainbow Fashions. La contraseña para entrar a la mansión Somerton es “Fidelio”, título de la única ópera de Beethoven.

"Twin Peaks" (1990), David Lynch 

La escena central de la película muestra un ritual cuidadosamente organizado. Los participantes llevan capas negras y máscaras venecianas. El espacio está dispuesto con una geometría precisa y un maestro de ceremonias dirige la secuencia. Bill logra entrar gracias a la contraseña, pero cuando es descubierto, queda claro que el sistema tiene varios niveles. La clave que conoce solo permite ingresar al primer círculo, existe otra contraseña para el interior de la casa que él no posee.

David Lynch, por su parte, exploró durante décadas las zonas más opacas de la industria cultural. Mulholland Drive (2001) es quizá su retrato más inquietante de Hollywood. La película comenzó como un piloto televisivo que la cadena ABC rechazó por considerarlo demasiado extraño. Lynch recuperó el material y lo transformó en un largometraje, que terminaría ganando el premio a Mejor Dirección en el Festival de Cannes.

La historia sigue a Betty, una joven actriz que llega a Los Ángeles convencida de que el talento y el esfuerzo bastan para triunfar. Sin embargo, la película introduce rápidamente señales de que la industria funciona según otras reglas. Una escena clave muestra al director Adam Kesher convocado a una reunión con empresarios que financian su película. Durante la conversación, uno de ellos señala la fotografía de una actriz y repite que ella será la protagonista. La decisión no se discute, simplemente ya está tomada.

"Maps To The Stars" (2014), David Cronenberg

Lynch no explica quiénes son exactamente esos hombres ni qué lugar ocupan dentro de la industria. Pero la escena transmite una idea clara: muchas decisiones dentro de Hollywood se toman en espacios donde el proceso creativo queda subordinado a intereses económicos.

Twin Peaks atraviesa la misma lógica. Cuando la serie se estrenó, en 1990, parecía un misterio policial sobre el asesinato de una adolescente en un pequeño pueblo. Con el tiempo, el relato revelaba una red de secretos familiares, abusos y corrupciones que involucraban a figuras respetadas de la comunidad. Laura Palmer era simultáneamente el símbolo de la vida suburbana perfecta y la víctima de una violencia que circulaba dentro de su propio entorno.

David Cronenberg llegó al retrato de Hollywood desde una trayectoria muy distinta. Durante décadas, su cine exploró la relación entre el cuerpo humano y la tecnología. En Maps To The Stars (2014) aplica esa misma mirada analítica a la industria del entretenimiento.

"The Holy Mountain" (1973), Alejandro Jodorowsky

El guion fue escrito por Bruce Wagner, novelista que había trabajado durante años dentro del ecosistema de Hollywood. Wagner conocía bien las dinámicas del ambiente: terapeutas de celebridades, gurús espirituales y niños actores convertidos en estrellas antes de la adolescencia. La película presenta un conjunto de personajes atrapados dentro de ese circuito. Un actor infantil arrogante que ya pasó por rehabilitación, una actriz obsesionada con recuperar la fama de su madre, un terapeuta que trabaja exclusivamente con clientes famosos.

Julianne Moore interpreta a Havana Segrand, una actriz desesperada por protagonizar el remake de la película que había hecho famosa a su madre. Cuando finalmente obtiene el papel, el momento transmite una sensación extraña: más que un triunfo artístico parece una forma de revancha emocional. La industria aparece como una maquinaria que recicla constantemente las mismas narrativas personales.

En The Holy Mountain (1973), Alejandro Jodorowsky no filma a las élites como una cofradía secreta realista, sino como una maquinaria de símbolos. La película nació después del fenómeno de culto de El topo (1970) en el circuito de medianoche de Nueva York. Ese impacto llevó a Allen Klein a producir el nuevo proyecto, con el respaldo de John Lennon y Yoko Ono.

"El topo" (1970), Alejandro Jodorowsky

Lo importante, sin embargo, fue la forma en que Jodorowsky organizó el poder dentro del film. El alquimista que interpretó el propio director reúne a una serie de figuras ligadas a distintas formas de autoridad terrenal: finanzas, guerra, industria, consumo y prestigio social. No eran personajes psicológicos en sentido clásico. Eran emblemas de cómo el poder moderno se distribuye entre instituciones, mercancías e imágenes.

Una de las secuencias más filosas convierte la industria armamentística en un espectáculo vendible, mezclando juguetes, propaganda y violencia. Y el final, donde la cámara revela el set y destruye la ilusión de la montaña sagrada, no cancela el tema: lo vuelve más incisivo. La autoridad aparece como una ficción sostenida por rituales, creencias y puesta en escena. El poder, sugiere Jodorowsky, sobrevive porque alguien acepta mirar el decorado como si fuera verdad.

Under The Silver Lake (2018), dirigida por David Robert Mitchell, aborda el tema del poder desde un ángulo distinto al de las anteriores películas mencionadas. En lugar de centrarse en rituales de élite o decisiones tomadas en espacios cerrados, la película examina cómo la cultura popular puede convertirse en un sistema lleno de símbolos, narrativas y pistas que muchos espectadores sienten la necesidad de descifrar.

"Under The Silver Lake" (2018), David Robert Mitchell

El protagonista, Sam, es un joven desempleado que vive en Los Ángeles y pasa gran parte de su tiempo consumiendo música, televisión y videojuegos. Cuando su vecina Sarah desaparece repentinamente, Sam comienza a investigarlo por su cuenta. Esa búsqueda pronto se vuelve obsesiva: empieza a analizar letras de canciones, cómics, graffitis y anuncios publicitarios convencido de que contienen mensajes ocultos. Mitchell construye la película como un rompecabezas lleno de referencias culturales que remiten al cine noir clásico, la música rock y las mitologías urbanas asociadas a Hollywood.

Una de las escenas más memorables ocurre cuando Sam conoce a un misterioso compositor que asegura haber escrito muchas de las canciones más famosas de la música popular del siglo XX. Sentado frente a un piano, el personaje interpreta fragmentos que recuerdan a distintos estilos musicales, mientras afirma que la industria del entretenimiento produce éxitos utilizando fórmulas diseñadas para provocar emociones específicas en el público.

A medida que la investigación avanza, Sam llega a creer que algunos millonarios de Los Ángeles participan en rituales secretos que combinan riqueza, celebridad y promesas de trascendencia. Mitchell nunca confirma si esas conspiraciones existen realmente, o si son parte de la imaginación del protagonista. La película mantiene deliberadamente esa ambigüedad y retrata una sensación contemporánea: la impresión de que, en una ciudad construida alrededor del espectáculo, la línea entre realidad, mito y paranoia puede volverse difícil de distinguir.

"Eyes Wide Shut" (1999), Stanley Kubrick 

Lo que conecta a estas películas no es una teoría única sobre el poder. Lo que comparten es una intuición persistente: la sensación de que muchas estructuras sociales funcionan mediante mecanismos que rara vez se explican de forma abierta.

Décadas después, varias de estas películas se ven bajo otra luz. Durante mucho tiempo se las interpretó como ejercicios estilísticos, sátiras surrealistas o exploraciones psicológicas del deseo y la paranoia. Sin embargo, las investigaciones periodísticas que en los últimos años revelaron la red de relaciones que rodeaba a Jeffrey Epstein volvieron a poner en discusión algo que estas películas insinuaron hace décadas: la existencia de círculos sociales extremadamente exclusivos donde riqueza, influencia y acceso se organizan mediante códigos informales. Más allá de los detalles específicos de cada investigación, lo que sorprendió a muchos observadores fue la estructura social que permitía que esas relaciones se desarrollaran durante años dentro de espacios privados, lejos del escrutinio público.

Ninguna de estas películas ofrece explicaciones directas sobre cómo funcionan las élites. Lo que hacen es registrar la sensación de que existen niveles de realidad social que la mayoría de las personas solo perciben de forma fragmentaria. Quizá por eso estas historias siguen resultando inquietantes. No porque revelen secretos concretos, sino porque muestran algo más difícil de señalar: la forma en que el poder suele organizarse alrededor del acceso, la pertenencia y el silencio.

Por Sofía Lust
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