La nueva violencia según Dillom: “Este presente se parece a una parodia de otros tiempos”
El argentino presenta su nuevo disco el 14 de noviembre en la Rural del Prado y conversó con LatidoBEAT sobre el absurdo contemporáneo.
Por Gustavo Kreiman | @guskreiman
Marzo de 2024. Faltaba un mes para que saliera Por cesárea, el segundo disco de Dillom, y se presentaba “Cabezas cromadas”, una canción que habían hecho junto con Wos para su disco Descartable. Ahí Dillom ya cantaba: “Estoy en busca de una nueva violencia”.
Tenía esa línea anotada entre sus notas porque resumía lo que quería abordar en su próximo disco. “El proceso de Por cesárea para mí fue muy arduo, entonces, a lo último, ya estaba podrido. Necesitaba algo nuevo en lo que trabajar y dónde poner mi mente”, dice desde Buenos Aires, a LatidoBEAT.
Por cesárea fue una exploración de las profundidades de sí mismo, en clave de película de terror. Su primer álbum, Post mortem (2021), se desarrolló durante la pandemia y tenía algo de comedia negra. Fue imaginado como un disco póstumo hecho en vida, desde las ganas de hacer al menos un buen álbum antes de morir. Pero en Por cesárea se puso más serio. Las referencias cinematográficas fueron pelis que no hacen reír tanto (Psicosis, Donnie Darko, Beau tiene miedo). El ejercicio de pensar en sí mismo desde ese tono lo cansó. Le vinieron ganas de mirar el mundo más desde afuera, no tanto desde adentro, y de hacer algo más divertido. Y en ese ejercicio se encontró con que la parodia podría ser el lenguaje que mejor define a estos tiempos.
“Nadie habla en serio”, dice Dillom. Hoy, quien habla en serio, aunque sea por un rato, es juzgado de intenso. Estamos todos hablando en joda y tratando de ver si el otro pica con lo que decimos. La realidad política y social es caricaturesca. Los referentes de ultraderecha parecen villanos de una película de clase B y la contracultura parece estar haciendo cosplay de personajes barriales o revolucionarios dentro de la misma película. Dillom quería hablar de eso sin bajar línea ni que el disco se volviera vigilante, porque sabe que es víctima del sistema, pero también parte de él, y desde ahí observa cómo casi todos retroalimentamos esos dispositivos para hacernos ver y pasarla bien, cómo no soportamos la idea de quedarnos afuera de lo que nos oprime con tal de seguir entretenidos y ser vistos.
“No estoy muy a favor de la ignorancia”, dice. “Para mí hoy la rebeldía está en aprender”. Desde esa lucidez y autoconciencia emerge La nueva violencia. Un disco bailable y filoso, picante y gracioso, vehemente y vulnerable a la vez, en el que la ironía es una forma de la inteligencia y no solo un mecanismo defensivo que se utiliza porque pensar cansa. En el disco, el juego no se pelea con el rigor estético: entre chistes internos, asociaciones libres y tomas imperfectas, Dillom retrata con nitidez el espíritu de esta época y lo hace con una belleza híbrida entre el punk, el pospunk, el rap, la electrónica y el rock.
El artista vuelve con su banda de amigos a Montevideo el 14 de noviembre a presentar La nueva violencia en la Rural del Prado, en el marco de La Gira Violenta, con la que está recorriendo Argentina, México, Chile y Uruguay. La última vez que estuvo en Montevideo dio el show con fiebre y con la espalda dura. Esta fecha se perfila como una revancha. Todavía quedan algunas entradas y pueden adquirirse aquí.
¿En “Cabezas cromadas” hay una semilla del disco nuevo?
Sí, yo tenía básicamente ese nombre, esa línea anotada entre mis notas. Era una línea que resumía muy bien todo esto que tenía en mente a raíz de ver lo que estaba pasando en el mundo y lo que me estaba pasando a mí con eso. Cuando estábamos haciendo el tema con Wos dije “bueno, la uso acá”. Es una oración, una frase que quedó resonando en mí. Y dije “che, esto está bueno, puedo usarlo para algo más, resume todo esto de lo que quiero hablar en mi próximo disco. ¿Por qué no es el título?”. Y me gustaba que quedara, de paso, como un easter egg, como se dice. Como una frase escondida, medio premonitoria, en la canción con Wos.
Hablaste de Por cesárea como tu propia peli de terror y de La nueva violencia como un gran chiste interno que nunca nadie va a terminar de entender. ¿Por qué era necesario hablar un poco en joda para hablar de estos tiempos?
Hay una cuestión poshumorística y satírica que está presente en todos lados hoy en día. Nadie habla en serio. Como que está toda esta cosa de que están todos baiteando; es todo desinformación, casi todo es una cuestión de hablar lo más bruto que se pueda para ver si hace que el otro pique. Creo que hablar en joda es un poco el lenguaje de nuestra época. Al que se arriesga a decir o a sentir algo de verdad lo tildan de “uh, la re vivís, no seas tan intenso”. Entonces, creo que un poco conscientemente y otro poco inconscientemente terminó siendo el código del disco para pintar esta época.
Hay algo humorístico que siempre tuvo arraigado mi obra, entonces también es una continuidad. Por cesárea era más serio, por decirlo de alguna forma. Tenía ganas de darle una vuelta después de tanta seriedad. Quería que este fuera un poco más divertido.
¿Cuál es la potencia de hacer el ridículo y decir cosas profundas al mismo tiempo? Porque hay momentos del disco donde la re vivís también.
Yo sí, yo soy un romántico total, siempre me la vivo al máximo. Para mí, más que el chiste o la joda de por sí, lo que presento en el disco es un absurdo total. Y es una respuesta también al absurdo que vivimos, a esta situación paródica constante. Siento que este presente que vivimos se parece a una parodia de otros tiempos.
El otro día pensaba que los grandes referentes del mal, hoy en día, en el mundo, son como una parodia de lo que podría haber sido un villano en otro momento. Nuestro presidente, acá, en Argentina, es un ejemplo de eso. Hay otros líderes mundiales que también. Y también nosotros, al ser la contracultura, de alguna forma también somos medio parodia. Lo que veo en la juventud hoy en día es que hay como mucho revival del rock barrial o el rock de los sesenta, pero medio como cosplay por momentos. Pareciera que estamos haciendo una simulación de los sesenta o de los noventa ahora; hay una cuestión medio cíclica, ¿no?
Por eso el disco tiene humor, mucha cosa absurda, pero no deja de expresar temáticas serias o de sentimientos profundos que uno tiene, que le revuelven por dentro. Hay cosas que irritan, que molestan, que duelen, sacadas de una forma rara, pero que hacen sentido. No sé cómo, porque vos ves la letra y por ahí dice “pechuga, patamuslo, etcétera, etcétera”, pero obvio que hay un sentido atrás de eso. Lo más lindo y lo que más orgulloso me pone de este disco es poder retratar algo con sentido para la gente con asociación libre de conceptos y cosas que parecieran inconexas.
Dillom. Crédito: @ramirponce
Estamos en un momento antiestético por lo caricaturesco, pero el disco está grabado y mezclado con muchísimo rigor estético. ¿Cómo fue el proceso creativo en ese sentido?
Sí, yo no estoy muy a favor de la ignorancia. Creo que ahora hay algo de vanagloriarse de la ignorancia que no comparto. O sea, si sos un pendejito de 15 años, sí te banco, pero a mí ya no me parece un acto de rebeldía ser ignorante o hacer las cosas sin ganas. Para mí, hoy en día la rebeldía está en aprender. Eso es lo que a mí me estimula ahora que estoy un poco más grande y lo que me llena de armas y herramientas para colocarme ante el mundo.
Por eso también quiero que mi disco suene bárbaro y pegar un salto de calidad cada vez más grande. Pero dentro de eso también hay un disfrute, hay mucho juego dentro de ese marco de las cosas bien hechas y con calidad. Por eso también nos podemos dar el lujo de dejar tomas que salieron mal, porque hacen a la cuestión o hacer chistes en medio de las canciones, dejar cosas así. Pero siempre sabiendo muy bien lo que hacemos.
Dillom. Crédito: @ramirponce
En otra entrevista dijiste que querías matar al personaje de Dillom y que sentís que La nueva violencia es lo más parecido a vos que hiciste. ¿De qué te corriste?
Sí, no sé si matar al personaje de Dillom, pero quería hacer algo nuevo y alejarme del yoísmo, de esa cuestión egocéntrica de ser yo el epicentro de mi propia obra. Porque, para mí, como artista, lo mejor que te puede pasar es que mucha gente conecte con tu obra y se sienta identificada con eso, que la relacione con cosas que le pueden pasar a él o a ella o a quien sea. Y creo que, sacando un poco el yo de lado, se logra más fácilmente ese puente con el otro. Poder hablar de cosas que nos pasan a todos y no solo a mí.
Dijiste que sos víctima del sistema y también parte de él y que no querías que el disco se volviera vigilante en su denuncia. ¿Qué se puede contar desde el lugar de ser parte del sistema que no se puede contar como víctima?
Sí, no quería que fuera vigilante. El disco tiene esta cosa que tiene el sistema mismo, de que sos una víctima, porque desde ya que hay gente con muchísimo poder, por encima de nosotros, que decide cómo es el mundo y a nosotros nos toca sobrevivirlo como podemos. Pero también estamos en un momento en el que retroalimentamos constantemente eso. Así que una linda pregunta para hacerse en el medio de eso es: ¿hasta qué punto podemos controlarlo y hasta qué punto no? ¿Hasta qué punto es culpa nuestra? ¿Hasta qué punto somos víctimas? ¿Hasta qué punto perpetuamos ese mismo accionar hacia los otros?
¿Qué es lo bueno de estar en un momento en el que nadie sabe lo que va a pasar?
Lo bueno es que es un momento para que cada uno tire la que le pinte. No hay cosas que estén mal, no hay una fórmula que esté bien, nadie sabe. Y no hay cosas que sean contraproducentes, porque son momentos en los que seguramente haya un cambio de paradigma, van a florecer muchas cosas nuevas. Es un momento de confusión total, generalizada. Eso iguala las condiciones para todos. Eso es lo bueno.
¿Te parece que tendríamos que tener algún cuidado?
Y sí, para mí también es insoportable. Basta. Yo quiero que haya un rumbo para este universo. No me gustan los momentos bisagras, no me gusta tanta incertidumbre. Preferiría que se acomode todo un poco más.
En la canción “Souvenir” hay algo de la ironía que dialoga con la ternura. La frase “Es la impotencia que me da no ser tan trola como vos” es una de las formas más filosas y picantes de hablar de la nueva violencia que aparece en el disco. ¿En qué medida dirías que nuestra estupidez está hecha de esa impotencia?
La verdad es que esa letra es una cuestión más personal. Después, te podés sentir identificado con eso o no. O psicológicamente se le puede dar una explicación por ese lado, con relación a en qué transforma uno esa impotencia. Pero lo que yo traté de retratar en esa letra no es decirle ‘puta de mierda’ a una mina, sino decir que el boludo soy yo en realidad, que me amargo porque no me da para disfrutar tan libremente. Y eso es culpa mía y de nadie más. Nunca es culpa del otro ni de la otra que uno no pueda disfrutar con libertad. Lo aclaro por si hay algún incel ahí del otro lado que se sintió identificado y se siente bien con decirle a una mina que es trola.
A mí la ternura me cuesta. Sale por momentos, pero es verdad que sale a relucir en varias canciones, como esa. Yo creo que la ternura y la ironía en mi caso son como un ir y venir constante. Un equilibrio para no irse para la pavada total, pero cuando me voy un poco para lo cursi o la ternura, en el medio tengo que encajar un chiste o algo para cortar un poco.
Dillom. Crédito: @ramirponce
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