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We Are Aliens

Kohei Kadowaki: “No quería hacer una obra que solamente conmoviera al público japonés”

El joven director estrenó en Cannes su ópera prima y habló con LatidoBEAT sobre la infancia, la culpa y la búsqueda de una animación única.

26.06.2026 17:43

Lectura: 8'

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Por Nicolás Medina
nicomedav

Con apenas 29 años, el japonés Kohei Kadowaki irrumpió en el panorama internacional con la película animada We Are Aliens (2026), una de las grandes revelaciones de la Quinzaine des Cinéastes (o Directors' Fortnight) del Festival de Cannes 2026. De hablar pausado y una humildad casi desconcertante, Kadowaki también deja entrever una obsesión por el proceso creativo: desde el grosor de una línea hasta el color de un contorno, cada decisión visual responde a una intención dramática precisa. Esa combinación entre sensibilidad y perfeccionismo atraviesa su ópera prima, un coming of age que toma la infancia como punto de partida para hablar de la culpa, la identidad y esas heridas que se producen cuando todavía somos demasiado chicos para entenderlas, pero que terminan acompañándonos durante toda la vida.

La historia comienza en un pequeño pueblo japonés, donde Tsubasa, un niño tímido y reservado, entabla una intensa amistad con Gyotaro, un compañero bastante excéntrico y peculiar. Sin embargo, un incidente aparentemente menor, de los tantos que ocurren cuando somos niños buscando encajar, termina fracturando ese vínculo y modificando el destino de ambos. Con una estructura dividida en dos puntos de vista —primero la experiencia de uno y luego la del otro— y un relato que se extiende durante más de tres décadas, We Are Aliens reconstruye las consecuencias de aquel episodio para reflexionar sobre la identidad, el remordimiento y la dificultad de comprender verdaderamente al otro.

Lejos de la estética dominante del animé más comercial, Kadowaki apuesta por una combinación de animación tradicional y pasajes realizados mediante rotoscopia, con un trazo que muta sutilmente según el estado emocional de cada escena. Esa búsqueda formal no responde a un mero ejercicio estilístico, sino a que el director intenta capturar la textura de los gestos cotidianos y la fragilidad de las emociones infantiles desde un realismo poco frecuente en la animación japonesa. Y todo termina como resultado en una película que oscila entre el naturalismo, el extrañamiento y una dimensión casi fantástica, donde la idea de ser un “extraterrestre”, de ahí el título, funciona menos como un elemento de ciencia ficción que como una poderosa metáfora de la diferencia, la incomprensión y el aislamiento.

Durante su paso por Cannes, LatidoBEAT charló con Kadowaki sobre el origen autobiográfico de la historia, su meticuloso proceso de animación y el desafío de construir una película que, más allá de las fronteras culturales, pudiera conectar con cualquier espectador a través de emociones universales.

"We Are Aliens", (2026) Kohei Kadowaki 

Es tu primera vez en Cannes y además llegás con tu ópera prima. ¿Cómo estás viviendo esta experiencia?

Es algo completamente fuera de mi vida cotidiana. Había participado en algunos festivales independientes muy pequeños en Japón, pero nunca imaginé que mi primera película como director terminaría estrenándose en un festival como Cannes.

Hasta hace apenas dos meses estaba encerrado en mi estudio, donde pasé tres años trabajando en la película. Y, de repente, estoy acá, frente a una playa hermosa, con gente que me pide fotos todos los días. A veces siento que estoy viviendo en un paraíso. Todavía me cuesta creer que esto sea real.

¿Cómo nació We Are Aliens? ¿De dónde surgió la idea?

La mitad de la historia está construida a partir de experiencias personales y de pequeños episodios que vivieron algunos amigos y que quedaron grabados en mi memoria. La otra mitad nació completamente de la imaginación, porque quería convertir todo eso en una obra de entretenimiento.

La película tiene un estilo visual muy particular. ¿Cómo llegaste a esa estética y qué técnicas de animación utilizaste?

En realidad la base no tiene nada especialmente sofisticado. Lo principal fue dibujar una y otra vez, con muchísima paciencia. La mayor parte de la película está hecha mediante animación tradicional.

Sí utilizamos rotoscopia en algunos momentos muy concretos. Esa técnica permite registrar movimientos reales de los actores y luego transformarlos en animación, aportando una sensación muy orgánica y muy cercana a la realidad. Pero es solamente un recurso que aparece en determinadas escenas; el corazón de la película sigue siendo el dibujo, insistir, corregir y volver a dibujar.

Kohei Kadowaki – Quinzaine des Cinéastes – Crédito: Guillaume Lutz

Kohei Kadowaki – Quinzaine des Cinéastes – Crédito: Guillaume Lutz

También llama la atención el trabajo de las voces. ¿Cómo fue el proceso de casting?

En el anime japonés es muy habitual que los niños sean interpretados por mujeres adultas. Pero en esta película quería alcanzar un nivel de realismo que también incluyera esos pequeños movimientos y gestos cotidianos propios de la infancia.

Sentía que si un adulto simplemente imitaba la voz de un niño iba a perderse esa autenticidad. Sabía que trabajar con chicos iba a hacer que las grabaciones fueran mucho más difíciles, pero decidí asumir ese desafío. Hicimos muchísimas audiciones hasta encontrar a los niños adecuados para interpretar a los personajes.

Mientras veía la película tuve la sensación de que la animación iba cambiando sutilmente a medida que avanzaba la historia. ¿Fue una decisión deliberada o es solo una impresión mía?

No, es una percepción correcta. De hecho, hay muchos cambios muy pequeños a lo largo de la película. Si uno observa con atención, verá que en algunas escenas el contorno de los personajes es completamente negro, mientras que en otras adopta un tono marrón que se integra mucho más con el color de la piel. También cambia el grosor de las líneas.

Todas esas decisiones responden a la puesta en escena. Por ejemplo, en las secuencias que buscan transmitir miedo mantuvimos líneas negras y más gruesas, mientras que en otros momentos optamos por un acabado más suave. Son diferencias muy sutiles, pero están pensadas para acompañar las emociones de cada escena.

We Are Aliens de Kohei Kadowaki – Crédito: Nothing New

We Are Aliens de Kohei Kadowaki – Crédito: Nothing New

El animé tiene una tradición enorme en Japón. ¿Hubo directores o películas que funcionaran como referentes mientras desarrollabas este proyecto?

Hay muchísimos cineastas y animadores que admiro y de los que, sin duda, aprendí cosas. Sería imposible hacer una película sin haber sido influenciado por quienes vinieron antes.

Pero, al mismo tiempo, nunca me propuse acercarme a una obra en particular. Desde el comienzo sentía que esta película debía convertirse en algo que no se pareciera a nada que hubiera visto antes.

Es posible que muchas influencias hayan aparecido de forma inconsciente, porque llevo toda una vida viendo cine y animación. Sin embargo, mientras hacía We Are Aliens tenía una única obsesión, crear algo que fuera realmente único. No quería parecerme a nadie.

El animé tiene una enorme popularidad en América Latina. Me preguntaba si eras consciente de ese fenómeno y qué expectativas tenés respecto a la recepción internacional de la película.

Sé, en términos generales, que la animación japonesa es muy popular en muchas partes del mundo, pero no conozco en detalle qué obras son las más queridas en cada país ni cómo vive cada público esa pasión. Desde el principio sí tuve claro que quería que esta película viajara por festivales internacionales. No quería hacer una obra que solamente conmoviera al público japonés.

Tampoco escribí pensando en un país específico. Lo que intenté fue construir una historia capaz de conectar con cualquier persona, sin importar su edad, su género o el lugar donde viva. Todos experimentamos dolor, alegría, descubrimientos y momentos que nos transforman. Si lograba retratar esas emociones con honestidad, sentía que la película podría llegar a públicos muy distintos. Mi aspiración siempre fue hacer una obra con un alcance verdaderamente universal.

"We Are Aliens" (2026), Kohei Kadowaki

We Are Aliens es una película muy ambiciosa. Tiene una duración importante y transmite la sensación de haber requerido un enorme esfuerzo de planificación. ¿Cuál fue el mayor desafío durante el proceso?

Lo más difícil fue encontrar el ritmo emocional adecuado. Cuando alguien mira una película, inevitablemente atraviesa distintos estados: en algunos momentos puede cansarse, perder un poco la atención y después volver a involucrarse cuando sucede algo que renueva la energía.

Lo que más me preocupó durante todo el proceso fue diseñar una historia capaz de administrar ese recorrido emocional para que el espectador nunca dejara de sentirse involucrado y pudiera disfrutar la película hasta el final. Ese equilibrio fue, sin dudas, el mayor desafío.

Y ahora que ya tuvo su estreno mundial, ¿de qué aspecto de la película te sentís más orgulloso?

Diría que tiene que ver con el diseño visual. Comparada con el animé más comercial que se hace en Japón, esta película tiene un estilo muy distinto. Los rostros son mucho más realistas y el trazo puede resultar extraño para quien nunca haya visto algo parecido.

Durante mucho tiempo tuve miedo de que ese aspecto visual provocara un rechazo inmediato, que el público no pudiera conectar con los personajes simplemente porque su apariencia se alejaba de lo que suele verse en la animación japonesa. Incluso cuando terminamos la película seguía preocupado por esa posibilidad. Pensaba: “¿Y si la gente no logra aceptarla?”. Pero después de las primeras proyecciones de prueba y, sobre todo, tras el estreno mundial en Cannes, comprobé que ese temor no se materializó. Los espectadores dejaron de lado esa primera impresión y se involucraron con los personajes y con la historia.

Ver que podían emocionarse sin quedarse atrapados en la apariencia de los dibujos fue, probablemente, la mayor satisfacción que me dejó toda esta experiencia.

Por Nicolás Medina
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