Por Gerónimo Pose | @geronimo.pose

Juan Pablo dice que no lo ve de esa manera, pero lo cierto es que insiste en mantener un estilo, un pulso particular a lo largo de los años que podríamos llamar gótico rioplatense. Formó parte de Pequeña Orquesta Reincidentes y de Acorazado Potemkin. En 2020 publicó el libro Peluca a través de la editorial Tinta Roja Ediciones del Sur. Este compila la letra de sus canciones. Dentro de ese gótico, y en esto coincide Juan Pablo, podemos incluir a Diego Presa y Buceo Invisible.

En la contratapa del libro Desviaciones (Pez en el Hielo, 2020) Diego de Ávila dice que “si alguien va a jugarse por tener un estilo, lo más interesante es observar cómo se las arregla para permanecer en él. O cómo se la juega por entero, que es más o menos decir lo mismo”. Habla de Diego Presa y su intención poética, que dialoga estrictamente con la de Juan Pablo y con la de un conjunto de otros músicos que miran la orilla del río con más atención —como si buscaran secretos por explorar— que a otros continentes.

Presa en un poema habla de una cocina alumbrada por las migas de pan y Juan Pablo canta sobre la misma y le ruega que se tome el vino que se derramó en el descuido. Son visiones de una investigación similar que busca toparse con la belleza del mundo.

Con un disco editado en el año 2025, llamado Hay ruidos arriba, Juan Pablo Fernández y Los Techistas del Apocalipsis se presentan junto a Diego presa el viernes 20 de marzo en la Sala Hugo Balzo y las entradas se pueden adquirir aquí.

Viste que hoy es el cumpleaños de John Cale. 

Sí, leí una nota hoy que lo nombraba como una persona muy influyente y es cierto. El tiempo le pasó muy bien a él, a la Velvet Underground. Ha sido productor, compositor de películas; quiero decir, ha hecho un montón de cosas.

Con la Pequeña Orquesta lo conocieron. 

Hicimos una versión de "Naranjo en flor". Divino el tipo. Un cineasta que se llama Pablo Agüero, muy ambicioso, quería que estuviese un gringo de estos que siguen hablando como uno habla cuando quiere hacer un chiste en inglés. Uno de los productores que había trabajado con nosotros cuando hicimos la música de la película Whisky (2004) nos propuso para que hagamos una musicalización de eso, pero que no sea con instrumentos tradicionales. Salió algo muy deforme con Cale cantando, pero muy lindo. Fue muy emocionante trabajar con él. Pasa el tiempo y lo que pensás es: “¿Cómo no lo aproveché más?¡Las cosas que podría haberle preguntado!". Esa es un poco la historia de Reincidentes, siempre fuimos muy caraduras.

Te has involucrado en varios proyectos. En este caso amagás con volverte solista, pero te apoyás en una banda. ¿Es porque seguís creyendo en las fuerzas colectivas?

Sí, claro, cómo no. Dicho así suena muy serio, político. En el fondo es una forma hermosa de trabajar. Creo que no hay nada más lindo que “convencer” o que a la persona que admirás le guste lo que vos hacés. Eso es muy importante en un trabajo compositivo. Un músico tiene que tocar la mitad del tiempo y la otra mitad tiene que escuchar, y a mí me gusta tocar con músicos que no sean de acompañamiento, que no sean sesionistas. Quiero que tengan carácter, personalidades fuertes, que propongan, que se burlen y se caguen de risa.

Ustedes los uruguayos son un poco así. Es lindo eso. No son músicos sesionistas fríos. Terminan siendo un grupo de gente que termina traduciendo las canciones con una forma de arreglarlas determinada, que es lo que terminamos armando entre los cinco, los Techistas. No es que yo agarré tal músico para hacer tal cosa, es algo que se fue armando. Por más de que haya músicos invitados en el disco, como el bandoneón de Coviello o las flautas de Juliana Moreno.

A mí siempre me gustó imaginarme un núcleo central y que ese núcleo se conserve. Obviamente no puedo ser yo solo, aunque en otros momentos pude haberlo hecho. De hecho, uno de mis primeros shows solistas fue a la vuelta de La Ronda, en Bluzz Bar. Pero a mí me interesa que ese núcleo fuerte se mantenga y que haya músicos que entren y salgan. Inevitablemente eso te lo da lo colectivo porque yo puedo marcar una forma de trabajo después de tantos años, pero el cómo se va y cómo se camina es con la banda.

Hay ruidos arriba es un disco compuesto no solo por canciones originales, sino que también por otras que forman parte de otros proyectos tuyos. Incluso hay una versión de "Cruceros", de La Hermana Menor. 

Fue muy natural eso. Cuando dejé de tocar con los Potemkin, que fue en noviembre de 2023, me fui juntando con algunas personas. Me encontré con músicos que tenían interés en juntarse conmigo. Fue de repente, sin entender el cómo, que terminé armando esto. Pensaba que era lo mejor tocar con gente a la que le interesaba mi visión, que me quiere y que me empuja.

Armé un listado a partir de unos solo sets que había hecho en la pandemia y le trasladé a la banda una lista de canciones de Spotify con 35 canciones que yo creía que estaba bueno trabajar. Entre ellas estaba “Cruceros”, de La Hermana Menor. Fue algo muy de la pandemia esto de mirar hacia atrás, de tener una retrospectiva. “Cruceros” es una canción muy importante para mí.

¿Por qué? 

Por el Tüssi. Para mí fue muy importante que haya venido a algunos shows míos en Buenos Aires. Era como una forma de devolverle, no sé. Es como cuando te invitan a un asado y vos querés llevar algo lindo, algo propio, hecho a mano, no sé, un tiramisú. No quiero quedarme con las manos vacías. Quería acercarme a la obra del Tüssi hace muchos años y en el medio va y se nos muere. Entonces dije: "Bueno, tengo que grabar esta canción". Y después terminó siendo uno de los temas más importantes del disco, por cómo lo recibió la gente y por lo que implicó, es decir, por ser una de las canciones, digámosle, inéditas del repertorio. Es un homenaje a Gonzalo.

Es un disco que tiene una percusión tímida y su parte rítmica es sostenida todo el tiempo por el pulso de las guitarras. Guitarras estridentes que recuerdan a los primeros discos de Marc Ribot. 

Los primeros discos de Ribot son los que más me gustan. De repente nos preguntamos: ¿quiénes somos los que estamos? Y capaz que éramos dos guitarristas y dos bajistas. Y bueno, va a tener que ser así porque somos nosotros. Empezamos a trabajar con roles. El Pipa y yo somos los más rítmicos y el Topo y Mateo terminaban haciendo guitarras que intervenían, entraban y salían. Nos sentábamos en cruz para no caer en lo obvio, en repetir arreglos, hacer unísonos y realmente tratar de aportar arreglos nuevos a canciones viejas, ya grabadas.

Por suerte la percusión está más presente cuando tocamos en vivo que cuando grabamos el disco. Tratamos de que no tenga un rol básico, como de beat de la canción típica de rock o de pop, que sea realmente algo que tenga un giro, que potencie ciertas cosas. Incluso la Velvet es algo importante para nosotros en eso, en esa forma de grabar la percusión.

También seguís insistiendo con este pulso que podría llamarse gótico rioplatense. 

Puede ser, puede ser. Yo no me doy cuenta de eso. Lo que sí es cierto es que hay algo que me sale naturalmente. Yo te puedo decir que hay cosas que no lo son, pero lo que más escucho va en esa dirección.

Si yo te dijera que los Shakers me parecen re rioplatenses, capaz vos me dirás: “No, que no, que al principio no, pero después sí”.
En el hacer me parece que hay una forma de trabajo muy nuestra, muy común, y eso que decís vos de lo colectivo, de lo grupal, termina siempre mezclándose. Cómo hablás se te mezcla entonces en la forma de cantar, en la forma de trabajar. Termina siendo siempre muy local.

Tengo amigos periodistas que han escrito sobre esas cosas del gótico rioplatense. Yo no termino de entender quién sería el gótico rioplatense. Los Buenos Muchachos, Dalton, Los Reincidentes en un momento: ¿quiénes serían los góticos rioplatenses? Pero bueno, hay algo, entiendo lo que querés decir, hay una forma de resolver un rock que no es rock.

Pienso en las músicas populares de todo el mundo que siempre cargan algo de melancolía y nostalgia, no solo en su letra. 

Claro. Pero, por ejemplo, lo que hablábamos antes de La Hermana Menor. La Hermana Menor no sé si entra en esa categoría, pero el Tüssi sí, como letrista o como un tipo que trae conceptos de trabajo. Después, el sonido era un pop más del momento. Estaba más cerca de otras formas inglesas.

En ese sentido musical yo no lo encuentro, pero sí a él para escribir, para componer, para pensar, para explicar, para retratar. Pienso en esa que se llama "El bar frente a la clínica de abortos". Ese tipo de situaciones, de encuadres, de recortes.

Me parece que, quizá, también tiene que ver con que vivimos en una mezcla de planos que están todos al mismo nivel: desde las pobrezas extremas, las condiciones de vida, el dólar, la venta de cosas importadas, la comida rica, la carne. No sé, tenemos muchas formas de vida juntas a la vez acá.

Hay un video que oficia como la presentación del disco, dirigido por Loreley Unamuno, en el que se asoma en el estudio Sansueña, de Darnauchans, en uno de los primeros fotogramas. ¿Cuál es el vínculo con Uruguay?

Ese CD me lo regaló Sebastián Santana Camargo, ilustrador, artista, que hizo el logo de los Techistas y también las últimas tapas de La Pequeña Orquesta Reincidente. Hizo las tapas de Acorazado Potemkin también.

Siempre hay mucha relación. Ese disco es precioso, y siempre hay muchas cosas. Después uno va conociendo otra gente, te van recomendando cosas.

Hicimos la música de la película Whisky de Pablo Stoll y Juan Pablo Rebella. Uruguay siempre es una referencia para nosotros. Ustedes son los que inventan la música de acá, son la Irlanda de América. Hay una influencia, como decís vos, rioplatense, o hasta el acuífero guaraní con Aníbal Sampayo y todas esas cosas lindas orilleras.

Argentina tiene un montón de músicas todas muy distintas también. Ustedes también tienen el candombe y habrá otras músicas más rurales que yo no conozca. Me parece que hay una forma muy linda de entender la música y son muy musicales en Uruguay. Siempre uno admira y escucha y se pasa data y aprende. Y con Ete y los Problems también hicimos colaboraciones, con Diego Presa.

¿Cómo nació el vínculo con Diego Presa? 

Ahí tenés a otro que entraría con Buceo Invisible en la categoría de gótico rioplatense.

Nos conocimos por Sebastián Santana, que también trabajaba con ellos haciéndoles las tapas. Nos conocimos en persona, nos vinieron a ver. Capaz conocía un tema de los Reincidentes y eso, pero después nos hicimos amigos. Con Potemkin hicimos un show en el Espacio Guambia hace muchos años.

Esa fue la primera vez que fuimos con Potemkin para Montevideo. Siempre estuvimos haciendo cosas. Se aprende mucho y hay mucha música. Ustedes tienen mucha música. Es un orgullo para nosotros tocar ahí, en esa sala y con Diego. Sentir esta linda ansiedad que nos transmite la gente que dice que quiere escuchar de vuelta algunas canciones viejas. Para mí es muy emocionante.