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Contenido creado por Catalina Zabala
Historias
Crear un más allá

Ígnea Rivero, la fotógrafa premiada con beca en Francia que expone en el CdF

La artista habló sobre su experiencia en Marsella, el concepto creativo de "La luz de un indicio" y su trabajo con el Centro de Fotografía.

23.06.2026 14:00

Lectura: 9'

2026-06-23T14:00:00-03:00
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Por Catalina Zabala
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Luz emergente, figura humana, lo que pasa entre ambas. La búsqueda de Ígnea Rivero, protagonista de esta historia y autora de la exposición La luz de un indicio (2026) en el Centro de Fotografía de Montevideo (CdF), tiene que ver con crear un más allá. Abrirse a la posibilidad de lo trascendente. Energías que superan la realidad corpórea y que ella intenta representar con técnicas específicas que aplica para sus fotos. Mayor exposición, tiempos lentos, barridos de luz. 

La luz de un indicio nació en Marsella, Francia. Rivero ganó el Premio Mandello —que otorgan el CdF y la embajada francesa— y obtuvo una residencia junto a Pablo Guidali, fotógrafo uruguayo radicado en esa ciudad de la Costa Azul. 

La exposición, que diseñó junto con Fernando Foglino, su mentor, está en el primer piso del CdF y permanecerá allí hasta el mes de noviembre, con acceso gratuito. LatidoBEAT conversó con Rivero sobre su experiencia en Francia, el motor creativo y las inquietudes que la llevan a retratar los temas que elige, y cómo fue el proceso de diseño de La luz de un indicio

Foto: Ígnea Rivero

Foto: Ígnea Rivero

La exposición La luz de un indicio tiene mucho juego justamente con la luz y la figura humana. ¿Cómo apareció este motor creativo? Y a nivel más general, ¿cómo construís estos conceptos a la hora de armar tus exposiciones?

Tiene que ver con la luz, con el cuerpo, pero sobre todo con eso que no vemos. Hay un planteo del umbral o esos planos donde queda la duda de qué es real y qué no. Ahí entra el cuerpo y las teorías que se han desarrollado a lo largo de la historia de si solo somos nuestro cuerpo físico, si también existe el alma, si tenemos un aura. Algunas de las imágenes que ves, sobre todo en el final, son representaciones de cómo podría ser eso. Lo que a mí me gusta de trabajar en fotografía, pero sobre todo en el arte, es poder desarrollar un imaginario en torno a conceptos que muchas veces son muy complejos.

Foto: Lucía Martí

Foto: Lucía Martí

¿Cómo le explicarías a alguien que no sabe de fotografía cómo un fotógrafo llega a la idea de una exposición? ¿Primero se piensa en una idea y cómo capturarla en fotos, o por el contrario, aparece como una conclusión luego de observar fotos ya tomadas?

Son ambos procesos, este trabajo que tengo expuesto ahora es un cúmulo de fotografías que he realizado a lo largo de mi recorrido, que ya son más de 10 años. Hay algunas que quizás habían quedado en mi baúl de fotos y después, revisándolo para armar esta exposición, me di cuenta de que es algo que yo busco desde siempre. Hay veces que sí lo encuentro, en una ceremonia umbanda, por ejemplo. En un momento yo trabajaba sobre ofrendas y qué pasaba en las ceremonias, entonces tuve la oportunidad de ir a una en un templo de Uruguay. Ellos me permitieron ir a fotografiarles, y esta foto que te digo está en la segunda parte de la sala, que es en color azul.

Esa imagen aconteció, lo que saqué es eso. La saqué con una larga exposición, que para alguien que no sabe de fotografía es darle un tiempo más que el instante inmediato, entonces debe tener un segundo de exposición, quizás, o menos. Es un tiempo lento en el que yo puedo captar el movimiento, entonces en eso de captarlo aparecen otras imágenes. Se difumina la imagen y da lugar a ver otras cosas. En esa misma sala hay una imagen que está en un backlight en el piso, la hice ya para la exposición, pensando en conceptos. Esa imagen es una representación de cómo podría ser nuestro campo energético, pensando también en cómo pueden lucir las prácticas de reiki.

Esta imagen está en diálogo con otra que está arriba, ahí tenemos unas manos que están proyectando energía, entonces yo lo que hago es desarrollar un imaginario en torno a cómo puede lucir esa energía que proyecta el reikista, y abajo un cuerpo siendo tratado. Es un tratamiento que se hace sobre el cuerpo físico pero se opera en distintos planos, como en el campo emocional, porque a veces lo que dicen es que hay ciertas emociones que quedan trancadas y obstruyen los chakras. Ellos trabajan sobre esos puntos y proyectan luz o vibración, eso es lo que cree esa práctica. Ahí volvemos a esto de la luz, yo compongo usando la luz y hago largas exposiciones donde con dispositivos lumínicos genero barridos luminosos que hacen que se dibujen ciertas ideas que trabajan los reikistas sobre la luz o la energía.

Foto: Lucía Martí

Foto: Lucía Martí

En tu caso usás la fotografía para hacerte preguntas muy humanas, muy trascendentes. ¿Desde qué lugar te permite abordarlo la fotografía? ¿Qué encontraste ahí como herramienta para explorar?

Yo hago distintas fotografías, pero en esta posición sobre todo trabajé con mi parte de búsqueda de eso que te decía, poder crear un más allá. Hay algunas que son lo que yo veo en la naturaleza, la primera parte de la sala por ejemplo tiene fotos que saqué de la naturaleza en sí. Quizás por cómo las compongo tienen algo más de misterioso o de inquietante, pero en realidad son fotografías fijas. Cuando entro en estos conceptos que son más complejos, que la sala está pensada como un recorrido hacia ideas trascendentes, ahí ya la fotografía lo que me permite es poder manipular la imagen. Trabajarla para lo que quiero decir.

¿Qué le adelantarías a quien vaya a concurrir a la exposición? ¿Con qué se va a encontrar?

Se va a encontrar con una experiencia que no es solo de fotografías, si bien estamos hablando del Centro de Fotografía de Montevideo. Está pensado como algo a vivenciar, se pueden tocar la mayoría de las piezas, hay una propuesta de intercambio, participativa. Sí es una invitación a adentrarse a estos conceptos, a ir con una apertura hacia ideas que son complejas sobre la existencia, en realidad lo que intento generar es curiosidad. Despertar preguntas acerca del tiempo que le dedicamos a esto. Mientras hacía la exposición pensaba mucho en nuestros tiempos cotidianos, estamos en una rosca muy productiva capitalista. La mayoría de las personas no tenemos tiempo para meditar ni para detenernos, entonces esta exposición es también una propuesta meditativa si se quiere y si se puede. De bajar un poco y dejar abierta la posibilidad de que estas cosas sí existan y ser más permeables a eso.

Foto: Lucía Martí

Foto: Lucía Martí

¿Cómo llegaste a exponer en el Centro de Fotografía de Montevideo?

Sí, es un premio que se llama Mandello, que está organizado con la Embajada de Francia y con la Alianza Francesa. Esta es la segunda edición, la primera la ganó Lucía Flores. Lo que propone el premio es seleccionar a seis autores que presentan su proyecto. Después pasamos por un período de exposición de ese trabajo seleccionado. Tuvimos unas entrevistas con el jurado, ellas (eran todas mujeres) evaluaron nuestros trabajos y ahí nos citaron a todos y nos dijeron quién había ganado. Una vez que ganabas el premio te ibas a Francia, a Marsella concretamente, donde está la residencia del fotógrafo uruguayo Pablo Guidali.

Yo estuve dos meses allá trabajando en todo esto, y en esta instancia de residencia yo tenía la idea de producir imágenes, pero en realidad lo que aconteció fue más el pensar la muestra. Tiene mucha cabeza, hay un recorrido planteado, tiene un trasfondo de pensamiento que es lo que hice sobre todo allá. Creo que si no hubiera tenido la residencia yo no hubiera tenido la posibilidad de dedicarme tanto tiempo a idear esta experiencia, por eso se vuelve tan compleja. Cuando volví de Francia sí hice imágenes, algunas ya las tenía hechas y otras las produje para esto. El premio era la residencia y también la exposición, entonces yo ya fui sabiendo que iba a exponer, que era una responsabilidad muy zarpada. No presión por nadie, pero sí por mí misma de que tenía la gran oportunidad de exponer en el primer piso del CdF. Para mí es un gran logro y es algo que no es tan fácil de conseguir a mi edad o con mi recorrido. Era una gran oportunidad y estuvo bueno tener dos meses para trabajar.

Foto: Lucía Martí

Foto: Lucía Martí

¿Qué te encontraste en Francia a nivel de fotografía? ¿Qué te sorprendió?

En la residencia yo estaba sola, en un lugar donde no había otras personas. Yo tenía la tutoría de Pablo Guidali, que me ayudó sobre todo a pensar en esto. A nivel fotográfico fue increíble, tuve la oportunidad de ir al Festival de Arles, que es uno de los mejores festivales de fotografía del mundo. Está a unos kilómetros de la ciudad de Marsella, entonces iba y veía. El festival es de tres meses, yo no sé cuántos días fui porque también salía una plata ir hasta allá. Pero me pasé varios días mirando muchísima fotografía, fotolibros... es un gran sueño poder exponer en el Festival de Arlés. Hay una acumulación de gente de todo el mundo y fotógrafos muy zarpados. Era toda una ciudad tomada por la fotografía, y creo que eso fue importante, porque me vine con mucha fotografía arriba de distintos tipos, y la ciudad estaba toda pegatineada.

Es una ciudad muy chiquita, ahí es donde vivió Van Gogh un tiempo, y tiene una estética muy de pueblo chiquito medio medieval. Tiene una sintonía muy particular y todas las calles están llenas de fotos, porque hay una gran escuela de fotografía ahí. Fue muy inspirador, yo estaba pirando, queriendo hacerlo acá. Sobre todo a nivel de fotolibros y mucha producción en papel, pude ver formatos expositivos. Creo que eso fue lo más importante de esa experiencia, porque después mi exposición se volvió bastante particular a nivel expositivo justamente. Tiene muchos formatos, vos generalmente si vas a una exposición pensás que van a estar en la pared colgadas, pero fue un gran esfuerzo en conjunto con el Centro de Fotografía para buscar distintos soportes. Que no fuera solo imprimir en algodón, enmarcar y colgar. La idea era que pudieras tener una tela, una revista. Hay un mazo de cartas de un oráculo que hice con mis imágenes, entonces vos podés agarrarlas y hacerte una lectura. Hay también un backlight, entonces ahí se agregan capas de distintos formatos expositivos, y es una de las cosas más novedosas de la muestra.

Por Catalina Zabala
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