Ideología política y moda: cancelaciones, campañas y el nuevo juego de las marcas
De John Galliano y su controvertido regreso hasta la campaña de Desigual con Vivian Jenna Wilson, ¿qué estamos diciendo cuando nos vestimos?
Por María Antonella | @antoinella.jpg
Dentro de ese imaginario colectivo que dice que la moda es un lugar sin ideas y sin posicionamientos de ninguna índole, la identidad de grandes marcas y eventos de nicho se ha vuelto tan solo un poco revolucionaria.
Al día de hoy, podemos observar que en la moda está de moda tener una perspectiva de conciencia de clase o, por el contrario, una actitud de deslegitimación frente a los famosos y artistas reconocidos en el mundo a los que visten para situaciones importantes.
Ahora bien, me gustaría dejar de decir “moda” para referirme a este concepto arraigado a los que solo usamos jeans con remera. Tenemos que empezar a hablar de “moda” como una gran industria textil para sacarle una mirada naif y darle la responsabilidad que cargan los elementos que usamos en sociedad. Todos usamos ropa, ¿no es cierto? Es una obligación, nadie puede salir de su casa sin ropa. De lo contrario, iría preso.
Claro está que “la ropa” y “la moda” empiezan a jugar como dispositivos de control y estatus a través de los símbolos. Empezando por lo que nos toca a todos, el precio, seguido de la calidad y, adentrándonos un poco más, qué significa cada prenda de nuestro ropero.
En esta conversación, no es válido decir “no tengo idea, me compra todo mi madre”, porque si tu madre invierte su dinero y su pienso para seleccionar prendas que puedan gustarte a ti, podría perfectamente hablar de cariño, pero también de una perpetuación de tareas que podrías hacer tú, pero que decidiste adjudicar una más a una mujer que posiblemente haya sido criada para cuidar.
Estas últimas semanas, el debate pudo tener un cuestionamiento más profundo sobre variadas temáticas, empezando por John Galliano cancelando por motu proprio su participación y homenaje en el Metropolitan Museum of Art (New York), en la sección de exhibición de prendas de archivo y moda.
Para quien no sabe, Galliano fue director creativo en grandes marcas como Givenchy, Dior y Maison Margiela. Dentro del ámbito de los diseñadores es un ejemplo a seguir por sus piezas únicas, dramáticas, sin escatimar en estampas, volumen y narrativas de una época más victoriana. Más allá de eso, en su vida personal no ha sido tan grato, ya que en 2011 fue denunciado por dichos antisemitas y racistas bajo una gran adicción al alcohol y a las pastillas. Tras esos exabruptos se tomó una pausa de su trabajo para rehabilitarse, y fue echado de la marca en la que trabajaba en su momento (Dior). Desde 2020 hasta acá, Galliano reiteró su arrepentimiento y se ha mantenido sobrio por 15 años.
Por más que su comunicación y sus posicionamientos hayan sido aclarados, cuando surgió la posibilidad de habilitar piezas de ropa en la exhibición del MET, bajo la propuesta de Anna Wintour (exeditora en jefe de Vogue), inversores judíos demostraron su incomodidad y expresaron la posibilidad de retirar su apoyo a la institución.
Luego del incidente, Galliano escribió una carta en formato post de Instagram, que en el final decía:
Tras mucha reflexión y tras hablar con todas las personas implicadas, he decidido, con gran tristeza, que lo mejor para la exposición es que no se celebre en este momento. Sigo asumiendo plenamente la responsabilidad por el dolor causado por mis palabras en el pasado, en particular el daño que causé a las comunidades judía y asiática, y aún siento un profundo arrepentimiento. Entiendo que la expiación significativa no se logra mediante una exposición, el reconocimiento institucional o un único gesto público. Se trata de una responsabilidad continua, que se demuestra a través de la escucha, el aprendizaje y la propia conducta a lo largo del tiempo.
Lejos de alivianar la carga, diferentes personas manifestaron su inconformidad en las redes sociales, dando más visibilidad de la obtenida y mostrando distintos videos y fotos de su archivo como trabajador, por último, cuestionando la cultura de cancelación y cuánto tiempo debería durar esta.
En el correr de los días, la marca española Desigual lanzó su campaña otoño-invierno llamada “Born to Disobey”, encabezada por la modelo trans Vivian Jenna Wilson, más bien conocida como “la hija de Elon Musk”. El empresario dueño de varias empresas como Tesla o X (ex Twitter) ha demostrado sus afiliaciones ideológicas conservadoras, aunque su falla en la matrix haya sido su hija. Lo “traicionó” siendo ella misma, transicionando y sintiendo total desprecio hacia su padre.
La campaña la coloca a ella en distintas habitaciones interactuando con un robot llamado Optimus, también conocido como Tesla Bot —de la marca de Elon Musk—, donde lo pone en situaciones frágiles llevándolo a un colapso, usándolo como perro, mojándolo con las mangueras de regar el pasto, golpeándolo con un palo de golf entre otros conceptos bastante cómicos y despreocupados. Todo eso, obviamente, usando las nuevas prendas de esta temporada bajo el lema de que nació para desobedecer.
Al día siguiente, ocurrió un evento hermético, el premio LVMH para jóvenes diseñadores de moda. Un prestigioso galardón anual creado en 2014 por el conglomerado de lujo LVMH para apoyar y reconocer a los talentos emergentes del diseño en todo el mundo. La empresa es inversora mayoritaria de marcas como Louis Vuitton, Dior, Celine, Givenchy, Marc Jacobs, Tiffany & Co, Bulgari, entre muchas otras más y cada año realizan este evento que lanza un nuevo diseñador introduciendo de forma directa el manejo de grandes cargos en moda. Lo interesante o lo distinto que ocurrió en esta ocasión fue la presentación a cargo de la actriz Jennifer Lawrence, quien desató polémicas en su discurso en el cual tuvo un lapsus notoriamente planificado que confunde “fashion” con “fascism”, aludiendo a las dinámicas del lugar. Algunos de los electos como jurado no pudieron contener la risa, otros se sintieron molestos o apáticos.
Por último, pero no menos importante: estamos en el principio de las semanas de la moda en el mundo y cada ciudad sentó las bases. New York se unió a la consigna de Londres, que consiste en que ningún diseñador o marca podrá presentar ornamentos o prendas de origen animal, dejando afuera a varios o condicionando la obligación de cambiar el itinerario a la hora de mostrar el trabajo de esta temporada.
Las tensiones entre marcas, diseñadores y proyectos, al día de hoy, se presentan con rispideces nunca antes vistas. Si bien está habilitada la posibilidad de mostrarse en desacuerdo, es interesante cómo se está eligiendo la idea de perder —o ganar— clientes, jugando con algo tan relativamente personal como lo es asumir posturas o pronunciamientos. El movimiento en redes y dentro del ámbito no ha pasado desapercibido; se ha convertido en una nueva forma de mostrar prendas sin que sean expresamente basadas en las colecciones, sino, más bien, pensarse como firma por fuera de la comercialización.
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