Corría el año 2004. Era otro Montevideo, y otra escena under. Tiempo atrás, Camila G. Jettar había decidido dejar de ser parte del público. Ahora quería ser ella quien tocara. Y así nació Tomboy. Al tiempo la banda se separó, pero Camila decidió seguir y armar una nueva. 

Una "petisa" con cara de pocos amigos que andaba siempre en la vuelta les llamó la atención a Camila y a  Florencia, ex bajista de Guachass. La invitaron al proyecto, no sin antes hacerle una prueba. "La loca se puso a hacer temas de Turbonegro", recuerda Camila. Era Mariana Gascue, que no precisó de más para "salvar el examen". 

Por ese entonces, encontrar una baterista mujer era una tarea casi que imposible. Desde la casa de los padres de Mariana, llamaron por teléfono al baterista de los Hermanos Montenegro y lo invitaron a ser el baterista de Guachass. "Ahí empezó una etapa hermosa", afirma Camila. 

Hacer afiches, repartirlos en las puertas de liceos, las pegatinas hasta altas horas de la noche. Pasaron los recitales, los viajes, la búsqueda de "la zanahoria" que prometía el éxito absoluto, los hijos y las "pausas". Veinte años después, Guachass sigue con la noción clara de cuál es su identidad y con ganas de festejar todo lo logrado. 

Este 21 de diciembre, en el patio a cielo abierto de El Ocio, la banda tocará junto a Vaimaca y DJ Cobra. 

¿Cambió la escena under? 

M.G.: Sí y no, mutó en ciertas cosas.

C.G.J.: Hay una escena punk más fuerte.

M.G.: Está más urgente: todo ya, todo mucho.

C.G.J.: Hay otras tácticas de comunicación y de difusión, ahora las bandas tocan mucho. Pero eso es lo que hace que tengan un lugar más sólido en la escena grande.

¿Qué tanto afectó la presencia de las redes sociales como plataforma? 

C.G.J.: Siempre hubo algún tipo de plataforma, también existía Fotolog, creo que siempre hicimos uso de lo que había y le sacamos el jugo. También era hermoso tener que diseñar un panfleto sin Canva o Photoshop, ir a la puerta del Dámaso o el Zorrilla a repartir, o las noches de pegatina hasta tarde. Ese también era un gran medio de difusión que quedó un poco obsoleto y te daba el cara a cara. A mí me gusta la palabra y el encuentro.

Hace poco me encontré con una chica en un laburo, ella tiene mi edad y también es madre. Me dijo: “Yo te vi con Tomboy y me acuerdo de que fui a hablar contigo a decirte que te vi tocar y me encantó lo que hiciste”. Y se acordaba que yo le dije: “Gracias, pero para mí lo valioso es pasarte el mensaje de que vos lo podés hacer también. Entonces el domingo deciles a tus amigas que en vez de ver la banda de tus amigos y estar ahí de groupies, se pongan a tocar, porque yo no sé tocar nada, estoy acá y puse afiches”.

Una de las grandes victorias ha sido dejar de ser groupies y pasar a ser parte de la banda. 

C.G.J.: Que tampoco quiero minimizarlo, pero es encontrar tu lugar. Yo estuve un año así, en esa, diciendo “yo quiero estar ahí”. La curiosidad llegó de ese lugar.

Es un poco cliché hablar de "la experiencia como mujer en el rock", pero en la actualidad no solo hay más artistas uruguayas en la escena, sino que también los espacios son más habitables y hay otros cuidado entre pares. 

C.G.J.: Porque se pone en palabras mucho más, es parte del diálogo popular, entonces no pasa tan desapercibido. Cosas que antes ni siquiera se hablaban, entonces capaz que ni siquiera estaban en el inconsciente colectivo. Así y todo, yo disfruté mucho de la escena, para mí fue muy amable conmigo, no tuve grandes desafíos por ser mujer, sí los esperables. En los buenos puestos siempre tenés que tranzar con el varón, ahí tenés que sacar una parte masculina, es supernecesario. Obviamente Guachass sacó su lado masculino. Lo tuvimos que hacer y lo hicimos, nos hicimos cargo. El rockero es bastante respetuoso, sobre todo la escena bien under, que es donde siempre estuvimos.