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Los libros y sus autores

Germán Di Pierro: “En Montevideo la mayoría de las personas viven para trabajar”

El autor publicó Efectos especiales por Estuario Editora.

18.09.2026 13:24

Lectura: 7'

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A veces la realidad, cuando se la mira demasiado de cerca, empieza a parecer absurda. El dinero, los alquileres, el trabajo, los cuerpos y las pequeñas miserias de la vida cotidiana pueden volverse tan crueles que la ficción apenas necesita exagerarlos. Es ese territorio el que Germán Di Pierro explora en Efectos especiales (2026), su tercer libro de relatos, publicado por Estuario Editora. 

Escritor e ilustrador, Di Pierro traslada a la literatura una mirada que también ha desarrollado desde lo visual. Su universo está atravesado por la economía cotidiana y por las formas en que el dinero organiza la vida: cuánto cuesta vivir, trabajar, alquilar, consumir o simplemente sostenerse. Pero en estos cuentos la coyuntura uruguaya no aparece como un decorado reconocible, sino como una materia que se deforma hasta alcanzar dimensiones extrañas, incómodas y, por momentos, delirantes.

En Efectos especiales la cotidianidad parece ser llevada hasta el absurdo. ¿Qué tiene la realidad que te resulta más disparatado que cualquier ficción?

En la realidad transcurren los problemas de los que me interesa hablar: deudas, explotación, autoexplotación, préstamos, inseguridad, miedo a quedarse sin trabajo y miedo a no conseguir trabajo. Me interesa contar historias donde estos problemas reales condicionan a los personajes y así señalar aspectos que me parecen ridículos de la sociedad en la que vivo.

El trabajo y el dinero aparecen como temas recurrentes en tu obra. ¿En qué momento esto empezó a convertirse también en un material literario?

Ya en mi primer libro, Aparato reproductor, publicado en 2010. Escribo sobre el trabajo y el dinero siempre desde historias y personajes graciosos y desgraciados. También Pólvora (2017), mi segundo libro, tiene como tema central el trabajo. Me interesa esta temática y sus posibilidades. Es un desafío para mí hablar de lo mismo desde diferentes historias y personajes. También es más práctico porque limita bastante las posibilidades a la hora de escribir.

¿Qué tipo de mensaje te mandaría uno de tus personajes a fin de mes?

"¿Me prestás plata?" o "Estoy muerto".

Hay un diálogo constante entre lo visual y lo escrito en tu trabajo. ¿Qué puede decir una ilustración que no puede decir un cuento, y viceversa?

El efecto de lo visual es inmediato, creo que más directo: no es lo mismo ver el dibujo de un zombie que la descripción de uno. Los dibujos tienen materialidad, volumen, luz… y estas condiciones son más efectivas a la hora de señalar algo. Pero el cuento te permite una profundidad y una temporalidad que un dibujo no tiene. En un cuento puedo hurgar en la experiencia de un personaje ante la falta de dinero o de trabajo, por ejemplo. O explicar qué lo lleva a hacer lo que hace, y en esa explicación aparece lo terrible también.

Foto: Javier Noceti

Foto: Javier Noceti

¿Qué alimenta tus ganas de escribir? Películas, música, actividades, lugares, situaciones.

Señalar aspectos de la realidad que me parecen ridículos, horribles o graciosos. También lo hago para reírme de mí mismo, para contar situaciones similares que tuve que vivir o padecer.

¿Qué estás leyendo ahora?

El libro Vagones transportan humo (2000) de Alejandro Urdapillleta.

Un libro que recomiendes siempre.

Los viajes de Gulliver (1726), de Jonathan Swift.

Casa de balneario mezcla ilustración, activismo gráfico, historieta y literatura. ¿Cómo convergen esas distintas formas de crear historias en tu escritura?

Se complementan y se transforman. La profundidad y la precisión que intento a la hora de escribir un cuento termina alimentando ideas para carteles, frases y nuevos dibujos. Por otra parte, los dibujos me permiten ser más directo y contundente en lo que intento decir, y eso muchas veces me ha vuelto más directo y contundente en mis relatos. De hecho, creo que gracias a que también dibujo, Efectos especiales es mucho más directo y, por eso, también más crudo que Aparato reproductor o Pólvora.

En estos cuentos hay una realidad muy reconocible —trabajo, plata, alquileres, precariedad— pero llevada a lugares delirantes. ¿Crees necesario exagerar la realidad para poder ser críticos con ella?

No sé si es necesario, pero en mi trabajo tanto gráfico como narrativo, la exageración es uno de los recursos más importantes para decir lo que quiero decir. La exageración destaca, subraya, ridiculiza y caricaturiza.

Foto: Javier Noceti

Foto: Javier Noceti

Si Efectos especiales fuera un objeto –además de un libro– que alguien pudiera encontrar en una casa típica uruguaya, ¿qué sería?

Una caja de fósforos.

¿Qué lugar ocupa el humor en tu arte? ¿Por qué ese recurso?

El humor está siempre presente tanto en mis carteles como en mis relatos. Creo que me permite hablar de aspectos de la sociedad actual que no son tan graciosos, más bien desgraciados e incluso terribles. Como el pagar alquileres carísimos, trabajar para alquilar, alquilar y no vivir, las deudas y las relaciones humanas condicionadas por el dinero.

Tus personajes habitan la supervivencia, el ingenio y el absurdo. ¿Qué te interesa de esa figura del “buscavidas” tan presente en nuestra cultura?

Es un tipo de personaje que surge determinado por la carencia de dinero, de una vivienda o de afectos. Mis personajes son así porque los pongo en un contexto de crisis económica, en ciudades del tercer mundo donde los personajes que los rodean también están ocupados en sobrevivir, y no en vivir.

Foto: Javier Noceti

Foto: Javier Noceti

Como lector, ¿qué te atrapa de una historia?

Me atrapan las situaciones posibles pero improbables, desenlaces inesperados, historias absurdas o graciosas con personajes que son víctimas pero también perversos, que se lamentan pero provocan lo que padecen, malvados pero también justos.

¿Hay algo de Montevideo que sientas que solo puede ser contado desde el absurdo?

En Montevideo la mayoría de las personas vive para trabajar. Eso es absurdo. Y, por eso, escribo lo que escribo.

¿Si Efectos especiales fuese una canción, cuál sería?

"Memorias de la sirvienta", de La Tabaré.

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Fragmento de Efectos especiales

¡¡CONFESIÓN!!!

Tengo DOS TRABAJOS y ¡¡¡NO ME ALCANZA!!! Pedí prestado, pero el mes pasado las deudas me ahogaron y llegué a hacer lo que juré que nunca haría. Pero no me arrepiento… Al principio la idea pasó por mi cabeza como un chiste idiota, hasta creo que me reí de solo pensarlo: ¡JA JA! ¡ROBAR! ¡YO ROBAR! Pero a los pocos días volví a la misma idea: “Nadie sospecharía de mí, nadie lo imaginaría” me repetía en soledad. La remota ocurrencia se volvió un desafío idiota, un juego arriesgado que me retribuiría nada más y nada menos que aquello que más necesitaba: PLATA. Aunque también me invadía el horror de ser descubierto, de ser acusado de ladrón, y este terror era lo que me acobardaba. Pero solo por unos días... Al jueves tres de agosto, tenía que pagar el alquiler del cuarto y me di cuenta de que sin querer había empezado a buscar las oportunidades. Solo hablaba e intervenía en las conversaciones para disimular mis verdaderas intenciones, pero mis ojos daban vuelta revisando las carteras. Ningún lugar fue impedimento. Al mismo tiempo ME PREOCUPABA HACER EVIDENTE MI CONSTERNACIÓN, por lo que fingía distensión festejando las anécdotas y haciendo reír a la concurrencia con chistes verdes.

“Nadie desconfiará de mí” —me repetía en soledad— “una persona como yo, profesional y trabajador”. NO COMPARTÍ MIS INTENCIONES CON NADIE. Por otra parte no tenía mucho que perder; era mayor el martirio en el que me hundía mes a mes al contar lo que cobraba, que el bochorno de ser acusado de ladrón.


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