Gerardo Ferreira: “Mi poesía se filtró dentro del tejido de otros”
A partir de un libro armado con consignas de Instagram, el poeta uruguayo defiende el lugar de lo no convencional en la discusión literaria.
Por Ivonne Calderón | @malenamoon13
¿Qué lugar ocupa en la literatura lo que en música se conoce como sampleo? Tomar fragmentos de sonido preexistentes, una línea de bajo o de batería, incluso el audio de una película y producir con ello una nueva composición musical, un significado completamente distinto. Hay en ello un eco del espíritu situacionista del siglo pasado, de la búsqueda estética de Guy Debord. Pero la literatura es, quizá, más tímida. Se sostiene en la idea romántica de la originalidad.
En su libro Escritura no-creativa. Gestionando el lenguaje en la era digital (2016), el poeta y crítico estadounidense Kenneth Goldsmith pone en otro lugar al escritor: lo despoja de su coraza de genio torturado y lo reivindica como sujeto que conceptualiza, construye, ejecuta y mantiene viva una máquina de escritura. La propuesta se desliza del autor a la mirada experimental, a lo procedimental, al uso de textos, documentos y fragmentos disponibles para dar paso a una obra nueva. El poder está en la elección, en la manipulación del lenguaje y la recontextualización, no en la invención.
De eso se trata Desvíos. Protocolos poéticos y otras derivaciones textuales, el último libro del periodista, editor, investigador y poeta uruguayo Gerardo Ferreira Rodríguez. Publicado por DosPájaros Ediciones, en este libro trabaja con el lenguaje de Instagram. Según Liliana Farber, en la contratapa, el autor usó esta red social como espacio colectivo y propuso diez consignas de escritura interactiva o protocolos poéticos. Invitó al público a participar. En estas páginas aparecen muletillas, horóscopos, títulos y refranes intervenidos por la voz del escritor, para dar lugar a un nuevo texto poético de carácter conceptual. El objetivo: resignificar y ampliar la praxis habitual de la escritura, “desviar el sentido normativo de los contenidos diarios y descubrir si en realidad podían convertirse en objeto artístico al extraerlos de su hábitat natural”. Ferreira tomó esos textos derivados de sus consignas en Instagram y los ubicó en un nuevo espacio, en un libro, despojándolos de su contexto para apostar por los cruces y el juego.
En su obra hace pleno uso de la premisa de Goldsmith: que las palabras se escriben no solo para ser leídas, sino también compartidas, trasladadas y modificadas. La plasticidad del lenguaje, la riqueza creativa que hay en ello. Desvíos es un libro para pensar. Y a partir de él, LatidoBEAT conversó con Ferreira.
Crédito: Gerardo Ferreira
¿De dónde partió la idea de Desvíos?
De un impulso personal en realidad.
¿Alguna lectura que hayas hecho y te haya suscitado algo?
Bueno, en aquel momento no conocía a Kenneth Goldsmith, por ejemplo. Fue muy posterior lo de dar con su libro Escritura no-creativa. Y para mí fue revelador porque me convenció de que aquellas prácticas que yo no había ligado a lo literario tenían que ver con operaciones creativas de manipulación de texto, de apropiación, que, después, en un contexto más académico, o por lo menos teórico, tenían que ver con un concepto. Después apareció la idea del “desvío”, de los protocolos, de juntarlos y ver qué era lo que había. Al tenerlos juntos lo más difícil fue decir: “Che, ¿esto es un libro? Y si lo es, ¿cómo lo planteo en la página? ¿Cómo se va a leer esto? ¿Cómo lo van a recepcionar?”. Lo empecé a testear una vez reunido con distintas personas que son de mi admiración y, principalmente, con otros lectores más especializados, porque es un libro muy de nicho. Lo que me devolvían era:
“¡Esto está bueno! Interesante, pero no es comercial”, aunque siempre confirmando que la idea estaba bien por el escaso trabajo que había con textos vinculados a las redes sociales y el ambiente literario.
¿Había poco sobre el tema?
No hay antecedentes inmediatos entre la plataforma Instagram y un aspecto literario. Había una zona de total libertad justamente por la ausencia de trabajos, pero a la vez cierta soledad de estar trabajando ahí. Yo en el plano local no tenía anclaje. Tal vez en Argentina pueda haber gente que haga cosas relacionadas con la palabra poética y otro tipo de formatos o registros. Yo agradezco a Malena Rey, de la editorial Caja Negra. Ellos editan a Goldsmith y están al tanto de estos discursos. Acá en Uruguay es muy cerrada la cuestión. El asunto con la validación de los que hacen cosas diferentes. La dificultad de ponerse a dialogar con todo ese tipo de producciones. Pero pasa en todo, desde las ferias hasta las editoriales, hasta el tipo de artista que tenemos acá muy ligado a ciertas tradiciones.
No encontré nada dentro del ambiente uruguayo, pero pensando en propuestas, lo más cercano que encontré previo, más o menos con este enfoque, no de redes sociales, pero sí de lo “no creativo” fue Leonardo De León. Después hay alguno más: Marcos Robledo tiene un par de libritos con la Editorial Astromulo, o Mariano González. Es gente más transversal. No están tan ligados a las prácticas habituales, se animan a correrse cinco baldosas para allá y darse cuenta de que acá también puede haber otras literaturas o formas de crear. Después hay cosas raras como Andrea Blanquet. Es una rareza de los noventa: Grafitis de los baños de mujeres. Antología del retrete. Una investigación que rescata grafitis de baños uruguayos de mujeres. Ese tipo de propuestas tal vez en una época fueron un poco más patentes con el tipo de escritores que había. Después Andrea empezó a hacer novelas. Cuando la entrevisté le llevé ese libro y le dije: “Che, hay que reeditar esto”. Ella decía que no, que de ninguna manera. No lo incluía en su biografía en solapa. Cabría preguntarse por qué. ¿Por qué reniega de un trabajo así?
Gerardo Ferreira. Crédito: Ivonne Calderón
Es importante que este tipo de libros tengan un espacio en la discusión literaria.
Sí, porque atrás de un proyecto hay muchas personas relacionadas con otras prácticas, y al invisibilizarse el producto final, también invisibilizás otras cosas, como lo que hace DosPájaros Ediciones. No me gusta poner al autor tan adelante, o la idea de lo “no creativo”, sino más bien decir: “Esto también está bueno que se tome en cuenta, esto también es literatura”. Porque justo por la manera en que tomamos las novelas, las colecciones de cuentos, lo que validan las editoriales grandes, el mercado nos hace ver una sola idea de la literatura. Ahora por suerte se están empezando a ver otros perfiles de artistas que vienen de otras disciplinas, que se meten en lo literario con otro imput, con otras propuestas. Pienso en el caso de Lourdes Silva, artista visual. Su libro Metal (2023) es como un ensayo poético con fotografías, más cerca del tipo de artista que yo hoy me siento.
¿Qué lugar le ves a Desvíos dentro de la poesía uruguaya actual?
Un poco de eso hablábamos con Riccardo Boglione [escritor y crítico de arte italiano radicado en Uruguay]. ¿Cómo cae esto dentro de un estado de cosas respecto a lo que es la literatura uruguaya? A juzgar por la recepción que ha tenido, entiendo que no es un producto de interés. ¿Por qué? Porque nosotros entregamos el libro en las distintas redacciones de los diarios, como hace cualquier editorial. Habría que preguntarse si todas las personas están capacitadas para trabajar sobre un proyecto así, y decir algo que valga la pena. Es un desafío. Vos podés agarrar esto y decir: “No, te reseño una novela, esto es más complicado, no sé trabajar con esto”. Capaz no interesa, lo cual me resulta válido. Ahora, habría que preguntarse: ¿porque no te interesa no es interesante para el medio? Me parece que el enfoque personal a veces está por delante de lo que pueda parecer interesante en el plano general.
Tu libro cuenta con prólogo de Riccardo Boglione, pero tú dices en “Cruces” ––la nota introductoria–– que “explicar es una operación infame” y, aun así, el libro tiene introducción, prólogo e incluso notas al pie por sección. ¿Cuánta explicación necesita este libro y por qué la incluiste?
Está buena esa pregunta. Eso fue complicado desde el comienzo. Por ejemplo, Francisco [Álvez Francese, poeta] cuando leyó el proyecto era de la idea de: “Esto va sin explicación. Esto va así y habla por sí mismo”. Era una vía. La otra era dar un paratexto que pudiera explicar los protocolos y ser más generosos con el lector. No cerrar la recepción, abrirla, porque si no, esto, además de que ya es de nicho, lo cerrás más. No era la intención. Sumar mi propia nota después fue complicado, no estuve decidido a hacerlo durante casi todo el proyecto, solo hasta el final. La idea era explicar ahí cómo había sido el recorrido.
Gerardo Ferreira. Crédito: Ivonne Calderón
Y es una nota refrescante. Luego del prólogo muy académico de Boglione, lo bajas a tierra.
Quise descomprimirlo un poco y a la vez complementarlo. Decir: “Acá está lo teórico, pero acá en verdad lo que pasó fue esto y yo lo considero un libro de poesía”, por ejemplo.
Aunque en la nota introductoria dices que no es solo un libro de poesía.
Bueno, me resulta complicado defenderlo desde lo formal. Desde lo conceptual para mí está clarísimo.
Entiendo que tiene que ver con una búsqueda desde la poesía conceptual, o posconceptual.
Claro. Estoy editando desde lo poético mis intervenciones. Estoy interviniendo desde lo poético. Entonces, para mí sí es un libro de poesía; pero claro, vos le preguntás a cualquier persona y va a decir: “Bueno no, no está escrito en verso, Gera”. O: “Ni siquiera es tuyo del todo”.
Eso es lo bueno, que da para la discusión.
Me parece que abre la puerta para hablar sobre quién es el autor, qué potestades tiene. ¿Quién escribió esto? Este es un libro colectivo.
Hay mucho del habla rioplatense, refranes universales, mucha oralidad. ¿Piensas el libro como un archivo del habla uruguaya de estos años?
Y sí. Rescatar las muletillas, las partículas coloquiales que podrían configurar una forma de hablar o de expresarnos, no sé si de una época o de un momento en particular de la humanidad en sí o de Uruguay entre 2018 y 2025. Pero me parece que para revisarlo de esa forma el libro tiene que dejar de ser lo que es como algo solamente literario. Eso va a depender mucho del diálogo que vos mantenés con eso. Yo creo que hay una especie de situación de desmedro de producciones que no son habituales, y más si están ligadas a las plataformas, que lo hacen ver como un juego, como un divertimento, algo con poco peso, con un estatuto más bajo de lo que hipotéticamente es la alta literatura. Hay que ver si a mí me pasa como a Andrea Blanquet, y yo dentro de diez años diga: “No, esto no…”
¿Cómo llegaste a pensar: "Aquí hay un libro"?
La inconciencia total. No pensar en que era un libro. Pensar en que quería seguirlo y continuarlo hasta que me diera algo y me convenciera de que podía funcionar. Eso sí ha cambiado en el tiempo, no pienso en términos de libro. El libro es un producto final. Me parece en lo mío hay más una obsesión, una práctica, un proceso que es más valioso que el producto. Eso también es muy de Goldsmith y de lo “no creativo”. Es más interesante cómo lo estoy trabajando que lo que va a dar. Fueron muchos los intercambios, los detalles y las propuestas para que estas consignas diferentes entre sí pudieran leerse.
Gerardo Ferreira. Crédito: Ivonne Calderón
Usaste refranes, muletillas y horóscopos. ¿Por qué no atacaste frases más “pesadas”, discursos políticos o publicidad en Instagram? ¿Tiene que ver con el interés que manifestaste tempranamente por lo cotidiano?
Tal vez en este momento lo haría. Ahí depende mucho de cuál fue ese contexto.
Bueno, este es un libro de pandemia.
Sí. Hay algo de eso, del aislamiento. También surgió a partir de eso, de buscar una conversación con otres. Una especie de compañía y mantener un vínculo virtual con las personas que más o menos te siguen, porque esa es otra, vos no le hablás a los diez mil tipos que te están siguiendo. Le hablás a un 10 % de las personas que diariamente ven tu historia y están ahí. Y más o menos los que interactúan con tu contenido, que ven tu trayectoria.
Con ellos trabajaste para construir Desvíos…
Sí, porque es una burbuja.
¿Y qué dicen de ser “coautores” de este libro?
La verdad que no sé, porque hay gente que capaz que ni se enteró. También me resultó muy complicado identificar a las personas en sí con cada parte del texto. Hubo un borramiento que me permitía trabajar de una forma descontracturada, de no hacerle justicia a la palabra. Dije: no, esto yo lo tengo que torcer en la medida que a mí me sirva. Ese otro que te devuelve algo no es necesariamente un lector, un experto, no sabés quién es. Entonces, ese borramiento de la meritocracia te suma.
Aunque a veces cuando lo leo me da mucho cringe por esta cuestión de lo literario, y de cómo trabajar un estatuto que en verdad se espera que sea poético, y si es poético no puede tener algunos condimentos de la coloquialidad. Si vos te ponés muy autoexigente con lo que esperás de eso te puede generar rechazo y decir: "Che, esto es un disparate, es ridículo". Hay que resistir la tentación de censurar.
Parece difícil hacerle frente a lo canónico.
Es muy conservador nuestro medio. Y esto lo digo porque lo vivo diciendo. Esto lo sabe todo el mundo.
Le apuestas a romper con la tradición, no hay duda.
En este libro en particular, sí. Yo de base, de formación, soy poeta. Ya de por sí ser poeta te pone en un lugar, porque la poesía acá es un género que todavía es muy elevado. De a poco va apareciendo gente más joven, un tipo de poesía que se escribe de otra forma. Acá nos vivimos salteando gente y proyectos y cosas que se hicieron.
¿Qué se ha perdido el panorama literario uruguayo?
Y bueno, gente de mi generación. Yo soy del 81 y hace un montón estoy haciendo esto que hago; pero no lo digo por mí, lo digo por gente egresada de Letras, o gente que ha trabajado en la prensa y después parece que no existiera. Y eso pasa mucho acá porque me parece que el medio trabaja más sobre la figura de autor de una forma muy comercial. Tampoco somos críticos con lo que tenemos.
Queda por fuera tanta cosa…
Claro. Vos no tenés una muestra de la literatura uruguaya si nunca entran en conversación otros libros, mismo en la Feria del Libro. Tenés a las editoriales independientes en un solo stand rodeado de multinacionales. Eventualmente, operan otros intereses. Hay una disociación entre la literatura y el manejo del libro. Está este tema: ¿qué es la literatura acá? ¿Cómo funciona la literatura acá? ¿Cómo circula? ¿Qué les interesa a los jurados? Se están salteando gente porque no cumple con ciertos perfiles o sus producciones no van por el carril central. Nos cuesta ver las cosas de manera más crítica, apostar a tener una conversación donde realmente puedas elevar la mira. La crítica queda en el ámbito de Humanidades, más de nicho académico. Yo me egresé de Letras con la idea de que la literatura era un campo de discusión, de conflicto buscado, de organización, de intercambio y de empuje de dialécticas.
¿Pensaste Desvíos como un acto político?
Pienso que, en el contexto de la pandemia, esa voluntad de dialogar con otros y establecer un vínculo desde la poesía y la palabra en las redes sí tuvo una voluntad, una ilusión de generar ese tipo de conversación.
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