Ezequiel Erriquez y Benicio Mutti Spinetta sobre “Emi”, un drama de vínculos familiares
La co-producción uruguaya y argentina se estrenó este 5 de noviembre. LatidoBEAT conversó con su director y su protagonista.
Por Catalina Zabala
catazabalaa
La historia de Emi (2026) no se cuenta con las palabras ni con las acciones, sino con el silencio, con lo que no se muestra. Lo valioso del guion reside justamente en todo aquello que no dice.
La película tiene pocos personajes. El juego relevante se da en la intimidad, entre unos pocos. Está protagonizada por Benicio Mutti Spinetta; sí, nieto de Luis Alberto, el músico. El parecido en su rostro es sorprendente.
Con un corte muy realista, deja ver con facilidad la búsqueda estética de Ezequiel Erriquez, su director. En entrevista, contó que le interesa dar un enfoque documental incluso a sus historias de ficción. Así, el espectador tiene la sensación constante de estar escuchando una conversación a la que no lo invitaron. De espiar desde un rincón.
Emi explora el dilema que se les suele presentar a los niños adoptados una vez que crecen, el conflicto de identidad que se les presenta. El nombre no es capricho, porque todo el drama reside, justamente, en torno a Emi y su identidad. ¿Quién es Emi realmente?
En conversación con LatidoBEAT, Ezequiel Erriquez y Benicio Mutti Spinetta contaron cómo nació el proyecto, cómo lograron esa atmósfera realista que inunda todo el film y qué pudo aportar cada uno a esta narrativa familiar, desde distintos lugares y experiencias.
La película se estrenó este 5 de noviembre en Cinemateca. Las entradas se encuentran disponibles y pueden adquirirse aquí.
Ezequiel, ¿cómo pensaste en Benicio como protagonista? Y Benicio, ¿cómo recordás que recibiste la propuesta?
Ezequiel Erriquez (E.E.): Vimos un montón de chicos. El casting lo hice con Mercedes Muñoz, que es la directora de casting, y empezamos una búsqueda un poco más informal. Me acuerdo que empezamos en algún periodo de cuarentena, de pandemia. Y después, al final, el rodaje de la película se pospuso, pero el comienzo fue en pandemia, me acuerdo. Como el personaje tenía que andar en moto pedíamos esos requisitos al principio; que supiera manejar, que tuviera acceso o manejo de ciertas herramientas. Vimos a un montón de chicos y no aparecía. Y vi una película que se llama Ciegos (2019) y me gustó cómo actuaba un personaje, uno de los protagonistas, por cómo se relacionaba con la cámara.
Entonces averigué qué edad tendría ahora el chico, y haciendo cuentas coincidía. Ahí hablé con Mercedes y ella me dijo que lo conocía, que había laburado con él cuando era chico. Ahí tuve una videollamada, tuvimos muchos encuentros uno a uno con muchos jóvenes. Lo tuve con Beni y no sé, algo fluyó en el modo de entrevista. No fue la típica entrevista de casting. También yo soy del palo más documental. Me gusta un acercamiento más documental en la ficción. Entonces me gustó la idea de que el primer encuentro fuera algo más descontracturado; hablamos de cualquier cosa, no precisamente de la película. Y después empezamos a hablar de cosas más puntuales. Me comentó algo de que su situación familiar estaba como en transformación, y me pareció que eso podía vincularse con lo que contaba la película. Y se fue dando. Después se terminó confirmando cuando lo vi interactuar con otros personajes de la película.
Foto: @ezequielerriquez
En tu caso, Benicio, vos tenés un montón de carga artística en tu familia. ¿Cómo recordás ese momento en el que quisiste dedicarte a esto? ¿Te sentiste determinado del alguna forma a dedicarte al mundo del arte?
Benicio Mutti Spinetta (B.M.S.): Siempre estuvo cerca y me llamó. Antes de que apareciera ningún trabajo hacía canciones con mi hermano y mi primo, me gustaba rapear, las tengo guardadas y son muy divertidas. Después dibujaba mucho. Siempre me gustó hacer personajes, actuar. Y llega de chico por ambiente familiar, amigos directores, amigos de mi familia. Medio de juego, y siempre me gustó la cámara y lo que pasaba detrás de la cámara, toda esa magia me parece muy linda. Me acuerdo cuando Eze me llamó, no me acuerdo en qué año fue, creo que 2022. Me pareció interesante la propuesta, una historia particular, y siempre está bueno hacer cine.
Una de las cosas que llaman la atención de la película es la construcción de los diálogos, que son sumamente realistas. Ezequiel, ¿cómo los trabajaste? ¿Hiciste algún hincapié especial ahí? ¿Cómo se lo transmitiste al elenco?
E.E.: Yo me acerqué mucho más a la actuación en esta película, fue algo más de búsqueda personal también. Creo que eso hizo que conviviera en la película también, que se apoyara en ese lugar. Yo creo que en el guion ya había una intención de sentir a los personajes más cercanos entre ellos, que pudieran ser mi familia. Desde ahí lo escribí, y el trabajo con ellos también fue desde ese lugar, fue buscar un lugar en el que ellos se sintieran cómodos, cada uno es distinto. El trabajo con Beni fue de una forma, el personaje con Sol o con Betty, Sofía Palomino. Entonces el trabajo fue distinto con cada uno. Pero en algún punto creo que la búsqueda fue de conexión entre esas partes. El personaje de Rodo, Alejandro, nunca había actuado en una película. Entonces también era ese el desafío, buscar un lugar en el medio y que dialogaran todas esas partes y construyeran una familia, porque quería que se entendiera eso. Que se percibiera una misma familia, no dos. Y después el trabajo fue muy de que ellos pudieran aportar también. Hubo cierto aire para que ellos pudieran proponer en las escenas.
B.M.S.: Pero es verdad eso del punto intermedio al que llegaste en la atmósfera.
E.E.: Había una intención.
"Emi" (2026), Ezequiel Erriquez
En tu caso, Benicio, desde lo interpretativo, ¿cuál fue el mayor reto de los planteos de Ezequiel?
B.M.S.: Como actor siempre hay algunas escenas a las que les tenés poco de temor, quizás, querer hacerlas bien. Había un par de escenas así que creo que se lograron, quedé contento. Las más dramáticas, que vienen más cargadas de emoción, se juega un poco la peli en esas escenas. Pero acompañado de buenos actores, que eso suma un montón, y siempre está la palabra del director y del actor que tenés al lado, que tiene más experiencia y te puede tirar alguna que sirve. También el desafío fue tener la cámara muy cerca a toda la película y generar esa conversación interna del personaje que tiene Emi, y que se viera de afuera lo que le pasa por dentro. Hay mucha información que no se dice verbalmente pero está en el aire, y creo que es eso lo que va haciendo que la peli vaya creciendo y tenga una tensión.
Es que los diálogos no son tan explicativos, está muy presente esa sensación de estar espiando una conversación a la que no te invitaron.
B.M.S.: Claro, como de estar atento.
"Emi" (2026), Ezequiel Erriquez
Claro. Eso está sucediendo, lo mires o no. Si lo entendés, buenísimo, y si no, tenés que ir atando los cabos vos. También se centraron en la adopción como problemática intrafamiliar. ¿Cómo nace ese interés? Benicio, ¿cómo lo trabajaste?
E.E.: A mí el tema adopciones no era un tema por el que realmente me sintiera convocado para escribir. No es que siempre haya tenido ese interés. Pero se impuso como tema, porque a nivel familiar cercano vivencié muchas situaciones de adopción. Como docente también tuve estudiantes que me han contado sus historias de adopción y de identidad, y fue un momento en el que entendí que de repente se me presentaba una constelación de adopciones y me surgió la necesidad de contarlo. De poner en palabras algo de todo eso que estaba pasando alrededor y hacerme preguntas, que en realidad van más allá de si sos adoptado o no, que es la pregunta de qué es ser familia o cuál es la familia que uno elige. Y también integrar esos vacíos que tenemos en nuestras historias familiares. Esos huecos, esas cosas que se saben de costado, o que no se saben, que permanecen en silencio. También me interesó mucho, y creo que no necesariamente tienen que ver con un integrante o una situación de adopción. Muchas veces, después de la película, personas se me acercan a contarme algo de su familia, y no precisamente son historias de adopción. Siento que ese silencio, eso que se oculta en la familia, moviliza también algo por debajo.
B.M.S.: Y yo en mi caso no tenía que ver con adopción, pero mi familia estaba teniendo un movimiento de placas tectónicas. Me gusta lo que dice Ezequiel sobre qué familia elegís, en dónde te sentís vos. Yo me siento bien con mi familia, pero uno busca una familia que elige siempre también, los amigos, lugares de contención, de libertad. Pero sabía que era un personaje sumergido en un tema delicado, que había que tenerle respeto, y ver cómo lo llevábamos a la pantalla para que resonara con la gente que vive esa realidad y se sienta identificada, y no romantizarlo de más. Lo sentí muy real desde donde estaba contado.
La música en la película tiene una presencia muy sutil, su compositor fue Luciano Supervielle. Ezequiel, ¿qué indicaciones le diste para construir ese universo sonoro? ¿Qué era lo más importante para vos?
E.E.: La primera parte del montaje de la película la hice yo solo, y puse música en algunos momentos, sobre todo en los viajes en moto. Después, cuando aparece la coproducción con Uruguay, con Fede y Lau, que es la productora de Argentina, vimos posibilidades y pensamos en Luciano como un músico que pudiera aportar algo a la peli. Y estuvo re buena la incorporación de Luciano. Yo le di total libertad. Sí hablamos de que no fuera invasiva, que se dejara llevar por las imágenes y que construyera una música que sintiera que iba por ahí. Pero no me acuerdo ahora de lo que le dije. Quizás era como que no tenía que ser literal, no subrayar la emoción. Sin drama, un poco la sugerencia fue esa. Una música que pudiera acompañar lo que le pasa al personaje, a Emi, pero al mismo tiempo sin caer en la exageración o en subrayar una emoción. Eso es lo único que le pedí. Y después se tomó la libertad, escuchamos mucho, él me iba mandando hasta que llegamos a un lugar.
B.M.S.: Y yo me sumé en una canción. Es un tema que está al final de la peli, que es el único que tiene voz, letra. Yo me sumé, la hicimos a la distancia, me re gustó cómo él lo interpretó. Porque yo le mandé un armado pero él también lo reestructuró.
"Emi" (2026), Ezequiel Erriquez
¿Vos le mandaste la letra?
B.M.S.: Letra y melodía, una estructura general. Estuvo bueno, y hoy vamos a cantar esa canción en Cinemateca.
Ezequiel, vos estuviste en la dirección, el guion y el montaje, un montón.
E.E.: Sí.
¿Siempre trabajás así?
E.E.: Trato de evitarlo, pero a veces llegamos a postproducción sin un mango, entonces pasa. Pero me gusta más montar películas de otras personas. Lo hago porque hay que avanzar. Haber avanzado con un armado permitió que lo pudiera ver Fede, y esas cosas ayudan.
Más allá de lo económico, coincidir con otros capaz es lo más difícil de trabajar con tanta gente, y hacer más cosas vos implica ceder menos con otros creativos.
E.E.: [Ríe] Es cierto, pero igual la verdad es que estoy contento con ceder también. Y esto no es porque esté en Uruguay, pero la realidad es que el trabajo con Uruguay funcionó increíble. Salió todo bien, todas las áreas aportaron un montón, re contento.
Por Catalina Zabala
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