Hace calor, mucho calor. El afuera y el adentro son un abismo marcado por el control del aire acondicionado. Estela Magnone está sentada en el sillón de una oficina donde pasa desapercibida, como si no hubiese marcado la historia de la música del país. Llegó temprano. Viste un saco con matices naranjas que podría ser la paleta de colores del atardecer, de la tierra, de las montañas. Está sentada y en su bolso trae Lazos, su último disco.
De fondo negro, con dos tazas que emanan vapor y se entrelazan. Así es la portada de Lazos, un disco que surgió, según Magnone, gracias a Fabián Marquisio, quien lo produjo. Un día el músico y productor le dijo: “Tenés que hacer un álbum de dúos”.
Sin embargo, Marquisio también propuso otra idea: grabar un disco en un solo día. La primera vez que editaron un álbum juntos —Pies pequeños (2012)— demoraron un año, el segundo —Telón (2016)— les llevó un mes y el tercero —Siestas de Mar de Fondo (2019)—, una semana. Entonces, para Marquisio este tenía que ser el broche de oro: un disco en 24 horas. Eso, para Magnone, era “un delirio”. Se quedó con la otra opción: cantar de a dos.