“¿Acaso no son el verde y el amarillo cada uno de los colores opuestos a la muerte? El verde, para la resurrección y el amarillo para la descomposición, ¿la decadencia?” .

Esta cita de Antonin Artaud se repite a lo largo del libro de Fidel Sclavo. Al igual que otros conceptos, discos y autores que resurgen y enfatizan lo que el autor se propone descubrir. ¿Qué es Artaud? ¿Por qué Artaud? “Hay discos que parecen ser un disco, pero son otra cosa”, plantea al principio, como si se tratara de un ritual de iniciación.  

Sclavo se embarca en un viaje. Un salto de fe. El mismo que Luis Alberto Spinetta tuvo cuando le dio vida a Artaud (1973), un disco que el pasado 2023 cumplió 50 años de existencia. Un disco que continúa atravesando la sensibilidad de generaciones que no existían, ni siquiera, hace cincuenta años. Que no existían hace cuarenta, treinta e, incluso, veinte. 

La constante es la idiosincrasia del artista. La revolución que se inicia primero desde uno. El amor como bandera. Algo que mantendría hasta sus últimos días, pero por ese entonces, recién estaba descubriendo. 

Las letras de las canciones que integran el álbum ayudan al escritor a dilucidar, a interpolar los elementos. No hay tiempo ni espacio definidos, Sclavo navega a través de la línea cronológica y por momentos su historia y la del músico que tanto admira parecen tener puntos en común.  

Artaud es también un disco que escuchas cuando necesitas volver a casa”, se lee en un pasaje del libro. El escritor recuerda momentos de su vida en los que el disco estuvo presente, sonando de fondo.

Enamorado, con el corazón roto, en un taxi. Incluso, por momentos, sintiéndose perseguido por el "verde Artaud", que compara con el "rojo Ferrari". Fidel Sclavo divide el mundo entre los que escuchan Spinetta y los que no. 

Como un fin que se pierde en los medios, el misterio que Sclavo pretende develar parece quedar difuso en el viaje que emprende. Tal vez, porque a veces las historias son lo suficientemente buenas como para distraerse en responder preguntas.