Por Catalina Zabala
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Tenían 14 y 16 años cuando empezaron a hacer música. Fabrico cuero, el primer álbum de Illya Kuryaki and the Valderramas, vio la luz en el año 1991. Desde ese día, el dúo solo conoció el éxito de manera ascendente. Ironías, crítica social, humor arriesgado y un sonido distinto. Dante Spinetta y Emmanuel Horvilleur eligieron el camino del funk y el soul para abrirse paso por la industria musical argentina, una que venía cargada con guitarras de rock y no advertía la aparición de una propuesta diferente.
Durante los 24 años en los que se ausentaron, cada uno continuó con un proyecto independiente. Horvilleur, por su parte, desarrolló una identidad visual difícil de replicar y muy fácil de reconocer. Su último lanzamiento, Mi año gótico (2025), continúa con un juego que comenzó hace varios años y que hoy ya tiene totalmente domado: el uso de la sensualidad. Con guiños al sexo ubicados en el marco de la vida cotidiana como tal, el disco despliega sarcasmos, nuevas mezclas de sonido y un homenaje a Caetano Veloso en una colaboración con Fito Páez.
A la espera de su presentación junto a Spinetta en el Cosquín Rock, Horvilleur conversó con LatidoBEAT sobre los cambios del dúo durante los años de pausa, su nuevo lanzamiento en solitario y sus motores creativos más irreverentes. Las entradas para el festival se encuentran disponibles y pueden adquirirse aquí.
La vuelta de Illya Kuryaki generó bastante expectativa antes de que sucediera. Hoy, en perspectiva, ¿qué cosas del proyecto en sus inicios ya no podrían existir en la actualidad?
Nos sorprendió, no estaba muy en los planes volver. Apareció una oferta para ser parte de un festival en Buenos Aires el año pasado, en febrero de 2025, y terminamos diciendo que sí. Nos veníamos juntando bastante, porque estábamos intentando hacer un documental que de pronto quedó medio parado. Por otra parte, creo que haber hecho ese festival nos permitió recordar lo bueno que estaba. Después nos ofrecieron otro festival en Colombia —todo cosas grandes—, dijimos que sí, y ahora estamos en un marzo en el que ya hicimos República Dominicana, hicimos el Vive Latino en México, ahora vamos a hacer el Cosquín y vamos a terminar con un show en Perú. Sin mucho plan, sin mucho marketing especial más que el deseo de hacerlo. Esta es la realidad que nos mueve ahora; cada show en algún punto fue buenísimo, y eso también hace que te preguntes por qué no seguir. Es verdad que cada uno está también en simultáneo con discos solistas y con todo un trabajo bastante grande en el plano en solitario, entonces hay que ir balanceando las dos cosas.
En cuanto a las épocas, cada una tiene lo suyo. Tal vez si me lo hubieras preguntado hace 20 años hubiera dicho que no sabía. Kuryaki tiene una energía muy joven y uno va creciendo, pero te puedo decir que fueron shows que estuvieron muy a la altura de lo que exige Illya Kuryaki como banda; desde lo musical, desde la acción, desde todo eso. Así que por ahora está todo bien, se puede seguir.
¿Durante el tiempo de pausa dirías que cambiaron más ustedes o la industria y lo exterior?
Todo cambia, la industria cambia. Nosotros en nuestro primer disco teníamos 16 y 14 años, recién estaba apareciendo el CD. Llegó a salir en vinilo, los últimos vinilos deben haber sido el nuestro y alguno más. En todos estos años ha cambiado todo; ha cambiado el mundo, la industria obviamente de la mano del mundo, han cambiado las guerras, la mujer expresándose, un montón de cosas. El mundo cada vez cambia más rápido, pero los artistas tienen que tener capacidad de adaptación a los tiempos que corren. Creo que, a lo largo de la historia, los músicos que sobrevivieron tenían esa capacidad.
Cortesía de producción
En Illya había una crítica social muy marcada en varios temas. Sobre Mi año gótico (2025), tu último álbum solista, has dicho en varias entrevistas que la idea es encontrar un poco de luz en una actualidad llena de guerras y oscuridad. ¿Sentís que cambió tu forma de expresarte frente al conflicto?
Me interesa poder imprimirle mi sello a todo. A una canción sensual me interesa imprimirle mi sello, y a una canción que habla del contexto también. No tengo pruritos en escribir de ningún tema en especial, siempre y cuando me mueva y pueda imprimirle algo de mi persona. A la vez, también me interesa seguirme modificando y adaptando a los tiempos que corren. Siempre que aparezca alguna temática nueva que me permita expresarme y en la que me sienta cómodo, voy a hacer el intento.
La sexualidad siempre estuvo presente en tu música y sigue siendo así en tu nuevo álbum, con canciones como "Tu cara de culo". Hoy, el contenido sexual explícito en la música está muy normalizado. ¿Cómo te llevás con eso?
Sí, lo que pasa es que también hay canciones que son sexuales y hay canciones sexualizadas. Las canciones sexualizadas aparecen cuando se busca el sexo sin un contexto. En mi caso, está mi vida. No porque yo haga canciones todas autobiográficas, pero sí muchas veces lo que me mueve es mi contexto. Si hago una canción en esta época como "Tu cara de culo", va a tener una cosa más de cotidianidad hogareña y de relación de pareja que una cosa del tipo que sale a la discoteca a levantar a las 3 de la mañana. A esa hora yo estoy durmiendo. Pero así y todo, la sexualidad sigue siendo un motor para escribir. Es algo que siempre me gusta, también en otros artistas. Me gusta cuando la música es sensual. Vos la escuchás y es sensual, y capaz estoy hablando de otra cosa. Pero en su groove, en su ritmo, en su cosa está eso. Muchas veces lo sensual no quiere decir sexual, lo sensual tiene que ver con seducción.
¿Intentás separar tu personaje artístico del Emmanuel real? ¿Cómo se llevan entre ellos?
No es un intento pensado, un poco se mezclan. Los límites son borrosos y está bien, me gusta eso. En mi vida, a veces también soy el artista en ciertas situaciones cotidianas. A esta altura, teniendo tantos años haciendo lo que hago, el quién soy está ahí, jugando.
Lanzaste “Caetano” junto a Fito Páez. ¿Cómo surgió la idea de componer sobre el artista brasileño?
La primera vez que nos subimos a un escenario como Illya Kuryaki, en el año 1990, fue con Fito, en la presentación de un disco que se llamaba Tercer mundo (1990). Fue increíble y siempre se lo agradecí. Siempre fue un disco que me gustó mucho de Fito; soy muy fan de sus primeros discos, de cuando tenía 19- 20 años. Esos cuatro- cinco primeros discos me encantan y te diría que es lo que más me gusta de Fito, no tengo problema en decirlo. Entonces para mí invitarlo a esta canción cerraba un círculo, porque en parte también Caetano es otra figura que le cantó un tema a Fito, por ejemplo. Fito tiene ese costado medio brasilero, entonces para mí cerraba por muchas cuestiones su participación. Se lo ofrecí para el disco anterior, pero él no podía porque estaba con la grabación de su disco y una gira. Yo esperé y no lo incluí en ese álbum, y cuando estábamos haciendo este me pareció que la canción estaba buena y le escribí de nuevo. Esta vez fue un mail, y ahí se pudo lograr.
Cortesía de producción
¿Cómo te llevás con el rock argentino?
El rock argentino es muy amplio y pasa con muchas cosas en la Argentina, como la política. Hay muchas vertientes y colores. Soy muy fan de muchas páginas del rock argentino, podría hablar una hora de un montón de bandas y cosas que me gustan, y también de cosas o épocas que no tanto. Han habido épocas de mucho ensueño de la música, pero después también la industria tomó mucho. La industria de la música se volvió muy importante, y a veces pasa por encima de la propia música. Eso no sé si es lo mejor, pero bueno. Los tiempos que corren son esos.
¿Qué sentís que falta en las nuevas generaciones de músicos?
La industria se volvió tan fuerte que algunos músicos jóvenes se encontraron con el éxito muy rápido, y el éxito les mostró el camino. Pero el éxito no te tiene que mostrar el camino; el camino tiene que ser otro, y si el éxito llega, que sea una consecuencia de eso. De buscar la música. No puede ser que un músico con dos discos ya se sienta aburrido de la música. Recién estás empezando, y hay tanto abanico musical, tanta cosa por experimentar, por buscar, por descubrir, que a veces encontrarse con un éxito tan prematuro puede ser una cagada. Eso es lo que veo de las nuevas generaciones. No creo que les falte talento, por el contrario. Muchos vienen ultrapreparados, con cosas que tal vez en otra época eran más difíciles de lograr. Pero a veces el éxito no siempre es algo totalmente copado.
Tenés una identidad visual muy marcada. ¿Cuál es la importancia de la identidad visual en un artista?
Yo creo que hay un correlato visual, un concepto que cada artista trabaja. Hay gente a la que no le interesa, pero me parece que se termina de cerrar un círculo cuando tenés eso. Aunque sea algo feo, tu concepto termina de cerrar. También eso genera una empatía; nosotros le hemos dado mucha bola a eso, incluso hemos sido raros también en nuestra búsqueda, ya sea con Dante o en solitario. La mezcla de influencias, tratar de buscar. En ese sentido yo me siento como un director de cine que busca cuál es la estética que le quiere dar a su música, porque termina de cerrar ahí. Algunas veces puedo haber descuidado un poco eso, porque también es mucho trabajo, pero me sigue interesando. Me parece que es parte, lo visual también habla de tu música.
Illya Kuryaki and the Valderramas se presenta este domingo 22 de marzo en el Cosquín Rock. ¿Qué tienen preparado y qué se puede esperar el público?
Está buenísimo estar acá, hace muchos años tocamos en el Teatro de Verano. hay mucha ilusión de tocar acá, en un lugar con tanta cultura musical, con dos músicos uruguayos en la banda como son Matías Rada y Francisco Fatorusso, y siendo parte de una gira que viene siendo muy linda. Estamos tocando por puntos muy especiales de América, incluso República Dominicana, donde nunca habíamos tocado en nuestra vida. Estamos disfrutando mucho de cada show y así va a ser en este Cosquín.
Por Catalina Zabala
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