Por muchos años, Emanero fue conocido principalmente por quienes trabajaban en la industria musical desde adentro, y no de cara al público. Empezó muy joven en el mundo del rap y el hip-hop, después se enamoró de la producción y ahí se quedó, componiendo y escribiendo letras para otros músicos. Pero cuando empezó a colaborar y sacar temas con su propia voz, se convirtieron en auténticos hits en Argentina, su país.

“Si un día estás sola”, el crossover número 7 que hizo con Big One y Valentino Merlo. “Adicto”, con La K´onga y Antonio Rios. Y “Sinvergüenza”, quizás la que más sonó en las emisoras de radio pop, una colaboración con la joven promesa Ángela Torres, con Jimena Barón y con Karina la Princesita.  

En El último sinvergüenza (2023) rompía con el sonido rapero que venía trabajando en proyectos anteriores para imponer una nueva estética, su marca personal: cantar vestido de gala en todas sus presentaciones, en los colores blanco y negro. Contó a LatidoBEAT que en Todo por un beso (2026), su último disco, mantiene esta búsqueda visual, pero cambia un poco el enfoque de sus letras: el amor se aleja un poco de la trinchera. 

Se presenta en Montevideo este 15 de agosto en el Antel Arena, y las entradas pueden adquirirse aquí

Todo por un beso habla del amor desde otra perspectiva, con menos resentimiento. ¿Cómo elegís desde qué ángulo hablar del amor, que es el tema más abordado por la música?

El motivo general por el cual hice el disco Todo por un beso, más allá de que no tenía muchas ganas de sacar un disco, fue que sí tenía ganas de completar mi repertorio. Justamente, fue lo que dijiste al principio de la pregunta. Sentía que mi disco anterior quizás se había teñido demasiado de despecho y desamor y me pareció que estaba bueno aprovechar el estar sacando un disco. De las temáticas que había busqué canciones como “La traición”, “Me despido”, “Todo por un beso” o ”Aquella playa”, que hablan de amor o quizás de desamor en algunos casos, pero desde otro lado. No tanto desde una cosa tribunera de “me traicionaste y te lo quiero gritar en la cara”, sino más de que me duele lo que pasó y tengo ganas de cantarlo y expresarlo. Hay más de esas canciones, “Todo por un beso” es una canción de amor directamente. Ya no hay ni siquiera desamor ahí, y tiene que ver con eso: tratar de ampliar el repertorio para no ser tan redundante en las temáticas, y sobre todo para no dar siempre la misma energía en los shows en vivo. Que tenga más momentos de amor, de desamor, de traición y de baile. En el momento en que lo terminé sentí que ese objetivo lo había cumplido. Volqué todo eso en el show en vivo que estoy haciendo este año y está logrado, así que estoy supercontento. 

El disco tiene bastantes colaboraciones muy distintas entre sí, con músicos que van desde David Bisbal hasta L-Gante. ¿Qué buscabas en cada uno de ellos?

Total. En el caso de Bisbal y L-Gante son los dos ejemplos bien opuestos de cómo construyo estas colaboraciones. Porque en el caso de L-Gante yo ya tenía la canción, que era “Romántiko”, y sentí que le podía quedar muy bien. Yo había hablado muy poco con él y le hice llegar la propuesta más esperando un no que un sí. Mi idea era que a una canción que se llama “Romántiko”, que es una cumbia lenta con bastante buena vibra, le faltaba alguien que cortara un poco con el romanticismo y todo el mensaje que se estaba dando. Me pareció que Elián era la persona indicada para poder romper eso con un lindo verso como el que hizo. Es una canción que hice sin pensar en nadie, se me ocurrió que L-Gante podía quedar bien y lo fui a buscar y y se dio.

¿Cómo se trabaja con registros tan distintos? 

Siempre parto de la comodidad del invitado. La canción tiene que estar en el registro y en el tono que al invitado le va a quedar bien. El que se adapta intento ser yo, que soy el que más horas paso con la canción probando cosas. La persona a la que invito quizás no tiene la oportunidad de ponerse en el estudio a probar tanto.

El caso de Bisbal fue una canción que armé pensando en él y en Luciano Pereyra. Ya sabía que quería colaborar con ellos dos, ya tenía el sí de su parte, y armé una canción pensando en ambos. En sus registros, en una parte para Luciano, en una parte para Bisbal, pero suele ser de las dos maneras. A veces pienso en que ya tengo el sí y construyo en función de eso, y otras veces estoy haciendo canciones y cuando las escucho digo: “Che, acá podría quedar bien tal persona”. 

En La peligrosa”, en esa canción, se nota la composición previa para ambos cantantes, tiene un juego llamativo entre el flamenco y la cumbia. ¿Cómo trabajaste esa mezcla de géneros?

Es algo que hago mucho, no tan conscientemente. Quizás no me pongo a pensar tanto; a veces estás escuchando la canción y te das cuenta de que le quedaría bien tal cosa. Yo tengo 39 años, produzco desde los 15. Ya a los 20 o un poquito más empecé a profesionalizarme, y entre mis 30 y mis 40 me volví mucho más profesional. Las herramientas que hay hoy permiten poder probar estas cosas mucho más fácil. Cuando yo tenía 14, 15, 16 años y producía mis canciones, era difícil probar cosas. Había que salir a buscar, saber hacerlo, llamar a un músico. No había librerías de sonidos de flamenco para probar. Hoy es medio drag and drop, arrastrar y probar cómo quedaría una guitarra flamenca. Se te pone en la misma escala que la canción que estás haciendo y medio que se te configura todo solo, entonces con un botoncito rápidamente podés escuchar cómo quedarían otros géneros.

Entonces no lo pienso tanto de antemano, sino que es más bien una cuestión de ir haciendo. A veces hay errores, estás programando una percusión de una cumbia y programás mal un güiro, le das otra cadencia y te termina gustando. Tocás un botón en la computadora y tenés unas palmas flamencas, entonces es fácil y divertido poder jugar con los géneros. Y lo hago desde ese lado, siempre desde la inquietud y desde probar. Si me envalentono mucho con algo, trato de poner una pausa e investigar un poco. No sumar géneros musicales porque sí. Lo hice cuando hice mi primera cumbia; aprendí, estudié, escuché mucho tiempo. Cuando hice “La peligrosa”, que también tenía algo de flamenco, si bien al principio fue un poco experimentando, cuando tuve que cerrar la canción le pedí a David que me grabara las palmas por su gente, que sabe hacer eso. Que me grabara las guitarras de bulería, en todo eso me ayudó él. Pero sí, en un principio estaba más hecho con librerías de sonido y lo terminamos dejando más lindo.

Llevás muchos años produciendo y haciendo canciones para muchos artistas, desde un lugar más silencioso de trabajo. ¿Cómo se vive esa dualidad?

Es divertido. Es lindo escuchar una canción tuya por la calle, en el taxi o en algún lado, y es lindo escuchar una canción de otro artista, pero que sabes que escribiste vos y que produjiste vos. Es algo que me da mucha satisfacción cuando pasa. Tiene mucho que ver con mi costado como compositor para otros artistas y como productor, tiene mucho que ver también con mi giro hacia la música más tropical en los últimos años. Porque yo hacía algo mucho más under, lo mío pasaba por el rap, por el hip-hop, y como ya estaba produciendo cumbia para otros artistas, cuarteto para el que me pedía cuarteto, algunas veces me han pedido rock, hice rock. Siempre escuché todo tipo de música y me divierte producir todo tipo de cosas. Pero llegó un momento en que estaba haciendo una canción para mí y me pregunté por qué no. Ya lo venía haciendo para otros, ya me sentía cómodo cantando esas canciones. No me resultaba raro, entonces para mí fue supernatural. Sé que para el que lo vio de afuera puede haber sido un cambio medio brusco, pero el cambio existió porque para mí fue natural. Me copé, produje cuarteto para La K'onga, le hice alguna que otra cumbia a otro artista y me empecé a copar con otros géneros y a darme cuenta de que me quedaba lindo, que me gustaba cantarlo, e interpretarlo. Le empecé a encontrar mi tono a eso, mi manera de hacerlo, y acá estoy hoy. 

Se habla mucho ahora de las nuevas formas de producir, sobre todo en el género urbano. ¿Cómo lo ves vos?

Yo creo que es una discusión que se da en absolutamente todos los rubros artísticos. Todo se facilitó mucho en los últimos 20 años. Internet democratizó la información, democratizó el poder aprender. Yo aprendí a producir previo a YouTube y era muy difícil encontrar tutoriales, estaban escritos por alguien que había tenido el tiempo y las ganas de hacer un tutorial gratis en internet y tenía que escribir el texto y poner fotitos de capturas de cada parte del programa. Era un poco más complejo, con el tiempo se democratizó. Ahora ya directamente es ver un video de tres o cuatro minutos sobre cómo se hace un efecto puntual en un programa puntual y lo tenés. Después tenés los comentarios, es mucho más fácil hoy acceder a todas esas herramientas.

Me parece que por eso el mundo de la música también cambió tanto en los últimos años, pero en el último año y medio se aceleró un poco más. Todas estas facilidades avanzaron más todavía con la inteligencia artificial, porque hasta cierto punto había cosas que había que seguir tocándolas o pensándolas. Si quiero, por ejemplo, que en esta parte del tema haya un solo de acordeón, el sonido de acordeón yo lo tengo, pero tengo que tocar el solo. Y después tengo que llamar a alguien que lo toque, y hoy ya no hace falta eso. Hoy es un prompt. Un solo de acordeón en esta escala. El resultado está bueno y es difícil escapar a eso, por eso creo que la discusión se la tiene que dar cada uno para dentro de uno mismo, para ver si la herramienta lo está ayudando o lo está alejando de la música.

A mí me encanta la inteligencia artificial, me gusta el mundo de la tecnología y a veces veo los tutoriales de gente que explica cómo se usa una nueva herramienta de inteligencia artificial en la que ponés un prompt y te aparece la canción. Como entusiasta de la tecnología me gusta, pero como productor me aburre. No es que me guste o que me asuste, me aburre directamente. La parte que más disfruto es la que te decía; estar haciendo una canción, equivocarme, poner mal wiro, darme cuenta de que sin querer le puse un güiro que parece más de reguetón. Todo ese ida y vuelta que a mí me lleva días en el estudio es mi vida, me divierte y no me molesta hacerlo. Me molestaría que fuera simplemente poner un prompt y que apareciera la canción como comprar una gaseosa en una máquina. Que no está mal, porque quizás hay gente que realmente necesita una canción y lo tiene que hacer rápido y no lo sabe hacer. Pero creo que es un debate que se tiene que dar cada uno. Hasta qué punto te estás ayudando a vos mismo y hasta qué punto te estás te estás facilitando demasiado las cosas, porque después si todo se vuelve muy fácil te empezás a olvidar de cómo se produce, te empezás a oxidar. 

Tiene mucho que ver quizás con esta visión de la música desde la industria, que pasa mucho en el ámbito mainstream.

Totalmente. La industria necesita estandarizar, una discográfica necesita saber qué artistas son de qué género y qué artistas son de otro, porque para estos tenemos estas radios, esta prensa, estos medios para estos otros y está bien, entiendo. Una empresa se tiene que organizar con esas cosas e industrializar su producto. Hacerse el sorprendido de que una discográfica o un artista esté industrializando su propio producto es como quejarse de que una marca alfajores esté fabricando más alfajores, mejores y más rápido, porque compró mejores máquinas. Es una industria. Después, insisto, la charla siempre es personal. Uno tiene que darse cuenta de si dentro de eso está encontrando goce, está encontrando disfrute o le está pareciendo estandarizado y aburrido, yo todavía me sigo divirtiendo. Por más mainstream o under que sea el producto final, en mi caso es una discusión que dejo para el final. La primera discusión es que me tengo que divertir y la tengo que pasar bien, y me tiene que estar gustando lo que estoy haciendo.Y después, cómo está todo estandarizado e industrializado, es parte del mundo en el que vivimos y me parece que pasa en todos los rubros artísticos y no artísticos.

La estética de los videos está bastante cuidada respecto al disco anterior. Fueron todos grabados en el mismo lugar, ¿no?

He tenido que variar un poco, porque hay lugares que no estuvieron más disponibles. El primer lugar donde yo filmaba dejó de estar disponible, ahí empecé con “Bandido”. Seis o siete canciones del formato las filmé ahí. Después me tuve que ir a otro, lo más parecido posible. Después ellos no nos quisieron seguir alquilando, y me tuve que ir de nuevo a otro. Y ahora estoy en la búsqueda del próximo, porque quiero cambiar un poquito algunas cosas y quiero buscar un lugar que me pueda apropiar. Que sepa que lo voy a tener siempre disponible y que voy a poder construir desde ahí. La estética la fuimos armando video a video. Le fui sacando cosas, le fui agregando, probando, y estoy en eso todavía. Ahora que saqué este disco, Todo por un beso, a lo próximo que saque quiero pegarle una rechequeada a toda la estética para mantener lo lindo y cambiar lo que haga falta cambiar. Sorprender también desde algún lado visualmente. Me parece que después de dos años es importante.

¿Ves esa estética como tu marca de identidad?

Sí, es difícil. Yo no me permitiría ser lo suficientemente arrogante como para adjudicarme que yo inventé que un artista cante de traje, porque no es nada que nunca se haya visto. Pero a la vez, dentro de la música, por lo menos en mi país, no había nada así. Creo que sorprendió por ese lado. Pero de a poquito me parece que hay que ir actualizándolo, no me quiero aburrir. 

Tu última canción, Todas, es una colaboración con Roze y Milthon Sky. ¿Cómo surgió?

Me escribió Milthon hace tres o cuatro meses. Me mandó un mensaje por Instagram, me llegó a las solicitudes, me puso que era compositor y que tenía una canción que había compuesto que creía que era para mí. No la escuché en ese momento. Me volvió a escribir, le contesté, le dije que me la mandara. Me la terminó mandando varias veces, y al final llegué y la grabamos. Él también sumó a los Roze, que eran amigos de él. Yo con los Roze también venía hablando para hacer algo, así que aprovechamos y salió la canción que es muy linda. Me parece una tema pícaro, interesante, me gusta por el lado de que la hizo Milthon. Me parece que es superjoven y que tiene mucho futuro como artista y compositor, sin duda. Me gusta sumarme a proyectos nuevos. Yo le debo mi carrera, además de al público, a varios artistas que cuando yo estaba en una situación parecida colaboraron en canciones conmigo y ayudaron mucho a mi carrera. Es algo que siempre que lo pueda hacer con otros artistas emergentes, voy a intentar hacerlo.

Te presentás en el Antel Arena este 15 de agosto. ¿Vas a mantener la experiencia Runfla?

Sí, la experiencia Runfla en el público la mantenemos, son las primeras mesas de adelante que tratan de emular un poco los videos. La idea es que puedas tener tu mesa con tu copa de vino, con una picada, sentado con las tres o cuatro personas que fuiste al show, más en situación mesa y no en butaca. Son las entradas que siempre se agotan más rápido, obviamente, porque son poquitas. Este año lo repetimos porque el Antel Arena lo permite, que no pasa en todos los lugares.