Por Gerónimo Pose | @geronimo.pose
En los barrios populares de Lima, allá a fines de los años 60, suena la chicha de la mano de canciones como "La chichera", de Los Demonios del Mantaro. Esa mezcla de cumbia colombiana con clarinetes, vientos que rozan y coquetean todo el tiempo con la psicodelia combinada con ritmos andinos que los migrantes de la sierra habían traído a la capital. La chicha no era un género formal todavía. Eso vendría en los 70, cuando Los Destellos incorporaron guitarras eléctricas e incluyeran la palabra "sicodélia" en el título de su canción más famosa, y Chacalón le pusiera nombre y moldeara de manera definitiva la cuestión. Pero el ambiente ya estaba ahí, esa forma particular de agarrar algo de afuera y hacerlo propio hasta que dejara de parecerse al original.
En el distrito de Lince, cuatro muchachones de clase media mamaban ese género, pero también veían esa manera de deformar la musicalidad del mismo. Lo respiraban en las radios del barrio y en los teatros donde tocaban, y cuando agarraron las guitarras eléctricas y empezaron a hacer su propia música, algo de esa lógica —la de tomar lo anglosajón y deformarlo hasta lograr algo distinto— se coló en el sonido. Los Saicos no hacían chicha, pero nacieron en el mismo caldo en el que tomaron en principio algunos coros y prácticas de los Beatles y el rockabilly hasta llegar a ser los fundadores del punk. Quienes encontraron en el grito visceral, en la velocidad, una forma de expresión que años más tarde fundaría no solo un género musical sino un movimiento con su moda, sus costumbres y sus formas. Una manera de pararse frente a la vida.
Los Saicos viene de "psychos", en español psicópatas. Buscaba ser una declaración de que iban a mostrarse salvajes y directos. Los muchachos de Lince decidieron que las canciones de amor de la Nueva Ola que llegaba del norte no les decían nada. No sabían todavía qué querían hacer, pero lo descubrieron grabando, con las manos en la masa o sentados durante ocho horas en la silla.
El redescubrimiento llegó en 1999, cuando el sello español Electro Harmonix editó Wild Teen-Punk from Peru 1965 a partir de un cassette que el músico peruano Miguel Flores le había regalado al investigador Paul Hurtado de Mendoza. A partir de ahí la historia se reescribió de a poco. Iggy Pop los citó como influencia, los Cramps también. Café Tacvba. John Holmstrom, fundador de Punk Magazine, la revista que en los 70 inventó la etiqueta de género, dijo: "Son sin duda una banda punk". Legs McNeil los describió como una banda que en apenas 24 meses hicieron temas que iban del rockabilly tipo The Meteors a lo que luego sería el sonido puramente punk yanqui de los Ramones. La BBC publicó una nota, The Guardian también. El Diccionario de punk y hardcore de España y Latinoamérica escribió que la variante punk del rock no se inició en los años 1970 en Londres ni en Nueva York, sino en Perú.
La discusión tiene argumentos reales de los dos lados. Desde Music Machine Magazine, un crítico colombiano señaló que "es arriesgado decir que el punk nació en Perú en 1963 y que sus creadores fueron una banda de garaje llamada Los Saicos", argumentando que el punk británico de 1977 fue un movimiento cultural completo, con contexto de clase, con sellos independientes, fanzines, geografía urbana concreta. Los Saicos tenían el sonido pero el movimiento como tal era imposible en el Perú de 1965, donde nadie sabía que lo que estaban haciendo se llamaría punk 12 años después. Oscar García, crítico de la revista Somos de El Comercio, también se mandó y dijo: "Si el punk se define como una perspectiva musical que busca desmantelar lo establecido y retornar a lo esencial, manteniendo independencia, intensidad y actitud, entonces Los Saicos poseían esa esencia punk, aunque de manera inconsciente".
"Demolición" suena hoy exactamente como sonó en 1965. Cuando uno la escucha después de Never Mind The Bollocks (1977) o Rocket To Russia (1977), la sensación que queda es la de toparse con alguien que llegó primero y nadie lo anotó porque no había ningún periodista musical en Lince ese año dispuesto a anotarlo. El punk nació en Lince o no nació en Lince dependiendo de qué entendemos por nacer y qué entendemos por punk. Lo que no tiene discusión es que en 1965, en un barrio de Lima, cuatro adolescentes sin acceso a estudios caros ni a la escena neoyorquina, ni muy ocupados por su imagen o una estética en particular, llegaron exactamente al mismo lugar al que el mundo tardaría una década en llegar. Y cuando el mundo llegó, ellos ya no estaban.