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Grito primitivo

El punk nació en Perú: "Demolición" de Los Saicos y una discografía que se descubrió tarde

El género nació en la ciudad de Lima en los 60 y el periodismo especializado de la época no lo vio.

30.06.2026 15:21

Lectura: 9'

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Por Gerónimo Pose | @geronimo.pose

En los barrios populares de Lima, allá a fines de los años 60, suena la chicha de la mano de canciones como "La chichera", de Los Demonios del Mantaro. Esa mezcla de cumbia colombiana con clarinetes, vientos que rozan y coquetean todo el tiempo con la psicodelia combinada con ritmos andinos que los migrantes de la sierra habían traído a la capital. La chicha no era un género formal todavía. Eso vendría en los 70, cuando Los Destellos incorporaron guitarras eléctricas e incluyeran la palabra "sicodélia" en el título de su canción más famosa, y Chacalón le pusiera nombre y moldeara de manera definitiva la cuestión. Pero el ambiente ya estaba ahí, esa forma particular de agarrar algo de afuera y hacerlo propio hasta que dejara de parecerse al original.

En el distrito de Lince, cuatro muchachones de clase media mamaban ese género, pero también veían esa manera de deformar la musicalidad del mismo. Lo respiraban en las radios del barrio y en los teatros donde tocaban, y cuando agarraron las guitarras eléctricas y empezaron a hacer su propia música, algo de esa lógica —la de tomar lo anglosajón y deformarlo hasta lograr algo distinto— se coló en el sonido. Los Saicos no hacían chicha, pero nacieron en el mismo caldo en el que tomaron en principio algunos coros y prácticas de los Beatles y el rockabilly hasta llegar a ser los fundadores del punk. Quienes encontraron en el grito visceral, en la velocidad, una forma de expresión que años más tarde fundaría no solo un género musical sino un movimiento con su moda, sus costumbres y sus formas. Una manera de pararse frente a la vida.

Los Saicos viene de "psychos", en español psicópatas. Buscaba ser una declaración de que iban a mostrarse salvajes y directos. Los muchachos de Lince decidieron que las canciones de amor de la Nueva Ola que llegaba del norte no les decían nada. No sabían todavía qué querían hacer, pero lo descubrieron grabando, con las manos en la masa o sentados durante ocho horas en la silla. 

La historia de "Demolición", la canción que hoy traemos como tesis de la fundación del punk, empieza en un pueblo serrano donde Pancho Guevara, el baterista, no tenía ninguna diversión salvo irse a fumar a escondidas a la estación desde donde veía los trenes que bajaban de las sierras rumbo a El Callao. "Volvía del colegio, comía, y al caer la noche me iba para la estación", le contó Guevara al periodista Martín Pérez en una entrevista publicada en Radar. Cuando venía a Lima los fines de semana les contaba de esas andanzas que incluso suenan mínimas a sus amigos. Erwin Flores, el vocalista, escuchaba estos cuentos y, según Guevara, "lo único que quería era destrozarlos". Por eso metió en la letra lo de la estación del tren. "Demolición" nació así, de un pibe fumando en las vías y de otro que le tenía bronca a esa imagen sin saber bien por qué.

En mayo de 1965, en los estudios Dis-Perú, registraron la canción. Guitarras distorsionadas, una batería que taladra, Flores gritando sobre tirar abajo esa estación. Las grabaciones las hacían de madrugada, cuenta la leyenda que por eso tiene ese sonido tenebroso que envuelve como un manto mágico a la canción. Lo que sí explicó Flores en la misma entrevista es que gritaba las canciones para poder ensayarlas, y que eso resultó determinante para el estilo de la banda. Guevara, por su parte, dijo que era algo totalmente lúdico, que las canciones les salían así porque simplemente se querían expresar y el canal que encontraron fue el grito primitivo. Que cuando les salían unos acordes romanticones, les molestaba.

A Los Saicos los caracteriza tener una discografía comprimida y densa, seis singles entre 1964 y 1966, 12 canciones en total, y después el silencio. El guitarrista Rolando Carpio había sido literalmente robado de otro grupo del barrio llamado Los Steivos, que era simplemente "Soviets" al revés. "Fugitivo de Alcatraz", otra de las canciones emblemáticas del grupo peruano, narra un escape de la mencionada cárcel con la velocidad de alguien que realmente está escapando, un traqueteo que escuchamos hoy en día y al toque lo vinculamos con el punk. "Camisa de fuerza" habla de matar, romper e incendiar con la misma entonación tranquila con que cualquier otro grupo de la época cantaría sobre el verano. "Cementerio" tiene una línea — "cuando en un cráneo roto la cerveza sirvió" — que Radio Gladys Palmera señaló como anticipación de 30 años del punk barrial argentino de 2 Minutos. "El entierro de los gatos", a tempo duplicado, integraría sin esfuerzo un disco de los Ramones. Y "Ana", el tema más pop de toda la discografía, suena igualmente raro, igualmente fuera de lugar, como si no pudieran evitar que algo oscuro se colara aunque intentaran hacer una canción de amor.

La voz de Flores era el elemento más desconcertante, algo así como ronca, enlatada, lanzada casi como un escupitajo. Décadas después esta carraspera se reconocería como uno de los sonidos definitorios del punk que, si bien no llega a ser la de un crooner, representa enojo y algidez. Que Flores no estuviera pensando en el punk cuando grababa, que ninguno supiera que existía el punk porque definitivamente no existía, es exactamente lo que hace que el argumento sea tan difícil de desestimar. El mismo Flores lo resumió al comparar el rock con la física: "La teoría de la relatividad terminó con la idea newtoniana del mundo, y el rock terminó con el boogie woogie". Lo mas gracioso es que Flores estudió física en Estados Unidos y terminó trabajando en la NASA.

El contexto tampoco era inocente. Los integrantes habían terminado el liceo en plena turbulencia económica del gobierno de Fernando Belaúnde Terry, con una inflación que se morfaba al sol peruano y un futuro que no prometía mucho. Las letras anárquicas de Los Saicos salían de ahí, de mirar alrededor y no gustarle lo que desfilaba ante ellos con total tranquilidad.

12 años después, cuando los Sex Pistols lanzaron "God Save The Queen" y el periodismo especializado dio por nacido al punk, nadie en Londres sabía que en Lince alguien se les había adelantado. Johnny Rotten no le perdonaba a los Rolling Stones que tuvieran avión privado. La rabia de los Sex Pistols era una rabia con nombre, con prensa especializada, con Malcolm McLaren detrás manejando la imagen. Lo de Lince no tenía nada de eso. Tenía cuatro muchachones, una guitarra desafinada y letras sobre cementerios que nadie en el mundo anglosajón iba a escuchar en mucho tiempo.

Tocaron un año y medio y desaparecieron. Flores y Castrillón terminaron en Estados Unidos. Carpio murió de cáncer en 2005 sin haber visto el reconocimiento casi masivo que vendría. La banda no tuvo tiempo de construir mito porque nadie les dio el tiempo ni el espacio para hacerlo. El rock anglosajón seguía escribiendo su propia historia, y en esa historia no había lugar para cuatro adolescentes peruanos grabando de madrugada en un sello llamado Dis-Perú.

El redescubrimiento llegó en 1999, cuando el sello español Electro Harmonix editó Wild Teen-Punk from Peru 1965 a partir de un cassette que el músico peruano Miguel Flores le había regalado al investigador Paul Hurtado de Mendoza. A partir de ahí la historia se reescribió de a poco. Iggy Pop los citó como influencia, los Cramps también. Café Tacvba. John Holmstrom, fundador de Punk Magazine, la revista que en los 70 inventó la etiqueta de género, dijo: "Son sin duda una banda punk". Legs McNeil los describió como una banda que en apenas 24 meses hicieron temas que iban del rockabilly tipo The Meteors a lo que luego sería el sonido puramente punk yanqui de los Ramones. La BBC publicó una nota, The Guardian también. El Diccionario de punk y hardcore de España y Latinoamérica escribió que la variante punk del rock no se inició en los años 1970 en Londres ni en Nueva York, sino en Perú.

La discusión tiene argumentos reales de los dos lados. Desde Music Machine Magazine, un crítico colombiano señaló que "es arriesgado decir que el punk nació en Perú en 1963 y que sus creadores fueron una banda de garaje llamada Los Saicos", argumentando que el punk británico de 1977 fue un movimiento cultural completo, con contexto de clase, con sellos independientes, fanzines, geografía urbana concreta. Los Saicos tenían el sonido pero el movimiento como tal era imposible en el Perú de 1965, donde nadie sabía que lo que estaban haciendo se llamaría punk 12 años después. Oscar García, crítico de la revista Somos de El Comercio, también se mandó y dijo: "Si el punk se define como una perspectiva musical que busca desmantelar lo establecido y retornar a lo esencial, manteniendo independencia, intensidad y actitud, entonces Los Saicos poseían esa esencia punk, aunque de manera inconsciente". 

"Demolición" suena hoy exactamente como sonó en 1965. Cuando uno la escucha después de Never Mind The Bollocks (1977) o Rocket To Russia (1977), la sensación que queda es la de toparse con alguien que llegó primero y nadie lo anotó porque no había ningún periodista musical en Lince ese año dispuesto a anotarlo. El punk nació en Lince o no nació en Lince dependiendo de qué entendemos por nacer y qué entendemos por punk. Lo que no tiene discusión es que en 1965, en un barrio de Lima, cuatro adolescentes sin acceso a estudios caros ni a la escena neoyorquina, ni muy ocupados por su imagen o una estética en particular, llegaron exactamente al mismo lugar al que el mundo tardaría una década en llegar. Y cuando el mundo llegó, ellos ya no estaban.