Documento sin título
Contenido creado por Sofia Durand
Cine
A bordo

El festival de José Ignacio se expande desde Cannes con la mira puesta en enero de 2027

Con asesorías y fuerte apoyo económico, el JIIFF Lab se consolida como un motor clave para directores y productores iberoamericanos.

25.05.2026 17:20

Lectura: 4'

2026-05-25T17:20:00-03:00
Compartir en

 Entre trajes de gala, negociaciones, acuerdos y películas que buscan abrirse camino entre cientos de estrenos, el Festival de Cannes vuelve a funcionar un radar del cine mundial: allí donde se miden tendencias, se hacen apuestas y se empiezan a dibujar futuros posibles. Al igual que ediciones anteriores, el José Ignacio International Film Festival (JIIFF) estuvo ahí.

Más allá de la alfombra roja y las estrellas internacionales, la mirada del equipo uruguayo estuvo puesta varios kilómetros más al sur y pensando con meses de antelación. Más específicamente, para enero de 2027. Para JIIFF, Cannes es una estación de trabajo.

"Este año estamos proponiendo entre 15 y 20 actividades. Todos los años decimos que es mucho y después nos volvemos a estimular", cuenta Pablo Mazzola, cofundador, programador y director de Working JIIFF. El crecimiento ya no es solo un objetivo, sino también una dinámica permanente.

La estrategia no pasa solamente por aumentar la cantidad de actividades. La apuesta está en volverlas más precisas. Más encuentros uno a uno. Más conversaciones focalizadas. Más vínculos con actores específicos de la industria que el festival considera importantes para su ecosistema: casas productoras, agentes internacionales de ventas, aliados estratégicos capaces de mirar hacia Uruguay.

La idea es hacer que José Ignacio entre cada vez con más fuerza en el mapa internacional. Buena parte de esas expectativas hoy parecen condensarse en el crecimiento de JIIFF Lab.

Dentro del espacio de industria, el laboratorio aparece como una de las apuestas más fuertes para el próximo año. El proyecto, que busca acompañar primeras y segundas películas, llega con una estructura más consolidada.

La propuesta funciona como un laboratorio para proyectos iberoamericanos de largometrajes de ficción en desarrollo, dirigido a duplas de directores emergentes y productores con experiencia. Durante cinco días, los participantes trabajan con asesorías, tutorías y espacios de networking orientados a fortalecer sus proyectos.

Para el equipo del festival, el diferencial no está solamente en el dinero. Está en la continuidad.

"Lo que está sucediendo es esa estabilidad y permanencia en el tiempo que va fortaleciendo las garantías de gestión", explica Mazzola. Y en una industria donde una película puede demorar años en concretarse, la estabilidad adquiere otro peso.

Los premios anteriores ya están transitando sus propios procesos de desarrollo. El cine —repiten desde el festival— es un trabajo de larga duración.

La nueva edición traerá además la tercera edición del Fondo Pfeffer del Sur, un apoyo de 50 mil dólares destinado a proyectos vinculados con la industria audiovisual uruguaya. También continuará el premio de Musitelli Film & Digital, con un apoyo equivalente a 50 mil dólares en equipamiento para rodaje.

A eso se suma la alianza con la Mostra Internacional de Cine de São Paulo, que tendrá un rol clave en la convocatoria brasileña y la selección de proyectos.

Pero detrás de esas asociaciones también aparece la ambición de fortalecer una conversación regional que muchas veces cuesta construir.

Así surge "Revolução Latam", un espacio cuyo nombre juega deliberadamente con el portugués. Un gesto pequeño y casi lúdico que esconde una intención más grande: acercar dos territorios culturales que no siempre encuentran canales naturales de diálogo.

La mirada hacia adelante también incluye nuevas áreas. Entre ellas, un interés creciente por el cine de género y la intención de construir para enero de 2027 un espacio más robusto alrededor del terror. En Cannes, se gestó por segunda vez el evento "Terror a bordo". 

Cannes sigue funcionando como escenario y laboratorio a la vez. El trabajo del festival parece avanzar en una dirección menos visible que la alfombra roja, pero quizá más decisiva.