Llamémosle un acto de resistencia. Hoy la música, si no está en Spotify o, a lo sumo, YouTube, pareciera que no existe; pues los Buitres decidieron que no exista.

Hoy si uno no puede acceder a todo desde la comodidad del dispositivo que funciona casi como una extensión de la mano, pareciera que prefiere no acceder. Pues los Buitres decidieron que entonces se lo pierda. Al menos de momento.

Nido de espinas, que así se llama su nuevo disco, el primero desde Mecánica popular (2019), solo puede escucharse en forma presencial: en el Planetario de Montevideo, con una experiencia visual que acompaña cada canción proyectada en el domo. Allí también puede comprarse en formato físico; en CD, vinilo e incluso en casete.

El viernes pasado estrenaron esta experiencia, que seguirá durante agosto y setiembre cada tarde de fin de semana, con entradas —prácticamente agotadas— por Tickantel. El 5 de setiembre también debutarán algunas de estas canciones en vivo en Sitio.

Dos de los integrantes históricos de la banda, el cantante Gabriel Peluffo y el guitarrista Gustavo Parodi, conversaron unos minutos con LatidoBEAT antes de comenzar.

“Va por reivindicar lo propio”, dijo Peluffo, “darle el lugar, y, aparte, fortalecer el vínculo con tu público”. Trabajar en un álbum para tirarlo al mar, para “diluirlo entre los cientos de miles de canciones, comprimido, con mal audio, me parece que es una falta de respeto para vos mismo”.

Parodi agregó que “la idea también es que se mantenga un poco la manera con la cual nosotros crecimos escuchando música”. “La banda que te gustaba, sabías cuándo sacaba el disco, te comprabas ese disco y te juntabas con tus amigos a escucharlo. Tenía un poco más de pertenencia esa banda para vos”, dijo, a diferencia de si te la encontrás “en el medio del océano flotando”.

Por eso: un acto de resistencia. O, en palabras de Parodi: “Recuperar un poco aquella cosa nostálgica de la cual siempre nos quejamos nosotros: los viejos”.

En particular, destacó el vinilo: “Suena muy bien”.

Gustavo Parodi: Está bien, el mundo avanza y todo cambia. Yo estoy muy alejado de eso, “de tengo la música colgando en tal lado”. A mí me gusta tener un disco en la mano, un CD o lo que sea. Algo físico, algo que sepa que viene directamente de esa banda que a mí me gusta y que esa banda lo vio antes de sacarlo y lo escuchó y quedó como avalado por esa banda que vos vas a los recitales. Hay un nexo, hay toda una conexión.

¿Cómo es la experiencia de Nido de espinas en el Planetario? Por supuesto, para reseñar el disco se necesitan más escuchas con más detalle y, por lo tanto, no lo haremos aquí todavía. Pero sí podemos decir que el formato full dome es una novedad bienvenida. Cualquier cosa que se diga será cliché —es envolvente, es un asalto a los sentidos— y será certera.

Esta obra nace de una herida, abre un texto proyectado en el domo. No intenta cerrarla. La ilumina. Las visuales posteriores van cambiando en cada tema: desde más abstractas, lisérgicas, a la banda tocando en un estudio, proyectada gigante sobre el público, pasando por imágenes aéreas de paisajes.

No se sigue un hilo determinado ni en lo narrativo ni en lo visual, y eso sí se siente como una oportunidad desperdiciada. Aunque la posibilidad de escuchar un disco entero, en orden, sin interrupciones y sin que intervenga ningún algoritmo es muy disfrutable de por sí.

Gabriel Peluffo: Estoy seguro de que vos ponés el disco este en una plataforma y, al tercer tema, el algoritmo te saca para otro lado. No te podés sentar a escuchar un disco entero, a no ser que lo descargues. Y eso es un problema. Entonces, esto reivindica el hecho de: hicimos ocho canciones, hay que escuchar las ocho seguidas. ¡Estuvimos peleándonos un mes por el orden de los temas! Escuchen el orden.

Parodi: Yo no estoy de acuerdo con el orden [risas], pero la mayoría…

Hubo democracia.

Peluffo: No, democracia no. Somos cinco autocracias.

Da un poco de pena que uno necesite estar tan sobreestimulado para disfrutar algo que antes era habitual, pero porque Nido de espinas plante una bandera de resistencia no implica que nazca de un repollo. Saben que deben ofrecer algo más que “solo” la música.

No es como ver un recital de Buitres, porque jamás uno permanecería sentado viéndolos. No es tampoco como escucharlo en casa, porque ¿cuándo uno hace hoy escuchas colectivas? Poder comentarlo con otros y sentir sus reacciones en vivo; la música grabada también tiene esa potestad y, sin embargo, solemos vivirla como algo privado; nos perdemos de ese costado.

Peluffo y Parodi recuerdan que de chicos sí, la escucha colectiva era más importante. “Uno compraba un disco, lo pasaban a un casete y se juntaban a escucharlo”, recuerda Gabriel. “La piratería de los que no tenían para comprar fue nuestra arma para hacernos populares”.

“Venimos todos a un ritual”, definió el cantante lo que íbamos a hacer minutos más tarde. Recuperar eso es lo mejor de este Nido de espinas.