Folletos, casetes, letras impresas. La materialidad fue un personaje clave a lo largo de esta entrevista. Leonardo Bianco e Ismael Varela la consideran clave, pero cada vez menos presente.
Porque en la lucha por hacer lo que les gusta, entienden que la actualización de los formatos hace cada vez más difícil el contacto directo con el público. Pero ellos lo trabajan de manera incansable, hasta dar con el clavo.
Disco del Año carga consigo un montón de particularidades, además de su nombre. DJ El Sicodélico o Sr. Faraón son dos de varios de los nombres artísticos que los entrevistados han adquirido a lo largo de su carrera, porque los caminos recorridos fueron varios. Pero el afán de crear es inagotable para muchos, y también es el caso de quienes integran Disco del Año.
En la tapa de su primer EP, la imitación de un conjunto tropical. En la de su álbum, Gel antipático, un pecho masculino cicatrizado al descubierto. Buscan asquear, buscan enamorar, buscan impactar. Y a través de un humor ácido incontrolable, interpelar. Pero también hablan de sanarse, proceso que también tuvieron que atravesar. Porque más allá de su contenido, viven la música como una experiencia a la cual agradecer.
Presentan su álbum este 2 de agosto en Bluzz Bar, junto a la banda Incluso si es un Susurro Soviético. Las entradas se encuentran disponibles y pueden adquirirse aquí.
Durante el proceso creativo del álbum, ¿fue un desafío separarse de su manera de trabajar en proyectos previos para crear algo nuevo?
L.B.: Yo fui en muchos de los casos el motor compositivo en las canciones. Y en Disco del Año, como toco la batería, comprendo mi participación en el proyecto desde otro lugar. Cuando hablamos de las experiencias, de poder consumarlas en aprendizaje y sacar adelante el proyecto, yo tuve un dilema muy grande, que fue acotarme al acompañamiento rítmico en las canciones. Obviamente tengo mis injerencias, pero compositivamente le dejo al Fara hacer su desarrollo. La dinámica es diferente. Llega con el tema ya armado, y muchas veces hasta con cómo tengo que tocar yo el instrumento, que eso también tuve que aprenderlo. Para Gel antipático grabé una batería en Buenos Aires compuesta por mí, y a él no le gustó. Él escuchaba en su cabeza otra batería. Fue eso, dejar el ego de lado e intercambiar. Ahí uno tiene que jugar para el equipo y no para demostrar algo.
I.V.: Y yo, cuando le mandé el mensaje, estaba temblando. Vengo de otras bandas, y en ambas estas situaciones han sido motivo de peleas o separación momentánea. Fue un escollo difícil de sortear, pero estuvo bueno. Creo que nos hizo muy bien, porque el día de mañana, cuando me digan "esa guitarra no", yo también tengo que tener la apertura para cambiar. Genera un compromiso para abrir, porque uno también compone y cree que lo que está en su cabeza está bien. Pero uno tiene que aprender a desconfiar también de eso.
L.B.: Es estar dispuesto a confiar o discrepar con el otro, en esa ambigüedad. Y eso es lo que hace que termines de aferrarte a lo que estás haciendo. Es empezar a aplicar todo lo que decimos creer, y tener en cuenta al otro. Muchas veces hay cosas que no se hablan y salen solas, pero otras veces la tenemos muy clara y pinta enfrentamiento. En cuanto a cómo influyen los proyectos previos en la banda, creo que no hay un filtro.
I.V.: A mí personalmente no me molesta nada de lo que pueda tocar en otras cosas, lo entiendo como una entidad propia a la banda. No hay un filtro; si aparezco con una bossa nova tiene su toque de humor que va con el de la banda, y lo veo verosímil en su universo. Y en ese caso, los demás proyectos pueden sumar conocimiento, que siempre es bienvenido. Pero nunca me ha pasado de sentir que lo que toco en otro lugar me afecte.