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El otro, el que hace canciones

Diego González abre su casa: “Que la gente venga a festejar las canciones conmigo”

El músico bautizó La Casa de Diego a un show recargado de invitados, y aprovechamos para conversar sobre sus dos últimos discos.

14.10.2026 15:21

Lectura: 9'

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Por Gastón González Napoli
ggnapoli

Diego González, músico con varios premios Graffiti en la mochila, convierte este jueves 15 a La Trastienda en su casa. La Casa de Diego se llama este show aniversario que no es aniversario del todo: en lugar de ponerle “el recital de los 15 años” decidió abrir las puertas a muchos más invitados de los que tendría normalmente y así celebrar sus canciones en comunidad.

Estarán Gonzalo Deniz —alias Franny Glass—, Inés Errandonea, Lucía Romero, Mariano Bermúdez, Lucas Cary y más para celebrar los temas de sus tres discos y de su último EP, Capricho, que publicó en diciembre de 2005. Las entradas se consiguen en este link.

Y sobre esto, LatidoBEAT conversó con Diego.

De un González a otro, ¿nunca pensaste cambiarte el nombre?

Sí, lo pensé, pero ya era tarde. Seguí con Diego González.

Igual viste que está Alejandro González Iñárritu que empezó su carrera así y después lo cambió por Alejandro G. Iñárritu.

Sí, es verdad. Acá es tan chico que es una lucha real salir del anonimato.

Aparte, vos que trabajás en Canal 10 tenés que conocer a Diego González el de la tele.

A Diego lo conozco, es amigo y siempre jodemos sobre una vez que me pagaron el sueldo de él.

Ahí sí que uno no se queja.

Un desastre. Hay una cosa que jode, pero después te vas acostumbrando.

Estuve ahora repasando música. Tu último disco largo, La canción pide, la canción tiene, a pesar de que vos te solés ubicar en el género pop o folk pop, es bastante bajón. Si terminaba con “El tema del hombre solo” era devastador, por suerte pusiste la versión en vivo de “La cumbia de los rotos y descosidos” con Cumbia Club…

Quisimos levantar ahí. La lírica de ese momento era muy introspectiva, desde la melancolía de “Montevideo”, que yo la quise vestir de melancolía feliz la canción.

Sí, sí, no es un tema melancólico, me parece. Tiene un humor ahí que...

Eso. Pero viste que es como un poco más ácido. Después la “Felitristeza” yo sabía que iba a ese lugar, que quería que fuera una canción como con coros de [el histórico coro] Travesía, que fueron la Chane [Pérez] y Camila [Rodríguez, ambas de Niña Lobo]. Esa cosa medio llevada al extremo, no tener miedo a hacer eso. En “Tanto drama” quería también que sea ese humor de “Montevideo”. La canción pide, la canción tiene es pensar en todo lo que fue pasando con la canción, cómo la sigo eligiendo y cómo sigo queriendo estar con ella.

¿Responde a un momento melancólico tuyo?

No, yo creo que naturalmente soy melancólico.

Como buen montevideano.

En “Felitristeza” dice, en un momento, como que desconfío de la demasiada felicidad. Me pasa eso, desconfío de la gente que es demasiado feliz. Como que no entiendo. En sí, mi naturaleza es melancólica, como todo montevideano. “Gigante” también es una canción que habla de eso. De sentirse tipo chiquitísimo, que también lo habla en la “Felitristeza”. No lo ubico en una época, porque yo creo que hoy por hoy estoy viendo lo mejor de mi vida. Pero sí que puedo ir a ese lugar, tranquilamente.

Diego González. Crédito: Javier Noceti

Diego González. Crédito: Javier Noceti

Después el EP Capricho, de diciembre de 2025, no me dio esa sensación, al revés. Como entre medio fuiste padre, pensé que capaz hubo un quiebre personal.

Mirá, el EP fue muy loco porque la primera canción que compusimos fue “Lado B”. Digo ‘compusimos’ porque fui a un camp de composición; estaba Diego Matturro, estaba Rodridi, Rodri Díaz, un productor que labura mucho en plan más beatmaker. Laburó con Márama, por ejemplo. Fue llegar a que haya un beat, cantarle arriba, ir escribiéndolo en el momento, que Matturro metiera cuchara. Esa canción fue la semilla de ese EP. Después yo seguí laburando con Rodridi y no me disgustó hacer un candombe super autorreferencial —candombe no, porque los tambores son un poquitito ahí—, “Soy esto” es eso, funky super autorreferencial y sincero, y como más liviano. Bueno, soy esto. Y “Quiero perderte” es decirle: “Bo, para mí es una cumbia, hacela cumbia”, y que él haga lo que hizo.

Es todo más electrónico, entonces. Más de compu.

Mucho más de compu, si bien hay humanos. Fue eso, un capricho, de decir: “Bueno, quiero laburar con Rodri a ver qué pasa, a ver adónde llegan mis canciones”, ¿viste? Más allá de que “Lado B” y “Se vive, se aprende” son canciones que hicimos los tres juntos. Y ta, me encantó. Pero fueron laburos, tanto Capricho como La canción pide, la canción tiene, que hoy por hoy me pide mucho más meterme en un estudio cinco días, grabar todo un disco entero con una misma persona y hacer ese tipo de proceso de vuelta. Porque los dos procesos estos fueron…

Con muchos productores.

De ir corriendo atrás de una persona, de ver en qué anda, en qué onda, cuándo sale esto, cuándo tenés lo otro. Si bien lo disfruté, si bien mirando ya el resultado con las dos cosas quedé muy conforme, tengo muchas ganas de todo lo otro.

Era una pregunta que tenía eso de los muchos productores. En La canción pide… trabajaste con Paul Higgs, Guillermo Berta, Luis Angelero y Tadu. ¿Qué trajo cada uno?

Con “Guile” y con Lucho ya había laburado. Guile tiene una cuestión muy metódica. Filtró la canción y el pop a una cosa que me encantó como quedó. Es muy afable para laburar con él, es todo lo que está bien. Cuando hice “Ezpecial”, sabía que tenía que ser la de Guile. Sabía que “Por suerte, nunca dijimos siempre” tenía que ser de Guile. Me trajo algo que ya era conocido, ese lugar cálido y conocido que yo quería. Con Lucho habíamos hecho “El tema del hombre solo” y habíamos hecho “Cuál hacés?”; volver a él, a hacer “Milagros”, sabía que él tiene una cosa medio como milonguera rock, tipo oscura, pero a la vez sabe ir al pop y quería eso. Y creo que lo trajo a la perfección.

Con Tadu hicieron “Gigante”.

Con Tadu fue ir a lo desconocido. Había escuchado un par de cosas que había hecho con Balta y con Zeballos, y quería ver qué pasaba con él. Me pasa también con Fede Noll, un tecladista que tocó en el disco: son pibes que tienen de 20 a 24 años que vuelan, porque tienen un proceso que son muy expeditivos, muy rápidos. Me trajo una cosa muy fresca, sonidos distintos.

Y después con Paul Higgs, que es un personaje superinteresante…

Lo que pasó fue que había visto que Buscaglia le había producido el disco a Paul, y para mí la canción “Tanto drama” tenía que ir a Buscaglia. Le escribí a Buscaglia, le mostré y me dijo que no podía porque era una locura su año. Ahí empecé a virar la mira a Paul, que había producido sus discos, había producido una cosa para No Te Va Gustar un tiempito antes. Y también fue una frescura inusitada y a la vez muy pro. “Montevideo”, cuando llegó la versión final, me hizo muy feliz. Él es una persona muy genuina, es como es. Es arriba del escenario así y es abajo en verdad así.

Pero la experiencia te saturó, digamos.

Sí, la experiencia estuvo muy linda, pero ahora me llama todo lo otro. Fue un poquito extenuante. Pero a mí el disco me gustó mucho cómo quedó.

Y Capricho, como decías, sale de este campamento. O no sé si “campamento” es la palabra...

Le dicen camp, pero es como una juntada de compositores.

Un fogón.

Exactamente. Y en ese plan nos juntamos con pila de gente.

Es como una licuadora de cosas el disco. Mechás a Donna Summer en un momento. En “Elijo creer” está el verso “Si no canto lo que siento” que es como el de “Barro tal vez” de Spinetta. También hay cumbia, hay un autotune por ahí. Tambores que entran, que salen.

Sí, Capricho fue medio soltarle la mano al miedo y decir: “¿Qué pasa si hacemos todo lo que podemos hacer?”. Y también tirarse al agua con un productor nuevo, otro productor joven que te dice: “Bo, para mí es esto” y ver qué onda. Lo de Donna Summer: Yo hacía pila que no hacía una murga candombe, y en [la canción] “Soy esto” la semilla es un candombe. Se lo mandé y dije: “Para mí el estribo es muy parecido a Donna Summer, para mí tenemos que samplear ahí”. Y me encantó.

También fue una cuestión de capricho, porque yo al sello le dije en un momento, si bien veníamos sacando singles: “Yo quiero sacar este EP ahora. No me importa que vayamos a llegar justito para terminar el año. No vamos a hacer promo, no vamos a hacer expectativa, no vamos a andar con el tiempo con el que hay que mandar las cosas a Spotify. Quiero que salga”. Literalmente, un capricho. Fue esa cosa que gira y que no para de girar, que es el capricho de hacer canciones.

Contame un poco más del show. La idea de La Casa de Diego.

Estaba claro que queríamos celebrar los años de canciones. O las canciones en los años. No quería poner el mote de 20 años o 15 años o... Y dije: ¿por qué no hacemos una casa? La Casa de Diego no me disgusta. Empecé a pensar en eso, una casa abierta, para que la gente venga a festejar, a celebrar las canciones conmigo y también invitar a gente que sea parte de esa casa.

En la invitación ponen que va a ser “un hogar sonoro donde el artista se convierte en anfitrión de una noche íntima y compartida”.

Sí, claro. Me gusta darle lugar a tocar un poco solo también y a relacionar alguna canción más en plan íntimo. Cantar alguna canción nueva. Es un set largo, son como 19, 20 canciones.

Diego González. Crédito: Javier Noceti

Diego González. Crédito: Javier Noceti

Por Gastón González Napoli
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