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El constante regreso

De Marte a Ítaca: la eterna odisea de Matt Damon para volver a casa

La filmografía del actor explora al máximo ese viaje, y su último proyecto es una posible conclusión.

21.07.2026 14:43

Lectura: 9'

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Por Sofía Lust
lust.sofia

Hay una imagen que persiste en el cine de Matt Damon y que conviene contemplar con calma: la de un hombre solo, rodeado de un mundo que no le pertenece o que ya no reconoce, esperando que alguien vaya a buscarlo. Hay en esta imagen una tensión extraña y bastante paradójica, porque suele ser fuerte, capaz, entrenado para sobrevivir. Y sin embargo, espera. Necesita ser encontrado.

Cuando Damon interpreta al soldado titular en Rescatando al soldado Ryan (Saving Private Ryan, 1998) de Steven Spielberg, un grupo cruza Normandía para encontrarlo en plena Segunda Guerra Mundial. Décadas después, cuando la NASA lo abandona en Marte, cuando Christopher Nolan lo hace aparecer como un fantasma en una estación orbital a años luz de la Tierra, cuando Paul Greengrass lo convierte en un hombre sin nombre que no recuerda ni de dónde viene, Damon ocupa siempre la misma posición narrativa: la del que hay que ir a buscar. La del Odiseo moderno.

Empezar por En busca del destino (Good Will Hunting, 1997) implica enfrentarse a una contradicción que el resto de su filmografía va a tardar años en resolver. La película que Damon escribió junto con Ben Affleck cuando tenían poco más de 20 años termina con Will Hunting tomando la decisión más radical posible: abandonar Boston, abandonar su barrio, abandonar a la mujer que ama, e irse al otro lado del país sin que nadie sepa adónde. “He ido a ver a una chica”, dice la nota que le deja al doctor Sean Maguire. En apariencia es una historia de salida, no de regreso. Will se escapa.

Rescatando al soldado Ryan (1998), Steven Spielberg

Rescatando al soldado Ryan (1998), Steven Spielberg

Will Hunting es un hombre que nunca tuvo un hogar al que regresar porque el hogar, para él, fue siempre sinónimo de violencia y de encierro. El problema es que para irse necesitó que alguien lo encontrara primero: el doctor Maguire, interpretado por Robin Williams, hace el viaje que nadie antes había hecho hacia el interior de Will. Lo rescata emocionalmente antes de que Will pueda rescatarse a sí mismo físicamente. Ya desde el principio, Damon establece sin saberlo un patrón: sus personajes no se salvan solos.

Jason Bourne es quizás el caso más literal de la figura odiseica en la filmografía de Damon, y también el más perturbador. Odiseo sabe quién es durante todo el poema de Homero, incluso cuando miente sobre su identidad o finge ser un mendigo en su propio palacio. Bourne, en cambio, no tiene esa certeza. Lo encuentran flotando en el Mediterráneo con dos balas en la espalda y un número de cuenta bancaria implantado en la piel. No recuerda su nombre, no recuerda su historia, no recuerda el lugar al que pertenece, si es que alguna vez perteneció a alguno.

La saga Bourne, en su primera entrega dirigida por Doug Liman (Identidad desconocida, 2002), es la historia de un hombre que intenta descubrir cuál es su Ítaca. Y la respuesta que va encontrando resulta ser incómoda: el lugar del que viene es un programa de asesinatos gubernamentales, una identidad fabricada para matar. Volver, en ese contexto, es bastante perturbador. Lo que Bourne tiene que recuperar es una conciencia moral, y el camino hacia ella pasa por desmantelar todo lo que alguna vez fue. Acá el regreso es transformador. Bourne al final de la primera película no es el mismo que al principio, y tampoco será el mismo en las secuelas. Cada retorno lo convierte en alguien distinto.

“Identidad desconocida” (“The Bourne Identity”), Doug Liman

“Identidad desconocida” (“The Bourne Identity”), Doug Liman

En Misión rescate (The Martian, 2015) de Ridley Scott, Damon interpreta a Mark Watney, un botánico y astronauta abandonado en Marte por error cuando su equipo cree que murió durante una tormenta. Esta es una película de supervivencia que funciona también como una meditación sobre la comunidad. Watney es ingenioso, irónico, capaz de cultivar papas en suelo marciano usando sus propias heces como fertilizante. Pero toda esa inventiva individual tiene un límite claro: no puede salir de Marte solo.

Lo que Misión rescate propone es que el rescate de un solo hombre puede movilizar a toda la civilización. La NASA reorganiza sus prioridades, China cede tecnología espacial, el equipo de astronautas que lo dejó atrás decide dar la vuelta y buscarlo a riesgo de sus propias vidas. La película convierte el "nadie se salva solo" en su tesis central. Watney puede sobrevivir, pero no puede volver. Para eso necesita que lo quieran de regreso.

Hay una escena hacia el final, cuando Watney flota en el espacio y su compañera de tripulación tiene que cortarse la palma de la mano para sangrar, reducir su masa corporal y salir flotando hacia él para alcanzarlo, que condensa todo lo que el cine de Damon parece querer decir sobre el regreso: que siempre hay alguien que se lastima para poder llegar hasta el que se perdió. El rescate tiene un costo.

“Misión rescate” (“The Martian”), Ridley Scott

“Misión rescate” (“The Martian”), Ridley Scott

La aparición de Damon en Interestelar (Interstellar, 2014) de Christopher Nolan es, en cierto sentido, la más siniestra de todas. Su personaje, el doctor Mann, es un astronauta enviado al otro lado de un agujero de gusano para evaluar un planeta como posible hogar para la humanidad. Cuando Cooper, el protagonista interpretado por Matthew McConaughey, llega finalmente hasta él, la reunión tiene toda la estructura emocional de un rescate: Mann llora, abraza a Cooper, le dice que no sabía que podría soportar estar tan solo. Parece el momento clásico del hombre encontrado.

Pero Mann ha falsificado los datos. Ha inventado que el planeta era habitable porque sabía que, si mandaba la señal correcta, alguien vendría a buscarlo. Ha puesto en riesgo la misión completa, la supervivencia de la especie, su propia credibilidad, todo, con tal de no estar solo. Es el Odiseo que no pudo esperar, que decidió manipular su propia Ítaca para que los demás vinieran. Nolan convierte a Damon en el reverso oscuro del arquetipo: el hombre que necesita ser rescatado con tanta desesperación que está dispuesto a mentir para que ocurra. La soledad absoluta lo ha corrompido.

Es una de las decisiones narrativas más interesantes de la filmografía de Damon, precisamente porque desmonta la idea de que la fortaleza masculina es compatible con el aislamiento prolongado. Mann era un héroe, el mejor astronauta de su generación. Y se quebró. No porque fuera débil, sino porque nadie puede soportar eso indefinidamente.

“Interestelar” (“Interstellar”), Christopher Nolan

“Interestelar” (“Interstellar”), Christopher Nolan

Ahora, con su incorporación a La Odisea (2026) de Nolan, Damon cierra un círculo que su carrera llevaba décadas trazando sin que nadie lo dijera en voz alta. Es Odiseo, el arquetipo original, el que inventó el regreso como forma de heroísmo.

Que Nolan haya elegido a Damon para este papel no es, o no debería leerse como, un accidente de casting. Nolan ya lo usó para explorar el reverso oscuro del hombre que espera ser encontrado. Hay entre los dos algo parecido a una conversación cinematográfica en curso, y la Odisea parece ser su momento de síntesis. Damon llega a Odiseo con toda la historia de Mann encima, con toda la historia de Watney, de Bourne, de Will Hunting. Llega como alguien que exploró el regreso desde todos los ángulos posibles, excepto el del que lo logra con plena conciencia de lo que hace.

Hay algo que recorre todos estos personajes: son hombres arquetípicamente fuertes que aceptan su vulnerabilidad cuando no les queda otra opción. El soldado, el espía, el astronauta, el genio autodidacta, el héroe mitológico. El imaginario cultural que rodea a esas figuras es el de la autosuficiencia, el del hombre que no pide ayuda porque no la necesita. Y sin embargo, en las manos de Damon, todos esos arquetipos tienen el mismo límite; llega un momento en que solos no pueden.

“La Odisea” (“The Odyssey”), Christopher Nolan

“La Odisea” (“The Odyssey”), Christopher Nolan

Watney en Marte puede ser brillante e ingenioso y aun así necesitar que la NASA, China y su equipo pongan sus vidas en juego para sacarlo. Bourne puede ser el agente más letal del mundo y aun así necesitar a Marie para recordar que existe algo más allá de la violencia. Will Hunting puede ser el genio más dotado de Boston y aun así necesitar que Sean Maguire lo mire a los ojos y le diga que no fue su culpa.

La fortaleza de estos hombres no está en no necesitar a nadie. Está en poder recibir ayuda cuando llega. En dejarse encontrar. Eso es, a fin de cuentas, lo que hace Odiseo durante 20 años: sobrevivir el tiempo suficiente para que los que lo aman puedan llegar hasta él.

Hay una última idea que atraviesa todo esto y que el cine de Damon articula con más honestidad que muchas películas de regreso: nadie vuelve igual. El Will Hunting que llega a la costa oeste es alguien diferente al chico que vivía en South Boston. Bourne al final de cada película suma una capa más de conciencia sobre lo que fue y lo que ya no puede ser. El Watney que regresa a la Tierra viene de haber estado absolutamente solo en otro planeta, y eso no se procesa. No del todo.

“Rescatando al soldado Ryan” (“Saving Private Ryan”), Steven Spielberg

“Rescatando al soldado Ryan” (“Saving Private Ryan”), Steven Spielberg

Podemos decir que el regreso no restaura el estado anterior. Lo que se recupera no es lo que se perdió sino algo distinto, algo construido en el trayecto. Odiseo regresa a Ítaca y tiene que matar a los pretendientes y demostrar que puede tensar el arco, y aun así Penélope lo pone a prueba antes de reconocerlo. El regreso requiere una nueva negociación con todo lo que quedó atrás. El viaje cambia al que viaja, pero también cambia la relación con los que esperaron.

Que Damon haya pasado tanto tiempo explorando este territorio desde todos sus ángulos posibles, desde el hombre que no puede volver solo hasta el hombre que no recuerda a dónde volver hasta el hombre que inventó un planeta para que vinieran a buscarlo, hace que su llegada a Odiseo no parezca un papel de acción sino una conclusión. O quizás algo menos definitivo que eso: una síntesis provisional. El hombre que siempre estuvo esperando ser encontrado, o el personaje que inventó esa espera como forma de arte.

Por Sofía Lust
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