Por Catalina Zabala
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El cambio de dirección que decidió tomar Davus no es propio de todos los artistas. Después de tres álbumes de estudio enfocados en lo que hoy conocemos como género urbano, cuenta que conoció la música popular uruguaya. Nombres como Eduardo Mateo, Fattoruso o Eduardo Darnauchans le cambiaron la perspectiva. Hoy lanza Salud, dinero y amor (2026), un álbum conceptual que gira en torno a la cultura nacional.
Entre las 12 canciones que componen el álbum, destacan una colaboración con La Trasnochada, una con Hugo Fattoruso y una versión muy propia de "Quién te viera", el éxito de Eduardo Mateo. Decisiones ambiciosas que se convirtieron en realidad, y formaron un álbum homenaje a la música de nuestro país.
En entrevista con LatidoBEAT, Davus contó cómo fue el proceso musical que lo llevó a donde se encuentra hoy. Con una postura bastante crítica hacia una falta de visibilidad que entiende que hay en la música nacional, afirmó que planea ser un puente entre dos generaciones. Conectar lo nuevo con lo viejo. El álbum salió a la luz este viernes 15 de mayo.
Hay una gran mezcla de géneros en tu música. Te interesaste por la música popular uruguaya manteniendo el pulso del género urbano actual. ¿Cómo fue dedicarte al urbano en Uruguay y cómo llegaste a tu sonido tan particular?
Acá siempre fue complicado, porque cuando los de mi grupo y yo arrancamos, la escena que había era tipo hip-hop, rap. Tenía esa postura de vieja escuela de no dejarte entrar en la escena por ser desconocido. Cuando arrancamos era todo complicado porque no había lugar para nada, hubo que hacerlo a las patadas. Yo, específicamente, sé que hago mucha música dentro de lo urbano, que tiene ramificaciones y cosas más de nicho aún. Es complicado, porque en Uruguay tampoco hay mucho público, y menos que consuma cosas raras a ese nivel. Fue un proceso súper largo, ir a Argentina obviamente ayudó muchísimo, fue un antes y un después. Una vez que vas para allá te ven y recién ahí mucha gente de acá te empieza a dar bola.
Creo que a lo largo de los años ha funcionado porque al fin y al cabo es genuino, es un sonido extraño para alguien que está acostumbrado a otro tipo de música, pero en esencia es puro. No es un producto pensado ni para la radio ni para venderse masivamente. Es algo que está ahí para el friki que se quiere sentar y escuchar algo extraño. En mi caso personal llegué a todo eso porque siempre fui de ver lo que estaba pasando afuera, no conectaba mucho con lo local. Después descubrí el mundo de nuestra música popular de hace muchos años y me enamoré, y de ahí nace esa mezcla entre lo urbano y todo esto más clásico. Sobre todo lo que voy a sacar ahora, que es la primera vez que lo muestro en público. Es una obra mía que, si bien tiene cosas urbanas, también tiene un montón de cosas más clásicas y populares que de mí nunca se habían visto.
Foto: Javier Nocetti.
¿Cómo fue ese proceso de pasar a la música popular? ¿Fue una decisión o notaste de a poco los cambios en tu sonido?
Fue un proceso. Hubo un momento en mi vida en el que, no sé bien cómo, sentí la necesidad de saber qué pasaba acá hace 30, 40, 50 años. Empecé a investigar y la realidad es que me di cuenta de que había cosas increíbles, música muy zarpada, músicos muy talentosos. Descubrí que teníamos un género local como el candombe canción, que es algo nuestro. Empecé a conocer artistas que nunca había escuchado y que estaban de más, y siempre me dio rabia esto de que incluso hasta el día de hoy sea música de nicho. Pero era música popular, solía ser lo que la gente escuchaba, y creo que hoy en día muy poca gente la conoce. Me nació algo adentro de querer servir como lazo entre una generación de alguien que tiene 50 años y alguien de 20. Tratar de que toda esa cultura y esa identidad pudiera preservarse y hacerla crecer de alguna manera. No es necesario mirar en YouTube música japonesa de los 70 para escuchar algo que esté bueno. Simplemente a veces es acceder a la información, que capaz que no está tan al alcance o no hay estímulos para que una persona joven vaya y pueda descubrir lo que pasó acá.
No son cosas que se enseñen ni se muestren, siempre llega antes lo de afuera. En la escuela obviamente tenés "La cumparsita", capaz "Frontera" de Drexler, que fue muy popular en el 1999 y 2000, y después poco más. "Chiquillada" quizás, pero hay un mundo además de todo eso. Vos pensá que de la música que salió en los 70 y 80 la mayoría quedó encapsulada en físico, hasta que hace muy pocos años empezaron a reeditar en digital. Eduardo Mateo, que es una superestrella hoy en día, hace 10 años la mayoría de sus canciones estaban en YouTube porque alguien las había subido por su cuenta de fan, pero la mayoría de su música no estaba disponible en internet.
Así pasó con la mayoría, entonces hubo todo un período de tiempo en el que la identidad uruguaya quedó en las sombras y lo único que se veía era el carnaval porque es carnaval y la murga porque es murga. Pero es también un público muy reducido y muy de ciertas partes de Montevideo. Yo soy de La Unión, y si bien es un barrio murguero, era murguero hace 80 años. Si hubiera nacido en Barrio Sur capaz que habría nacido con los tambores, pero es algo que tuve que conocer de grande porque nadie me lo enseñó. La curiosidad me llevó a eso.
Foto: Javier Nocetti.
¿Creés que comenzaste haciendo música urbana porque tenías mayor contacto con la música internacional? ¿Tenés ganas de seguir haciéndola?
Entré por ahí porque de alguna manera el género urbano es el nuevo punk. Si tenés la filosofía de hacer las cosas vos mismo y de manera autogestiva, es probable que arranques por ahí. Si sos chico, con una computadora podés hacerlo, no tenés que aprender a tocar un instrumento ni nada. Si mirás 10 tutoriales podés hacer una canción. Es lo más fácil para entrar, más si no tenés una familia de músicos ni nada. Mi padre es portero, mi madre es enfermera. Si sos una persona que no tiene lazos con la música, lo más fácil es hacer género urbano.
¿Dirías que el género urbano democratizó el sonido?
100%, porque con una XO igual podés hacer música. Hoy en día, con el celular podés hacer música, hay aplicaciones que con los auriculares del celular podés grabar. Obviamente no es la mejor calidad ni mucho menos, pero se puede. Ahora, si querés grabar una orquesta con el celular te morís de hambre, y además es carísimo.
Hiciste una versión de "Quien te viera" de Eduardo Mateo. ¿Cómo decidiste reversionar estos clásicos en los que empezaste a indagar?
Para mí, Eduardo es top siempre. Más allá de toda su imagen alrededor de él, la figura de loco y eso, siento que era un tipo que sabía mucho, que hasta los 40 años más o menos tocaba de forma profesional, no fue un loco toda la vida. Era un loco instruido y sabía un montón, pero siempre me sentí identificado con sus canciones de alguna forma. Tenía una capacidad de hacer temas que sonaban simples pero que, a su vez, si estás en cierto estado de ánimo te llegan hasta el alma. Sabía transmitir. Siempre quise hacer algo relacionado con él, y este álbum trata mucho sobre lo local, entonces me pareció que era el momento. "Quien te viera" es de mis canciones favoritas de toda la vida. Era el mejor momento para rendir homenaje, y de una forma alternativa. Porque no es una reversión tal cual, tiene una vuelta de rosca. Es un poco a mi manera.
Foto: Javier Nocetti.
¿En qué te concentraste para lograr llevarla a tu música, darle tu sello de identidad?
Justo "Quien te viera" es una canción que tiene 500 versiones, y hacerla exactamente igual hubiera estado bien, pero no habría tenido nada especial. De esta manera quise llevarla a otro lado, mezclarla con unos sonidos quizás más exóticos para lo que es lo clásico. La saqué un poco de contexto, pero también para que fuera un poco más apetecible a un público más guacho, que de repente necesita algo potente para entrarle.
¿Creés que con esa modificación de sonido se puede abrir la puerta para que públicos más jóvenes conozcan esa música?
Sí, igual siento que mi proyecto tampoco está dirigido a un público masivo. Es algo que va a gustar, sobre todo a la gente que ya tiene una inquietud interna de búsqueda y de escuchar algo distinto. Tampoco es un disco para escuchar manejando, yendo a un cumpleaños, es como para escuchar en la tuya, en tu casa o caminando por la Rambla. Es otro tipo de escucha. Pero mi plan era un poco ese, tratar de conectar nuestra música con públicos que a lo mejor hoy en día no encuentran la manera de conectar. Porque a lo mejor escuchar al Darno es demasiado distinto, y quieras o no también mucha de nuestra música tiene un tinte no amargo pero sí agrio. Hay algo en la naturaleza uruguaya que es gris, apagado. De repente, para alguien que está acostumbrado a escuchar Lady Gaga no es apetecible, ni en ningún momento se cruza por su cabeza poner una canción de un loco que está hablando de la muerte y de la ex que falleció y que ahora está solo.
Bueno, a Cobain le iba muy bien con sus letras.
Sí, pero era música agresiva. Acá por lo general estaba la guitarra criolla y una actitud más emo. Por eso a la gente que hizo rock en su momento, en los 2000, les fue mucho mejor, porque era música en la que la gente podía poner su energía. El moverse, esa cuestión de rebeldía que antes la música popular no tenía. Por eso chocaba con el rock, porque no quería caer en esa de la música popular, sino que querían ser los rebeldes.
Foto: Javier Nocetti
¿Esto lo decís como un problema como compositor, o te gusta dar ese punch que entendés que el oyente tiende a pedir?
Yo por lo general no hago la música pensando en cómo la van a detectar, trato de hacer lo que más me interpela. Obviamente, un poco pienso, pero siento que al final nunca sabés cómo va a reaccionar la gente. Creo que si lo supiéramos solo haríamos éxitos, y al final nunca sabés.
Hay muchos proyectos que lo buscan de manera explícita.
Sí, son un producto de una discográfica que ya de por sí capaz que mete 100.000 dólares para una campaña. Es otra realidad.
Fundaste tu propio sello, Crunck Music. ¿Cómo tomaste esa decisión y cómo fue la experiencia?
Sí, es donde he sacado todo, porque soy independiente. Es un sello, pero en verdad el único que distribuye bajo ese nombre soy yo. Más de guacho tenía esa rebeldía de hacer todo por mi cuenta, uno, porque no tenía las herramientas; y segundo, porque siento que es muy adolescente también el ir en contra de todo. Después, con el tiempo te vas dando cuenta de que a lo mejor hay herramientas que están buenas, otras que no, pero viene por ese lado. También si vos firmás un contrato, por lo general la mayoría de la gente termina firmando cosas que no están buenas, porque no negocian. También siento que hay muchas empresas de la industria que laburan de esa manera, que juegan con la ignorancia de los artistas. Yo siempre fui muy precavido, nunca firmé nada hasta el año pasado, cuando firmé para poder cubrir todos los gastos de este disco. Tuve un ida y vuelta de meses para asegurarme de que no me encajonaran.
Te encontrás en pleno lanzamiento de tu cuarto álbum de estudio. ¿Qué le dirías al Davus de Salmos (2017), tu primer disco, y qué transformaciones sentís que tuviste?
Todo, es otra vida. Fue un recorrido divertido, porque al fin y al cabo todo es aprendizaje. Más siendo chico, y de repente tuve la suerte de que en su momento —incluso en pandemia y todo—, fue cuando mejor me empezó a ir. Viajé y me recibieron en otros países. Ha sido un recorrido hermoso, pero la realidad es que también se sufre bastante. Más desde Uruguay, tratando de hacer que funcione un proyecto musical viviendo acá y teniendo la resistencia para no irse. Hoy en día no sé si hubiera sido tan reticente a irme, yo creo que lo hubiera hecho. No te digo que irme para siempre, pero la realidad es que después llega un punto en el que mirás para atrás y te preguntás cómo habría sido otra historia. Habría sido otro panorama porque, quieras o no, el mercado local es muy reducido.
En otros países también es mayor la competencia.
Sí, pero cuando vos venís de afuera y la gente más o menos te aprecia por algo, la tenés mucho más fácil. El uruguayo tiene como un pasaporte invisible además del legal, el uruguayo cae bien. Siento que alguien puede hacer algo así por tantos años porque realmente le tiene pasión y lo ama, porque como negocio no, si pensás solo en plata no lo harías. Si le pudiera decir algo le diría un montón de cosas, "fijate en lo que hacés", no sé. A la vez no me imagino haciendo otra cosa; entonces, estoy contento con lo que he hecho. En mayor o menor medida, siento que por lo menos siempre fui fiel, quizás demasiado terco para lo que tendría que ser lo correcto, pero ¿quién puede decir lo que sí y lo que no?
¿Evaluás la posibilidad de irte de acá en adelante?
Evalúo el ir y venir por temporadas, me iría dos o tres meses específicamente a hacer algo. Iría y volvería, pero a vivir no. No me veo haciendo la vida en otro lado. Hoy en día, capaz que mañana me levanto y te digo que me voy. Probaría.
¿Qué le dirías a un oyente de siempre de tu carrera antes de que escuche el nuevo álbum? ¿Con qué se va a encontrar?
Se va a encontrar con David más que con Davus. Con una versión mía mucho más madura que todo lo que he hecho. Con una versión, no diría más pura, porque en realidad siempre he hecho todo con pureza, pero sí una versión quizás más consciente de la vida, de las cosas. Y más en un contexto local. Yo siempre hice música pensando más en el afuera, y en este caso estoy pensando mucho acá. Van a ver a David ahí.
En el disco colaboraste con Hugo Fattoruso y con La Trasnochada. ¿Cómo surgió?
Sentía que alguien de acá y de esa generación tenía que participar. Pensamos en varios con los dos productores que trabajaron en el disco, pero sentimos que si podía llegar a ser Fattoruso era la gloria. Él no usa redes ni nada, solo mail. Las redes las usa su pareja. Entonces queríamos hablar directamente con él y dijimos "ya fue, le mandamos un mail a ver qué onda". Lo escuchó, le gustó, se subió y acá estamos. Es de unas magnitudes zarpadas tener a alguien como Fattoruso en el disco, y lo de La Trasnochada fue todo muy curioso. Una vez estaba con un amigo en Buenos Aires, le conté que estaba haciendo el disco, y dio la casualidad de que el tío de él estaba en la murga. Nos juntamos en el estudio, cayeron todos, eran 14 personas adentro de un cuadrado con la batería y todo, fue increíble. Fue súper genuino y fácil, se dio.
Tanto el rap, género en el que comenzaste vos, como la murga, tienen a la crítica social como motivación. ¿Pensaste en incluir a una murga por ese lado?
Es que el personaje del disco justamente es un Pierrot. Obvio que hay un guiño a Jaime por "Brindis por Pierrot", pero también a la comedia italiana del arte, que es de donde viene. El Pierrot es eso, un payaso que, en vez de reír, llora. Es un payaso poético, romántico, pero tiene esa cosa que también es bastante uruguaya de la nostalgia, esto y lo otro. Y quieras o no, también es una estética de cara pintada, maquillaje, esto y lo otro. Es muy murguero también, el murguista por naturaleza es una persona que se ríe de la desgracia, entonces de entrada, conceptualmente, la figura de Pierrot o del murguista es esa. Conlleva esa actitud crítica.
Por Catalina Zabala
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