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Música
Maduración natural

Dante Spinetta: “Mi acto de rebeldía es hacer un disco más humano”

El músico lanzó "Día 3", su nuevo álbum de estudio que continúa con "Puñal" y "Mesa dulce", y prepara una gira para presentarlo.

06.05.2026 15:23

Lectura: 11'

2026-05-06T15:23:00-03:00
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Por Catalina Zabala
catazabalaa

Para Dante Spinetta, "Jaguar House" fue la responsable de abrir un camino de ida que rara vez supo detenerse. El mundo del funk en Argentina, territorio prácticamente inexplorado hasta el nacimiento de Illya Kuryaki & The Valderramas, se vio comandado principalmente por dos nombres: Emmanuel Horvilleur y Dante Spinetta. 

Este último, con un apellido cargado de pretendidas responsabilidades heredadas en el mundo de la música, eligió entregarse a una dirección prácticamente opuesta en su sonido. Más allá de su icónica participación en el dúo junto a Emmanuel, desarrolló un proyecto solista que continuó alimentando la excentricidad de todo lo que implica el universo funk. De entre sus álbumes de estudio como solista destacan Puñal (2017) y Mesa dulce (2022). Los primeros dos capítulos de una historia que se contaría en tres partes. Hoy, a cuatro años de la última entrega algunos intentos de un Mesa dulce II, lanzó Día 3 (2026). La tercera fase. 

En este experimenta todavía más, con mezclas de sonido no tan escuchadas en su discografía hasta el momento, como es el caso de "El reset". En entrevista con LatidoBEAT, contó que reflexiona sobre la influencia de los algoritmos en las individualidades, en un frenesí que se extiende, y en la falta de contacto que percibe con aspectos más reales del sentir. 

Lanzaste Día 3, un álbum que termina de cerrar el ciclo que habías comenzado con Puñal y Mesa dulce. ¿Cuál fue el recorrido compositivo de estos tres álbumes en conjunto?

Lo que empezó a pasar desde Puñal fue que me abrí a la vulnerabilidad. En otro momento quizás estaba en un flash más rapero, y en Puñal justamente apareció una melodía mucho más fuerte, con canciones como "Soltar". Creo que a partir de ese momento algo cambió, fue como una maduración natural. Puñal también es un disco muy atravesado por el dolor. El otro día justamente lo escuché entero de nuevo y me pareció eso, que es un álbum muy duro a nivel lírico. Yo estaba en un momento muy triste, y después apareció Mesa dulce. Un disco muy funkero de una clase de celebración, ya desde otro lado. Este disco creo que tiene un poco de esas dos cosas. Tiene cierta melancolía también, pero tiene ese funk. Cuando empecé a hacer este álbum la idea era hacer un Mesa dulce II, pero empezaron a aparecer colores diferentes que no esperaba, que no estaban en mis planes. Esa es la verdad. No estaba en mis planes que saliera este disco, era otro.

Pero sin embargo, creo que uno como productor del álbum y como compositor de los temas tiene que dejarse llevar por esa ola emocional, porque de golpe aparece algo que brota y tenés que prestarle atención. Para mí justamente a veces eso es lo más interesante, que no sea todo una decisión rígida. Es música, y está bueno escuchar al corazón cuando de golpe te dice que la cosa es para otro lado. Así empezaron a aparecer estas canciones con este halo más antiguo, con ritmos más tangueros y bolerísticos mezclados obviamente con toda la parafernalia hiphopera y todo, pero me gustó lo que empezó a pasar. De golpe me metí a grabar otro álbum entero, porque grabé casi 26 canciones.

Cortesía de producción

Cortesía de producción

En el álbum se tocan temas actuales como los algoritmos y las nuevas formas de hacer músicas. Frente a esta realidad, promueve la conexión con emociones más reales. ¿Cómo se te ocurrió tratar este tema? 

Sí, hay canciones como "Maldito frenesí" o "Soldado espiritual" que hablan justamente del control sobre nuestras cabezas y nuestras ideas, y de cómo nosotros, por una cuestión de ocio, nos perdemos dentro de las redes sociales. Pasan horas a la noche y estamos viendo reels y cosas muy divertidas, pero que también nos dejan un montón de cosas innecesarias. Creo que el exceso de información genera un montón de ansiedad, en la cual de golpe me veo sumergido. También genera soledad, porque te dejás de mirar a los ojos con la gente. Creo que eso es algo en lo que debemos prestar atención. Yo ya me empecé a dar cuenta como padre cuando mis hijos eran más adolescentes y de golpe estaban mucho con la pantalla; yo me preocupaba. Pero también me di cuenta de que me pasaba a mí, que es algo global. Dependiendo del algoritmo que te toque, vos tenés una realidad mental diferente a la persona de al lado, que capaz tiene otro algoritmo.

Me pasa de hablar con gente que piensa como yo en un montón de cosas pero que no está enterada de nada de la política o de otras cosas, y de repente el algoritmo te va educando. También veo que hay un arma muy fuerte de control sobre la población, a lo que también tenemos que estar atentos. Siempre fue así, pero creo que hoy, al estar todos tan pegados al celular, nos distanciamos un poco de la humanidad. Y en la música también, en el arte en general. Hay una sensación de que por momentos todo se hace por plata, y el arte pierde mucha fuerza con eso. No es la búsqueda original. Hacer música es una expresión del alma con la que tenés que decir cosas, abrirte. Sea lo que sea, pero que salga del corazón. Y creo que el disco va un poco a eso, a conectar desde ahí. Mi acto de rebeldía es hacer un disco más humano en un momento donde cada vez es más robótico todo. A mí la tecnología me encanta y la uso un montón, pero la tecnología del alma, la tecnología de Dios sigue siendo la suprema para mí.

Cortesía de producción

Cortesía de producción

Por esta misma línea, ¿ves cambios drásticos en la forma de trabajar del mundo de la música y las discográficas? 

Yo creo que claramente hay una necesidad de estar más vinculados a las redes sociales, y eso generó también obviamente nuevos encares de cómo promocionar un álbum, por ejemplo. Pero yo sigo creyendo que lo más importante siguen siendo las ideas, porque los formatos van a cambiar siempre. En un momento fue el vinilo, después el cassette, después el CD, después el mp3., piratería, Spotify, y pasado mañana vendrá otra cosa. Creo que de alguna manera lo que sigue prevaleciendo es una buena canción y buenas ideas, y hacer las cosas desde ese lado.

Yo por suerte a nivel industria tengo una libertad creativa total, que es la única manera en la que puedo trabajar, porque la música es mi vida. No es mi carrera y nada más, representa todo lo que soy y no podría hacer colaboraciones ni cosas que no tengan que ver con algo que me guste. Pero creo que sí, obviamente en la industria hay de todo. También hay artistas que son más productos, y sí, es real. Siempre lo fue y siempre existió. Vender algo no es fácil nunca, esa es la verdad. Pero hoy tenés muchas posibilidades de hacer cosas, de generar un artista con IA, por ejemplo. Lo hacés en 10 minutos. Por eso hay que volver a poner el corazón más que nunca, porque el mundo está en llamas, y creo que tenemos que poner cada uno un granito de arena desde su lugar. Yo lo hago haciendo música, no soy un político. No voy a cambiar el mundo, pero sí puedo acompañar con el corazón a las personas que elijan escucharme, y también de esa manera ellos me acompañan a mí. Es un intercambio muy lindo de amor que se da.

Cortesía de producción

Cortesía de producción

Con Emmanuel Horvilleur se encuentran en plena vuelta de Illya Kuryaki luego de varios años de pausa. ¿Cómo están siendo estos primeros shows de regreso en vivo? ¿Cómo es para ustedes revisitar hoy las canciones que escribieron en su adolescencia? 

Hay canciones que se resignifican, pero sigue pasando lo mismo. Escuchás "Chaco" y la letra es totalmente actual. Yo lo disfruto mucho, Illya Kuryaki es una banda en la que con Emma tomamos la decisión de no tener por qué explicar ni exhibir un gran plan maestro. Tenemos ganas de tocar algunas veces, nos divertimos porque somos amigos, armamos nuestra banda con nuestros músicos y mánagers, que también son mánagers de nuestros proyectos solistas. Estamos cosechando la siembra. Teníamos toda esa música que no íbamos a tocar nunca más, cada uno era solista y estaba muy contento con eso, pero nos copaba la idea de también, de vez en cuando, juntarnos a celebrar lo que hicimos durante casi 20 años juntos. Fueron 18 años de banda, y es un montón. Al principio iba a ser solo un show en Buenos Aires. Después nos vinieron a buscar de Colombia y no pudimos decir que no, porque somos Valderramas. Obviamente después salió el ir a Uruguay. Teníamos a dos uruguayos en la banda, Fattoruso y Rada, entonces de alguna manera se armó una girita. Quisimos hacerla en marzo porque yo ya había sacado el disco en febrero, y el de Emma había salido en noviembre. Fue medio sin explicaciones porque solo se trata de disfrutar de tocar juntos, pasarla bien y representar lo que es Illya Kuryaki, pero como siempre es. No modificar la esencia, nunca.

Se centraron en el sonido del funk desde sus inicios y encontraron un nicho. También lo retomaron para sus proyectos solistas. ¿Qué encontraste en ese género? ¿Cómo ves la escena del funk actual?

Desde Chaco (2004) empezamos a meternos con el funk con canciones como "Jaguar House", que creo que debe ser el primer funk que grabamos. A mí lo que me dio el funk son dos cosas que para mí son básicas —por lo menos en el funk que me gusta hacer a mí, porque hay muchos estilos—: que por un lado tiene una actitud muy rockera, pero con todo el groove que me permite rapear arriba. Entonces puedo mezclar todo lo que me gusta, tengo el groove de lo urbano también y toda la musicalidad y la armonía del soul y el funk. Es un lugar en el que me siento muy cómodo, porque disfruto mucho de cantar y de rapear. Capaz que antes era mucho más rapero, pero con el tiempo me convertí más en un cantante y en un guitarrista. Mi evolución fue hacia ahí y es natural. Yo sabía que iba a ir para ahí también de chico; siempre fui más fan de Prince, de Michael y de Stevie Wonder que del rap, esa es la verdad. Era lo que más me gustaba y lo que más me gusta, pero el funk tiene esa mezcla de groove en la que el alma transpira. Es una celebración también tocarlo en vivo y lo que se arma con la gente. Por momentos es una especie de celebración casi religiosa, entramos en una que estamos tocando con la gente y se convierte en una situación muy espiritual. El funk me extendió sus manos.

Tocaste con Emmanuel en el Cosquín Rock Uruguay. ¿Cómo fue tu experiencia? ¿Tenés planes de volver a Uruguay presentando tu disco solista?

A Montevideo voy a ir seguro, 100%. Se están barajando las fechas, a partir de junio arranca el tour. No sé exactamente la fecha todavía en Uruguay, pero es sí o sí que vamos a ir. Eso ya está casi cerrado, estamos con muchas ganas de ir. Siempre la pasamos increíble, Mati Rada toca conmigo también además, así que estamos casi de locales también. El otro día fuimos todos a la casa del Lobo (Núñez), estuvimos tocando ahí y viendo también su taller de tambores. Estaba toda la familia Rada con nosotros, los Kuryaki; estaba Wos, Ysy, todos ahí en la casa del Lobo, que es un rey y nos mostró todas sus cosas. Escuchamos música y hablamos, y realmente Montevideo es un lugar en el que yo también me siento muy bien y me inspira a hacer cosas, a pasarla bien. Vamos a ir pronto seguro.

Por Catalina Zabala
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