Cierre los ojos y trasládese conmigo, lector, lectora, a la selva amazónica del Perú. Escuche el susurro de las hojas de los árboles y vea las orquídeas y sienta la humedad pesada en la ropa y oiga el canto de los guacamayos; y dígame, ¿qué música suena?

¿Escucha cumbia?

La cumbia en Argentina no comenzó en los 80. La trajeron de Colombia los Wawancó, que tienen su Año Uno en 1955. Y la música tropical uruguaya tampoco vino por vía Amazónica: más bien saltó desde Cuba y Puerto Rico directo a Montevideo. Por algo en el género que acá llamamos plena son tan importantes los instrumentos de viento y los de percusión, más que las guitarras y teclados.

La popularidad ochentosa de Los Mirlos, sin embargo, repotenció a grupos ya veteranos argentinos como el Cuarteto Imperial o los mismos Wawancó, y tuvo influencia directa en los que explotarían con la crisis económica y casi existencial de principios de los 2000: la cumbia villera de los Pibes Chorros y Damas Gratis, para los que el teclado es tan importante como el güiro.

En la película de Los Mirlos se incluye un fragmento de un show de Damas Gratis transmitido en vivo por América TV, con Reátegui parado junto a Pablo Lescano para versionar “Lamento de la selva” (la banda de Lescano incluyó otras versiones de los peruanos en su repertorio).

Reátegui falleció en 2010 en Jujuy. Y hubo de nuevo unos únicos Mirlos.

En YouTube puede encontrarse un show que Los Mirlos de Jorge dieron en 2012 en el Festival Internacional de Folklore de Buenos Aires, en La Plata. “Había como 40 mil personas”, recuerda Rodríguez. “Toqué creo que de 9 a 10 de la noche”. O sea, en prime time.

Al día siguiente fueron para la ciudad de Buenos Aires, a presentarse Niceto Club, icónico recinto musical de Palermo. “Era un local argentino, el administrador era argentino, el público que asiste era argentino y se llenó de puro público argentino”, cuenta para demostrar cómo le llegan a la gente local de los lugares a donde actúan. Cuando se preparaban para tocar el último tema, que sería el hitazo “Eres mentirosa”, se subió al escenario Pablo Lescano.

Rodríguez conocía Damas Gratis pero nunca había visto en persona a su líder. Fue uno de sus hijos, mánager de Los Mirlos, quien le dio permiso de subir.

Se conocieron, entonces, como tenían que conocerse: arriba del escenario. Hoy por hoy han girado juntos: “El año pasado estuvimos girando también con Pablito en Europa. Tuvimos 17 presentaciones, 18 creo, en Europa con él”.

Sobre la cumbia villera, dice el gran referente de la cumbia amazónica: “Cada uno busca un estilo y eso es importante, que busquen un estilo, que no quieran imitar a otro. Está bien, pueden tocar nuestras canciones, pero tienen que tener un estilo que los identifique para que tenga esa presencia nacional e internacional y se hagan conocidos. Eso es importante. Y lo logró Pablito, lo logró”.

Por teléfono, se notan las ganas y la energía que sigue teniendo Jorge Rodríguez Grández por hacer música, y sobre todo por hacer bailar.

Al concluir la gira por EEUU se vuelven a Perú, luego Los Mirlos van a Argentina, para desembocar en Montevideo y traer algo de calor amazónico al infierno verde en Montevideo Music Box.

Muy lejos, todavía, de la jubilación.

¿Tú qué edad tenés? Porque hace 60 años que estás tocando música, ¿no?

Tienen que sacar la conclusión. No te puedo decir mi edad, pero la gente tiene que adivinar [se ríe]. Han pasado buenos años. Estamos en una tercera generación con Los Mirlos. Me acompaña Danny, que está conmigo más de 50 años, y están mis hijos también: Jorge Luis, que es el director musical, mi hijo mayor, que toca la guitarra también, toca los teclados, canta, hace los coros.

50 años de carrera, y seguís teniendo las mismas ganas de hacer bailar a la gente.

Uy, sí, hay que hacer bailar a la gente. La gente aplaude, salta, baila y goza de nuestras canciones. Nadie está con el celular, todos disfrutan, todos bailan. Nadie está tomando foto. Siguen pasando los años, pero ya ahí estamos. Los Mirlos se están posicionando en el mercado internacional.

En la película vos mencionás que tu intención es que la banda, que tu legado, continúe. ¿Eso te interesa particularmente?

No puede desaparecer la música que gusta al mundo. ¿Cómo va a desaparecer? Ya mi hijo está posicionado como director musical. Él tiene que seguir porque ya está conmigo más de 22 años, 23 años. Entonces, está garantizada la continuidad de Los Mirlos. Estoy apoyado no solamente por él, también los demás de mis hijos: Javier, que es el mánager, que está manejando a Los Mirlos hace 15 años ya. Y Mónica, que es la contadora de la empresa, ella es la que maneja las cuentas, los impuestos. Así que ellos lo manejan todo. Me dice mi hijo: “Papá, tú no te preocupes. El ingeniero de sala, el ingeniero de escenario, todos ellos hacen su chamba con los asistentes, los técnicos. Tú simplemente saludas y haces tu show”. Esa es la época que estamos viviendo ahora. Y muy feliz, de verdad.