Cumbia amazónica psicodélica de Los Mirlos en Uruguay: “Hay que hacer bailar a la gente”
Una conversación con Jorge Rodríguez Grández, histórico líder de la banda peruana que llega a Montevideo Music Box el 25 de setiembre.
Por Gastón González Napoli
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Cierre los ojos y trasládese conmigo, lector, lectora, a la selva amazónica del Perú. Escuche el susurro de las hojas de los árboles y vea las orquídeas y sienta la humedad pesada en la ropa y oiga el canto de los guacamayos; y dígame, ¿qué música suena?
¿Escucha cumbia?
El viernes 25 de setiembre, la fiesta Infierno Verde, que difunde en Uruguay la música que llaman psicotropical, tendrá una nueva edición en Montevideo Music Box en plena inauguración de la primavera. Tocará Mamá Chola, grupo local que hace cumbia “con ingredientes andinos”, y musicalizarán con vinilos Sonido Superchango, DJ El Sicodélico y Lady Salsa.
Pero el plato fuerte es una banda de cumbia peruana, un combinado con más de 50 años de carrera, que tomó la cumbia colombiana, le agregó guitarras eléctricas, le infundió un espíritu indígena que lo hace a uno casi entrar en trance mientras baila, como si fuera parte de algún tipo de ceremonia superior.
Los Mirlos.
Los Mirlos. Crédito: cortesía de producción
Jorge Rodríguez Grández es de Moyobamba, una localidad del selvático valle del Alto Mayo, al norte del Perú, apodada "la ciudad de las orquídeas" por las más de 1.500 especies de esa flor que pueden encontrarse en su vuelta.
Hijo de un músico, lo influyó lo que tocaba su padre, cuenta, “desde que estaba en la barriga de mi mamá”. Era acordeonista, el padre, y tenía sus guitarristas, su maraquista. Jorge y su hermano Carlos absorbían.
“Siempre escuchaba esa música de mi papá en las mañanas, en la tarde, y cuando salía también a hacer su show, a él le contrataban, le llevaban”, recuerda hoy desde Nueva Orleans, a donde acaba de llegar en una gira estadounidense con Los Mirlos. “Porque mi papá era polifacético, era agricultor, músico, deportista, comerciante. Le gustaba todo, en todo meterse. Siempre nos ha sacado adelante él, así con la música y con todo lo que sabía”.
En los tardíos años 60, para la época en que Moyobamba por fin quedaba mejor comunicado con el resto del país por una nueva carretera, Jorge armó una banda —Los Saetas— y tuvo éxito local. Para principios de los 70 se mudaron a Lima con Carlos y tomaron más contacto con la cumbia costeña, en particular con la banda “del maestro Enrique Delgado Montes”, que en ese momento reinaba en la capital: Los Destellos.
Para Jorge la cumbia limeña, que adaptaba a la sensibilidad local una música de origen colombiano, “es hermosa”. Y la troupe de Delgado Montes, considerada la primera banda de cumbia del país, ya le había incorporado la guitarra eléctrica al sonido tropical. “La cumbia colombiana también es hermosa”, dice Jorge, “pero nosotros en el Perú tenemos la guitarra”.
Sin embargo, cuando Carlos y él armaron una banda en Lima, junto con los guitarristas Danny Johnston y Gilberto Reátegui, que también componía, no copiaron a Los Destellos: su música, dice Jorge, trajo sus raíces amazónicas: “Ese embrujo, esa magia, ese encanto de la selva con el sonido de nuestras guitarras”.
En 1973 grabaron su primer álbum, El sonido selvático, con el nombre de Los Mirlos. A su género le pusieron cumbia amazónica psicodélica.
Tapa de “El sonido selvático” de Los Mirlos
En un artículo que escribió en 2015, en el auge de la cumbia pop uruguaya, el músico y periodista especializado Andrés Torrón (autor, por ejemplo, de 111 discos uruguayos) rastreaba el nacimiento de la cumbia al caribe colombiano en el siglo XVIII. Gracias a la tecnología de grabación que permitió difundir música a través de las fronteras, esto que hasta el momento era una danza folclórica autóctona del país cafetero se fue expandiendo al norte y al sur de las Américas a partir de los años 30 y 40 del siglo pasado.
“A través de la selva amazónica, el ritmo llegó a Perú, donde recibió un tratamiento muy especial”, escribió Torrón. “La llamada cumbia amazónica o ‘cumbia psicodélica’ es una extraña mezcla que profundiza las raíces indígenas del ritmo —su cadencia repetitiva e hipnótica— con los sonidos y la instrumentación rockera”.
En las décadas del 60 y 70 se estaba mezclando la sonoridad del rock anglo con las músicas vernáculas latinoamericanas: el candombe beat uruguayo o la tropicalia brasileña. Géneros populares pero sobre todo muy intelectualizados. Lo opuesto pasó en Perú, sigue Torrón. Los Destellos y Los Mirlos “eran la banda de sonido de los bailes domingueros de las clases populares” mientras la intelligentsia los ignoraba.
La —muy buena— película La danza de Los Mirlos (2022), que toma su título de uno de los más grandes hits de la banda, narra el derrotero que siguieron en los años siguientes. Cómo llegaron a Argentina, donde participaron de la película Vacaciones del amor, junto con Graciela Alfano, Camilo Sesto y las Trillizas de Oro. Cómo Jorge viajó a EEUU y se trajo un sintetizador, lo que dotó de otra capa al sonido del grupo justo cuando comenzaban a girar por el interior argentino.
Mientras tanto, su discográfica iba licenciando sus discos por Bolivia, por Colombia, por México, y “haciendo bailar”, en palabras de Jorge, por todo el continente.
No se quedaron ahí. Por algo Jorge atiende desde Nueva Orleáns. Fueron llegando a EEUU y a Europa, a los festivales de música más grandes en lugares como Dinamarca (tocaron en el Roskilde, el más masivo del norte del Viejo Continente). El documental antedicho incluye testimonios de artistas influidos por Los Mirlos de fuera de Hispanoamérica, como las londinenses Los Bitchos.
Cuando tocan hoy en los países del primer mundo, “no hay ni un mexicano, ni argentino, ni peruano, ni compatriota”, dice Jorge. “Nada, todos son americanos, norteamericanos, totalmente, al cien por cien”.
Pero fue en Argentina donde su éxito fue mayor. Donde llegaron a los top 10 en las listas de éxitos y donde hasta tuvieron groupies.
Uno de los miembros fundadores de Los Mirlos, Gilberto Reátegui, el compositor y quien en cierta forma competía con Jorge como líder, se quedó en Argentina. No solo eso. Se quedó con el nombre de la banda dentro de las fronteras del país vecino. Dos Mirlos existieron en dos países en paralelo.
Fue “un golpe bien fuerte”, dice Jorge en La danza de Los Mirlos, perder a su compañero y quedarse fuera de ese mercado.
La cumbia en Argentina no comenzó en los 80. La trajeron de Colombia los Wawancó, que tienen su Año Uno en 1955. Y la música tropical uruguaya tampoco vino por vía Amazónica: más bien saltó desde Cuba y Puerto Rico directo a Montevideo. Por algo en el género que acá llamamos plena son tan importantes los instrumentos de viento y los de percusión, más que las guitarras y teclados.
La popularidad ochentosa de Los Mirlos, sin embargo, repotenció a grupos ya veteranos argentinos como el Cuarteto Imperial o los mismos Wawancó, y tuvo influencia directa en los que explotarían con la crisis económica y casi existencial de principios de los 2000: la cumbia villera de los Pibes Chorros y Damas Gratis, para los que el teclado es tan importante como el güiro.
En la película de Los Mirlos se incluye un fragmento de un show de Damas Gratis transmitido en vivo por América TV, con Reátegui parado junto a Pablo Lescano para versionar “Lamento de la selva” (la banda de Lescano incluyó otras versiones de los peruanos en su repertorio).
Reátegui falleció en 2010 en Jujuy. Y hubo de nuevo unos únicos Mirlos.
Los Mirlos. Crédito: cortesía de producción
En YouTube puede encontrarse un show que Los Mirlos de Jorge dieron en 2012 en el Festival Internacional de Folklore de Buenos Aires, en La Plata. “Había como 40 mil personas”, recuerda Rodríguez. “Toqué creo que de 9 a 10 de la noche”. O sea, en prime time.
Al día siguiente fueron para la ciudad de Buenos Aires, a presentarse Niceto Club, icónico recinto musical de Palermo. “Era un local argentino, el administrador era argentino, el público que asiste era argentino y se llenó de puro público argentino”, cuenta para demostrar cómo le llegan a la gente local de los lugares a donde actúan. Cuando se preparaban para tocar el último tema, que sería el hitazo “Eres mentirosa”, se subió al escenario Pablo Lescano.
Rodríguez conocía Damas Gratis pero nunca había visto en persona a su líder. Fue uno de sus hijos, mánager de Los Mirlos, quien le dio permiso de subir.
Se conocieron, entonces, como tenían que conocerse: arriba del escenario. Hoy por hoy han girado juntos: “El año pasado estuvimos girando también con Pablito en Europa. Tuvimos 17 presentaciones, 18 creo, en Europa con él”.
Sobre la cumbia villera, dice el gran referente de la cumbia amazónica: “Cada uno busca un estilo y eso es importante, que busquen un estilo, que no quieran imitar a otro. Está bien, pueden tocar nuestras canciones, pero tienen que tener un estilo que los identifique para que tenga esa presencia nacional e internacional y se hagan conocidos. Eso es importante. Y lo logró Pablito, lo logró”.
Jorge Rodríguez Grández de Los Mirlos. Crédito: cortesía de producción
Por teléfono, se notan las ganas y la energía que sigue teniendo Jorge Rodríguez Grández por hacer música, y sobre todo por hacer bailar.
Al concluir la gira por EEUU se vuelven a Perú, luego Los Mirlos van a Argentina, para desembocar en Montevideo y traer algo de calor amazónico al infierno verde en Montevideo Music Box.
Muy lejos, todavía, de la jubilación.
¿Tú qué edad tenés? Porque hace 60 años que estás tocando música, ¿no?
Tienen que sacar la conclusión. No te puedo decir mi edad, pero la gente tiene que adivinar [se ríe]. Han pasado buenos años. Estamos en una tercera generación con Los Mirlos. Me acompaña Danny, que está conmigo más de 50 años, y están mis hijos también: Jorge Luis, que es el director musical, mi hijo mayor, que toca la guitarra también, toca los teclados, canta, hace los coros.
50 años de carrera, y seguís teniendo las mismas ganas de hacer bailar a la gente.
Uy, sí, hay que hacer bailar a la gente. La gente aplaude, salta, baila y goza de nuestras canciones. Nadie está con el celular, todos disfrutan, todos bailan. Nadie está tomando foto. Siguen pasando los años, pero ya ahí estamos. Los Mirlos se están posicionando en el mercado internacional.
En la película vos mencionás que tu intención es que la banda, que tu legado, continúe. ¿Eso te interesa particularmente?
No puede desaparecer la música que gusta al mundo. ¿Cómo va a desaparecer? Ya mi hijo está posicionado como director musical. Él tiene que seguir porque ya está conmigo más de 22 años, 23 años. Entonces, está garantizada la continuidad de Los Mirlos. Estoy apoyado no solamente por él, también los demás de mis hijos: Javier, que es el mánager, que está manejando a Los Mirlos hace 15 años ya. Y Mónica, que es la contadora de la empresa, ella es la que maneja las cuentas, los impuestos. Así que ellos lo manejan todo. Me dice mi hijo: “Papá, tú no te preocupes. El ingeniero de sala, el ingeniero de escenario, todos ellos hacen su chamba con los asistentes, los técnicos. Tú simplemente saludas y haces tu show”. Esa es la época que estamos viviendo ahora. Y muy feliz, de verdad.
Afiche de Los Mirlos en Montevideo Music Box
Por Gastón González Napoli
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