La escena tiene una belleza renacentista combinada con la tranquilidad de un pueblo rural. Roberto es un adolescente italiano de pelo ensortijado que acaba de hacer seis goles en un partido del Caldogno, en un estadio que cuatro décadas más tarde llevará su nombre. Un ojeador del Vicenza lo está viendo, esperando que terminen los 90 minutos para convencerlo de fichar por su equipo. Va a debutar como profesional con 15 años, aunque tenga que esperar dos temporadas para consolidarse.

En 1982, Roberto es un fenómeno. Como lo es la cantante norteamericana que debuta en el número 80 del Hot 100 de Billboard con “Mirror, Mirror”, una canción que habla de un hechizo que nunca podrá romperse y de alguien que permanece atrapado en un espejo para siempre. Dicen que penal bien pateado es gol. Doce años después, en Estados Unidos, Roberto Baggio podrá mirarse en el espejo y ver a Diana Ross.