H. P. Lovecraft (1890 - 1937): escritor, americano, innovador en el género narrativo de terror. Se alejó de lo sobrenatural. Los mitos de Cthulhu (1999), su ciclo literario, incluye una serie de deidades, demonios y monstruos. Criaturas que amenazan con venir a nuestro mundo. Hacernos caer en conciencia de nuestra insignificancia frente a su poder.  

Dillom (2000): argentino, músico, rapea que lucha con demonios parecidos a esos. Que a su historia la escribió, nada más y nada menos, que Edgar Allan Poe. Aunque no describe ni monstruos con tentáculos, ni criaturas extraordinarias. Habla de su madre vendiendo ropa en Parque Centenario, tomando cocaína frente a él. Habla de su padre echándolo de la casa. Satiriza a las discográficas como gigantes chupa sangres sedientas del talento de los artistas. También lo hace, de una manera ambivalente, con la figura del rockstar

REY, Dillom. (q.e.p.d.)” es un breve texto publicado en los obituarios de los diarios argentinos el 30 de noviembre de 2021. Dillom, parecía, había muerto. Eso quiso que creyeran todos, incluyendo sus familiares. Dos días después, Post Mortem (2021) se lanzaba. Su álbum debut era un álbum póstumo. Una bomba conceptual que recibió tres nominaciones en los Premios Gardel en 2022. Como portada, una caricatura de él sentado en un tronco, rodeado de niños disfrazados y un ritual oscurantista en el piso, en el medio de un bosque. 

El pasado sábado 27 de enero, en uno de los escenarios de Medio y Medio en Punta Ballena, había dejos ominosos de ese retrato en el ambiente. La luna casi llena, los árboles en el fondo que, por algunos momentos se veían invadidos por humo y más tarde se teñirían de rojo, de naranja, de azul. La efervescencia del público que necesitaba que el show comenzara, que lo manifestaba gritando el nombre del músico a los gritos.  

El guitarrista, el bajista y el baterista entraron primero. Los primeros golpes de "Piso 13", junto a una alarma, comenzaron a sonar. El escenario se convirtió en un infierno al rojo vivo. Con los golpes de poder de la batería, entró. Un gorro con brillos, una campera con la cara del Monstruo de Mary Shelley, la creación del Doctor Frankenstein, en la espalda. Recorría el escenario agachado, escupiendo los versos al público que agitaba sus manos y saltaba en respuesta.  

Y la pancita es por la Heineken”, gritaba el público en "PELOTUDA", al igual que lo hicieron más adelante en varias partes de la canción, con la batería retumbando en el piso. Pero es en el puente cuando en el medio del escenario, iluminado por luces azules, Dillom agarró el micrófono y cantó mirando fijo al público. Una cara delicada con un tatuaje al costado, la mirada de El Ángel Caído de Cabanel. Como si fuera un desafío, la voz de todos los presentes terminó tapando la de él, algo que continuaría hasta "Opa".  

El rojo para los puntos álgidos del show, el azul para tratar de apagar el fuego generado, el naranja como un intermedio. Por lo general, los shows del argentino cuentan con más elementos escenográficos que acompañen el concepto. Aquel elemento que, según Fito Páez, es “inapelable” en el caso del joven músico. Siguiendo esa lógica colorimétrica, "Bicicleta" buscó apaciguar las aguas. “Salten, putos”, pidió alguien de la audiencia. Con "La Primera", un Dillom sentado en el escalón donde estaba la batería cantó con una tranquilidad contagiosa. 

Una vez más, agradeció a todos por haber ido, teniendo en cuenta que eran vacaciones y, según él, estaban haciendo playa. El final del bloque fue con "Sauce", palmas al aire y un baterista que se destacó.  

Mientras volvía a tomarse un descanso en el backstage, "Bohemian Groove Skit", el interludio que sataniza a las discográficas, sonaba afuera. "El sello discográfico donde tus artistas favoritos consiguieron el estrellato. Tan solo dejando el 99% de sus regalías y la titularidad de sus masters por tan solo 200 años después de muerto", dice este. 

Los gritos de niños que piden ayuda le dieron comienzo a "POST MORTEM". Dillom estaba sobre luces azules y verdes que colaboraban con un tinte macabro. "Ay, Dillom, qué lindo que sos", cantaba la audiencia. 

Al comienzo de "REALITY", avisó que eran los últimos temas. Con "220" volvió a intentar aportar calma, de manera insuficiente, y agradeció por el primer show del año. Con 50 minutos de show, Dillom bajó del escenario para dar paso a que desarmaran los instrumentos, mientras los fanáticos gritaban por el setlist. Una vez que alguien en el escenario se animó a tirarla, alrededor de ocho personas se lanzaron hacia ella.