Con el físico Gastón Giribet: agujeros negros, filosofía y viajes interestelares
La IA nos podría responder cómo funciona el universo, “mi miedo es que sea demasiado complejo para la mente humana”, dice el argentino.
Por Gastón González Napoli
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Una noche gélida en Tristán Narvaja, en la librería Santa María de los Libros, el físico argentino Gastón Giribet presentará su último libro: Agujeros negros: de la relatividad a la información cuántica, un texto de divulgación que vuela la cabeza cada pocos párrafos con las posibilidades que tiene, y los misterios que encierra todavía, el universo en el que vivimos. Todo a partir de los objetos más “extremos”, en sus propias palabras, que se encuentran en la inmensidad del espacio. Además de que al leerlo uno no deja de fascinarse con los científicos que han trabajado y siguen trabajando para poder entender lo que nos rodea.
Cuando llega, un par de horas antes de la charla, Giribet se sorprende por la cantidad de sillas disponibles. Que le tienen mucha fe, dice.
Sucede que Giribet, además de un físico renombrado, trabaja en divulgación y en vincular a las ciencias duras con la filosofía: tiene también libros sobre Immanuel Kant (Kant y las dimensiones del espacio) y Martin Heidegger (Heidegger en los márgenes de la ciencia). Y es una persona que habla rápido y dice mucho, con mucha claridad.
En Santa María de los Libros, entonces, LatidoBEAT entrevistó a Giribet. Comenzamos conversando sobre viajes interestelares, seguimos con cómo responde él la paradoja de Fermi (o sea, cómo puede ser que no encontremos señales de vida alienígena si las probabilidades de que exista son tan altas), con Kant y cómo las humanidades a veces se dejan de lado por quienes trabajan en ciencia y sobre todo por quienes trabajan en tecnología, para terminar conversando sobre las posibilidades que ofrece la inteligencia artificial para la investigación en ciencia teórica… y si el hecho de que esas posibilidades se estén concretando es algo bueno.
Tapa de "Agujeros negros"
Tengo dos preguntas para hacerte de arranca. La primera es: ¿qué pensás vos de los viajes interestelares? Porque leyendo Agujeros negros como que ese sueño de la ciencia ficción pierde sentido…
Tenemos primero que acotar la pregunta. Tenemos que estar diciendo “viaje interestelar” en el cual podemos enviar humanos en un tiempo razonable dentro del tiempo de vida humana.
¿Podríamos llevar nuestra civilización para allá? Todo el mundo dormido y despertarnos en Próxima Centauri…
Claro, Próxima Centauri está más o menos a cuatro años luz y es la estrella más cercana que tenemos. Tampoco estamos seguros de que ahí se pueda vivir, porque si bien sabemos, y de hace relativamente poco, que hay planetas ahí en ese sistema, no parecen estar en la zona de habitabilidad. Pero bueno, también podría haber planetas más pequeños de ese sistema que no conocemos. Pero vamos a estirar las posibilidades.
¿Por qué quiero acotar la pregunta? Porque una cosa es: ¿vos querés enviar una civilización y que allá viva, o vos querés enviar una civilización que allá viva y que vuelva para contarlo? Porque son dos preguntas muy distintas. La segunda es muy difícil.
Cuando vi el índice de tu libro dije: “Voy al final a leer sobre agujeros de gusano”… Por la típica escena de película de “doblamos el papel y atravesamos un agujero de gusano para unir dos puntos remotos del espacio”.
No sabemos si eso existe, probablemente no. Entonces no quiero usar ese recurso. Si existe, ahí podemos abrir el juego mucho más. Pero vamos a hablar de la tecnología que sabemos que sería posible. No quiere decir que ya la tengamos, pero que no hay duda.
Pero a la velocidad de la luz no se puede llegar, ¿no?
No, pero lo que podés hacer es lo siguiente. Vos podés ir a una estrella muy lejana, ir acelerando, ir acelerando, ir acelerando. Vos no querés acelerar demasiado. Supongamos que vamos a hacer una aceleración moderada, es decir, igual a la que sentimos en la Tierra, en la gravedad: diez metros sobre segundo al cuadrado. Más o menos la aceleración de la gravedad. Eso sería una aceleración que sabemos que el cuerpo humano aguanta. También aguanta el doble de eso. Pero supongamos que vamos a ser gentiles con nuestro organismo y vamos a acelerar de forma tal que en el fondo no es más que la misma gravedad que sentimos en la Tierra. En ese caso no hay gravedad, pero sí hay aceleración, que es lo mismo. Incluso sería muy ventajoso, porque acelerando la nave a esa velocidad, nosotros podríamos pararnos en la pared de la nave y sentir exactamente que estamos como acá, como en gravedad. Y vamos acelerando y acelerando y acelerando; en un momento vamos a tener que frenar porque estamos por llegar, entonces a mitad de camino empezamos a desacelerar, vamos frenando. Nuevamente no queremos ser violentos con nuestro propio organismo.
Fijate que ni siquiera llegamos a la velocidad de la luz. Llegamos muy, muy, muy, muy, muy rápido —de hecho, muy cercano a la velocidad de la luz— con ese truco. Y eso sí se puede. Demanda muchísima energía y tendríamos que preocuparnos de cómo conseguirla, pero se puede.
Bien.
Dicho esto, la pregunta es: bueno, sí, pero si vos no llegaste a la velocidad de la luz y la estrella más cercana está a cuatro años luz, vos decís: “Tardó muchísimo para vos”. Y la respuesta es no. Porque al estar acelerando, acelerando, acelerando y haber alcanzado velocidades muy altas, el tiempo dentro de la nave transcurre más lento. Y entonces, en efecto, mucho antes que cuatro años, muchísimo antes que cuatro años, esas personas ya estarían en la estrella más cercana.
Para exagerar la situación, supongamos que no queremos ir a la estrella más cercana, sino que, que queremos ir al centro galáctico. Que no está a cuatro años luz, sino a 26 mil años luz. A priori, si uno no tiene ingenio, dice: “No hay chance”, porque si a la velocidad de la luz tardo 26 mil años en ir, no tengo forma de sobrevivir. Pero no es cierto. Si yo —de vuelta con una aceleración gentil de 10 metros sobre segundo al cuadrado— voy acelerando, acelerando, y a mitad de camino, es decir, a 13 mil años luz, empiezo a frenar, a frenar, se llega, según el tiempo de la nave —o sea, el tipo que está en la Tierra y ve todo ese trayecto morirá, porque ese trayecto tarda más de 26 mil años—, pero el tiempo desde la nave, debido a efectos de la relatividad, tarda menos de 40 años. Entonces es posible llegar al centro galáctico en menos de 40 años.
Así que en ese sentido, un viaje interestelar de aquellos que viajan es perfectamente posible. Obviamente no tenemos tecnología ahora para acelerar una nave tanto tiempo.
Imagen de Próxima Centauri tomada por el telescopio Hubble
Pero físicamente sería posible.
Físicamente es totalmente posible. Lo que no es posible es volver para contarlo. Porque si volvés para contarlo, en la nave tendrías que esperar otros 40 años, pero en la Tierra hubiesen ocurrido 60 mil años.
No sabes con qué te encontrás.
Es perfectamente posible. Y sin criogenia, ¿no? Está bien, hay que estar 40 años en una nave, pero estamos hablando del centro galáctico. Es mucho. Si queremos ir a dos mil años luz, es mucho menos.
¿Es algo que te entusiasme a vos? ¿Estas posibilidades, que se pueda ir a otros lados? ¿O vos estás contento con mirar el universo?
No, por supuesto, sería fantástico. Si yo pudiese ir a la Luna el día de mañana, me anoto. Imaginate a un sistema lejano. Me tendría que llevar a mis seres queridos en la nave conmigo, pero bueno, si hay lugar para todos, vamos. Me interesa. No veo en esto una necesidad para salvar a nuestra especie. Creo que podemos hacer cosas que sí están a nuestro alcance y no las hacemos. No, no soy de estos tecnooptimistas que dicen vamos a…
Ser una especie multiplanetaria.
Claro, ir a Marte para salvar la civilización. No hay peor idea que ir a Marte para salvar la civilización. Ya es muy inhóspito ese planeta.
Sí, es Duna.
¿Por qué no hacemos más hospitalario el nuestro? No creo que esa sea la razón. Ahora sí, claramente me interesa como opción.
En la Luna tampoco hay nada, pero está más cerca.
Tampoco hay nada ahí, pero debe estar buena la vista, ¿no? Hay una cosa que me encanta de la Luna, que es que la Tierra siempre está en el mismo lugar del cielo. Uno tiene que mirar para arriba y ve el planeta todo el tiempo. El planeta no se mueve, siempre está arriba —o a cierto ángulo, depende de dónde estés—. El cielo debe ser alucinante desde ahí. Para ver “amanecer” la Tierra, uno tiene que orbitar la Luna. En la Luna no lo ve nunca eso.
Foto "Salida de la Tierra", tomada por la misión Apollo 8. Crédito: NASA
Y la otra pregunta que me surge con todo esto es: lo que estás viendo en el espacio, en realidad estás mirando el pasado…
Sin duda. Sí, porque la luz tarda en llegar a nosotros. La luz nos trae una imagen de lo que fue.
Incluso cuando vos decís “en este planeta X podría haber vida pero no vemos señales claras”, perfectamente puede haberla y nosotros no lo estamos viendo porque lo que vemos es lo que pasó hace 10 mil años. O puede que el planeta ya no exista, directamente.
A priori sería así, pero eso nunca puede ser la explicación a la paradoja de Fermi.
Esa era mi pregunta, ¿cómo respondés vos a la paradoja de Fermi?
Primero digamos qué es la paradoja de Fermi, por las dudas que alguien no sepa. Se expresa a veces con: “¿Dónde está todo el mundo?”. Es decir, nosotros sabemos que la vida surge naturalmente por ciertas condiciones. Ciertas condiciones muy cuidadosas: porque no solamente que la vida se dé en alguna parte del universo, sino que se mantenga. Por ejemplo, sabemos que en la Tierra la vida surgió y desapareció varias veces, ¿no? Y sabemos también que todos los seres vivos que conocemos hasta ahora, por una cuestión genética, todos partimos del mismo individuo. Quiere decir que tampoco es tan común la vida, porque si no se hubiese dado en varios lugares y tendríamos ancestros distintos. Todos salimos de la misma molécula orgánica original, vos y cualquier planta de la casa de tu abuela. Ahí hay una cosa que nos está hablando de cuán difícil es que la vida se dé.
Y sabemos que nuestro planeta tiene ciertas condiciones muy particulares. Estamos suficientemente cerca del Sol. Tenemos una atmósfera. También tenemos un campo magnético fuerte, que eso tiene que ver con la rotación de la Tierra y lo que pasa adentro, que nos cuida de ciertas partículas que vienen del Sol. Y sabemos que tenemos una luna lo suficientemente robusta como para estabilizar nuestra órbita. Es muy, muy, muy, muy difícil que un planeta tenga condiciones para la vida.
Ahora bien, hay tantas estrellas. En nuestra galaxia hay probablemente 300 mil millones de estrellas. Y hay del orden de 100 mil millones de galaxias como mínimo. Probablemente existe un mol de planetas en el universo observable. Un mol: 10 a la 22, 10 a la 23. Entonces, por más difícil que sea esa condición, hay muchos planetas. Entonces, es probable que haya vida en otros lados, sin duda. Si hay vida en otros lados, ¿por qué no tenemos lo que se llaman tecnomarcadores?
Separemos: biomarcadores, es indicios de la observación de la atmósfera de un planeta o algo que nos diga “ahí hay vida”, como fitoplancton o lo que fuere. Eso podría ser que no tengamos, porque nos es difícil desde acá mirar planetas lejanos. Cada tanto aparecen claims de que tal planeta parece tener fosfeno, tal planeta parece tener algunos compuestos orgánicos que tienen origen biológico o de otro tipo; hay que ver las proporciones y qué sé yo.
Ahora, lo más interesante son tecnomarcadores, porque sería evidencia de que hay tecnología de alguna forma, que alguien está comunicándose o intentando comunicarse, o explotando bombas atómicas y nosotros los vemos, o emitiendo radiofrecuencias y nosotros las vemos.
Hace poco aprendí el concepto Esfera de Dyson, otra cosa que se podría ver desde acá.
Sí, eso sería un ejemplo de tecnomarcador. Pero puede haber otros. La pregunta es: ¿por qué en un universo tan vasto nosotros no vemos tecnomarcadores? ¿No vemos emisión de ningún tipo que nos envíe información? Lo más probable es que no haya civilizaciones.
La paradoja de Fermi es: ¿cómo puede ser eso? En un universo tan grande, ¿por qué nosotros somos tan especiales? Porque evidentemente lo somos. Hay gente que se apura a dar respuestas ante esta pregunta y decir, un poco lo que decías vos: “Si hubiese una civilización ahora y está emitiendo, tardaría tanto en llegar a nosotros que la veríamos en el futuro”. Pero el punto es que el universo hace miles de millones de años que es como es. Entonces, no esperamos ver la tecnología que está emitiendo una civilización ahora, sino la tecnología que emitió una civilización hace mil millones de años. Porque hace mil millones de años hay tantas posibilidades como ahora de tener vida. Nosotros tendríamos que estar viendo esa, la señal emitida por una civilización que existió hace miles de millones de años. ¿Por qué no lo vemos?
Entonces, la paradoja de Fermi sobrevive. No podemos resolverla diciendo solamente “el universo es grande y entonces la luz tardaría”. Nosotros tendríamos que estar recibiendo ahora tecnomarcadores del pasado remoto. Un pasado en el cual el universo, al principio, era muy distinto, pero hace mil millones de años el universo era igual que ahora, casi.
Hay algunas soluciones. La primera que a uno se le ocurre es: “Mirá, nadie calculó bien las cosas y quizá la probabilidad de que haya vida es extremadamente baja”. Uno en un mol. Nadie lo sabe. Y si es así, nosotros somos los afortunados. Alguien podría decir: “¿Pero no te parece estadísticamente muy poco probable?”. En realidad, depende de dónde lo mires, porque… supongamos al revés, que hay una probabilidad tan baja que hay solo una civilización afortunada. ¿No estaría acaso esa civilización totalmente sorprendida y haciéndose esta pregunta? Bueno, quizás seamos ella. Esa es una posibilidad.
Hay otras posibilidades que yo creo más probables y esas serían las que yo adheriría ahora: que hay un ritmo natural en las civilizaciones que hace que en algún momento alcanzan una sofisticación tecnológica tan grande que antes de comunicarse con otros mundos, fenecen y se autodestruyen.
El gran filtro.
Eso, creo que la respuesta del gran filtro es lo que a mí me convence más, porque al fin y al cabo hay escalas que toda civilización tendría. Las mismas leyes de la física, y los planetas son todos más o menos del mismo tamaño. Entonces, rápidamente se satura, rápidamente se alcanzan y se agotan los recursos. No hay planetas que son mil veces más grandes que otros —sí, los hay, hay gigantes gaseosos, pero ahí no podés formar una civilización—. Los planetas rocosos donde vos podrías creer que hay vida en zonas de habitabilidad en torno a estrellas lo suficientemente grandes —porque las enanas rojas son más virulentas, tienen mucha actividad—, uno empieza a hacer todo esto, y se da cuenta que probablemente la respuesta sea un gran filtro. Es una desasosegante posibilidad.
El físico italiano Enrico Fermi
Eso te iba a decir: desasosegante. Un bajón.
Sí, un bajón. Pero bueno, el mundo está lleno de bajones [risas]. Y aparte, en todo caso, nuestro deseo no tiene nada que ver. Acá es lo que es, cuál es la verdad. Más allá de lo que queramos.
Contestaste mis dos grandes preguntas. Ahora, a Agujeros negros. ¿En qué momento te atrajeron los agujeros negros?
De chico miraba mucha divulgación en la televisión. Yo nací a principios de los 70, y a finales de los 70, comienzos de los 80, había muchos programas muy interesantes. La televisión en esa época era distinta, los canales de aire —no había cable—tomaban varias horas a la noche, en primetime incluso, de programas de ciencia: La aventura del hombre, Cosmos y un montón de programas que duraron varias temporadas algunos. Y entonces, un poco la televisión, después revistas de divulgación, recortes de diarios, cosas así, lo que yo tenía a mano.
Y de muy chico, antes del colegio secundario, yo quería ser lo que creía que un científico era, porque no sabía muy bien qué era. No tengo parientes científicos, en mi familia son todos médicos. Jugaba mucho con mis juegos de química, durante un tiempo creí que iba a ser químico.
Después en la facultad comencé a estudiar Física y sí, rápidamente cursé la materia de relatividad general y ahí estaban los agujeros negros, aquellos entes de los que había escuchado en la televisión y leído en la Muy Interesante, y de repente se me descubrían un poco más. Había leído libros de relatividad, de divulgación o introductorios que mi madre me había regalado.
En los agujeros negros, todas las nociones físicas —y las más basales, ¿no?, el espacio, el tiempo, la causalidad, la termodinámica también, la mecánica cuántica en relación con los agujeros negros—, todo eso ahí se expresa de manera extrema. Porque son objetos extremos. Entonces, son un laboratorio teórico por excelencia para pensar qué es el espacio, qué es el tiempo, qué es la causalidad y qué peripecias extrañas la mecánica cuántica o la teoría cuántica de campos puede hacer cerca de un objeto como un agujero negro.
Imagen del agujero negro supermasivo Messier 87, tomada por el Event Horizon Telescope
Ahí hay una respuesta a una pregunta que calculo que te habrán hecho, una pregunta que a ningún científico le gusta, pero me siento obligado. ¿Para qué? ¿Para qué estudiar los agujeros negros?
No, pero a mí no me molesta esa pregunta, para nada. De hecho, hasta me gusta que me la hagan porque me gusta responder de manera enfática. Para nada prosaico, para nada tecnológico, para nada que cure las peores enfermedades ni hagan nuestra vida más fácil —si es que la facilidad viene por el lado de las asistencias tecnológicas, los microondas más rápidos o lo que fuere—. Para mí es conocer el universo. El universo en el que vivimos, que es en sí para mí un fin cultural y social también. Solamente por conocimiento, solamente por eso.
Por el placer de conocer, digamos.
Por el placer de conocer, por la necesidad de conocer también. Hay una cosa angustiosa en mirar el cielo y no saber qué hay de aquel lado. Yo creo que, en ese sentido, es interesante. Y eso lo ve uno, lo ve cuando da una charla de divulgación y viene gente que quizá está interesada en estos temas… Vos mismo, vos estudiaste otra cosa y no obstante te obsesionan estos temas. Ahí vemos que esa angustia es una cosa que sentimos todos, todos nosotros. A mí me parece que esa es la verdadera razón.
Habrá otros que dirán: “Uno nunca sabe a qué puede dar lugar tecnológicamente el descubrimiento de teorías que pueden ser a priori abstractas”. Y ya te empiezan a dar ejemplos: “Gracias a la relatividad general funciona el GPS” o cosas por el estilo. Pero la razón por la cual Einstein hizo la relatividad general no fue para hacer GPS, o por si las dudas. A mí me parece que esa necesidad no tiene que estar en la investigación científica.
Como decía Flexner, que fue el fundador del Instituto de Estudios Avanzados de Princeton: es menester que aquel que investiga en física fundamental, en ciencia fundamental, lo haga por investigar en ciencia fundamental y no por las posibles aplicaciones que, como detrito, como resultado, puedan tener esas investigaciones. Como casi si uno descubriese las cosas por accidente. Yo creo que es necesario. Y si algo sale, bienvenido sea. Pero a mí me interesa eso.
Y esta pregunta se le hace al científico, a mí no me molesta que me la hagan pero nunca entiendo por qué no se la harías nunca a un trompetista de jazz o a un pianista.
Es la mejor respuesta que me han dado nunca, creo.
Porque es lo mismo. Es como si al científico se le exigiera, por cierto imaginario disponible que hay ahí, que tenga que mejorar, no sé, que la televisión se vea mejor. O que haya una cura…
Te puedo dar una respuesta un poco más violenta. Dejame jugar un toy model: hay una isla, el mundo es una isla; en esa isla hay 10 personas, por decir un número. Y tenemos que distribuir las profesiones. Los investigadores son 10. Decimos: “A ver, estamos de acuerdo que lo más importante acá es que nos mantengamos vivos, porque si no, no tendría sentido. Así que médicos necesitamos. ¿Por qué no, que la mitad de ellos, cinco de ellos sean, sean médicos?” Y los demás que hagan... está el filósofo, está el músico. Otro dice: “Bueno, pero cinco me parece poco, porque la verdad que la importancia de la vida comparado con la trompetita de este es muy fuerte. Entonces, por qué no en lugar hacemos seis médicos y un filósofo, un trompetista, el pianista y el payaso”. Y uno dice: “Está bien, seis a cuatro”, pero “seis a cuatro igual me parece a mí desproporcionado”, diría alguien, quizá el más derechoso de todos ellos. Y dice: “Yo haría siete-tres, porque como mínimo es eso, ¿no? Siete médicos, o sea, la vida al lado de la trompeta”. Bueno, matemos al payaso o convirtámoslo en médico, que es más o menos lo mismo. Entonces tenemos siete médicos y tenemos… el payaso se fue, tenemos al trompetista, tenemos al filósofo y al no me acuerdo qué. Y seguimos así. En un momento, cuando llegamos a los diez médicos, me pregunto: ¿tiene sentido salvar la vida de esa isla? [risas] Yo creo que está bien que el filósofo esté ahí también.
Eso es algo que me gustó también de tu libro, que vos hacés mucha mención de filósofos. Tenés también otro libro sobre Kant, otro sobre Heidegger. Pero también aparece cultura del lado humanístico, que a mí a veces me parece, no sé si tanto en el mundo de la investigación científica, pero sí en el mundo de la tecnología, que se deja de lado. Que no importa para qué estamos haciendo lo que estamos haciendo, sino que solo importa hacer algo.
Hiciste una distinción interesante ahí, entre el mundo de la tecnología y el mundo de las disciplinas científicas duras. De la investigación científica. Y es distinto, son dos mundos distintos. Yo creo que el de la investigación científica, si bien tiene más tránsito con el de la tecnología, porque la tecnología abreva de los resultados de la ciencia, en cuanto a intereses, en cuanto a comunión acerca del artífice y la motivación de lo que hace, yo creo que la investigación científica y las humanidades tienen mucho más en común que la tecnología. Quizá es un poco prejuicioso lo que estoy diciendo, como todo, pero bueno, me lo estás preguntando a mí. Entonces, yo te contesto desde mis prejuicios también.
En efecto, yo creo que en el mundo de la tecnología hay cierto... no sé si desapego, desinterés o… a veces militancia del desinterés. Porque una cosa es cuando a alguien no le interesa algo y otra cosa es cuando a alguien vos lo ves interesado en enfatizar que aquello es desdeñable, ¿no? Creo que otras formas culturales, otras disciplinas, las humanidades en particular, el arte, la filosofía, la literatura como parte del arte, tienen mucho que decir acerca de cómo ver el mundo, del espacio, de cómo entendemos el espacio, de qué nociones del espacio tuvimos.
Tapa de "Kant y las dimensiones del espacio" de Gastón Giribet
A mí me sorprendió encontrarme con Kant, que yo a Kant lo conozco por el imperativo moral, hablando de esto.
Claro, claro. Uno conoce a Kant o bien por la Crítica de la razón pura, que es su obra más importante, o como decís vos por el imperativo categórico que aparece en Introducción a la metafísica de las costumbres y luego en la, en la Crítica de razón práctica. La ética no teleológica racional de Kant. Y entonces uno dice: “¿Qué tiene que ver este Kant con un Kant que se hacía preguntas a sí mismo sobre por qué el espacio tiene tres dimensiones y no cuatro, cinco o seis? O la especulación sobre la existencia de otros mundos y cosas así. Y bueno, Kant es una persona polifacética que, por un lado uno podría decir: “Esas preguntas las hacía un Kant joven que luego maduró”, pero yo no creo que esa sea la verdadera respuesta. Yo creo que esas preguntas también son importantes y están de alguna forma influenciando en lo que sería luego su filosofía más madura, como la Crítica de la razón pura o incluso la Crítica del juicio y su estética, su teoría estética. Kant era un filósofo natural también. Hay que pensar que el primer autor que Kant menciona en su primer libro es Newton. No es ni Spinoza, ni Aristóteles...
Era una persona interesada en los costados metafísicos de las teorías físicas. Con el tiempo tuvo muchos otros intereses, como bien vos decís: su teoría moral, su teoría estética más adelante, y su teoría del conocimiento, que es la crítica, que es su obra más importante y por lo que lo conocemos. Pero hay que acordarse que escribió la Crítica de la razón pura cuando él tenía 57 años. Había tenido muchos intereses en el medio. Había estudiado terremotos, había estudiado muchas cosas.
Y sin haber salido nunca de Königsberg.
Nunca salió de su ciudad. Viajó unos kilómetros una vez para ser profesor particular, nada más.
En este viaje tuyo por los agujeros negros, para escribir este libro, ¿hubo algo que no sabías o que no tenías tan claro?
Sí, lo que menos sabía y que más ayuda necesité fue la discusión de la física fina de los discos de acreción y la generación de jets [que se forman alrededor de los agujeros negros], que no tienen que ver tanto con la teoría de la relatividad, sino con magnetohidrodinámica, cómo se comportan los fluidos ionizados a muy altas velocidades cerca de un objeto tan gravitante.
Eso es lo que nos permite saber que están ahí, ¿no?
Exactamente. Curiosamente, eso es lo que los delata. La materia que los circunda es la que los delata. Es lo que más estudié, al ser lo que menos sabía. Lo demás lo sabía, pero en su momento me sorprendió.
También me había sorprendido darme cuenta que había filósofos naturales del siglo XVIII que habían ya pensado en los agujeros negros, o encontrarme que en “Eureka”, de Edgar Allan Poe, ya se imagina… o en “Mellon Tatauta”, que ya se imagina un viaje al centro galáctico donde hay un objeto enorme que ni ilumina ni es iluminado.
A mí, que estoy lejos de estos temas, creo que lo que más me sorprendió fue el tema de la materia y la antimateria, y la radiación de Hawking [planteada por Stephen Hawking]… Yo desconocía por completo que las partículas se creaban así.
Sí. Los electrones y los positrones, que son partículas... Los positrones son un nombre para antielectrón; que es un electrón, pero con la carga positiva. Es la misma masa que el electrón, el mismo espín que el electrón, todo igual, menos la carga: en lugar de ser negativa como el electrón, es positiva. Esas son dos partículas que se crean y vos las podés crear a partir de luz, nada más. Dos partículas de luz colisionan, pueden generar un electrón y un positrón de la nada... no de la nada, de la luz. Porque la energía la tenés que dar de alguna manera. Eso sí no se puede violar.
Lo mismo pasa con el agujero negro. El agujero negro, el efecto de radiación de Hawking lo que genera es: cerca de él, el campo gravitacional del agujero negro —ahí no la luz, pero la gravitación del agujero negro— crea un par de partículas-antipartículas. Envía hacia el infinito la partícula y se traga la antipartícula. Pero gastó energía en ese crear. Y ahí se gastó y perdió masa por eso.
No se ha demostrado experimentalmente, porque es muy tenue ese fenómeno. Pero el otro sí se ha demostrado experimentalmente. Crear electrón-positrón a partir de luz, a partir de un campo eléctrico, por ejemplo, que son fotones, eso sí se muestra en experimentos. Algunos diagnósticos por imágenes de medicina funcionan con la creación de positrones. Esos son experimentos que se pueden hacer en una facultad hoy en día. Eso sí pasa, eso se puede medir.
Acelerador de antiprotones del CERN. Crédito: Wikimedia Commons
Esa es otra cosa que no está clara tampoco, ¿no? ¿Por qué no hay tanta antimateria?
Esa es una buena pregunta. ¿Por qué el universo está hecho de materia y la antimateria le tenemos que exigir que aparezca? Nosotros podemos crear antimateria con un experimento, pero si no hacemos el experimento, la antimateria no está. Y para mí esa es una de las respuestas más alucinantes que tenemos: tenemos una teoría muy fuerte para eso, que está relacionado con algo que aparentemente es distinto, que es por qué hay tanta luz en el universo respecto a la materia. Hay mucha más luz que materia, muchas más partículas de luz en el universo que materia. Pero estamos hablando de muchísimos, ¿eh? Más de millones. Entonces, la pregunta es: ¿por qué hay tanta más partícula de luz en el universo que partícula de materia? Es una pregunta que, que dejamos de lado. Y ahora vamos a ver cómo se relaciona con la otra. La otra pregunta, en apariencia inconexa, es por qué hay mucha más materia que antimateria.
¿No hay en ningún lado?
O sea, no se ha observado.
Físicamente, ¿sería posible que hubiera un planeta de antimateria?
Bueno, hay gente que pensaba en esas cosas, pero no pasa. Aparte, si se encontrase un planeta de antimateria con una nube de hidrógeno y materia, las explosiones serían enormes. Y así es como se trata de buscar si no las hay. En realidad, lo que se verían son explosiones de todo tipo.
Lo que creemos que en el universo muy, muy, muy, muy en las primeras fracciones de segundo del universo —estamos hablando de mucho menos que el segundo, muchísimo menos— había una enorme cantidad de materia y una enorme cantidad de antimateria. Casi la misma cantidad de las dos. Y que la materia y la antimateria, hasta donde sabemos, se comportan igualmente, relativamente. Por ejemplo, yo puedo hacer un átomo con un protón y un electrón, pero también puedo hacer un átomo con un antiprotón y un antielectrón, un antihidrógeno. Y se ha hecho en laboratorios. No hay diferencia en cómo la antimateria se relaciona entre sí y cómo la materia se relaciona entre sí, hasta donde hemos visto. Pero creemos que hay una sutil diferencia, aún no medida, pero que la hay, que se llama la violación de CP.
Eso está en el libro… y no lo entendí.
La idea es si yo tengo una gran cantidad de antimateria y una gran cantidad de materia, y hay una pequeña diferencia de cómo se comportan entre ellas, cuando las hacés aniquilarse conjuntamente va a sobrevivir una de ellas. Imaginate dos armadas, una guerra con dos armadas donde casi todos tienen el mismo poder. Sería una guerra muy cruenta, porque todos tienen el mismo poder. Supongamos que de miles de millones de soldados a uno le damos un hacha más de un lado. Lo más probable es que esa guerra termine en una catástrofe total, donde casi todos los soldados de uno murieron y casi todos los soldados del otro murieron, porque tienen el mismo poder, y sobrevivió una sola persona, aquel que tenía el hacha esta, una sola persona. Nosotros lo que creemos es que eso pasó con la materia y la antimateria. Se aniquilaron y solo sobrevivió un soldado, una pequeña porción. Y esa porción es todo lo que vos ves en el universo.
Si esto es así, esto parece una historia que andá a saber si fue así, pero lo interesante es que, a diferencia de la historia del soldado, si esto pasó con la materia y la antimateria…
¿…cuál es la segunda hacha?
Luego de que se mataron todos, emite mucha luz, porque eso es lo que hace la materia cuando se aniquila con la antimateria. Y exactamente en la cantidad en la cual sabemos que la luz sobrepasa la cantidad de materia. Toda la materia que vos ves en el universo sería ese detrito, ese último soldado de una aniquilación extrema entre dos ejércitos. Y toda la luz que vemos en el universo es justamente el smoking gun de esa gran aniquilación, digamos. Por eso hay tantas partículas de luz comparadas con tantas pocas partículas de... Eso es lo que creemos que pasó.
¿Pero no hay una explicación de por qué sobrevivió esa partícula de materia?
Bueno, hay teorías que explican eso. Se llama violación de CP. Es una cosa que estamos buscando y hay conferencias todos los años sobre eso. Se llama el problema CP, que es buscar en efecto, en aceleradores de partículas, ese rasgo que hace que la materia y la antimateria se parecen mucho entre sí, pero no tanto, del todo. Es buscar esa hacha que le sobra a un soldado de uno de los ejércitos. Es muy difícil, son muchos soldados equipados iguales.
La última: ¿cuál es para vos hoy la gran pregunta de la física?
Una es esa.
La del problema de CP.
La razón por la que aún no se esgrime tanto es porque creemos que la vamos a entender. Viste que las preguntas a veces hay como dos grados para ponderarlas, ¿no? Una es cuán acuciante es saberla, pero otra es cuán creíble es que la vamos a saber dentro de poco. Porque cuando vos tenés varias teorías para explicar algo, decís: tengo varias teorías, no sé cuál es la correcta, pero en algún momento sabré cuál es la correcta.
Ahora, hay otros problemas en los cuales ni siquiera tenés una buena teoría para explicarlo. Y ese es el otro problema que voy a mencionar, que es lo que se conoce como el problema de la constante cosmológica o de la energía oscura, que es tratar de entender por qué el universo se expande cada vez más rápido.
Que el universo se expande no hay problema para explicarlo teóricamente. De hecho, se entiende muy bien desde hace más de un siglo. Desde antes de haber sido observada la expansión del universo, ya había una teoría que explicaba que se expandía. Hoy en el almuerzo hablaba con unos amigos que incluso si vos le das una vuelta a la teoría newtoniana, podrías haber explicado eso. El universo se expande, no hay problema. El problema es que se expande cada vez más rápido. La aceleración del universo, que es una cosa que medimos recién en 1997, y que no sabemos qué es aquello que está compeliendo a que se acelere cada vez más.
Le ponemos un nombre a eso, que es energía oscura, porque sabemos que sea lo que sea, no se comporta como la materia, entonces tiene que ser energía. Y como no la hemos visto individualmente, sino por su efecto, entonces la llamamos oscura. Pero no sabemos qué es. Sabemos sus propiedades, porque tiene que tener presión negativa para que el universo se expanda cada vez más rápido. Sabemos que tiene que tener densidad casi constante. Muchas cosas así, pero ninguna sustancia que conozcamos se comporta de esa manera. El universo está inundado de algo, y cuando digo inundado es el 70% de todo lo que existe. Es mucho más que toda la materia que vemos. Es algo que casi no interactúa con nosotros.
Mucho más que la luz que decías que era…
Mucho más que la luz que existe en el universo, mucho más que la materia, mucho más que la materia oscura. La energía oscura no es materia oscura. Es el 70% de todo lo que existe y no sabemos qué es.
Y no hay ninguna teoría.
Hay... cada tanto aparece una teoría que intenta explicar algo, pero siempre es difícil. Es difícil encajar todo. Es poco natural, es, eh... No tenemos una buena teoría para eso.
¿Y tenés confianza, o más que confianza, le tenés fe a la inteligencia artificial para que ayude a resolver este tipo de cosas?
No sé si esos problemas. Sí creo que la inteligencia artificial va a ayudar y está ayudando a resolver otros problemas en física.
Mucho problema matemático se está trabajando.
Salió un resultado de Anthropic, que hay que chequear, pero que Anthropic afirmó que una versión de investigación de Claude le dieron para resolver la hipótesis de Riemann, que es algo sobre la ubicación de los ceros de la función Z, que está relacionado con los números primos. Y es quizá el problema más importante abierto en la matemática. Cualquiera que lo resuelva se va a ganar el podio de los matemáticos más famosos de la historia. Y le dieron a Anthropic, a este prototipo de Claude, resolver la hipótesis de Riemann, que por supuesto no resolvió, pero que avanzó mucho en su mejora. Mejoró mucho una cota que había acerca del porcentaje de ceros de la función de Riemann, que tienen tales propiedades. La llevó de 40% a 60%. Cualquier matemático que lograra eso sería un gran triunfo en su carrera. No sería resolver el problema, ni mucho menos, pero si esta prueba es correcta —hay que someterla a escrutinio, hay que enviar referís que la revisen, son cosas muy técnicas y eso va a demorar— pero si es cierto esto, es escalofriante.
¿No le saca la gracia?
Mirá, es una muy buena pregunta. Le saca la gracia a hacer matemática, quizá. Y algunos físicos dirían: “Si las máquinas pueden descubrir cuál es la ley fundamental de la naturaleza, también le sacarían la gracia a ser físico”. Yo no estoy de acuerdo con eso. Si hay una máquina que es capaz y yo no, y mis colegas tampoco, pero esa máquina es capaz de descubrir cuál es la ley fundamental del universo y la escribe de una manera en la que yo no entienda, para mí es lo mismo. Yo quiero saber cómo funcionan las cosas. No me interesa ser artífice de ese descubrimiento. Ojalá fuera artífice y me llenara de dinero y de fama, pero no es lo que me motiva. A mí lo que me motiva es conocer cómo funcionan las cosas, cómo viene esa respuesta no me importa. Si baja el dios de la montaña, que tiene forma de elefante con cuatro brazos, y me lo cuenta, o alguien hace un sistema de inteligencia artificial y lo logra, está perfecto.
Mi miedo es otro. Mi miedo es que cuando esa respuesta me sea dada, yo no sea capaz de entenderla. Que sea tan compleja, que sea demasiado compleja para la mente humana. Ese es mi miedo más grande, que las leyes de la naturaleza no sean accesibles por nuestro intelecto.
Por Gastón González Napoli
ggnapoli
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