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De punta en blanco

Con Tchaikovsky y Mozart, la Filarmónica de Buenos Aires celebró al Teatro Solís

La principal sala montevideana está cumpliendo 170 años y la orquesta del Teatro Colón se sumó con un concierto impecable.

13.08.2026 17:13

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Por Gastón González Napoli
ggnapoli

Si será viejo el Teatro Solís que sus obras de construcción quedó en pausa por el estallido de la mismísima Guerra Grande.

Desde 1840, con el entonces llamado Estado Oriental del Uruguay cumpliendo su primera década y al filo de convertirse en estado fallido de arranque, ciudadanos montevideanos trabajaban por un “teatro digno para la ciudad”.

Recién se lo pudo inaugurar el 25 de agosto de 1856, un lustro después de la Paz de Octubre, aquella que proclamó que no había ni vencidos ni vencedores. Este teatro de estilo neoclásico era un símbolo del país que Uruguay quería ser —o que Montevideo quería que fuera—. No por nada lo bautizaron con el apellido del marino asesinado por indígenas en las costas de lo que hoy es el departamento de Colonia; el primer europeo en poner pie en esta penillanura suavemente ondulada.

Faltaban años de golpes de Estado, alzamientos en armas y militarismo para que Uruguay hallara algo parecido a una estabilidad. Pero en todo ese tiempo el Solís se mantuvo, creció, floreció, se renovó, y cumple 170 años como uno de los polos de una Montevideo que tiene una vida cultural activa.

En 1856 la inauguración fue con la ópera Ernani, de Giuseppe Verdi, interpretada por la compañía italiana de Vera Lorini. Para sus festejos por el 170 aniversario, invitaron a otro elenco extranjero: ayer se presentó la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, que celebra por su parte 80 años de trayectoria.

Difusio´n Teatro Soli´s / Santiago Bouzas

Difusio´n Teatro Soli´s / Santiago Bouzas

El programa se conformó por el Concierto para violín N°4 de Mozart en la primera parte, con la violinista moldava Tatiana Blava como solista; y la Sinfonía N°5 de Tchaikovsky luego del intermedio. A eso se sumó un dúo de Blava con el chelista José Araújo a modo de bis.

Con Wolfgang Amadeus y Piotr Illich de su lado, era difícil errarle... siempre que la ejecución fuera la que proyectaron los dos  maestros. Y no lo hicieron.

El recital fue de menos a más, en cuanto a volumen y músicos en el escenario. Como lo dice su nombre, el primero fue un concierto para violín, por lo que la franja de sillas para los vientos y percusionistas de la orquesta permaneció vacía. Con un vestido con cola de sirena azul francia y con brillos, Blava contrastaba con todo el elenco del elegante blanco y negro de gala que vestían todos los demás. La atención estaba en ella desde todo punto de vista. 

Sin partitura, de pie junto a la directora Zoe Zeniodi, Blava comandó al Solís, sintiendo la música en los gestos de su cara, el violín una extensión más.

Zeniodi estaba de espaldas al público, claro, como corresponde a una directora de orquesta. Pero esta mujer griega, a la que apodan Miss Dynamite por su histrionismo, le saca todo el jugo que puede a su rol. Es imposible que a uno le pase desapercibido, y esa energía se transmite.

Difusio´n Teatro Soli´s / Santiago Bouzas

Difusio´n Teatro Soli´s / Santiago Bouzas

La quinta sinfonía del ruso, en tanto, fue una explosión, que terminó en un crescendo de esos que erizan la piel trasera del cuello. Las cuerdas son hermosas, sí, pero que nadie jamás olvide el power (ruego se me disculpe por el vocabulario poco distinguido para hablar de música clásica) que dan los metales. ¿Cómo uno termina tocando el fagot o el oboe? Ojalá que sigan apareciendo músicos que encuentren ese camino, porque de otra forma no habrían conseguido llenar los ojos de lágrimas como lo hicieron.

Tan potente fue que en una de las pausas entre movimientos, en las que es tradicional hacer silencio, se dispararon aplausos que algún entendido hizo callar con vergüenza mal colocada: ¿qué más hermoso que un aplauso espontáneo, fuera de lugar pero sincero?

Los festejos del Solísno terminan acá. Continúan, por ejemplo, con la puesta de La casa de Bernarda Alba por la Comedia Nacional. Pero también el viernes 19 será el turno de nuestra Filarmónica para celebrar el cumpleaños de 170. El programa lo integrarán la Isla de los Ceibos de Eduardo Fabini, el Concierto para violín y orquesta en La menor op. 82 de Aleksandr Glazunov, y la tercera sinfonía de Beethoven, conocida como la Eroica.

Las entradas pueden hallarse aquí.

Por Gastón González Napoli
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