La tortuga Morla avanza sin prisa, no se detiene, se mantiene a lo largo del tiempo fiel a su estilo y a sus ideas. Seis jóvenes del instituto José Luis Sampedro en Tres Cantos, Madrid, siguieron sus pasos a finales de los 90. Comenzaron a hacer música de forma independiente y, desde entonces, no pararon. No lo imaginaron, pero se convirtieron en una de las bandas de indie rock en español más escuchadas de los últimos años.

Actualmente se encuentran presentando por Europa y Latinoamérica su último disco, Cable a tierra, que llegó al primer lugar en la lista de ventas de álbumes en España en la primera semana. Son diez canciones que hablan de pertenencia, de folclore, del valor de la comunidad y la reunión familiar de este y del otro lado del océano.

Juan Manuel Latorre es el guitarrista, tecladista y uno de los compositores de Vetusta Morla desde los inicios junto con Guillermo Galván. “Finisterre”, uno de los temas de su autoría del último disco, surgió de forma inesperada, como le sucede con la mayoría: “Como si un animal salvaje te saltara encima y lo tienes que domesticar”, dice. No se imaginó que la canción que creó en la intimidad de su casa, mirando un documental, lo llevaría a una nominación para los Premios Grammy Latinos. Cuenta a LatidoBEAT, entre risas, la historia que lo inspiró.

“Fue entre divertido y trágico, según se mire, porque trataba de los encuentros y convenciones que hacen las personas que creen que la tierra es plana. Entonces, había un chico que siempre estaba ahí, y cuando le preguntan su opinión, dice que no cree mucho en eso, pero que está enamorado de una chica que sí lo cree. Me pareció inspirador el hecho de cómo renunciamos a nuestros principios más básicos y nos metemos donde sea cuando estamos enamorados. Yo pensé que era una canción en tercera persona que hablaba de esta gente, pero me di cuenta de que al final hablaba de mí”, asegura.

Aunque existan “Los días raros” —la canción preferida de  Latorre—, Vetusta Morla lo tiene claro. Sigue adelante con emoción, caminando como la tortuga longeva, pisando cada vez con más fuerza, bailando hasta el apagón.