Durante siglos, Shakespeare fue muchas cosas. Fue genio, mito, industria, excusa académica, mercancía cultural. Rara vez fue un hombre atravesado por una pérdida concreta. De su vida privada quedan rastros administrativos, firmas, contratos, testamentos; pero del dolor, casi nada. Hamnet (2025), la nueva película de Chloé Zhao basada en la celebrada novela de Maggie O’Farrell, se cuela justamente en ese vacío. No para explicar de dónde sale Hamlet (1623) ni para psicoanalizar al autor más canonizado de Occidente, sino para quedarse un rato ahí, donde la historia se queda muda. En lo que no fue escrito.

Ese gesto —elegir el silencio antes que la interpretación— dice mucho de Chloé Zhao y de este momento particular de su filmografía. Después de haber intentado injertar su sensibilidad en el engranaje más industrial del cine contemporáneo a través de MCU con Eternals (2021), que terminó siendo uno de los desvíos más incómodos y fallidos de la franquicia, Hamnet aparece como un regreso al terreno que mejor conoce. El del tiempo suspendido, la espiritualidad, la comunidad y el duelo entendido como experiencia física y colectiva, no como trama. Zhao vuelve a un cine que no empuja el relato, sino que lo deja respirar.

No es casual que el estreno británico de Hamnet, al que LatidoBEAT pudo asistir, haya tenido la forma de un ritual antes que la de una simple premiere. La película fue presentada como la Mayor of London Gala del 69th BFI London Film Festival, en el Royal Festival Hall del Southbank Centre, epicentro simbólico del festival y uno de los espacios más cargados de historia del cine británico. Desde el comienzo quedó claro que no se trataba de una proyección del montón. 

La secuencia de presentaciones funcionó como una demostración de fuerza estratégica que ya empieza a verse en la temporada de premios. Primero, Sam Mendes. Luego, Steven Spielberg (ambos productores de la película), en una aparición sorpresiva que desató una ovación inmediata. Fue Spielberg quien presentó finalmente a Zhao y al elenco, cerrando una cadena simbólica que conectó el cine industrial, el cine de autor y una película que, aun con respaldo institucional, se posiciona desde un lugar íntimo y frágil.

Antes de que la película comenzara, Zhao habló desde el escenario sobre lo que había significado filmar Hamnet en Inglaterra, sobre el sentido de comunidad que encontró durante el rodaje y sobre cómo ese entorno la sostuvo en un momento personal difícil. En ese contexto, dijo: “Hacer una película en esta isla, con este pueblo, me dio una profunda sensación de comunidad y de refugio que no creo haber experimentado antes. Me ayudó a atravesar un momento muy difícil de mi vida y no lo doy por sentado, especialmente en un mundo que se vuelve cada vez más solitario”. 

Acto seguido, propuso algo completamente inusual para una gala de festival: invitó a todo el auditorio a realizar un ejercicio de respiración, a entrar en silencio, a conectar con uno mismo y con el otro, recordando que “todas las emociones son bienvenidas” antes de que comenzara la proyección. Durante varios minutos, el Royal Festival Hall quedó sumido en un silencio absoluto. Lejos de generar incomodidad, el gesto pareció alinear emocionalmente a la sala. Al finalizar la película, ese estado persistía y el público permaneció en sus asientos. Muchos visiblemente conmovidos, algunos en llanto, pero con aplausos inmediatos.

En la película, ambientada en la Inglaterra rural de fines del siglo XVI, seguimos a Agnes (Jessie Buckley) y William Shakespeare (Paul Mescal) mientras intentan sostener la vida familiar en un mundo atravesado por la enfermedad, el trabajo y la precariedad emocional. La muerte de su hijo Hamnet (Noah Jupe) irrumpe en ese equilibrio frágil y marca a la familia de manera irreversible, mientras inspira a Shakespeare a escribir una de sus obras más importantes.

La misma sensibilidad vivida en el BFI atravesó la conversación previa al estreno que tuvo LatidoBEAT con la directora y la protagonista de la película vía Zoom. En la misma, Zhao reflexionó sobre una de las tensiones centrales de Hamnet: narrar una tragedia sabiendo que, con el tiempo, esa herida será transformada en arte.

Su respuesta se apoyó en una pregunta que funcionó como eje del proyecto: “Hace poco leí una frase muy hermosa —creo que era de Gabor Maté— en la que decía algo así: ‘¿Cómo puede un ser humano tener el corazón roto y no estar roto?’

Él hablaba de su familia —que vivió el Holocausto— y de cómo, aun así, hay tanta vida, belleza y resiliencia en el espíritu humano. Esa idea de existir sabiendo que vamos a nacer y morir, amar y perder el amor, de la impermanencia. ¿Cómo tener el corazón roto y no estar roto?

Creo que estoy en una etapa de mitad de la vida, y ya puedo ver el vacío un poco más adelante en el camino. Sabía que tenía que trabajar duro para aprender a sostener esa tensión del ‘ser o no ser’.

El trabajo que hago es una manera de procesar eso, de entenderlo. Para mí, hacer esta película fue una forma de enfrentar esa pregunta existencial, de aprender a convivir con la fragilidad, con la pérdida y con la belleza que existe al mismo tiempo”. 

Lejos de plantear respuestas cerradas, Zhao habló del cine como una herramienta para sostener contradicciones, no para resolverlas. En ese mismo tono se expresó Jessie Buckley al referirse a Agnes, una figura histórica apenas registrada y, precisamente por eso, abierta a múltiples lecturas.

Buckley explicó su forma de acercarse a personajes atravesados por el silencio y la falta de documentación: “Creo que, en realidad, nadie sabe quiénes fueron estas personas. Siempre me acerco a mis personajes —especialmente a las mujeres— con una curiosidad casi obsesiva, como si fueran desconocidas que poco a poco se convierten en amantes.

Hay tanta libertad como una quiera tomarse. Puedes leer libros históricos —yo compré varios, aunque no los abrí—, pero al final sigo mi intuición. Construyo a esta mujer desde mi relación con ella, desde lo que va surgiendo dentro de mí a medida que camino hacia el mundo como ella. Eso se convierte en su tapiz. Y lo único que quiero es que sea lo más humana posible.”

La conversación derivó finalmente hacia el costo emocional detrás de las grandes historias y hacia la idea del arte como transformación. Zhao fue explícita al hablar de sacrificio y de alquimia, conceptos que atraviesan Hamnet de principio a fin y sobre los que aprendió al hacer esta película.

“Muchísimo. Para crear algo nuevo, algo tiene que sacrificarse. Eso es alquimia. Algo tiene que pasar por el fuego, algo tiene que morir para que ocurra la transformación. Esa es la gran paradoja.

Perder el amor, para mí, es una de las experiencias más dolorosas que existen, quizás tan dolorosa como la muerte. Pero hacer esta película fue una prueba del poder alquímico que tenemos para transformar ese dolor en algo más.

No solo para que el mundo lo experimente, sino para una misma. Salí de este proceso —como decía Jessie antes— sintiéndome renacida. Mi relación con el mundo después de perder el amor es distinta. Hay una aceptación de esa nueva versión de mí, entendiendo que el sacrificio también está bien. Eso es exactamente lo que atraviesa Agnes”. 

Desde su estreno mundial en el 52° Telluride Film Festival, Hamnet inició un recorrido firme por la temporada de premios, con presencia destacada en los Globos de Oro, los Critics Choice Awards y una posición sólida de cara a los Oscar, donde acarrea ocho nominaciones incluyendo Mejor Película y donde el trabajo de Buckley aparece señalado como uno de los más fuertes del año. Pero vista en el Royal Festival Hall, en ese estado de respiración compartida y silencio colectivo, la película pareció menos un objeto de competencia que una experiencia.

No una explicación sobre Shakespeare, ni una lectura definitiva de su obra, sino una invitación a quedarse —aunque incomode— en ese espacio previo al arte, donde el dolor todavía no tiene forma y el lenguaje todavía no alcanza. Ahí donde, quizás, empieza todo.

Hamnet se estrenó en Uruguay el pasado 22 de enero y aun continúa en cartelera en salas comerciales y Cinemateca. Podés ver todas las funciones en nuestra cartelera.