El fenómeno de la murga se parece a pocos. Habite el escenario que habite, su gracia no se pierde. La gracia del discurso, de la sátira, de lo cuestionador e irreverente. En pequeños tablados barriales o en un escenario para miles de personas, como el Antel Arena.
Doña Bastarda ocupará esas tablas este martes 18 de agosto, con un show que bautizaron como La Fiesta de Artigas. Camilo Abellá, su director y letrista, explicó en entrevista con LatidoBEAT precisamente cómo es que ese fenómeno no se pierde. Cuáles son las oportunidades que un escenario como el Antel Arena le brinda al espectáculo, qué están organizando, y cuáles son sus expectativas.
Abellá recordó el espíritu de la Bastarda: libertad de opinión y pensamiento como valor inalienable, una que les ha costado censuras de texto y roces con autoridades. Para el director de la murga, eso puede tener connotaciones positivas y negativas. Pero sobre todas las cosas, destacó su deber para conservar esa misión de sus antecesores: "Hubo generaciones que se jugaban realmente la vida, que tenían que camuflar letras, generar metáforas para que no fueran literales y que las entendieran algunos y otros no. En eso se estaban jugando la vida, entonces a nosotros nos queda ser fieles a esa herencia y a nuestro pensamiento libre".
Las entradas para su show el martes 18 se encuentran disponibles y pueden adquirirse aquí.
Siempre estuvo muy presente el diálogo crítico y constante entre la murga y la política. En su caso, han sido particularmente incisivos y han enfrentado censuras de texto. Vos sos el letrista y director de la murga; ¿en dónde ponés el foco a la hora de cuestionar a través de las canciones para que esa esencia no se pierda? ¿Cómo atravesás la exposición en ese sentido?
Nosotros, al no tener ningún tipo de vínculo de dependencia con ninguna institución o sector político, tenemos la gran posibilidad de decir lo que pensamos, lo que sentimos, pero tratamos de ser sumamente responsables. Primero, puertas adentro con las personas que escribimos. Si hay algo que nos hace un poquito de ruido, ya abortamos. Si es algo que nosotros estamos convencidos de que tiene sentido y razón de ser, bueno, también tenemos la capacidad de escuchar a nuestros compañeros y compañeras por si hay algo del texto que les parece que no está bueno. Y también lo amplificamos a nuestras familias, a nuestra gente.
Porque no solo Doña Bastarda, sino cualquier murga. Es un montón de gente que viene de atrás empujando, entonces nosotros primero que nada tenemos que ser fieles a nosotros y representar con mucho respeto al género y a las personas que nos impulsan. Como te digo, con esta suerte de no depender ni no deber nada a nadie. Cuando esas voces con el empuje del público carnavalero se amplifican, hacen ruido. Fue un poco lo que nos ha pasado, y habla bien del género de la murga.
Pasó que en una sesión de Parlamento se habló de un cuplé que estaba sacado de contexto. Y ahí podés hacer una lectura: ¿qué hacen en el Parlamento hablando de una frase de una murga? Y también lo podés pensar positivamente: se ve que lo que decimos puede llegar a oídos de la gente que corta el bacalao. El fenómeno de la murga no lo estamos inventando nosotros, en comparación a otras generaciones no estamos haciendo nada. Hubo generaciones que se jugaban realmente la vida, que tenían que camuflar letras, generar metáforas para que no fueran literales y que las entendieran algunos y otros no. En eso se estaban jugando la vida, entonces a nosotros nos queda ser fieles a esa herencia y a nuestro pensamiento libre.