¿Se puede separar el arte del artista?
Muchas veces sí. Concentrarse en la obra e ignorar la vida privada de su creador podría ser una forma. Pero la pregunta es tan antigua y discutida precisamente por los casos difíciles, y uno de estos es Bob Marley. Un hombre que no pensaba en cómo hacer música, sino en cómo transmitir el mensaje que regía su vida.
Encontró el camino en el reggae, la música de su tierra natal. En una Jamaica totalmente violentada y fraccionada por partidos políticos corruptos, Marley quiso ir más allá. Él no era un hombre de bandos: abogaba por la paz entre ideologías a través de sus conciertos, cosa que incomodaba a muchos y le significó un gran precio a pagar. Pero es en este punto en el cual aparece otra pieza clave para entender a la figura detrás del nombre. La corriente religiosa que lo gestó y le dio significado trascendente a su existencia: el movimiento rastafari.
Desarrollado en los barrios marginales de Kingston en los años treinta, mezclaba corrientes de pensamiento locales con rasgos hinduistas, elementos judeocristianos y fuertes raíces de cultos africanos, llegados al continente americano a través de su pasado esclavista. El rastafari se convirtió en una señal de identidad de gran congregación de la población negra de Jamaica, quienes hablaban de África como una especie de tierra sagrada para ellos. Soñaban con el regreso al hogar de sus ancestros. O como lo afirmaba uno de sus predicadores más importantes, Marcus Garvey: “África para los africanos”.
Esto se volvió a ver a posteriori, con bandas como UB40. Un conjunto de 11 músicos de Birmingham, Inglaterra, que se sintieron cautivados por el reggae. ¿Qué significa el nombre? Viene de la abreviatura de "Unemployment Benefit Form 40". El formulario oficial que el gobierno británico utilizaba para tramitar las prestaciones de desempleo. El reggae suponía desde su esencia la crítica social, un camino que inició Bob Marley y que muchos quisieron retomar.
Sucesos como este eran la antesala, el anuncio de lo que vendría. Y sí, la necesidad de transmitir un mensaje que consideraba imperioso le costó su vida. Hace 45 años y a la edad de 36, elegía procrastinar la atención de su salud para no detener su gira por el continente africano, una gira que significaba pérdidas en términos económicos y que apenas contaba con la infraestructura necesaria para realizarse, pero que le parecía elemental en términos religiosos. A raíz de una patada jugando al fútbol, Marley es diagnosticado con cáncer de piel en 1977. Estaba a tiempo de operarse, pero el cantante no estuvo dispuesto. Este avanzó hasta darle muerte el 11 de mayo de 1981, no sin antes realizar un último acto de evangelización: unir a dos figuras políticas opuestas de su país en medio de un concierto. El primer ministro Michael Manley y el líder de la oposición Edward Seaga se tomaron de las manos mientras sonaba “Jamming” en un concierto de los Marley en 1978. En plena guerra civil política.
¿Puede un músico transformarse en profeta cultural sin proponérselo? Para resumir su vida podrían elegirse muchas de sus propias canciones: “Redemption Songs”, “One Love”, “Jamming”. Cualquiera de estos himnos globalmente famosos te cuentan quién era Bob, porque no tenía ningún filtro. Su necesidad de olvidarse enteramente de sí mismo para difundir una cosmovisión fue la misma que lo puso en el centro de la vida de muchos y le dio su fama. La trascendencia que no buscó, pero que siempre fue parte de él. Y por eso hoy es tan difícil encontrar artistas así. El compromiso con una causa como la primera protagonista de un proyecto no suele ser sinónimo de éxito el día de hoy, en un sistema en el que las métricas y las reproducciones gobiernan plataformas.