Como tantos compatriotas en el último tiempo, aprovechamos para hacerle una visita a nuestros hermanos mayores de Buenos Aires. El tipo de cambio, las ofertas gastronómicas y el ritmo de vida en sí mismo es una conjunción imbatible para escaparse unos días. Viajamos con amigos que, por suerte, nos dieron la manija para animarnos a subir al barco y, si tuviera que dar un consejo, sería simple y claro: si pueden, vengan. Es aterrizar en una ciudad que palpita fuerte, casi con taquicardia. Solo que el gen rioplatense se respira en cada rincón de sus esquinas.

Luego de recorrer infinitos lugares, "vivir la full Argentina experience”, por hablar en términos millenials o centennials —que, de hecho, proliferan por las calles bonaerenses— la noche de domingo nos cruzamos con el amigo Federico Dinamita Pereda, quien cruzó el charco a probar suerte con los mástiles eléctricos de este lado del río. Y, por suerte, le está yendo de la mejor forma posible, es como una ficha que encontró el lugar en el puzzle

Si bien teníamos pasaje para la madrugada, Dinamita insistió, con mucho fervor, que había que quedarse hasta el martes. La razón, muy simple: había ceremonia stone y era imposible perdérsela. Tocaba, nada más ni nada menos, que Bernard Fowler, corista de los británicos desde 1985, con una extensísima carrera musical de todo tipo y color. Por mencionar un detalle, estuvo grabando un disco de tangos en estos días. Y no vamos a seguir enumerando cocardas porque es imposible que no nos falte alguna.