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Corazón de metal

Bárbara Jorcin: “Se perdió el respeto por el tiempo dedicado a ser bueno en algo”

La artista celebra sus 10 años de shows en vivo y habló con Montevideo Portal sobre su proceso musical y su experiencia en Uruguay.

08.08.2026 15:58

Lectura: 15'

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Por Catalina Zabala
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Escuchar Corazón de metal (2024), el último disco de Bárbara Jorcin, es sorprenderse; enfrentarse a un sonido que rompe con la estética que suele perseguir la música uruguaya. Tiene pop, pop rock, jazz, y videos muy producidos con guiños irónicos. Las letras reconocen el dolor, pero un dolor que parece ya curado. Y por eso lo cuenta de manera festiva, descomprimida, desfachatada. 

En entrevista con Montevideo Portal, recordó que ese disco responde a una liberación que atravesó de sus propios prejuicios musicales. Pero tiene tres discos en solitario. Índigo (2018) y Si canto es porque puedo (2021) reflejaban toda su carrera de conservatorio, largos años de formación musical, y sonaban muy distinto a cómo suena hoy. 

También integra la mítica banda Eté & Los Problems, donde aprendió a formar parte de un proyecto grupal de la mano de Ernesto Tabárez. Opinó sobre la industria musical actual y el impacto que tienen las redes sociales en los proyectos artísticos, uno que siente mayormente negativo. Y luego de 10 años de búsqueda en los escenarios, donde considera que está la verdad, prepara un show en la Sala Zitarrosa el 12 de setiembre, que repasará todas sus etapas musicales en solitario. Las entradas se encuentran disponibles y pueden adquirirse aquí

Estás celebrando 10 años de presentaciones en vivo. Luego de esta trayectoria, ¿podrías responder quién es Bárbara?

Es una pregunta que no te sé responder, porque la identidad para mí es una búsqueda constante, como artista y como persona. Creo que tengo claros mis valores pero no así tanto mis deseos ni mi futuro. Estoy aprendiendo a bancar un poco la incertidumbre, eso también como artista es necesario. Sobre todo en este país, donde nunca sabés qué va a pasar. Creo que no tengo mucha respuesta; sí sé decirte que me veo a mí misma como una persona creativa, trabajadora, que le gusta trabajar con gente, y que ama la música más que nada, pero no tengo mucho más que eso.

Tu último álbum, Corazón de metal, salió en 2024 y tiene un sonido muy internacional en comparación a tus discos previos, marcados por tu experiencia en conservatorio. Esta entrega rompe con el típico "sonido gris" uruguayo del que tanto se habla. ¿Cómo lo ves vos?

Sí, puede ser que la influencia de la música internacional haya tenido más que ver en este tercer disco que en los anteriores. Nada fue muy planeado, la verdad. Creo que tuve en 2022 y 2023 un regreso a la música de la adolescencia; al rock, al pop rock, al rock internacional. Yo escuchaba mucho rock alternativo en ese momento, tipo bandas como Blink-182, Green Day. Ese rock siempre me gustó mucho. Fue más por una cuestión superpersonal, de gustos personales, como que volví para ahí. No pensé tanto —porque no pienso así cuando compongo— en qué iba a pasar tanto para fuera. Después resultó ser eso, un disco con un sonido más internacional si se quiere. Pero nada de eso es planeado para mí. Simplemente trato de ser honesta con lo que estoy escuchando en el momento, que para mí eso tiene mucho que ver: qué música estás escuchando y qué estás componiendo. Fue un reflejo de eso que estaba escuchando y de salir un poco del conservatorio e ir a la adolescencia de vuelta.

En varias letras de las canciones, como en “2023”, la primera, hablás de una Bárbara desfachatada que se enfrenta al prejuicio en la música. De ese corazón que se vuelve de metal para protegerse. ¿Cómo lo has vivido en la industria musical uruguaya, que además es una industria chica?

Los prejuicios de los que hablo en el disco son más míos que de gente que me haya dicho algo. Por suerte he tenido siempre un público muy respetuoso que me acompaña en los procesos y que es receptivo a lo que tengo para dar, pero los prejuicios venían más de mi lado. Cuando me metí en la Escuela de Música Contemporánea de Buenos Aires estaba muy enfocada en el jazz, y había mucho prejuicio sobre la música popular o mainstream en oposición a la música académica. Yo me radicalicé mucho en ese momento, entonces también tenía esa idea de "la música que vende es una porquería y lo que hay que estudiar es esto". Tuve un momento en el que lo único que hacía era ir a escuchar jazz a todas las esquinas de Buenos Aires. Pero en un momento me pregunté, "¿Por qué, si yo soy todo?". Yo soy una gurisa de pueblo, nací escuchando rock de los 70 y 80 en mi casa y después bailé cumbia y reguetón toda mi adolescencia. Después me vine para acá y empecé a escuchar más a Queen, a los Beatles, a los Rolling, a los Ramones. Después me metí en la facultad y escuché todo lo académico y más música clásica. No es una crítica a lo que alguien me haya dicho; es mío, contra mí, y para conmigo, digamos. Siempre. A mí lo que me interesa derribar son mis propios prejuicios como música. La verdad es que no he recibido hostilidad, solamente cosas positivas del público.

Mencionás una comparación entre la música más mainstream en oposición a la música de academia. ¿Hoy en día dónde ubicarías tu proyecto? ¿Creés tener lo mejor de los dos mundos?

No sé si lo mejor, ojalá que sí. Creo que conviven todas las músicas que escuché, y está bueno soltar eso de decir, "Ay, qué música de mierda que estoy escuchando". Hay que dejarlo entrar. Me parece que los placeres culposos, el cringe y todo esto solo perjudican a la cultura y a uno mismo. Es muy interesante saber por qué escuchamos la música que escuchamos y qué nos cuenta eso de nosotros mismos. ¿Y cómo lo veo? Sí, ojalá tenga lo mejor de los dos mundos, pero seguro que tengo un poco de todos y no me interesa para nada encasillarme en un género. Yo empecé haciendo Corazón de metal como un disco de rock, y no es un disco de rock, porque hay de todo ahí. Eso me parece interesante y que me representa mucho más que definirme en cuanto a un género.

También estás en Eté & Los Problems, otro mundo que dialoga mucho con el rock nacional más clásico. ¿Cómo es esa experiencia y qué aprendiste de ese mundo?

De todo, es una vida ya. Yo conozco a Ernesto desde hace ocho años, más o menos. Nos encontramos de casualidad en un cumpleaños, él investigó un poco sobre mi música y me invitó. Yo no conocía a Los Problems, la verdad. No conocía "Jordan", no conocía nada. Te estoy hablando de 2017, 2018. Me invitó a tocar el piano en una de las canciones, empecé a escuchar su música y me gustó mucho, más que nada las letras. Estuve dos años como invitada, después en 2020 la banda se reformuló y entré. La experiencia ha sido muy cambiante. Muy transformadora para mí, porque nunca me imaginé en ese lugar. Siempre me imaginé componiendo yo y siendo la líder del proyecto, y no que otro lo fuera.

Para mí fue tremendo aprendizaje. Me enseñó que las cosas no se hacen siempre a mi manera, que las decisiones no las tomo todas yo, sino algunas. Honestamente ha sido bastante más divertido que estar en mi proyecto, porque me encargo de cosas que son mucho más divertidas. En la gestión estoy en una parte, pero no en todo. Es muy divertido tocar con ellos, además nos hemos hecho amigos con el tiempo. Todo lo que era funcionamiento de un equipo grande y de ese profesionalismo para mí fue muy nuevo. Yo era muy solitaria en mi carrera, incluso cuando entré a Los Problems tocaba sola todavía. Entonces ha sido solo aprendizaje, pero hemos pasado mal también, porque eso es lo que tienen las bandas. Sostener un grupo humano es difícil. Pero después de toda esa tormenta empezamos a pasar muy bien, así que estoy muy contenta de estar en Los Problems.

Tu voz destaca, es virtuosa y es una pieza clave de tu proyecto. ¿Creés que eso se perdió en la música actual en Uruguay?

Me van a funar por esto. Creo que lo que se perdió es sentar el culo y estudiar, que para mí es un valor. El virtuosismo y el talento nato no me interesan mucho, porque para mí no vale si no te sentás a estudiar. Yo estudié mucho toda la vida y me gusta mucho hacerlo, me gusta mucho leer, sentarme horas con el instrumento. Creo que con la inmediatez que manejamos, eso no está pasando. Uno sube dos videos y de repente es músico, uno mira un curso en YouTube y de repente es nutricionista, y me parece una locura cómo se perdió el respeto por el tiempo dedicado a ser bueno en eso.

Yo no creo ser virtuosa en realidad. Creo que nací con algunas condiciones como nunca desafinar mucho o tener oído, pero más que nada me senté a estudiar. Mis padres me dieron eso, el tener que ser lo mejor que pudiera estudiando. Entonces creo que sí se perdió eso un poco en mi generación y en generaciones es hacia abajo. La capacidad de sentarte y de no ponerte a mostrar lo que estás haciendo, sino estudiar. Eso para mí es un gran valor. Mi referente número uno en Uruguay te diría que es Leo Maslíah, que obviamente es un genio, pero además estoy segura de que pasa ocho horas todos los días adelante del piano. Eso, para mí, esa disciplina es mucho más admirable que la capacidad con la que él nació. Y otro referente es Rada, que es un estudioso de otra manera. Él mismo te dice que no es un virtuoso ni mucho menos, sino que tiene un estudio y una forma de ver la vida que es estudiando también. Entonces yo valoro mucho eso, el estudio. El virtuosismo no vale nada si vos no le ponés tiempo.

¿Sentís entonces que los proyectos a día de hoy se enfocan más en lo que se muestra hacia afuera por las redes y no tanto en la calidad propia?

Yo creo que sí, por lo menos la música mainstream o lo que quiere la industria. Me parece que es un poco eso, pensar en cosas que sean efectivas, que sean virales, y para mí no hay valor ahí, porque no hay contenido. Pero por otro lado está sucediendo una música increíble, hay artistas increíbles también. Lo que tiene la democratización es eso. Está buenísima por un lado, todo el mundo tiene la oportunidad, pero por otro lado capaz que somos todos músicos y te preguntás: "Pero esta gente de dónde salió? ¿Dónde está ese tiempo que hay que dedicar para hacer esto? Para mí se perdió un poquito el respeto en ese sentido. Estamos en un momento muy yoísta, donde todo es la imagen y demás. Creo que eso ha afectado a la música, pero creo que así como viene se va también. Los que nos quedamos somos los maratonistas, los que bancamos, los que sostenemos. Lo efímero, así como viene se va.

¿Te gustaría formar parte del mainstream desde otro lugar, o preferís proyectos más chicos?

Qué difícil. No sé, porque no sé lo que es esa fama. Acá tampoco existe mucho. Pero esa fama de que no puedas ir al súper, no, no la quisiera. No quisiera ser Tini ni María Becerra, no quisiera porque de verdad me gusta tomar mate en el parque Rodó con mis perras, tranquila. Me gustaría poder vivir de este proyecto únicamente. Yo vivo de la música, pero de muchos kioscos que tengo. En ese sentido sí, me gustaría poder vivir tranquila de mi carrera. Pero la fama por la fama, no, no vale. También me gusta poder meterme en un sótano a escuchar under, porque ahí también está la verdad. En ese sentido, no sé, capaz que lo mejor de los dos mundos me gustaría tenerlo. Pero no creo que haya un valor en la fama, en el mainstream en sí mismo.

En cuanto a estos kioscos que mencionás, también das clases de música. ¿Qué es lo que considerás más importante transmitir a tus alumnos?

La pasión, que la tenés o no la tenés. Yo trato de transmitir esa pasión que a mí me da la música, lo que a mí me ha transformado como persona y como ser que existe en este mundo. Y lo otro es el estudio; algunos alumnos caen a clase pensando que les va a salir más fácil y no, con un instrumento se sufre bastante. Es una vida muy solitaria la de estudiar un instrumento. Tocar con el resto después está buenísimo, pero aprender un pasaje, una partitura, aprender un idioma nuevo como es la música, es una cosa muy difícil y muy solitaria. Eso para mí es lo más importante de transmitir, la pasión y la disciplina. El poner tiempo de vida en aprender, que para mí está tremendo. Si yo puedo transmitir eso me importa mucho más que tener un alumno virtuoso o no virtuoso.

¿Los alumnos llegan a vos con esa pasión o esas ganas de esforzarse y estudiar, o sentís que se está perdiendo?

No, cada vez me llegan más alumnos en los que a mí me interesa más invertir tiempo, y viceversa también. Alumnos que llegan porque sos Bárbara Jorcin y alumnos que yo tomo porque veo algo en ellos, eso es lo que más me gusta. Invertir mi tiempo y todo lo que he estudiado en alguien que tenga pasión. Yo creo que cuando vos te mostrás así también eso se te devuelve. Antes sí me pasaba que venían alumnos que como hacían yoga o cerámica, hacían piano. Y yo decía, "¿Cómo les transmito que esto para mí es mi vida?" Que no quiero que vengan acá a probar una más de las cosas que hay para hacer, por lo menos no son las clases que yo doy. Pero eso también se gana con tiempo, hace 10 años que doy clase. Ahora tengo la posibilidad de elegir un poco más a mis alumnos, y sobre todo en eso, en qué voy a invertir.

Hace poco hablaste críticamente en tu cuenta de Instagram sobre tener que entretener en redes para mostrar tu proyecto. Sin embargo sos muy presente en ellas, ¿cómo trabajás tus cuentas?

Sí, me gustaría estar menos presente, pero ahí es donde lo millennial se me nota. Yo vivo peleada con eso, la verdad. No lo descifré todavía. Hay días donde me gusta mucho mostrar lo cotidiano, sobre todo porque genera un intercambio interesante con la gente y una cercanía que capaz no podés tener con el público. Al público es mucho más lo que uno da que lo que recibe a nivel de palabras, de interacción real. Entonces me gusta eso de las redes. A veces me siento una idiota total, a veces borro lo que subí. Pero sí, me gusta estar en comunicación, me gusta Instagram específicamente porque es bastante selectivo. Es menos violento que otras redes, que no me gusta nada eso.

Para TikTok considero que estoy vieja, no entiendo nada, no me copa. Entonces trato de respetar lo que a mí me gusta con las redes y lo que a mí me sirve. También terminó siendo una parte del negocio, cómo uno se muestra. Los artistas tenemos que hacer eso también, vendernos por ahí. Pero bueno, en general trato de estar en paz. Hay veces que me abruma, me borro la aplicación y me borro todo, y paso una semana leyendo sin el celular y soy totalmente feliz, pero todavía sigue siendo una contradicción para mí. Lo que creo que sí es difícil es generar público orgánico. A mí no me interesa mucho la cantidad de seguidores por la cantidad, sino que vos puedas realmente interactuar con el público. Pero sirve mucho, es tremenda herramienta para comunicar.

Destacás mucho esa primera presentación en vivo. ¿Qué cambió después de ese día?

Yo pensaba que era mucho más fácil, y lo que cambió fue que me bajó de una cachetada a la realidad. Fueron cinco personas a mi primer show, y yo pensé que iba a haber 5.000. La vida me dijo, "No, amiga, no, sos como todos". Todos tenemos que remarla de abajo, y en Uruguay ser artista es una maratón. Llega el que aguanta, el que puede sostener. ¿Qué me enseñó? Mucho de la realidad. Yo estaba en una nube, creía que las cosas eran diferentes, más fáciles. Primero eso, que ayuda a bajarte un poco el ego. Tenés que trabajar, muchísimo. No sirve solo el talento ni el tiempo, tienen que pasar muchas cosas. Enseñanza, aprendizaje, fue todo aprendizaje, y he sufrido mucho también. He sufrido mucho con esta carrera, mucho. Pero increíblemente siempre sigo acá, así que vale la pena.

Por Catalina Zabala
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