Violeta, rosado, rojo, naranja, amarillo, verde, azul. La fachada del Antel Arena se parece a un arcoiris, los colores la rodean, viajan sobre ella, la cubren. El edificio colorido contrasta con el cielo oscuro y despejado. De a poco, el estadio, que hoy —como otras varias veces— será un escenario, comienza a llenarse. Aparecen los brillos, el metal en la ropa; aparecen las remeras que, este 20 de mayo, reivindican a las personas asesinadas, torturadas y desaparecidas durante la dictadura cívico-militar. Aparecen las personas que, al menos por esta noche, comparten algo: las ganas de Babasónicos.
La última vez que la banda argentina tocó en Uruguay fue el pasado 1º de abril de 2022. La banda aún no había lanzado Trinchera, su último disco, que salió 27 días después.
Son las 21:27 y las pantallas del escenario se apagan. El público comienza a chiflar. La expectativa llega a su cúspide y la adrenalina también. Desde el campo candente se vislumbra a los primeros en aparecer mientras suena una música new age, los músicos: Carca, Diego Rodríguez, Diego Tuñón, Diego Panza Castellano y Tuta Torres. Con los primeros acordes de “Mimos son mimos”, Adrián Dárgelos resurge como si estuviera bajo tierra, como si fuera a comer al público. Los gritos son inevitables.
“¿Qué quieren de mí?”, pregunta Dárgelos. Hace cinco minutos la banda dejó el escenario y se despidió, pero el público no los deja ir. Chiflidos y aplausos retumban por todos los rincones del Antel Arena, sin parar. Hasta que por fin aparecen, para hacer el tan aclamado y evidente bis. Ahora sí, la banda viaja al pasado —con “Como eran las cosas”, “Putita”, e “Irresponsables”—, pero sin retroceder. Diez discos, 29 canciones, casi dos horas de show, este 20 de mayo Babasónicos demostró su vigencia, fue cómplice de un público sediento, y se hizo responsable.