Augusto Gramón: el músico que se inspira en la canción popular uruguaya y la frontera
Lanzó cuatro singles como adelanto de su primer disco y se presenta con banda completa el 27 de agosto en la Sala Ducón.
Por Gerónimo Pose | @geronimo.pose
A Augusto se lo puede ver caminando por las calles de Cordón, Parque Rodó, Ciudad Vieja y el Centro, siempre con una guitarra que le baila en la espalda con pulso tranquilo, o que se le arrastra como un caracol. Recuerdo preguntarle una noche, vigilados por la luna brillante de las tres de la madrugada mientras los tambores retumbaban por la calle Yaro, por qué andaba con el instrumento a esa hora tan impertinente. Él respondió: "Por las dudas", como si la guitarra no fuera simplemente una extensión de su cuerpo, sino también un arma. Una herramienta con la que ejerce un oficio que no tiene horario para marcar tarjeta, ni preocupaciones externas, ni mucho menos un jefe que le ande atrás exigiendo resultados.
Sus primeros cuatro singles fueron bien recibidos. Principalmente "Cordón", una canción con raíces estrictas del candombe sobre la que Mateo y el Príncipe parecen aletear todo el tiempo como gurús de la música popular uruguaya. Ostenta un estribillo por demás pegadizo al que Gramón no le escapa: lo usa a su favor, y es una de sus principales canciones a la hora de tocar en vivo. Ese mismo conjunto de versos con el que recibe al oyente al apretar play habilita un ida y vuelta con el público muy interesante, que se vuelve casi lúdico.
El próximo 10 de setiembre verá la luz el disco completo, editado por el sello Perro Andaluz. Un disco en el que el paso del tiempo y las reflexiones cotidianas se dan de frente con la nostalgia y la tristeza, a la vez que se marean en el vértigo de una esperanza generalizada. Este choque de sentimientos rodea todo el álbum, resignificando todas esas emociones hasta alcanzar nuevos territorios, otras formas de entender las mismas, otras formas de entender y acercarse a la canción.
Mientras los singles siguen caminando por las plataformas digitales y el disco aún no ve la luz en su totalidad, Augusto Gramón se presenta el jueves 27 de agosto en la Sala Ducón, en formato banda, acompañado por Juanma Cayota, Julieta Tamarasso y Martín Iglesias. Las entradas se pueden adquirir por WhatsApp a través del 098 016 834.
¿Cómo te estás sintiendo con la salida de los singles y el recibimiento que están teniendo?
Estoy contento, pero sigue siendo un sube y baja. El proceso del disco fue así y el lanzamiento también, un poco por la presión típica de sacar música. Pero lo que yo quiero es esto, quiero dedicarme a la música hace años. En la adolescencia decidí que iba a seguir haciendo canciones, empecé a hacerlas y a la gente le empezó a gustar.
Me cambió mucho encontrarme con Sebastián [Ulivi] en el Parque Rodó. Fue en 2020, plena pandemia, diciembre más o menos. Nos juntamos a guitarrear con un amigo mío, Diego, y se acerca un pibe fumando un pucho y pregunta si podía escuchar. Nos ponemos a charlar y le digo: "Vos sos Seba". Yo lo conocía porque unas semanas antes había subido "Desilusión", el primer tema de La otra cara (2020) —yo tenía 16 años y era medio stalker profesional, más en pandemia—. Él estaba esperando para dar una clase de guitarra ahí mismo, en el Parque Rodó, y nos preguntó si teníamos canciones. Le mostramos una cada uno. Él nos mostró "Niña", que después salió en su primer disco, mucho más rockera; ahí, en vivo, la tocaba arpegiada. Sebastián tenía tres años más que yo, 19 contra mis 16, y cantó como una estrella. Me acuerdo que había unos obreros a 30 metros que lo aplaudieron.
Ahí empezó la amistad con él.
El Seba es una máquina para eso. De una nos propuso juntarnos, nos contactamos por Instagram, y así fue. En ese momento yo no socializaba mucho, era muy inseguro, pero mi seguridad era la música. Y bueno, apareció alguien con mucha data que se le notaba y me ofreció juntarnos. Cuando nos vimos, hicimos un ping-pong de canciones. Él elogió mucho la primera que le mostré, que era "Marchando por Florida" —es la única canción que tengo subida a SoundCloud, la primera que subí en mi vida, la grabé para poder registrarme en Agadu—.
Foto: Belén Betancor
Grabaron en conjunto la canción "Gol", ¿la hicieron juntos o a la distancia? Porque él está en España ahora.
Que él participara en "Gol" fue improvisado. Cayó un día en que estábamos acá en Montevideo y grabamos. Fue significativo, aunque no es una canción que hayamos hecho juntos. Hay otra que sí tiene letra de él, la hicimos a distancia cuando ya estaba en España, pero es inédita, no está en el disco. Lo simbólico es otra cosa: en esa primera juntada larga, al final me dijo "bueno, ya te considero un amigo", y me preguntó cuántas canciones tenía. Le dije que tenía 50. Me dijo "son discos, boludo". Fue el primero que me impulsó a hacer un disco, y eso no estaba ni en mi cabeza.
Escuchando los singles, pensaba en "Cordón", que es una canción que venís tocando en vivo hace ya un tiempo. ¿Te costaba sentarte a grabar ese conjunto de canciones y armar un disco?
"Cordón" la compuse en 2024 y la vengo tocando desde entonces. También sigo tocando otras más viejas del disco: "Caminar lento" y "Raras", que son de las más viejas. Me parece que "Raras" es de 2022 y es una que ha estado muy fija en el repertorio.
¿Y qué te llevó a demorar tanto en grabarlas? ¿Es esa misma presión de la que hablabas?
Sí, hay un tema ahí. Toda la vida fui superexigente y bastante autosaboteador. Mucha inseguridad, pero a la vez tenía la necesidad de dar esos primeros pasos con mucha exigencia. Pasaron muchos años sin tener un disco. Seba fue el primero en decírmelo, pero después me empecé a rodear de más gente: estuvo el colectivo Cerezas Cremosas, éramos un montón. Estaba Feli Costa, Los Ilhabela, Charlie. Siempre hubo una gran exigencia con la canción. De hecho, los primeros bocetos de disco que tuve tenían canciones que ni toco ahora, y varias de las que sí quedaron las abandoné por un tiempo.
Foto: Belén Betancor
¿Por qué las retomaste para el disco?
Cuando fuimos a grabar elegí 15 canciones de mi repertorio. Al principio la idea era hacer tres EPs de cinco canciones cada uno. Es una idea rara, pero lo gracioso es que el Guti (Niño Gutierre) hizo lo mismo, solo que lo esparció en años. Nosotros íbamos a laburar uno, después otro, después otro, en el mismo año. En el momento no lo pensé, pero es bastante parecido a esa trilogía del Guti. El que nos sacó de esa idea fue mi viejo: me dijo que "Cordón" y "Gran misterio" tenían que salir de una. Ahí ves un poco en qué cuna me crié, mi viejo diciéndome desde siempre: "Lo mejor que puedas dar, dalo al principio". Y esos dos son quizás los temas que más calan en la gente, los más sólidos.
Durante el proceso de grabación tenían una suerte de jornadas maratónicas, se juntaban tres veces por semana para componer y grabar. Contame cómo fue vivir todo eso.
Con Martín Iglesias hablamos de producir juntos a mediados de 2024. Yo le hago el ofrecimiento, en parte porque Seba se iba a ir. Los dos somos muy desorganizados y el Tincho es todo lo contrario, la cúspide del orden y el cumplimiento. En setiembre de 2024 tenía que hacer unas maquetas de las canciones, cuando ni siquiera existía el proyecto de los EPs. Yo en ese momento me había separado, estaba en conflicto con la facultad, con varias cosas encima, y no le mandaba las maquetas.
Pasó fin de año, Seba fue a tocar a La Serena en el Festival de la Canción y nos invitó a mí, a Bruno Schaffner y al Chino Fernández —que es el guitarrista actual del Guti; de hecho el Chino y el Guti se conocieron por Seba, es como una constante que tiene de unir a la gente—. Ese viaje fue un momento muy intenso, conocí a mucha gente. Tocar mis canciones ahí y que gustaran fue un momento de crecimiento. Dejé la facultad a fines del semestre anterior al Festival de la Canción para hacer mi primer toque con banda, con Luca Pedretti, Adriel Franzanti en batería y Gastón Velázquez en bajo. En ese verano 2024-2025 me llené de confianza, fue un momento de mucha autoestima y seguridad.
Ahí le dije al Tincho y arrancamos en marzo del año pasado. Le iba mandando maquetas de guitarra y voz, a veces me colgaba más, a veces menos, pero se fue armando. El resto lo laburamos juntos, todo el año, tres veces por semana. Primero maqueteábamos: buscamos una biblioteca de baterías de candombe y ajustábamos el tempo para generar intenciones en cada tema. Muchos arreglos de guitarra y coros de esas maquetas caseras terminaron quedando en el corte final.
Fue un proceso de mucho estrés para mí. El Tincho fue fundamental, se puso el proyecto al hombro. El disco es de los dos, aunque figure mi nombre porque las canciones las haya hecho yo. Y en el marco de esa amistad también estuvieron nuestros conflictos, porque somos personas muy distintas: no solo en la manera de laburar, sino en la estética. Porque son dos cabezas distintas y dos personas que piensan la música de maneras y formas distintas. Cuando armás un disco, de la nada tenés todas las posibilidades del mundo, y a veces no sabés bien lo que buscás.
Foto: Belén Betancor
También tenés que aprender a ceder un montón de cosas.
Totalmente. Por ejemplo, grabando los coros de "Lejos de acá" —un tema que en el estribillo dice "yo la quería, la quería mucho", y a mí me joden con que los títulos de mis canciones no son claros, que tienen que repetir algo que digo en el estribillo—. Ahí quise intervenir mucho porque en mis primeros grupos siempre encaré el rol de líder, y eso fue conflictivo. Yo también me autosaboteaba. Hago psicoanálisis desde los 15 años, y eso aparece constantemente. Fue un proceso de entender el rol de cada uno entre el Tincho y yo. Yo tiraba ideas, rebuscaba mucho —me acuerdo con Estilo Difuso, mi segundo grupo, coral y acústico, probando coros durante media hora—, y estuve muy acostumbrado a que la gente con la que me rodeaba me diera ese lugar de liderazgo, sin buscarlo del todo. Teníamos discusiones, pero siempre charlando, y al otro día nos tomábamos una birra igual.
Respiran todo el tiempo las influencias de la música popular uruguaya en este conjunto de canciones, pero tenías la intención de hacer una "nueva canción popular uruguaya". ¿Cómo fue esa búsqueda? ¿Qué encontraste en esa premisa?
Últimamente vengo reflexionando sobre lo artístico y los marcos que uno se genera. Lo de la nueva canción popular uruguaya no vino antes, vino después, viendo lo que estaba haciendo. Hay un paralelismo con la posmilonga ahí: no es que alguien dijo "vamos a hacer posmilonga" y después la sacó. Hacer una nueva canción popular uruguaya es un fenómeno natural, no le encontré mejor nombre. Sigue siendo canción popular uruguaya, y mucha gente la escucha y dice "esto es uruguayo". A veces me gusta que me lo digan, aunque también pienso "yo que sé" o "che, le robé un par de acordes a Jaime Roos, le sumé un par de tambores". Pero me fascina la identidad de un lugar.
En 2024, cursando la Licenciatura en Composición en la Facultad de Artes, tuve que hacer una investigación para Metodología de la Investigación y elegí trabajar canciones montevideanas: qué las hace montevideanas, qué tienen de identidad. No es poner un ritmo de marcha camión y ya. Hay algo que se construyó después de los 60, un conflicto por hacer algo genuinamente uruguayo, y me imagino que en la poesía y la literatura pasó lo mismo. Pero también hay algo de la poesía que termina pasando en la canción: si decís algo honesto de tu realidad, terminás transmitiendo algo de tu lugar. Para mí hay algo de Montevideo que es indecible. Ahí aparece "el gran misterio", un concepto que charlaba mucho, que en realidad viene de "la cosa", una idea que trajo el Chino Fernández charlando en La Serena. "La cosa" es eso que está entre nosotros y nunca vamos a poder decir, que nos conecta con todas las personas. Alguna gente le dice Dios a "la cosa", pero en verdad es eso que escapa de las palabras y que persigue el arte. La música tiene un grado de abstracción muy potente para rozarla.
Foto: Belén Betancor
¿Qué canciones montevideanas encontraste?
Recogí varias del documental Hit (2008), que reúne cinco grandes canciones de la música uruguaya: "Río de los pájaros pintados" de Aníbal Sampayo, "Príncipe azul", "Brindis por Pierrot", "A redoblar"... siempre me olvido de la quinta. En esa entrevista entrevistan al Enano de la Vela y a Emiliano de No Te Va Gustar. A partir de esas canciones empecé a asociar a la gente con los lugares, era un marco teórico más que la investigación en sí, pero ahí llegué a una lógica de la nostalgia.
Te voy a llevar para otro lado, porque me interesó mucho esto de la identidad y quiero que me cuentes sobre tus raíces fronterizas.
Mi madre nació en Montevideo, pero toda su familia materna es de Rivera. Mi abuela se vino a Montevideo escapando un poco de su familia, y mi madre hizo algo parecido a los 12 años, cuando se fue a vivir con sus abuelos en Rivera. Ahí pasó gran parte de su adolescencia. Del lado de mi padre, mi abuelo murió cuando él tenía cinco años y a la familia de ese abuelo tampoco la conozco tanto, aunque sé que había gente en Mercedes. Así que gran parte de la familia que sí conozco viene de Rivera. Mi viejo nació en Santana do Livramento, de muy chicos se fueron a vivir al campo, a La Paz, y después volvieron a Rivera, a una casa en Florencio Sánchez.
Desde bebé iba a Rivera —lloraba todo el viaje—, y era algo constante: cada vacación de escuela o de jardín, gran parte del verano, íbamos para allá porque había que aprovechar los pasajes. Mi abuela tenía una casa en un barrio muy comunitario, calles de adoquines, caminabas dos cuadras y estaba el campo. Eso me marcó mucho, hasta me sentía un poco brasilero.
De todos esos veranos, de esa historia familiar, ¿qué sentís que se filtró en tu manera de componer y de ver la música?
Muy buena pregunta. En un momento me puse a escribir sobre el disco para encontrar el título, entonces arranqué a desglosarlo. Arranqué preguntando "¿quién es Augusto Gramón?", primero en tercera persona, después en primera. En ese texto llegué a que lo que me dio Rivera fue un sentimiento de comunidad que es lo que tienen los pueblos o ciudades del interior, algo más de barrio que en Cordón Norte —donde jugaba a la pelota afuera con la gente, pero era más individualista, porque seguía siendo bastante céntrico—. Siento que esa sensación de comunidad, más periférica, es lo que me conecta con todos los barrios de Montevideo.
Foto: Belén Betancor
¿Ese aprendizaje de lo comunitario en Rivera te ayudó a comprender también los barrios periféricos de Montevideo?
Sí, siento que sí. La primera pareja de mi viejo después de separarse de mi vieja, cuando yo tenía cinco años, vivía en Colón con sus tres hijos. Íbamos mucho para ahí, era 2010, el Mundial y todo. Escuchaba "Chiquillada" (de El Sabalero) a los seis años, y cada vez que la escucho me acuerdo de jugar en un campito frente a esa casa en Colón. Hay un paralelismo con la casa de mi abuela en Rivera.
Cuando estabas escribiendo ese texto sobre qué era el disco, sobre quién eras vos, ¿qué descubriste que no sabías que estaba ahí?
Muy buena, no sabría qué responderte. Creo que es algo que ya tenía en mente, pero me gustó darme cuenta de que lo que aparece siempre es la nostalgia. Tuve una infancia medio conflictuada: después de que se separaron mis viejos me enojaba mucho, tenía problemas de ira, una angustia contenida que explotaba. Cuando mi viejo me veía así, me llevaba a caminar. Eso me marcó mucho: caminatas por 18 de Julio, desde donde vivía él en el Centro hasta el Parque Batlle. Mi vieja siempre me dice que me llevó a un montón de lados y que yo no me acuerdo de nada, porque ella me llevaba mucho a museos. Pero algo que sí anoté fue cuando fuimos a la estación de AFE abandonada, en tren, una especie de expedición. Eso lo recuerdo siempre, hablo mucho de trenes en el disco, y del caminar. Por eso en "Cordón" digo: "Qué lindo caminar, en los años de atrás".
Estoy orgulloso de haber podido transmitir esa nostalgia: cuando charlaba de esto le decía "la saudade montevideana", ahí está la herencia fronteriza. Esa energía está en Montevideo, desde la adolescencia que lo siento. Hay algo quieto, mantenido en el tiempo, por eso pega tanto escuchar artistas viejos. Mateo es de las personas con las que más sentí eso.
Portada "Cordón", Augusto Gramón
¿Y qué sentís que tiene la nostalgia?
Para mí la nostalgia es el sentimiento más profundo que sentí con la música, con las canciones. Mateo era un maestro en transmitir una nostalgia de una época que no viví. Lo mismo con Sofía Álvez. Después el Guti, que se diferencia porque plantea otra cara de la sociedad, más indie, más actual, más rota, más punk de alguna forma, por decirlo así. Sofía Álvez me lleva a algo más hippie, como Mateo, aunque para mí Mateo se acerca más a lo que transmitían los poetas de Montevideo, la generación del 45 juntándose en un café de la Plaza Independencia. Todo eso está en el aire, esa intelectualidad poética. En Montevideo hay algo. Y hay una responsabilidad grande en esta generación de seguir transmitiendo eso, aunque todo se plastifique cada vez más: los edificios viejos siguen ahí, solo hay que mirar un poco para arriba. Por eso "Caminar lento" dice "me gusta caminar lento, casi por el Cordón, me gusta caminar lento y también me gusta sentir la canción... me gusta poner la frente en alto y ver los edificios, admirar sus proyecciones, cómo los pinta el sol". Ahí estaba medio "spinettoso" pero es eso, poner la frente en alto y ver la belleza que hay alrededor.
Muchas veces me preguntaron qué leí, por mis letras. Nunca fui un gran lector, pero hay un texto que me marcó mucho y que condensa todo esto: Ariel (1900) de Rodó. Mis dos viejos son abogados, siempre estuvieron cerca de esa intelectualidad montevideana. Montevideo tiene esa mística antigua, una mística gris, mantenida en el tiempo. Cordón Norte lo tiene mucho, las facultades que hay a su alrededor. El otro día pensaba en el monumento de Vaz Ferreira y Einstein que se lo robaron, mi viejo lo amaba y me hablaba de ellos. Ariel lo leí a los 15, 16 años, no entendí nada, pero me quedaron varias cosas: esa idea del sentimiento de la belleza, el querer está inspirado la necesidad de construir una identidad propia de acá. Después me enteré de que Rodó estaba en un círculo medio purista. Pero lo que más rescato es esa tristeza que tiene Montevideo y esa necesidad de construcción de identidad. No leí mucha poesía pero siento que los poetas y escritores montevideanos rescatan mucho esa belleza y tristeza natural que hay acá. Hay algo también de romantizar la melancolía.
Tocas el 27 de agosto en la Sala Ducón.
No es la presentación del disco, pero sí es la primera vez que tocamos en formato banda, cuarteto. Yo toqué mucho solo, con la guitarra, y eso también quisimos plasmarlo en el disco: generar una identidad sola y sumarle una banda porque las canciones se lo merecen, sin abandonar esa base. Por eso "Raras", por ejemplo —un tema bastante popero, el de estética más indie del disco—, arranca solo con la guitarra. Al principio hay unas voces que grabamos justo el día de mi cumpleaños, un coro multitudinario, ambiente de mucha gente hablando, y de ahí entro yo solo con la guitarra. Después se suma la banda, como bajando el disco a tierra. Por eso también llamé al Chino y al Guti para las voces, ellos cantan una estrofa, porque son los maestros de la guitarreada: Uno de Treinta y Tres y el otro de Tacuarembó. Porque recuerdo mucho las juntadas con ellos, cantando una de Darnauchans o una de Los Redondos.
Portada "Gol", Augusto Gramón
Entonces esta presentación es formato banda, pero no la presentación oficial del disco: es una excusa para una juntada previa a la salida del mismo, el 10 de setiembre.
Exactamente, es una pieza más de la manija. Por algo sacamos cuatro sencillos, con una lógica de poder mostrar buena parte de las 10 canciones antes de la salida. Yo me perseguía un poco al principio porque pensaba que capaz era un poco largo. Quiero que se escuche. Aunque también lo del disco es una excusa para que las canciones estén en la vuelta y que cada uno escuche las canciones que más le gusten. Lo del 27 es una fecha importante, es la previa manija, en formato cuarteto, y las versiones en vivo van a ser únicas, no son lo mismo que va a estar ahí en el disco.
¿Y cuando presentas el disco?
Va a ser el 7 de noviembre en El Chamuyo, con la banda completa: Juanma, Juli, Fede, Tincho, Tomi, Maia, Mechi, Manu y yo. Nueve personas, vamos a ver cómo hacemos para entrar en el escenario.
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