Por Sofía Durand Fernández
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El soporte de micrófono, en esta ocasión, está decorado. Distintos tonos e intensidades de rosado, formas apiladas: una montaña de senos. La autoría es de Andrea Echeverri, integrante de la banda colombiana Aterciopelados. En el pelo lleva cuerdas colgantes del mismo color y en su pecho dos rostros de muñecas bebés.
Su Tiny Desk se publicó en los 30 años de La Pipa de la Paz, álbum consagratorio de la agrupación no solo por contar con hits como "No necesito" o "Baracunata", sino también porque posicionaron a Echeverri como una figura feminista. A su vez, lograron la primera nominación al Grammy de un grupo de rock colombiano. Grabaron un MTV Unplugged que nunca se publicó a raíz de problemas contractuales.
En Genes Rebeldes, el dúo dinámico compuesto por Echeverri y Héctor Buitrago continúa la línea de su trayectoria: abogando por la identidad, la resistencia y en contra de imposiciones sociales como la hipersexualización femenina. A su vez, Echeverri escribe sobre el diagnóstico de cáncer de mama que recibió en 2024, particularmente "La Teta Pirata", que según ella es un himno a la resiliencia.
Aterciopelados se presentará este 28 de abril en la Sala del Museo. Las entradas se pueden adquirir aquí.
En su Tiny Desk cantan “El estuche”, de 1998, que habla de la corporalidad. En Genes Rebeldes retoman esto, sobre todo a raíz de lo que te pasó en el plano personal, Andrea. ¿Cómo ha ido variando para ustedes la relación que tienen con el cuerpo y la visión de la relación que la sociedad tiene con el cuerpo?
Andrea Echeverri (A.E.): Sí, yo he escrito muchas canciones sobre el cuerpo. Cuando mi hija era adolescente, ahora tiene 23, me empezó a decir, “mami, ¿por qué no escribes más canciones de ese tema?”. Porque todas las chicas estamos afectadas de una u otra manera. Creo que en todos los discos escribo algo al respecto porque es muy fuerte. En todos los discos hay "canciones de defensa personal", así las llamo yo. Hay un estereotipo y una cosa así de la mujer objeto que ahora lo relacionan con el feminismo porque dicen que son dueñas de su cuerpo y su sexualidad y pues yo no les creo mucho. Entonces sigo escribiendo desde mi experiencia personal, que va variando porque me voy volviendo más vieja, más gorda, más arrugada, más de todo.
Tal vez escuchaste esa que se llama “Mamíferas”, que es chistosa. Es en honor a todas las comidas y a las bebidas que disfruto. Y por ello estoy más gorda. También hicimos un proyecto que se llamó “Ovarios Calvarios”, y eran canciones específicas contra la violación. Todas están relacionadas con el cuerpo y critican el estereotipo y la hipersexualización.
Un ejemplo de Genes Rebeldes es “Ruana versus bikini”. Pero no es una postura atacando a la otra, sino viendo los puntos flojos de cada una.
A.E.: En esa canción lo interesante es que hay crítica, pero también como que estamos en las mismas. Estamos tratando de gustarle a alguien, ¿no? De tener audiencia. Creo que digo que las dos somos estrellas del micrófono y de la lentejuela. Critico, pero también sé que es un arma y, pues, quien la quiera usar, que la use.
En Genes Rebeldes, Andrea hace un recorrido por ciertos pasajes de su vida. ¿Cómo fue mezclar el proceso creativo con la experiencia personal?
Héctor Buitrago (H.B.): Últimamente cada uno hace sus canciones y luego las miramos en conjunto, vemos qué nos une en ciertas canciones, cuáles son las temáticas, también musicalmente, qué aportes podemos dar a las canciones del otro. Esta vez fue igual. Las canciones de Andrea las está produciendo el guitarrista que está tocando con nosotros, que se llama Leonardo Castiblanco. Yo produje las otras. Encontramos en el nombre “Genes Rebeldes” un hilo conductor para el disco. Siempre tratamos de encontrar un nombre que por lo menos las agrupe. Esta vez es Genes Rebeldes porque ya estamos en estos 30 años que estamos celebrando con La Pipa de la Paz, esa bandera de ser alternativos e independientes. Creo que seguimos siendo genes rebeldes. La mitad de las canciones son suyas y la otra mitad mía. No tengo ninguna canción que tenga que ver con lo femenino, he escrito canciones sobre lo femenino también, pero esta vez no.
Foto: Vanessa Castillo
Cuando salió La Pipa de la Paz, ahora que está cumpliendo 30 años, hicieron un MTV Unplugged que nunca se publicó. ¿El Tiny Desk fue una especie de reivindicación?
A.E.: En ese MTV el repertorio era casi todo de La Pipa de la Paz, entonces la disquera resolvió que iba a ser competencia para el disco.
H.B.: En este momento el formato Tiny Desk de alguna manera es equivalente a lo que pasaba con el MTV Unplugged. Yo siento que, guardando las proporciones y los formatos, tiene mucho que ver con lo que pasaba en ese momento con el MTV Unplugged e incluso es más global lo que sucede con el Tiny Desk. Puede ser que sea un momento de reivindicación por lo que no pasó con ese disco por cuestiones de permisos y temas legales entre las disqueras y MTV.
Andrea, vos además de tu música, hacés artes plásticas. ¿Cómo se conjugan esos dos mundos en el momento creativo en el que estás ahora?
A.E.: En Genes Rebeldes metimos cerámica. Entonces hay varios videos que son con cerámica, como en las canciones “Perú” y “Eterno”. En general, todo el material que ponía el VJ mientras tocábamos tenía que ver con cerámica y con mi taller. Lo que trato es de seguir y mezclar música y cerámica. Entonces, por ejemplo, en la canción nueva que se llama “La Teta Pirata”, hay tetas de cerámica y hay textiles que hice de mujeres llorando. Mi idea es esa, seguir tratando de mezclar música, cerámica y lo que se atraviese.
¿Cómo se vinculan entre ustedes después de tantos años y ahora también saliendo a dar su show y viajando por diferentes lados? ¿Cómo se mantiene después de tanto tiempo?
A.E.: Bien, sobre todo de viaje nos va bien, somos amigos. Nosotros por allá en el 89 fuimos novios, pero no más. Después la gente sigue pensando que somos pareja. Del 2010 al 2014 nos separamos, tuvimos nuestra pelea. Cada uno se dedicó a su proyecto solista y desde 2014 que nos volvimos a juntar. Todo ha fluido bonito. Y hay una canción que nos describe que se llama “Dúo Dinámico”. Somos muy diferentes, pero de alguna manera nos complementamos y las cosas funcionan.
¿Qué les gusta más? ¿Crear en conjunto en el estudio o salir y tocar esas canciones que ya crearon por diferentes países?
A.E.: Son placeres diferentes, porque uno es más controlado y estás buscando perfección, que todo esté en su lugar. En cambio, los shows son otra cosa. Es más de la presencia, la energía, de lograr comunicar. Entonces ahí estás sin el policía de la perfección.
Ustedes son muy importantes para el rock en Latinoamérica. ¿En qué momento sienten que está el rock hoy en día en Latinoamérica? ¿Es un buen momento? ¿Es un mal momento?
H.B.: Yo creo que está en un buen momento. La música está en un buen momento porque ya se pasó de un mainstream muy desagradable, muy hipersexualizado. Ya se pasó esa época y ahora estamos en una en donde ya vuelve a brillar lo creativo, lo diferente, lo alternativo, lo nuevo, aunque puede que no sea mainstream, pero ya se empieza a ver de nuevo cómo se refresca la escena musical con nuevas cosas, nuevos artistas, nuevos géneros también. Yo no lo llamaría rock, pero digamos que todas las variaciones del rock están bien.
A.E.: Yo no sería tan optimista.
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