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Música
Taracá, taracá

Ante la duda, bailá con Jorge Drexler: así presentó su último disco en el Antel Arena

El cancionista radicado en España nutrió sus canciones de candombe… o al candombe de sus canciones.

08.06.2026 03:31

Lectura: 7'

2026-06-08T03:31:00-03:00
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Por Gastón González Napoli
ggnapoli

Si me hubieran dicho, lector, lectora, que iba a ser conminado —así como lo lee, conminado— por una coespectadora a bailar hasta abajo durante un show de Jorge Drexler, habría pensado que el oráculo me estaba tomando el pelo. ¿Drexler el de “Mi casa está en la frontera”? ¿El de “Horas/Colgados como dos computadoras”? ¿El que agarró “Yo perreo sola” de Bad Bunny y la hizo milonga? ¿Con lo que la privó, justamente, del perreo?

Y sin embargo...

Entrando en el segmento final de su show de anoche en el Antel Arena, segunda de dos fechas de presentación de Taracá, Drexler y su banda interpretaron “Ante la duda, baila”: un destaque de ese disco que editó en marzo, el decimotercero de su obra. Es una canción sin estrofas, solo un estribillo en el que es difícil no moverse, intercalado con un repaso histórico de distintas ocasiones en las que en el mundo hispanohablante se prohibió bailar diferentes tipos de música.

Él iba leyendo ese texto en hojas de papel que llevaba en la mano, mientras cruzaba entre la gente de regreso al escenario principal desde uno secundario ubicado junto a la entrada.

La zarabanda en la Madrid de 1766: “Seis años remando en galeras/ por mover las caderas”. Estribillo. Baile. Por más que el campo del Antel Arena tuviera sillas, lo que limitaba el espacio para bailar.

A principios del siglo XX el papa Pío X prohibió que se bailara tango en ambientes católicos. “Lo consideraba una danza procaz e impura/ por mover la cintura”. Estribillo. Baile.

Lejos había quedado el inicio del recital, cuando una chica en la fila frente a este periodista se paró y las personas ubicadas detrás le pidieron que se sentara. Una versión más respetuosa, pero no por eso menos tensa, del famoso “¡abajo!” que se oye en los estadios.

Para este momento, ya con más de dos horas de concierto encima, el que seguía sentado era un contra.

En 1995, en Puerto Rico en los años 90 se permitió a la Policía incautar casetes de reggaetón por considerarlo vulgar por su contenido sexual. “Pero ahora se baila en todo el mundo”, rio Drexler mientras leía, “sin el más mínimo disimulo”. “Así que a mover ese...”, e hizo una pausa, para que cada uno rellenara la palabra siguiente en su cabeza. Como en aquella canción de niños, la de los mosquitos que picaban con, también, “gran disimulo”.

Pero luego, con el Antel Arena totalmente a oscuras, Drexler terminó la rima: “A mover ese culo”.

La palabra apareció en pantalla, sola en blanco sobre negro, toda una transgresión para un dandy como es este cancionista y otorrinolaringólogo de 61 años, elegantemente vestido de remera negra y pantalón gris de vestir.

Javier Noceti

Javier Noceti

Bad Bunny habrá dicho que “ahora todos quieren ser latinos/ pero les falta sazón”, pero en los estribillos de “Ante la duda, baila” se notó que por lo menos a España algo de sazón les llega. Por algo Drexler se pudo armar una banda con el grueso de integrantes de la Madre Patria y sonar así. Por algo pudo justificar llamar a mover ese culo.

Fue ahí cuando la mujer a mi lado, a quien no conocía, me dijo: “Ahora hasta abajo”. Y después, como una orden: “¡Más abajo!”.

En realidad, el momento es sorprendente si uno no le viniese prestando atención a la evolución musical del mayor de los hermanos Drexler.

Javier Noceti

Javier Noceti

En el imaginario colectivo tal vez siga asociado a canciones amables de guitarra acústica, a “Todo se transforma” y “Al otro lado del río”. Tampoco estaría errado: sigue siendo eso en buena medida. Tomemos “Asilo”, de Salvavidas de hielo (2017), con la voz increíble de la chilena Mon Laferte a dueto con la de Jorge (aunque la guitarra que los acompaña como único instrumento es eléctrica); o “Te llevo tatuada”, ambas de este último Taracá. Pero, por lo menos desde Bailar en la cueva (2014), Drexler ha incorporado el baile como fundamento. Más todavía en este último disco, que es básicamente un disco de candombe.  

También lo fue este show de presentación. “Toco madera”, “¿Cómo se ama?”, “¿Hay alguien AI?”, los tres de Taracá, oficiaron de apertura y trajeron la clave del candombe de arranque. Siguió presente hasta en reversiones de temas viejos, como “Transporte” o “Polvo de estrellas”.

Ni que hablar cuando Drexler invitó a subir al Lobo Núñez y su tambor con lunares para revisitar “Bienvenida” de su debut discográfico (La luz que sabe robar, 1992) y “Tamborero”, de Sea (2000). O cuando se fue al escenario secundario para juntarse con la Rueda de Candombe y cantar los dos temas que grabó con ellos en Taracá (“Tambor chico” y “¿Qué será que es?”), además de tres covers: “Una canción a Montevideo” de Mauricio Ubal, “Lagartombe” con Pitufo Lombardo y “Tengo un candombe para Gardel” de Rada.

No fue lo único. Cantó “Te llevo tatuada” (que en la versión de estudio es con la portorriqueña Young Miko) a guitarras y voces mano a mano con Flor Gamba, una de las dos integrantes uruguayas de la banda. Un momento tan íntimo, por la iluminación y por cómo se pararon enfrentados, que hasta daba cosa cantar.

Javier Noceti

Javier Noceti

Invitó a la Falta y Resto —de la que dijo que siempre estuvo diciendo lo que había que decir— para hacer “Las palabras”, el tema final de Taracá (comentario al margen: envidiable la cabellera del inoxidable Flaco Castro).

Cantó “Guitarra y vos” en solitario en el escenario B, con una consola en la mano en la que iba tocando botones y activando sonidos para acompañarse.

Cantó “Al otro lado del río” a capela, utilizando a la gente como un instrumento.

Invitó a Facundo Balta para hacer “La edad del cielo” (Balta, para variar, la rompió) y a Américo Young, cantante de plena ex Los Negroni que fue muy aplaudido, para hacer “Los puentes”.

Javier Noceti

Javier Noceti

No solo le dio espacio bajo los focos a Flor Gamba. Hizo una despojadísima “Soledad” a dos voces con su muy joven contrabajista española Alejandra López (que también la rompió) y le hizo lugar al flamenco con la madrileña Myriam Latrece haciendo las veces de cantaora en “Cuando cantaba Morente”.

A esa última canción la introdujo con una anécdota de la primera vez que teloneó a Sabina en España, porque Drexler también hizo gala de su carisma al interactuar con el público. Como si le faltaran talentos, además es un tipo gracioso.

En una de esas oportunidades contó que su primer disco vendió solo 33 copias. Hoy, con 17 Grammy Latinos y un Óscar bajo el brazo, con las canciones de Taracá ya acumulando millones de reproducciones en Spotify, Drexler se da el lujo de dejar sus hits para los bises del show —“Me haces bien”, “Todo se transforma”, “Sea”— sin que la gente se ponga nerviosa. Dijo que 31 de los que compraron aquella edición de 1992 eran familiares y amigos suyos, que solo hubo dos desconocidos a los que convenció con su música. Pero convencés a dos, explicó, y al tiempo puede que te encuentres llenando dos Antel Arena. O mandando a dos Antel Arena a mover el culo.

Por Gastón González Napoli
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