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Andrés Varela: “No todas las historias valen la pena ser relatadas”

El director conversó con LatidoBEAT sobre "Instinto", un documental que elige a la compañía alemana de teatro Thikwa como protagonista.

27.05.2026 16:35

Lectura: 21'

2026-05-27T16:35:00-03:00
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Por Catalina Zabala
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Andrés Varela lleva 20 años haciendo películas, pero cambió el rumbo de sus producciones hace poco tiempo. Mundialito (2010), Maracaná (2014), Sangre de campeones (2018). Por esos años, el foco estaba en lo masivo. En la identidad cultural que se comparte. Pero hoy, dice que las historias que le atraen están en la normalidad de cualquier esquina. Como expresó en entrevista con LatidoBEAT, cree que las historias ya no las cuentan solo los ganadores, sino el ciudadano promedio. 

Para el caso concreto de Instinto (2026), película documental que está presentando actualmente, quiso contar una historia de la manera más neutral posible. El foco está en la compañía de teatro Thikwa, de Alemania, que trabaja con un elenco de actrices con discapacidades. Para el documental, a las intérpretes se les pidió que eligieran una nueva obra de teatro para representar, de tal forma que su proceso creativo fuera retratado por las cámaras de Varela.

En medio, surgieron dilemas morales, debates públicos y cuestiones que las interrogan directamente: instinto maternal, inclusión, aborto, sexualidad. Es a través de la producción de Instinto que dan a conocer sus respectivas posturas, mientras se da en simultáneo un diálogo constante entre el cine y el teatro como disciplinas creativas. La película se estrena en cines este jueves 28 de mayo y las entradas pueden adquirirse aquí

Foto: Javier Noceti

Foto: Javier Noceti

¿Cómo decidiste que querías enfocarte en una temática de inclusión?

El disparador fue la historia, mucho más que el tema de la inclusión o lo que había atrás de la historia de estas chicas. La historia creativa del equipo que ellas constituyen, que tiene que ver con todo un espacio que tienen formado en Berlín, que es una gran usina creativa donde además de teatro hay música, artes plásticas, y es un motor de creación para todo en la compañía. Yo me encontré con ella casi por accidente, porque estaba rodando una serie documental sobre el águila del Graf Spee. El codirector, Carlos Morelli, que vive en Berlín, tenía una compañera que era productora de Thikwa, que es la compañía de la que surgen estas chicas.

En un momento determinado, en el medio de los rodajes, nos fuimos a ver un espectáculo de ellas que en aquel momento era una locura, como ocho Angelas Merkel que combatían en una cosa de barro y hablaban de la sociedad y lo que les pasaba como mujeres. En Latinoamérica nos pasa que hay leyes que se mantienen sin ejecución, pero siguen estando presentes. Y en Alemania sucede lo mismo, por ejemplo con la esterilización forzada. Abordaban ese tipo de temas, y cuando fui a ver el espectáculo me asombró muchísimo la capacidad que tienen de traslación en el público, la energía que manejan. Parecía el paradigma de la inclusión, porque no es la condición de la discapacidad un motivo para que el público asista. De hecho, la compañía logra increíblemente ganar la gran mayoría de los premios del teatro tradicional. En Berlín hoy es una compañía súper destacada por el proceso de creación que tiene y la historia de cada una de ellas, que es increíble.

Cuando fui y vi esta pieza con Carlos nos reunimos con toda la compañía, y les propusimos hacer un abordaje de investigación. Iniciamos con ellas una cuestión observacional. Nosotros acompañábamos el proceso creativo, y les propusimos inmediatamente que generaran algo absolutamente nuevo, que no fuera algo que ya tuvieran preparado, y que esta vez fuera con la finalidad de montar una sinergia para realizar un documental. Se decidieron por una obra que habla de maternidad, de aborto, pero también habla de sexualidad, que dentro del universo de la discapacidad es un tabú, y en nuestra sociedad aún mucho más. Ellos tienen cierto desarrollo a nivel teórico y práctico de todo lo que sucede con la inclusión que nosotros todavía no tenemos. Todo aquello parecía el universo ideal para empezar a filmar y a profundizar, y empezamos a tomar ciertas decisiones para justamente no contar la historia particular de cada una de ellas, o hacer entrevistas uno a uno, sino más bien que fuera observacional y que como protagonista siempre estuviera el colectivo.

La idea era que el público fuera desarrollando una relación con los personajes a partir de lo que veía en la acción del colectivo, alejándonos también siempre de esa cuestión como académica y en algún punto pseudointelectual de querer teorizar o evangelizar sobre un tema desde el cual nosotros mismos éramos terriblemente ignorantes. Yo generacionalmente pertenezco a una educación muy perimida además, no solo en el aspecto de la inclusión, sino en el aspecto de la identidad sexual, por ejemplo. Lo que sucede con los jóvenes hoy, la diversidad. Para nosotros es toda una construcción que tenemos que abordar ahora, no era algo que trajéramos como las nuevas generaciones, que están en un proceso social que está totalmente incorporado. Entonces para nosotros era fundamental también meternos en el tema desde ese lugar, tener una distancia, no tener una incidencia directa, no marcar el tema de la obra que iban a construir, que el proceso creativo fuera auténtico de ellas en todo su proceso.

Encontramos que necesitábamos un arco potente a la hora de construir esta película. Y ese arco era que este proyecto estaba, pero que íbamos a llevarlo a un lugar donde nada estuviera preparado para ellas. Donde la situación de confort que tenían en Alemania, como país desarrollado, no fuera la misma. Ahí les propusimos llevar la pieza a Uruguay, a un teatro que fuera totalmente diferente y que no estuviera preparado para la dinámica que tenían ni para su forma de construir dramaturgia, y era el Teatro Solís, que a nivel de símbolo, de imagen, constituye todos esos pilares de una cultura tradicional, por más de que hoy en día la comedia tenga aspectos mucho más contemporáneos.

Llevarlas a ellas de una punta del mundo a la otra era todo un tema, desde el momento en que se bajaron en el aeropuerto tuvieron problemas para existir simplemente. Esa fue un poco la premisa inicial, proponer un viaje. Un gran desafío y que la mochila estuviera cargada de ese espectáculo, esa información y esa forma de ser que tenían, que era única, porque era a través del humor. Un humor corrosivo, provocador, y que surgió de ellas. Entonces no queríamos meter mano en eso, intervenir en esa situación, y a la vez eso nos provocó querer también armar una película que justamente evadiera todos esos ángulos. Ese documental observacional permanentemente distante y lento, una mirada paternalista sobre los personajes. Quisimos permitirnos que ese ritmo y esa dinámica del humor y de la cuestión de la acción estuviera presente, esa fue la premisa inicial.

Foto: Javier Noceti

Foto: Javier Noceti

La película termina abarcando muchos temas que generan polémica, desde la inclusión en sí hasta el aborto. Al querer contar la historia sin posicionarse en ninguna dirección, ¿cómo hicieron para mantenerse al margen desde lo creativo? ¿Sabían desde un inicio que estos temas iban a aparecer?

Sabíamos que iba a pasar algo en cuanto a la elección que ellas hacían de los temas en general y cómo los abordaban. Estábamos expectantes a que ellas abrieran la cancha a un juego mucho más intenso, y sabíamos que no nos iba a decepcionar. Tocaban temas muy complicados y sobre todo a día de hoy, con lo que está pasando en el mundo, ellas hablaban directamente de los nazis, los traían a la actualidad y lo asociaban directamente al partido de extrema derecha de Alemania. Hoy en día hay una crisis muy importante allá, porque están subiendo su presupuesto en armamento, por ejemplo, pero en el 2021 la derecha tenía casi el 28% de las votaciones. Esa enorme cantidad de dinero que va al armamento lo va a manejar la extrema derecha, por ejemplo.

Entonces hay una conexión y un atrevimiento de abordar su historia reciente con un desparpajo grande, porque todavía están esos grandes intocables, y en Alemania ni que hablar. Hay gente que todavía piensa que el Holocausto no existió, por ejemplo. Entonces meterse en esos ámbitos no es sencillo, y ellas sin embargo se tomaron ese lugar. Si bien no lo esperábamos, sabíamos que iban a pasar un límite. De alguna manera siempre la propuesta de ellas es pasar ese límite. Después, de nuestro lado, siempre es muy difícil neutralizar o no ser subjetivo en lo que uno cuenta. Cuando te metés en una isla de montaje vos podés contar de un mismo material 10, 20 historias diferentes, y ahí siempre está tu mano y la editorial que vos traés. Te mentiría si te dijera que trabajamos al margen de eso, porque siempre estás vos. De alguna manera en esa construcción, por más distante que sea, siempre estás vos.

En este proceso creo que fue fundamental esto que te digo, el reconocimiento de que generacionalmente somos muy ignorantes. Tenemos una ignorancia grande porque no nos prepararon para este mundo. Yo tengo 51 años, y siento que en mi juventud o en mi formación no viví en una dinámica que me preparara para un mundo donde iban a suceder las cosas que suceden a tal velocidad. Esta cuestión de que no sabés distinguir los límites entre la tolerancia y lo políticamente correcto, o las falsas posiciones que hay frente a los temas. Lo que hay que decir ahora, lo correcto, no es lo que era correcto antes. Pero ahora estar del lado de lo correcto también es tener poco análisis, poca profundidad.

Hay una represión también a la hora de cuestionar eso que es políticamente correcto, que existe no solamente con el tema de la maternidad y con el aborto, existe con el feminismo, con la masculinidad. Hay todo un montón de cosas que ahora no se pueden decir tampoco, como antes no se podían decir otras. Tratamos también de liberarnos, y yo creo que son esas modificaciones las que provocan este tipo de trabajos. Tratar de sacarte de encima todas esas estructuras y recibir, dar y provocar también el respeto a lo que te dan. Tratar de provocar al público e invitarlo a algo único. Yo he transitado por cosas mucho más masivas como Maracaná, Mundialito, cosas futboleras y populares del Uruguay que siempre eran a sala llena.

Maracaná lo estrenamos para 12.000 personas en un estadio, entonces vos empezás a tener una forma de hacer que está relacionada a eso. Y de repente vas a jugar a una cancha que no tiene nada que ver, que es mucho más íntima, mucho más particular en el trato de los temas, que el espectador se acerca de otra manera. Lleno de prejuicios, además, porque se dice que el documental es aburrido, lento. ¿Cómo hacés para transpolar un montón de cosas y cambiar tu forma de ser, para llegarle a ese público con algo que tenga la especificidad de ser atractivo para vos? Yo te estoy proponiendo algo que tiene un diferencial, no es una historia de autopercepción intelectual en la cual yo uso los dineros públicos para crecer como ser humano. Es un desafío muy grande no ponerme en un pedestal, sobre todo cuando se trata de temas tan delicados. Acá hay algo que sucede, esta es una historia maravillosa de un colectivo creativo artístico que logra esto, piensan esto y además viven así. Esa es la historia.

"Instinto" (2026), Andrés Varela

¿Tuviste que cambiar mucho tu manera de trabajar respecto a proyectos anteriores?

Sí, un montón, porque aparte tengo oficio. Llevo 20 años haciendo cosas, entonces todo eso que puede ser positivo se transforma en algo negativo, reaccionás directamente, es normal. Es como en las relaciones que duran mucho tiempo, ya tenés mecanismos de reacción que son naturales a vos y no están buenos muchos de ellos. Son cosas aprendidas que ya son cíclicas y que las repetís. Y en una isla pasa lo mismo, en el montaje pasa igual. Este personaje lo hago hablar acá, lo combino con este, hago tal dinámica y lo transpolo de esta manera. Y de repente estás en un nudo que no te sirve para nada. Acá la escucha tuvo que ser mucho más grande, y tener el gesto de humildad también de que si estás abordando temas diferentes, pasar por un proceso de aprendizaje diferente. Interior y exterior en cuanto a la utilización de las herramientas audiovisuales que tenés para contar.

Te has dedicado mucho al documental. ¿Qué cosas de la vida te disparan interés como para encontrar historias que valga la pena contar?

Qué pregunta difícil, en mi caso uno de los peores defectos que encuentro en todo el proceso que he hecho en mi vida de mi carrera, es que encuentro historias en todos lados. Y al tiempo me doy cuenta de que es mentira, que en realidad, con un mínimo proceso de profundización en lo que hago, me doy cuenta de que no todas son historias que valen la pena ser relatadas. Sí capaz que valen la pena ser vividas, pero ahí es cuando tenés esa frontera entre lo que realmente es necesario o no para cada uno ser contado o no. Yo creo que en ese sentido es donde está el cambio más grande, donde empieza a intervenir esto que te digo, que es como una estructuración del trabajo absolutamente diferente al anterior. Y en las historias, hoy en día, si vos me pedís que te identifique qué historias me gustaría contar, creo que son mucho más íntimas, mucho más personales, donde yo me expongo de alguna manera como creador mucho más. Donde cuento cosas personales mucho más directas en la forma de proponer, y me atrevo a exhibirme de otra manera, porque en definitiva soy yo el que está montando eso.

No tengo limitantes en cuanto a cómo me muestro hacia afuera en las cosas que hago, y creo que eso me hace elegir historias que tienen un arco determinado, capaz que en la microhistoria y en los pequeños detalles que se van relacionando entre los protagonistas y lo que va sucediendo. Me interesa mucho más que provocarte un acto emocional que te va a durar hasta que lleguen los créditos, sino que capaz que te dejo otras cosas que tienen que ver con vos y no conmigo. No me permito educarte, sino que te hago preguntas para que te las lleves vos y las incorpores o no, según lo que sos vos y no para que pienses lo que pienso yo. En ese sentido eso ha marcado mucho cómo selecciono esas historias, me pasó en la anterior. El niño que sueña (2025) también es la historia de un hombre que tiene un ACV y termina encerrado en su estudio en Bretaña durante meses, pierde la palabra. Un enorme artista francés tratando de encontrar su último gran espectáculo. Una historia súper íntima, pero ahí tenías toda una confrontación del ser humano frente a su vida, a su existencia, y qué significa estar acá, pasar este tramo que nos toca pasar por acá, qué es eso. Creo que desde ese lugar es donde me paro hoy como para entender o percibir que hay algo que quiero contar.

"Instinto" (2026), Andrés Varela

¿Sentís que en proyectos anteriores contaste historias que hoy no considerás relevantes?

Cada proyecto tiene que ver con el momento de la vida en el que estás y qué es lo que querés para vos, entonces en ese momento me parecía súper importante. Lo que te provoca cada proyecto que hacés modifica en ese momento de tu vida en el que estás. Cuando estrenamos Maracaná en el estadio tuvimos al público ensimismado durante hora y media interviniendo la pantalla como si fuera tragedia griega. Los tipos gritaban un gol de los años 50, y eso te pega en la cara directamente. Te sorprendés de lo que sos capaz de generar, porque la historia ahora no solo la escriben los libros, la escribe el cine. El documental tiene una incidencia enorme, dentro de muchos años vos vas a ser el archivo que va a contar esas historias.

Por otro lado, las historias ahora ya no solamente las cuentan los ganadores, la cuenta el ciudadano promedio. Las historias a veces también se encuentran en gente que tiene una vida promedio, incluso creo que las historias más interesantes están ahí, en la gente que no es héroe ni antihéroe, que no son modélicos. No te voy a decir cuáles, pero sí creo que hemos hecho algunas cosas que me las podría haber ahorrado hoy, pero creo que todo ese camino, como en todas las cosas de la vida, son las que hacen que vos seas eso hoy. En ese sentido tampoco las reniego, pero sí por momentos era más por la dopamina de hacer. Pero tenés que preguntarte por qué hacés lo que hacés, si te preocupa ser un autor de nicho y hacer un estreno reducido. En Uruguay, el mercado tan reducido te hace correr un riesgo, ya sabés que tu camino es mucho más fuerte a nivel internacional y en festivales y premios que con tu propia gente. Nosotros antes estábamos vinculados solo con nuestro mercado, sabíamos que lo dominábamos, que lo manejábamos y que la gente estaba. Pero cuando entrás en estos temas sabés que estás jugando a otra cosa, entonces creo que ahí hay una gran diferencia.

¿Te parece que el mundo del documental intenta, a través de este sensacionalismo que describís, competir con la ficción para ganarse la atención del público?

Pasó algo muy raro con el documental cuando apareció esta bola de las plataformas, que es bastante reciente, porque tiene unos 10- 15 años. Agarraron músculo y todo pasa por ellas, y el documental tiene una incidencia muy fuerte. Cualquier plataforma que ves tiene un porcentaje enorme de documentales. Muchos televisivos, con un esquema que no tiene una dramaturgia cinematográfica, pero hay como una forma, un género que se empezó a instalar poco a poco. La ficción empieza a tomar cosas de ahí, entonces empieza a existir el docuficción, las ficciones amparadas también en esa cuestión del registro de archivo y que juegan con la verdad, con la realidad. Entonces la ficción tiene como ese coqueteo con el documental.

Los documentales de plataformas tienen recreaciones, traen a la ficción, y la ficción a su vez trae al documental, como hacía Woody Allen en su obra. Igualmente, para los fondos nacionales y eso, la ficción ocupa lugares que el documental no. La ficción sigue siendo reina. De hecho la gente en general te pregunta si estás haciendo una película o un documental, y en realidad películas son todas. Y pasa en la consciencia de los propios fondos, que consideran que el documental se hace con muy poco dinero, o muchísimo menos que la ficción. Pero en un documental podés gastar lo mismo que en una ficción. Yo vengo del teatro, hice una carrera de ficción porque vengo de ahí. Y cuando llego al documental lo que me sucede es que me encuentro con historias que yo no podría escribir. El documental a mí me dio una verdad, un acceso a la vida de las personas que la ficción no me proporcionaba. Me la daba el teatro; cuando interpretaba a otras personas o cuando dirigía a actores me metía en situaciones, en mil vidas, mientras yo vivía la única que me tocó. El documental te da un acceso libre a otras realidades de forma profunda, y eso a la vez te va modificando a vos.

"Instinto" (2026), Andrés Varela

Comentás que de un mismo material bruto pueden salir 20 historias distintas.¿Cómo elegís entre todas las variantes posibles en el momento del montaje?  

Tenés que estar preparado para traicionarlo totalmente. Si vas con el plan de mantenerte firme con lo que querías decir, no siempre sale. Cuando vos aplicás para lograr financiar este tipo de proyectos armás un tratamiento de la misma nada. Vos construís desde cero, y después cuando vas abordando la investigación te enterás de algo. También cuando empezás a rodar, y te vuelve a pasar cuando terminás. De repente no te dan los derechos de locación, de imagen, y te quedaste con la mitad de la historia sin poder contarla desde ese lugar. Con la última película que estreno en agosto me pasó justamente eso. Hubo un montón de cosas mucho más delicadas, mucho más personales, y no me permitieron acceder a determinado material. Entonces esa historia tuvo que cambiar de alguna manera, y eso ya incide de forma muy potente.

Después en el montaje vos vas percibiendo otras cosas que son mucho más interiores que lo intelectual, que tienen que ver con el ritmo, con tu emocionalidad, y en realidad está bueno preguntarte qué te provoca y qué querés que provoque. En la edición jugás un poco a ser Dios, y de esa verdad hacés una nueva verdad reducida, porque en una hora tenés que hablar de la vida de una persona que vivió muchísimos años, y de repente lo hacés en una hora. Yo soy muy instintivo, a mí los tiempos del montaje se me dan distintos. Esta película es una codirección, entonces llegamos a un resultado y estrenamos en Montreal. Tenía 76 minutos, y cuando la vi en la pantalla con público me pareció que estaba totalmente ido. Te das cuenta de que te enamorás de cosas que en realidad no benefician a la acción y al relato, y te enterás ahí, en el medio del estreno. Bajé del avión acá, llamé a Santiago Bednarik, quien siempre está en isla y me acompaña mucho en el montaje. Bajamos ahí dos semanas, y la versión que tenemos ahora es de 68 minutos. Se pulieron un montón de cosas, para bien o para mal, y capaz que vos la ves y me decís que maté la película.

¿Hasta dónde hay un riesgo de terminar distorsionando la verdad?

Siempre.

¿No es un problema?

Es un enorme problema pero tenés que vivir con eso, como con todos los problemas que vivís. Si sos un enfermo, si tenés un carácter de mierda, tenés que vivir con esas situaciones. Es una cosa más que vos tenés que asumir como creador. Tu visión puede aportar positivamente al relato o no. Pero ojo también con esa idea de que el documental tiene la obligación de decir la verdad tal cual. El documental tiene otra obligación, es otro metalenguaje, el de traspasarte a vos. Nos pasaba mucho con los archivos de Maracaná y todo. Yo tengo la obligación de hacerte vivir a vos ese mundial, por ejemplo, y hacerte revivir esas emociones o que entiendas por qué el personaje toma esas decisiones y hace determinadas cosas. Pero después, si yo para contarte una ciudad te quiero contar Río en 1950 y tomo archivos de Río 1948, no pasa nada. El documental no tiene esa obligación, lo que no puede es contarte otra historia y decirte que ganó Brasil. Puede hacerlo, pero tenés que saber que esas son las reglas del juego. Esa es la premisa.

Se permite todo eso para hacerte a vos un relato que sea atractivo, para meterte adentro, porque también es un acto de amor, de conquista, de seducción, el arte también juega a eso. A seducir, incluso cuando te provoca y cuando te quiere dejar afuera. Primero te tiene que seducir, porque lo peor que te puede pasar con alguien que se acerca a tu obra es la indiferencia. Yo capaz que con mi obra quiero molestarte e incomodarte y que te sientas mal. Es como la banana pegada en la pared, hay todo un repertorio atrás de eso y a todo el mundo le provocó algo. Le podrán decir al tipo millones de cosas, pero el arte contemporáneo tiene toda una argumentación que hace eso. Te mete para adentro como para que todo el mundo hable de eso. Si no, nadie diría nada.

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